En general, los «güechas» eran los guerreros Chibchas/Muiscas que situados
en las fronteras del territorio tenían como misión defender a la
nación muisca de las incursiones de los Panches o Pijaos (Los cuales Embijados
y coronados de penachos de todos los colores, combatían en disciplinados
escuadrones «como si toda la vida la hubiesen gastado en las
guerras de Flandes o fuesen escuadrones de tudescos) a quienes los Cronistas
de Indias califican de guerreros belicosos y antropófagos. Por las descripciones
que han quedado, los «güechas» parecen haber sido una
casta, en el sentido de que era un grupo de personas que formaban una
clase especial por sus características físicas, su personalidad, el trabajo
que desempeñaban como guardianes del territorio muisca, los
estímulos y recompensas que recibían, etc.
ETIMOLOGÍA
En cuanto al significado de guecha, fray Pedro Simón
anota que en muisca significa ‘valiente’.
ASPECTO
Los guerreros «guechas» no usaban melena sino que tenían el
cabello muy corto, en palabras del Cronista «andaban trasquilados»
(Fernández de Piedrahita, 100) para mayor seguridad y desembarazo
en el combate cuerpo a cuerpo (Simón, II: 16). Los hombres muiscas,
por el contrario, usaban el cabello largo hasta los hombros y partido
«en forma nazarena» como se puede observar en algunos de los
parientes indígenas del cacique don Pedro Tabaco, óleo pintado por
Gaspar de Figueroa en 1656 y propiedad del templo de Cómbita en
Boyacá, titulado «San Nicolás de Tolentino». Según Fernández de
Piedrahita se consideraba gran afrenta que el cacique les cortase
el cabello, castigo utilizado también por los españoles. Por su parte,
los muiscas de más alta jerarquía como el cacique Quemuenchatocha
de Tunja se sabe que usaban el cabello largo de tal manera que
podían enrollarlo sobre la cabeza dentro de una guirnalda de plumas,
como lo anota Piedrahita, quien añade que una rosa de plumas les caía
sobre las cejas . Otros principales señores y caciques usaban bonetes
de algodón o cofias de red (Fernández de Oviedo).
ARMAS
Sobre las armas de los muiscas, que serían las que usarían los
«guechas», se mencionan macanas, dardos, lanzas, flechas, tiraderas;
los arcos los manipulaban los esclavos panches y colimas que tenían
y que eran llevados a las guerras. Los indios principales salían a combate
«con encrespados penachos de bellas plumas de guacamayas y
papagayos, fundados muchos de ellos en anchas cintas de fino oro,
engastadas a trechos lucidas esmeraldas, brazaletes y corales de finas
cuentas, con canutillos de oro a trechos.
VESTIDURA
Las vestiduras que usaban los muiscas eran mantas de algodón
(«...el propio hábito de los de este Reino es ceñirse una manta y
cubrirse con otra, como se ve en los indios viejos que andan siempre
así...», unas eran ordinarias y sin pintar, llamadas
chingamanales, mientras que «la gente ilustre las acostumbra pintadas
de pincel con tintas negras y coloradas» (Fernández de Piedrahita); los sacerdotes tenían como distintivo el poporo y la mochila con hayo o coca. Como gran distinción y premio para
toda la vida, la punta de la manta que cubría los hombros podía llegar
por detrás hasta el suelo de tal manera que tocara los talones, cosa
que nadie podía hacer sin la licencia del cacique por
la misma razón se consideraba un castigo y afrenta que el cacique
rompiera la manta a un indio (Fernández de Piedrahita).
El uso de estas dos mantas evolucionó a camiseta o túnica cerrada
que llegaba algo más abajo de la rodilla y a la manta cuadrada anudada
sobre el hombro derecho a la usanza.
Los "guechas" (guerreros) eran una casta privilegiada. No podía ser de otra manera en una sociedad que vivía en constante pie de guerra. Eran elegidos entre los varones más saludables, recios, valientes y esforzados.
Sus hazañas bélicas eran recompensadas con largueza y los premios llegaban hasta el otorgamiento de cacicazgos vacantes.
Los que caían en acción de guerra recibían imponentes honores póstumos que consistían en que sus cadáveres eran aderezados con determinadas bálsamos y conducidos en hombros de otros combatientes, a fin de que su yerta presencia animara e infundiera bríos a los soldados en la contienda.
Como el invicto Cid Ruy Díaz de Vivar, los guechas muiscas eran rescatados de la muerte para que salieran a ganar batallas contra sus enemigos.
La casta de los guechas no era hereditaria. No era dignidad que se alcanzara por el nacimiento. A ella sólo llegaban los hombres por su arrojo y la fuerza de su brazo.
Puede decirse, en otras palabras, que los guerreros formaban la única casta “democrática” entre los chibchas.
Guerrero guechá armado con una lanza de palma, lleva un mazo o garrote a la cintura, y atrás en la espalda lleva una tiradera. En bandolera sobre el pecho tiene dos collares de dientes, y un pectoral de oro adornado con dos diamantes. Nótese su ajuar marcial de oro, especialmente sus narigueras y aros en las orejas, que indican el número de enemigos vencidos en combate. Todo su ajuar está hecho de oro, como acostumbraban los chibchas o muiscas.