Un post, una historia que espera comentarios 
- Marcelo, ¡vás muy rápido!.
En efecto, el cartel que Bea leía rezaba que la velocidad máxima era de 40km/h.
- Na, tranquila que no hay nadie a esta hora, ¿porque te crees que no voy por avenidas?.
La calle era bastante iluminada y podían verse varias cuadras delante de ellos.
- No podes pedirme que me quede tranquila como si fuese una nena, te pareces a mi novio ya.
Por la otra mano y a sentido contrario, en un viejo taxi iban Carlos y Virginia, ya tarde a su destino.
- Disculpe, ¿no puede ir más rápido?.
Carlos preguntaba ansioso, recibiendo una simple y clara respuesta del taximetrero:
- No pibe, y menos con el perfume de mierda de tu novia.
- ¿Mi novio, este? No, es solo un amigo. Espero que usted entienda el apuro, se lo agradecería mucho.
Contestaba Virginia, sabiendo cual iba a ser la desembocadura de la discusión. No era un día para faltar, no, hoy vendría la supervisora al colegio donde ella trabaja, y no le convenia para nada faltar.
- Muy bien señorita, vere que puedo hacer.
La calle por la que iban, a pesar de ser angosta, era doble mano, una decision de la gente encargada del transporte no muy acertada. Por lógica, dos autos a una velocidad media, y a sentido contrario, no establecían una situación muy segura, y por sabido, los conductores no estaban bien instruidos.
El impacto se produce, en el auto, Bea sigue como si nada utilizando su celular, en el taxi, Virginia cuasi rezando porque el taxista o su amigo no salten bruzcamente.

- Marcelo, ¡vás muy rápido!.
En efecto, el cartel que Bea leía rezaba que la velocidad máxima era de 40km/h.
- Na, tranquila que no hay nadie a esta hora, ¿porque te crees que no voy por avenidas?.
La calle era bastante iluminada y podían verse varias cuadras delante de ellos.
- No podes pedirme que me quede tranquila como si fuese una nena, te pareces a mi novio ya.
Por la otra mano y a sentido contrario, en un viejo taxi iban Carlos y Virginia, ya tarde a su destino.
- Disculpe, ¿no puede ir más rápido?.
Carlos preguntaba ansioso, recibiendo una simple y clara respuesta del taximetrero:
- No pibe, y menos con el perfume de mierda de tu novia.
- ¿Mi novio, este? No, es solo un amigo. Espero que usted entienda el apuro, se lo agradecería mucho.
Contestaba Virginia, sabiendo cual iba a ser la desembocadura de la discusión. No era un día para faltar, no, hoy vendría la supervisora al colegio donde ella trabaja, y no le convenia para nada faltar.
- Muy bien señorita, vere que puedo hacer.
La calle por la que iban, a pesar de ser angosta, era doble mano, una decision de la gente encargada del transporte no muy acertada. Por lógica, dos autos a una velocidad media, y a sentido contrario, no establecían una situación muy segura, y por sabido, los conductores no estaban bien instruidos.
El impacto se produce, en el auto, Bea sigue como si nada utilizando su celular, en el taxi, Virginia cuasi rezando porque el taxista o su amigo no salten bruzcamente.