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Musica

Vida Y Obra De Un Emperador Cap.6
Nymphomania Sick
Nymphomania Sick
Belcebú con apenas 13 años, conoció a otros demonios, un poco mayores que ellos, y resulta que ellos sabían tocar diversos instrumentos. Uno de ellos era Murmur, habilidoso con la guitarra eléctrica. Otro era Lucifago Rofocale, bajista. El último, que era menor que Belcebú, Focalor, con capacidades sorprendentes en la batería. Ellos estaban buscando a un cantante, y Belcebú no podía creer su suerte, el podía cantar. Ya llevaba dos años practicando la voz, y este era su momento. Estaban por formar una banda. Fue pura casualidad, el Señor de las Moscas es bueno en muchas cosas, salvo en sociabilizar; pues estos demonios estaban en las afueras con un cartel en busca de un cantante, por lo que Belcebú se presento tímidamente; pero fin y al cabo, lo logro.
La banda decidió lanzar un DEMO que incluía 3 canciones de 3 minutos cada uno. Belcebú no solo se iba a encargar de cantar, sino también de escribir la letra. Con paciencia e inspiración, logro escribir la letra de las primeras 2 canciones. La letra hablaba sobre el encierro y la represión; sobre experiencias que Belcebú sufrió de niño. Pero no sabía que poner en la tercera canción. Necesitaba inspiración. Y eso hizo, se tomo un tiempo para pensar.
A pesar de todo, el Señor de las Moscas parecía estar más contento que anteriores veces; pero eso no significaba que grandes cantidades de maldad hayan entrado en el. Nada malo estaba ocurriendo: su trabajo como emperador era cada vez más llevadero, llego a un punto en que pudo conseguir trabajos más respetables y dignos, dejo de condenar uno por uno a cada ser vivo y empezó a ocuparse más en el ambiente político y económico del Infierno; casi estando en un puesto tan elevado como el resto de los emperadores, pero le faltaba mucho que recorrer. Tanto su alemán como su noruego eran cada vez mas fluidos; pero pensaba mas bien empezar a estudiar ingles, pues le parece un idioma esencial. Ya no era tan maltratado por su hermano ni por los otros diablillo; aunque estos últimos se debe a que Belcebú se mantenía alejado de los demás, estando mucho tiempo solo. Pero a pesar de ello su maldad seguía siento enorme, aunque por el momento no la dejaba salir, pues nadie lo provocaba por el momento.
Su interés por la magia negra era cada vez mayor, pues cada vez aprendía más y mas de ello. Lo practicaba casi todos los días, en consecuencia su magia era cada vez más fuerte. Aunque desgraciadamente, ese nivel de poder seria altísimo si no fuera por su cuerno roto, pues su magia se limitaba demasiado, por lo que tendría que entrenar el doble que un unicornio normal para mejorar.
Y como se ha repetido mil y un veces en esta historia, sus habilidades mentales eran cada vez más increíbles y sorprendentes. Tanto su curiosidad por todo, por su capacidad mental, hacían de su cerebro una fuente de conocimiento enorme. Cada vez más critico, y no dejarse llevar por lo que la mayoría opine.
Su ideología sobre la existencia de una "supremacía demoniaca" seguía vigente, es más, ya estaba del todo perfeccionada. Cubrió todos los huecos, estructuro hasta el máximo sus argumentos para defender dicha ideología, creo definiciones; en referencia a esta última, la definición de Belcebú por "superioridad demoniaca" era asi: La superioridad demoniaca es una ideología que promueve la superioridad de los demonios sobre los ángeles, y demás inferiores.
Estaba desarrollando una mente y un poder en la magia negra extraordinarios.
Cosas inquietantes pueden salir de Belcebú. Una mente brillante y poderes asombrosos a punto de desarrollarse eran símbolo de grandeza; pero también poseía maldad, por lo que podría salir algo extremadamente peligroso de él; pero solo el tiempo lo dirá...
Por otro lado, extraños cambios hormonales padecía el Diablillo, hasta tal punto que es medio raro llamarlo "Diablillo" durante este relato:
Sus dientes; deformes. Sus ojos; infectados. Su voz; aguda y desgarradora. Su piel; viscosa. Su lengua; alargada y nauseabunda. Su olor; asqueroso. Su apariencia general; repugnante. Estaba cruzando por la famosa pubertad. Su madre le hablo de ello, diciéndole que era algo normal; ignorando completamente que la apariencia de Belcebú fuera completamente anormal. Nadie en esta etapa de la vida termina con tales características. Pero al Demonio no le importaba, siguió con sus cosas que poseían más relevancia.
