La vida es muy diferente en estos tiempos, ahora no existen médicos, no existe nadie a quien le preocupe la vida del hombre. Se ha convertido en una regla general que se aplica a cada ser vivo del planeta, si enfermas… mueres. Podríamos sanar nosotros mismos, pero no tenemos los suficientes nutrientes, no existe una dieta, comemos lo que hay.
Un día mi hijo enfermó. Mientras él estaba apoyado en mi regazo, volteo a verme con su carita de inocencia, esa despreocupes que siempre ha caracterizado a los niños.
-Papá cuándo eras niño ¿Cómo median el día?, ¿de qué color era el cielo?, ¿el agua se encontraba en el suelo?- lo dijo mirando aquel toxico cielo gris.
-Cuando yo era niño, podíamos medir el día en mañana, tarde, y noche, ahora solo podemos adivinar. La mañana se iluminaba con un cielo azul, era un cielo que muchos artistas y teólogos describían como el paraíso. La tarde se llenaba de un color naranja rojizo, daba el perfecto ambiente para que cómplices se demostraran su amor, para que los enamorados se unieran en un beso.- después de todo, fue en una tarde cuando su mamá y yo nos juramos amor.
-La noche se veía provista de un cielo negro, lleno de luceros, cometas, estrellas. Aun podíamos ver la Luna, el satélite natural de la tierra, amiga de los niños, compañera de los viajeros. Recuerdo que era tan bella, que músicos, poetas y escritores, asemejaban la belleza de la luna con la belleza de la mujer.- esos recuerdos me llenan de nostalgia, pues sé que mi hijo nunca conocerá lo que le decía.
-y si hijo, existían pozos, manantiales, lagos, ríos, lugares donde había una gran cantidad de agua, ¡¡incluso podías nadar!!- volteo a verme y dijo – papi ¿Qué es nadar?- con incertidumbre en sus pequeños ojos, como quien no sabe que es comer, correr, caminar.
-nadar hijo mío, bueno nadar es desplazarte rápido en el agua.- recuerdos vinieron de pronto a mi mente – de niño, mis padres nos llevaban a nadar a mi hermana y a mí, era una sensación increíble, como si flotaras sin caer. En esos momentos creía que era un tritón…..-hice una pausa, esperando a que mi hijo me hiciera esa pregunta, ¿Qué es un tritón?, Cuando voltee, note que solo su cuerpo estaba ahí, solo su carita inocente, enmarcada con una gran sonrisa.
Un día mi hijo enfermó. Mientras él estaba apoyado en mi regazo, volteo a verme con su carita de inocencia, esa despreocupes que siempre ha caracterizado a los niños.
-Papá cuándo eras niño ¿Cómo median el día?, ¿de qué color era el cielo?, ¿el agua se encontraba en el suelo?- lo dijo mirando aquel toxico cielo gris.
-Cuando yo era niño, podíamos medir el día en mañana, tarde, y noche, ahora solo podemos adivinar. La mañana se iluminaba con un cielo azul, era un cielo que muchos artistas y teólogos describían como el paraíso. La tarde se llenaba de un color naranja rojizo, daba el perfecto ambiente para que cómplices se demostraran su amor, para que los enamorados se unieran en un beso.- después de todo, fue en una tarde cuando su mamá y yo nos juramos amor.
-La noche se veía provista de un cielo negro, lleno de luceros, cometas, estrellas. Aun podíamos ver la Luna, el satélite natural de la tierra, amiga de los niños, compañera de los viajeros. Recuerdo que era tan bella, que músicos, poetas y escritores, asemejaban la belleza de la luna con la belleza de la mujer.- esos recuerdos me llenan de nostalgia, pues sé que mi hijo nunca conocerá lo que le decía.
-y si hijo, existían pozos, manantiales, lagos, ríos, lugares donde había una gran cantidad de agua, ¡¡incluso podías nadar!!- volteo a verme y dijo – papi ¿Qué es nadar?- con incertidumbre en sus pequeños ojos, como quien no sabe que es comer, correr, caminar.
-nadar hijo mío, bueno nadar es desplazarte rápido en el agua.- recuerdos vinieron de pronto a mi mente – de niño, mis padres nos llevaban a nadar a mi hermana y a mí, era una sensación increíble, como si flotaras sin caer. En esos momentos creía que era un tritón…..-hice una pausa, esperando a que mi hijo me hiciera esa pregunta, ¿Qué es un tritón?, Cuando voltee, note que solo su cuerpo estaba ahí, solo su carita inocente, enmarcada con una gran sonrisa.