Una amiga había comprado una tabla ouija en un mercado de pulgas el día anterior y nos convenció de jugar con la tabla esa tarde.
Nos citó en un edificio que estaba abandonado a pocas cuadras de su casa, cerca de un parque. Éramos seis en total y antes de comenzar a hacer preguntas ella encendió varias velas y dijo una oración.
Debo admitir que no soy creyente de este “juego”, estaba un poco preocupado, pero al ver el entusiasmo de los demás me uní a ellos para realizar preguntas.
Hicimos varias preguntas cada uno, pero nadie obtuvo respuesta, hasta que a mi amiga se le ocurrió preguntar: “¿Hay alguien aquí que no quieres que esté?”
Súbitamente el indicador comenzó a moverse, poco a poco, deletreando un nombre conocido… El mío. Admito que me puse nervioso y sentía cómo palpitaba mi corazón rápidamente al saber que era mi nombre.
Después mi amiga preguntó: “¿Quieres que se vaya?”
El indicador se movió a la respuesta “Sí”.
“Está bien, no debemos ir contra la voluntad de la ouija”- Dije con un tono un poco sarcástico. Todos voltearon a verme con preocupación, pero sin titubear me levanté y salí del edificio.
Poco antes de llegar al parque oí un horrible estruendo a lo que volteé de inmediato. El edificio se había derrumbado y una enorme nube de polvo se elevaba sobre los edificios contiguos.
Nos citó en un edificio que estaba abandonado a pocas cuadras de su casa, cerca de un parque. Éramos seis en total y antes de comenzar a hacer preguntas ella encendió varias velas y dijo una oración.
Debo admitir que no soy creyente de este “juego”, estaba un poco preocupado, pero al ver el entusiasmo de los demás me uní a ellos para realizar preguntas.
Hicimos varias preguntas cada uno, pero nadie obtuvo respuesta, hasta que a mi amiga se le ocurrió preguntar: “¿Hay alguien aquí que no quieres que esté?”
Súbitamente el indicador comenzó a moverse, poco a poco, deletreando un nombre conocido… El mío. Admito que me puse nervioso y sentía cómo palpitaba mi corazón rápidamente al saber que era mi nombre.
Después mi amiga preguntó: “¿Quieres que se vaya?”
El indicador se movió a la respuesta “Sí”.
“Está bien, no debemos ir contra la voluntad de la ouija”- Dije con un tono un poco sarcástico. Todos voltearon a verme con preocupación, pero sin titubear me levanté y salí del edificio.
Poco antes de llegar al parque oí un horrible estruendo a lo que volteé de inmediato. El edificio se había derrumbado y una enorme nube de polvo se elevaba sobre los edificios contiguos.