InicioArteLos personajes del tango argentino
El tango y sus primeros personajes
142fc496eac1104b24ae30fdcb1cffa1.11711001451Taller de Tango El Chamuyo Primitiva Villarreal, Marcos Cerrudo
Como es de rigor, los primeros personales y temas de tango se vinculan a la vida del prostíbulo. El gran público esta formado por la plebe que concurre a buscar sosiego sexual por pocos centavos. Son los giles o compadritos, gente trabajadora cuya única aspiración es hacer la vida de rufián, vestirse bien, no trabajar y ser mantenido. Lo de compadrito, diminutivo de compadre, señala claramente que se trata de una desfiguración del personaje mayor. Su indumentaria, simplificada y empobrecida, es la del compadre, pero nada tiene que ver con el mundo de la mala vida ni con el matonismo. Anda desarmado y es tranquilo. Sus placeres, aparte del kilombo, son las partidas de naipes y la audición de tangos en los melancólicos cafés para hombres solos que empiezan a abundar en la Boca a principios de siglo.
En los años fundacionales del tango, cuando los gauchos se degradan a peones y orilleros, aparece en compadre. Viste de negro por su intimidad con la muerte de lengue blanco con la inicial bordada y una chalina de vicuña. Su arma es un facón acortado en cuchillo que mantiene alerta bajo la ropa. Se bate a muerte si le miran la mujer, se contonea al caminar, evocando el minué. El comité político alquila sus servicios y defiende con lealtad al caudillo de la parroquia. Vive solo es parco al hablar. En el kilombo merodea el compadre o matón, guardaespaldas de personajes importantes o matador a sueldo. Su presencia se justifica porque la vida de burdel comporta frecuentes grescas: una banda de rufianes le roba la pupila a su dueño, alguien exige venganza, dos matones rivalizan en habilidad, un borracho se desgracia (mata por accidente), todo lo cual hace que se cuiden las relaciones con la policía y con los caudillos políticos. Pero a veces la combinación es fatal para el matón y va a parar a la cárcel, como chivo emisario de un enredo político sin solución. Es lo que ocurrió con Juan Cuello y Juan Moreira (este último guardaespaldas de Adolfo Alsina) y con el músico de tango Ernesto Poncio y, en la ficción teatral, con el Ecuménico López en “Un guapo del 900”de Samuel Eichelbaum.
La pareja tutelar en la vida prostibularia es la formada por el rufián y su pupila. Si esta hace levantes callejeros recibe el nombre de taquera (mujer que hace l calle). De otra forma, trabaja para el en el kilombo y trata de ensanchar el negocio, consiguiéndole nuevas pupilas. El rufián, fioca o canfinflero es el personaje más brillante y envidiado de la orilla. Su indumentaria revela el cuidado de su persona y el papel de ocioso bien mantenido que le toca desempeñar. En el mundo del tango el creador y el cafisho parecen coincidir en la figura de Eduardo Arolas. La indumentaria de Arolas coincide con la descripción rufianesca: melena cuadrada y galera negra gris o color pulga, requintada hacia la oreja. Cuello bajo abierto, volcado, corbata plastrón con perla o con brillantes. La pechera y los puños postizos u almidonados, con un cuadriculado rosa o celeste, sobre un fondo cremita. En los puños los gemelos de oro con iniciales. El saco, mas bien corto, negro o azul, o gris, o de gustos escoceses, cruzado y de hombros altos. Las solapas anchas y cerradas sobre el plastrón, con vistas de raso (si el saco era negro) o ribeteadas con trencilla de seda. Los sacos de color llevaban delante seis botones de nácar, y entre los dos tajos cortos de los costados de atrás – sacos culeros se los llamaba- tres botones de nácar a cada lado. El chaleco también era cerrado y podía ser de piqué blanco o de grueso blanco de fantasía. De los bolsillos del pecho caía una pesada cadena de oro esterlina. El pantalón bombilla a la francesa, liso o cuadriculado con un vivo o cordón de raso a lo largo y de cintura muy alta, y ajustado sobre el empeine del botín o de la bota, con tres botones de nácar en la botamanga. El botín o la bota eran de cabritilla reluciente. El taco alto llamado taco pera terminaba en una punta del tamaño de una moneda de veinte centavos. La botas, de finas y blandas se podían doblar y meter en el bolsillo. Tenían anillos sobre los guantes y un poncho de vicuña el los hombros. Imitaron la moda de los ricos y se trajearon y acicalaron con un narcicismo exagerado.
El contoneo criollo del caminar que tuvo su origen en los tacos altos, ellos lo hicieron más exagerado. Sostenido por el trabajo de su pupila, cuando ella se va, el muere de inanición y tristeza como Mi noche triste, Amurado, recordándote y tantos otros tangos, el final de Arolas en París, que según ciertas versiones, fue a causa de heridas que recibió en una pelea. El compadrito imita al compadre pero mal. Mientras el compadre se impone por presencia y por conducta, el compadrito es procaz y fanfarrón. Es un gaucho demontado. Se rodea de adulones. Exagera su ademan y su vestuario. Camina quebrándose para llamar la atención. En la emergencia desenfunda el revolver, cosa que jamás haría el compadre. Para ganar algún dinero se convierte en proxeneta. El compadrón ocupa un peldaño mas bajo aun, porque es desleal y ventajero. Lo desprecian por cobarde. Suele ser el soplón de las camiserías. El malevo es peor todavía, villano de los sainetes, abusador de mujeres y débiles, deja encarcelar a un inocente, se achica al primer embate, grita en el conventillo y tiembla ante el allanamiento policial. El orillero proviene de las orillas, es decir del margen social de la cultura oficial. Es el individuo de clase media baja que no tiene trabajo fijo, el obrero, considerado trabajo marginal en un país agrícola; todos los trabajadores callejeros y ambulantes, todos los personajes vinculados al prostíbulo. Mas allá de la orilla están los delincuentes, los fuera de la ley. En la orilla habita el inmigrante, amenaza para la clase alta, como el trabajador de las fábricas.Aquí en el submundo nace el tango y el lunfardo y salen del lupanar al ingresar en los barrios porteños de la mano del organito. Bibliografía Matamoro ,Blas: Historia del tango Centro Editor de América Latina, 1971. Aguinis ,Marcos: Un país de novela Editorial Planeta, 2001, 2003.
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