Belcebú se estaba transformando en un monstruo.
Por otra parte, un día después de esa falta de inspiración al querer escribir. Astartea, su madre, empezó a notar extraños comportamientos en su hijo. Lo empezó a notar cuando fueron a un restaurante, en donde se comía carne cruda y se bebía sangre. Astartea noto que su hijo estaba viendo a unas demonias que estaban sentadas en una esquina, las miraba de arriba para abajo; con una sonrisa torcida, moviendo de un lado para el otro su larga lengua, cerrando un poco los ojos, y una mirada muy cariñosa. Pero no solo ahí, sino en todos lados, miraba de esa forma a cada demonia bonita que veía; normalmente mayores que él, veinteañeras o treintañeras. Astartea sabía muy bien lo que le pasaba.
Finalizada la salida, el Demonio todavía no sabía que poner en la tercera canción, porque estaba distraído pensando en las demonias que veía, Astartea fue hacia él, y le dijo:
- Hijo, ven conmigo... tenemos que hablar... - le dijo de una forma tranquila y en voz baja.
Sin saber de que quería hablar, fue con su madre. Astartea lo apoyo sobre una roca y empezó a hablarle. Le hablo sobre las chicas que miraba, y de la forma en las que las miraba. El Demonio se sonrojo, pues le daba vergüenza, y más si fuera su madre y no un padre, con el que es más habitual hablar estas cosas; desgraciadamente, su padre era un golpeador, violador y alcohólico. Le explico lo que eran las relaciones sexuales, de donde vienen los seres vivos, y todo lo relacionado. Ya avanzada la conversación, le pudo enseñar sobre la protección, las enfermedades sexuales, y todo lo demás que uno aprende en la pubertad. Le dijo que si tenía alguna duda o inquietud, que no tuviera vergüenza en preguntarle, ella era su madre, y podía preguntarle lo que sea.
Belcebú se quedo pensando en ello, como si no le fuera suficientemente difícil concentrarse en escribir una nueva canción, encima la madre le conto todo aquello.
Se fue a pasear por los alrededores de una gran quebrada en donde había muchos demonios de distintos tipos, demonios de Nivel 1 hasta del 8; era un centro de gran variedad. El Señor de las Moscas mientras paseaba, vio a unas chicas de su edad sentadas en una roca, y decidió sentarse cerca, para ver si le prestaban atención. Eso hizo pero no se fijaron en el sino en unos 10 minutos. Las chicas se le acercaron y comenzaron una conversación, que cada vez fue decayendo, porque parecía que Belcebú decía cosas que a ellas les parecía raro o que incomodaba; y se fueron. Belcebú no entendía, si el solo hablaba de lo que hacía y sus gustos. Hablaba de los libros que le gustaba, y lo que escribía. Luego, intento con varias chicas, pero todo termino igual. Pero con las demonias mayores fue peor, estas directamente ni lo miraban. Belcebú llego a la conclusión de que no es bueno con el sexo femenino, pero aun asi, pensaba que la mujer era una musa, y un ser maravilloso e irrepetible.
Una hora después de paseo, se detuvo a escuchar en un pequeño recital cerca de aquel lugar. Vio uno de los tantos portales al mundo de los mortales. No estaba siendo protegido por nadie, eso hizo pensar a Belcebú que los demonios a cargo no hacían bien su trabajo de proteger las entradas y salidas del Infierno. Sin pensarlo dos veces, entro a aquel portal, sin ningún motivo aparente. El era de hacer cosas asi, sin pensar, las hacía, lo cual el siempre considero un problema.
El Demonio abrió los ojos, se encontraba en un bosque de noche, y no sabía de que parte del mundo de los mortales estaba. Vio desde lo lejos, una figura que se acercaba corriendo, era una potrilla, de 8 años más o menos. Se detuvo frente a Belcebú con sorpresa. Se quedo mirándolo con la boca y los ojos bien abiertos.
Belcebú tiene apariencia relativamente normal frente a otros demonios; que eran mucho mas deformes. Pero frente a los mortales, era terrible a la vista. Ella veía a Belcebú como un ser deforme y monstruoso. Se quedaba mirando sus ojos y cuernos rojizos, sus dientes verdes y podridos, su piel brillante y repugnante, sus granos donde nacían sus moscas, y las mismas moscas que volaban alrededor de él casi todo el tiempo, su larga, babeante y venosa lengua; a ella le provocaban ganas de vomitar al sentir el olor espantoso del demonio. Los mortales no están acostumbrados a ver mezclas entre razas, pero lo que Belcebú siendo una combinación entre poni, demonio, y mosca, era tan retorcido como repulsivo. Pero sobre todo, su mirada, la mirada de un demonio era penetrante; en sus ojos se reflejaba mucho dolor, muerte, sufrimiento, agonía, maldad, violencia, y otros sentimientos negativos; pues ellos son los padres de todos los males en el mundo.
