



La Gran Mancha Roja de Júpiter (GRS) es una gigantesca tormenta anticiclónica de forma ovalada situada en el hemisferio sur del gigante joviano que no necesita presentación. Nadie sabe cuánto tiempo llevan rugiendo los vientos de hidrógeno y helio generados por este colosal sistema meteorológico, pero se cree que lleva entre nosotros desde 1664, como mínimo, cuando fue avistada por primera vez por Robert Hooke y Giovanni Cassini. Sus dimensiones nunca han permanecido constantes y, de hecho, desde 2012 ha disminuido su tamaño de forma dramática. ¿Y cómo se ve ahora? Pues una reciente y bellísima imagen tomada por el telescopio espacial Hubble nos aclara las dudas:

Júpiter visto por el Hubble en 2014 (NASA/ESA/STScI).

Los astrónomos profesionales y aficionados ya habían confirmado la disminución en el tamaño de la criatura, pero en la imagen del Hubble, con una resolución impresionante, se aprecia mucho mejor. La primera vez que la GRS fue medida con precisión fue en 1878, cuando Carl Walter Pritchett le otorgó un diámetro de unos 41000 kilómetros (en el eje mayor). Cuando las sondas Voyager 1 y 2 sobrevolaron Júpiter a finales de los años 70 calcularon un diámetro de unos 23000 kilómetros. En 1995 su diámetro, medido por el Hubble, se había reducido a 21000 kilómetros, mientras que en 2009 ya rondaba los 18000 kilómetros. En la nueva fotografía -tomada el pasado 21 de abril por los instrumentos WFC2 y UVIS del Hubble- se ha podido comprobar que la mancha ha alcanzado un mínimo histórico con 16500 kilómetros.
¿Desaparecerá la mancha roja? Obviamente no lo podemos saber, pero está claro que nada dura para siempre. Eso sí, la probabilidad de que veamos algo así durante nuestras cortas vidas es bastante baja. En el pasado la GRS parece haberse encogido y desvanecido periódicamente, sólo para reaparecer con más fuerza con posterioridad. Por ejemplo, durante la segunda mitad del siglo 18 hizo mutis por el foro y desapareció para los observadores terrestres, aunque se desconoce hasta qué punto. Quizás las limitaciones de la instrumentación de la época impidió que los astrónomos observasen una mancha extremadamente pequeña y difusa. Por otro lado, las apariciones y desapariciones del cinturón ecuatorial sur (SEB) -la más reciente en 2010- en el que se encuentra la GRS han provocado variaciones adicionales en la estimación de su tamaño aparente visto desde la Tierra debido al diferente contraste entre la mancha y el disco del planeta. Esto explica que la Gran Mancha Roja aparentase tener un tamaño distinto durante la visita de las sondas Pioneer 10 y 11, aunque su tamaño era en realidad ligeramente mayor al que midieron las Voyager.
Y, por cierto, hablando de misterios, tampoco sabemos por qué la mancha roja es roja. Hay muchas teorías que invocan la presencia de compuestos de fósforo -como la fosfina- o azufre, pero nadie conoce la ‘fórmula mágica’ precisa que da a esta tormenta su color característico.
Y, por cierto, hablando de misterios, tampoco sabemos por qué la mancha roja es roja. Hay muchas teorías que invocan la presencia de compuestos de fósforo -como la fosfina- o azufre, pero nadie conoce la ‘fórmula mágica’ precisa que da a esta tormenta su color característico.

La Gran Mancha Roja actualmente (NASA/ESA/STScI).
La GRS vista por la Voyager 1 en 1977 (NASA/JPL).

