

Hablar en público (intervenir en clase, exponer).
Reuniones sociales en las que tendrá que relacionarse (fiestas, eventos, etc...).
Encuentros inesperados con conocidos, familiares, amigos, etc.
Estas situaciones y otra serie de sucesos hacen que el que la padezca se sienta inseguro, acechado, incómodo, con sensaciones intensas y desagradables acerca de lo que pueden estar hablando de él (cierta paranoia).
Se suele desarrollar en la juventud, después de la adolescencia. Su aparición es mucho más común de lo que se piensa popularmente, y no hay que considerar esta fobia como extraña. Aceptarlo abiertamente en público es el mejor modo de comenzar a superarlo, para poder intentar sentirse mejor comprendido y de ese modo, aminorar la angustia.


Quienes padecen de fobia social experimentan un temor exagerado a ser objeto de juicios negativos por parte de otros. Es por ello que evitan de modo constante un gran número de actividades de orden social ya que cuando se exponen a las mismas sufren una gran tensión y síntomas tales como rubor, palpitaciones, transpiración profusa y temblor. Las situaciones temidas pueden ser o numerosas, y en este caso se trata del subtipo generalizado (concurrir a fiestas o reuniones, conocer gente nueva, participar de pequeños grupos de trabajo, realizar conquistas amorosas) o únicas y específicas, subtipo discreto (dar un discurso, actuar frente al público, ir al baño cuando hay personas en el ambiente contiguo).


Los síntomas suelen presentarse al inicio de la adolescencia y pueden continuar durante toda la vida, lo que tiene graves consecuencias negativas en la vida social , laboral y afectiva. A menudo las personas cercanas suelen confundir erróneamente la fobia social con la timidez , pero una persona que padezca fobia social no tiene porque ser necesariamente tímida.


Esta
fobia
me impide disfrutar buenos momentos con amigos, así como exponerme al público, entre otras cosas.
LA
TIMIDEZ
SÓLO SIRVE PARA PERDER OPORTUNIDADES
