El chico obeso y la página final (Cuento)


Esta es la historia de un chico de gruesa apariencia llamado Carlos, pero todos sus amigos lo conocían como "Carlitos". Carlitos era un chico amable, cuidaba al medio ambiente, era muy enamoradizo, le gustaban los animales, los niños, era buen ciudadano y además era evangélico.
Carlitos vivía en Caracas, Venezuela. Contaba Carlitos con unos 18 años de edad cuando se hallaba en edad de votar. Prefirió no hacerlo ese año ya que no estaba seguro, al igual que tantos otros venezolanos, de cual era el camino ideal a seguir en su país. Aún así Carlitos abrazaba ciertas ideas socialistas ya que estudiaba en una universidad pública del estado, no tenía que pagar matricula, y además era becado por el estado, no era mucho, pero algo era algo... En su corazón quería que ganara el bloque oficialista a fin de cuentas.
Un día se enamoró de una chica de su culto religioso llamada Sara. Sara tenía unos 24 años cuando Carlitos tenía 18. Sara era conocida por sus amigas como "Sarita". Sarita era una chica más gorda incluso que Carlitos, era muy espiritual, y siempre iba al culto.
Carlitos decidió declararle a Sarita sus sentimientos románticos. Pero Sarita no lo quiso, más bien lo rechazó inventando que tenía una relación amorosa con otro chico, que todo el mundo sabía que era amanerado.
Carlitos se sintió mal, muy deprimido, además que llevaba acumulando varias decepciones amorosas, que a duras penas había podido superar.
Carlitos volvió a hablar con Sarita, esta vez con más romance, con más pasión:
-Sara, tu sabes que te amo Sara, Sara tú eres la única mujer que me quita el sueño en estos momentos, te amo de forma pura y respetuosa, y sabes que nunca te haría daño; suplicaba Carlitos.
-¡Carlos! ¡Olvídalo! ¡No me gustas, entiéndelo! ¡No me gustas! ¡Nadie podría enamorarse de ti! Decía enérgicamente la enfurecida Sara.
Carlitos, con una lágrima en su mejilla, le dijo un hasta nunca a su querido amor, y fue a irse a cortar las venas.
Al hallarse con el cuchillo sobre su muñeca izquierda (ya que era derecho) dijo: ¡Pero qué estoy haciendo! ¡Así no se comporta un cristiano! Y se arrepintió ante El Señor por ese acto tan estúpido.
Empezó a refugiarse en la poesía, en las poesías más bellas, escribía día y noche, para calmar su dolor... Intentaba tocar alguna pieza en su vieja guitarra acústica, pero ella, barata y de mala calidad, sumado al poco conocimiento musical que tenía Carlitos, no lo lograba consolar, hasta el punto que la reventó contra el suelo y rompió a llorar.
Fue así que empezó a olvidarse de asistir al culto, ya que no quería ver a la cruel Sara, que había destruido su autoestima, y dentro del culto se comportaba como una mansa ovejita.
Para ese entonces le empezó a gustar la música de un artista reciente llamado Justin Bieber, ya que la chica que sale en el video de Baby se parecía a Sara, aunque Sara era más gorda obviamente... Se parecía de cara más que todo, y de tanto ver ese video le empezo a gustar la música de Justin Bieber.
Al gustarle esa música y no la música cristiana empezó a ser criticado por sus compañeros en la iglesia, ya que decían que esa música era "mundana", "de satanás", "que promovía malos valores"... entonces empezaron a apartarse de él por esto...
Carlitos se empezó a vestir y a peinar como Justin Bieber, lo que provocaba que sus compañeros de fe se alejaran más y más de el.
Carlitos entró en una página web llamada Arginta, que era Argentina pero era de uso global. Allí se unió a una comunidad de poemas, y se la pasaba pelando con los chicos metaleros de Taringa! que criticaban la música de Justin Bieber.
En la comunidad de poemas fue muy aceptado, ya que sus poemas eran sumamente hermosos y muy bien redactados. Carlitos se sentía feliz. Fue así que se le ocurrió hacer una comunidad de Justin Bieber en Arginta
Ya había pasado más de un mes y la comunidad no contaba ni con diez usuarios.
