
AL LECTORDon Juan Bautista Botero y doña María Manuela Bernavino de la Sierra, residentes en la ciudad de Génova ( Italia ) tuvieron, entre otros hijos, a don Juan Andrés Botero Bernavino de la Sierra.
Crecidito don Juan Andrés, viajó a Colombia en el navío Santarrosa, al servicio del príncipe de Santobono, como artillero, en una de las tantas expediciones que hiciera España al nuevo continente.
Llegado a Cartagena, don Juan Andrés fue víctima de una grave enfermedad, motivo por el cual no continuó con sus compañeros, que iban hacia el sur, en pos de todos los “Dorados” de nuestra tierra americana.
Una vez recuperado, partió hacia el interior, residenciándose en Rionegro (Antioquia), en la casa de don Ignacio Mejía y de doña Antonia Samoano, donde se enamoró de una de las hijas de este matrimonio, doña Antonia Mejía Samoano, con quien contrajo nupcias el 26 de junio de 1712.
Don Juan Andrés y doña Antonia tuvieron siete hijos (Félix, Juan José, Pedro Luis, José Antonio, Miguel Jerónimo, Ignacia y Juana María), quienes dieron inicio a un enorme árbol genealógico del apellido Botero , desparramándose por toda la geografía colombiana, en una aventura imparable de aproximadamente trescientos años.
Hoy, gracias al tesón, a la investigación y a la capacidad creadora de uno de los descendientes de don Juan Andrés, don Jaime Botero Echeverri, podemos degustar el enorme trabajo genealógico de este insigne apellido, compilado en su libro LA SAGA BOTERO , enriquecido con anécdotas, mitos, leyendas y valiosísimas fotografías que acreditan el paso por Colombia de esta avalancha de parientes.
En el autor de esta meritoria obra, cobran actualidad las palabras de don Emilio Robledo, notable genealogista , cuando expresaba que “soñar con el pasado es despertar a todos los hombres que llevamos dentro de nosotros; es prolongar nuestra vida de inverso modo, al otro lado de la cuna; es gozar sintiendo que todo nuestro ser tiene hondas raigambres y gozar también por haber vivido mucho antes de que se abrieran a la luz nuestros ojos mortales”.
Lo invito, amable lector, a degustar este valioso trabajo investigativo, que apenas una pluma como la de nuestro pariente Jaime, es capaz de entregar, para hacer ese inverso recorrido genealógico, lleno de sorpresas y de buenas nuevas.
Próspero Botero Campuzano
Magangué, 5 de diciembre de 2011