Un mes más, en el que Carlitos casi ni revisaba su comunidad, la comunidad se hallaba con más de 200 usuarios, pero la gran mayoría entraba solo a burlarse de su artista, y creaban temas para ridiculizar a su artista favorito.
Carlitos empezó a expulsar a todos esos de la comunidad y empezaron a mandarle mensajes de odio, con amenazas de muerte y todo.
Carlitos no se dejó intimidar, sino que vio que muchos de ellos eran de comunidades metaleras que solo entraron a sabotearle su página, por tratarse de Justin Bieber.
Con el tiempo, Carlitos, ya cansado de tanto luchar con estas personas, decidió cerrar su comunidad.
Pero no sólo el odio hacia Justin Bieber seguía reinando en Arginta, sino el odio hacia Jesús, ¡Sí, Jesús! ¡Su Señor y Dios! Era burlado de forma humillante, y lanzaban blasfemias irrepetibles contra el Dios en el que había creído desde muy niño.
Carlitos empezó a publicar entradas en la página Arginta, pero siempre se las cerraban los directivos de la página ya que se trataban del Señor Jesús, y se llenaba de trolls que lanzaban insultos y blasfemias contra Dios.
Carlitos sabía que su constitución Venezolana promovía la libertad de culto, nunca había pasado por esto, pero se preguntaba si la constitución Argentina también promovía la libertad de culto, y vio que sí, en el artículo 14.
Entonces, ¿Cómo era posible que se permitiera humillar a quienes hicieran temas religiosos dentro de esa página?
Un día, Carlitos entró como de costumbre en la página, e hizo una entrada acerca de Jesucristo, esta vez con comentarios cerrados, para que no lo fueran a borrar.
Al culminar la entrada, justo 30 segundos después, a pesar de lo larga que era la entrada recibió un mensaje de un usuario:
"Tu dios apesta, tu dios es gay, pierdes tu tiempo al hablar de jebus"
Se incómodo por la blasfemia virtual, y antes de responder vió que se trataba de SatanHell666 uno de los más activos trolls que humillaban a Justin Bieber en su anterior comunidad fallida.
Empezó toda la mañana, a responder a ese usuario, y este empezó a lanzar más y más blasfemias contra Jesucristo, cada vez más fuertes, y razonamientos de supuestos científicos inteligentes, que "demostraban" la no existencia de Dios.
Carlos que sufría de Asma, ya se estaba empezando a agitar por lo encalorado que era ese usuario con el nombre luciferino.
Y seguía en lo mismo, cuando Carlos tuvo que parar, ya que le faltaba la respiración, y no tenía su inhalador cerca.
Su madre que se hallaba en el trabajo, no sabía en que condiciones se hallaba su querido gordito Carlos.
Carlos comenzó a respirar con más dificultad, hasta el punto que le empezó a doler el brazo izquierdo, y por último sintió un fuerte dolor en el pecho y en la mandíbula, y por último cayó al suelo, cerró los ojos.
Carlos había muerto.
Su madre llegó del trabajo y encontró a su querido gordito sin vida, muy cerca de la computadora. Allí observó la página Arginta abierta y una foto de burlesca animada acerca del Señor Jesús.
Su madre alzó la vista al cielo y sólo pudo exclamar: ¡Seguro, murió defendiendo tu nombre Señor! mientras lloraba desconsoladamente.
Nadie supo al final quien era este usuario, como se llamaba, si existía realmente, si era alguien o eran varios, o incluso si era Satanás mismo...
A su funeral fue el amor de su vida, Sara. Arrepentida por todo lo que había pasado, sabía que Carlos en ningún momento había fingido su amor, y también prorrumpió en lágrimas.
Su madre lanzó la computadora a la basura, y esa mañana mirando hacia el horizonte, oyendo los pajaritos cantar, sintiendo la fresca brisa, pensó en el amor que sentía su hijo por la naturaleza, una de las creaciones más bellas de Dios, al igual que su querido hijo, el gordito, Carlitos.