- ¿No es peligroso que andes por aquí corriendo sola? - dijo Belcebú con voz gastada.
- No, - dijo la niña mirando para otro lado, ignorando la perversidad reflejada en la presencia de Belcebú - mis padres dicen que es peligroso, pero yo no les hago caso, porque yo puedo cuidarme sola. - dijo con vehemencia.
- No quiero meterme, pero deberías hacerle caso a tus padres. - contesto, tratando de ser amable, cosa de la cual no estaba acostumbrado, por lo que le incomodaba - Ellos quieren lo mejor para ti. Además, te puedes encontrar con un loco por aquí, y te puede hacer... bueno... quien sabe que feas cosas.
- Pero... pero... mis padres me castigaran si vuelvo. - Dijo la niña nerviosa.
- No te preocupes. - Dijo el Emperador - Te llevare a tu casa y le diré a tus padres que no sean tan severos contigo, que eres una buena niña que solo necesitaba un poco de control...
La niña se puso feliz, y abrazo con fuerza a Belcebú.
- ¡Muchas gracias! - Dijo con entusiasmo. - Te juro que me portare bien de ahora en adelante.
No compartió el abrazo, pero si apoyo una pata sobre ella. Se quedaron así durante unos segundos, hasta que Belcebú sentía algo raro. Sentía, por alguna rara razón, que su corazón palpitaba cada vez más rápido. La potrilla sintió aquello, y dejo de abrazarlo. Ella quería irse a su casa, y le pidió que le acompañara. Belcebú inclino la cabeza un poco hacia la izquierda, sin dejar de mirarla, la miraba de una forma un poco perturbadora. Se acerco un poco a ella, mientras sentía que su corazón palpitaba cada vez mas rápido y duro; pero eso no era lo único duro en el. Sentía que su órgano sexual se ponía erecto entre mas se acercaba a ella. La niña se sentó y le pregunto si estaba bien, en la que él le contesto que sí, que la protegería de cualquier maldad que ande rondando por el bosque.
A pesar de sus palabras, la niña no pudo evitar sentir miedo, miedo a Belcebú. Que la miraba con una leve sonrisa.
Belcebú le acaricio el pelo, levanto un mechón para sentir su aroma. Con voz suave y tranquila, le dijo que era muy bonita y tenía un hipnotizarte aroma. La niña padecía de una sensación de suspenso como nunca antes. Podía escapar, pero ya era muy tarde. Belcebú no se pudo resistir mas, sus deseos eran inevitables.
Impulsivamente, tiro a la niña de los pelos hacia él. La dio vuelta, lastimándole el cuero cabelludo y sus patas, por lo que ella grito. Estrello la cara de la niña contra el barro, y su cadera frente de el. Belcebú, lentamente comenzó a acariciar sus muslos, seguidamente por unos gustosos caricias de lengua. La potrilla empezaba a sollozar, y gritar; sus ojos se llenaron de lagrimas, y su su boca se torno retorcida. Sin pensarlo, solo dejándose guiar por sus deseos, inserto el glande su pene erecto en el ano de la niña de 8 años. Ella gritaba desesperadamente. Belcebú, mientras tiraba de los pelos a la niña, meto su pene hasta el fondo, atravesando el ano, llegando hasta el recto, lastimando el mismo. Sentía como su órgano sexual hacia contacto dentro ella, la cual le resultaba placentera y excitante. La niña gritaba de dolor, pasaba por una sensación horrible que nunca había experimentado antes. Belcebú estaba sometiendo a la potrilla a una situación en la que ella no estaba preparada ni física, ni mentalmente. El se balanceo sobre ella, sacando su pene y volviendo lo a poner adentro suyo, rápida y forzosamente. El sentía placer, era delicioso poder desahogar sus deseos sexuales de una vez por todas. Las moscas empezaron a cubrir a la niña entera, volando de un lado para el otro alrededor de ella. Tras varias inhaladas y exhaladas, el Demonio empezó a lamer el lomo de la desafortunada potrilla, probando y saboreando su piel.
Por 10 minutos insoportables, la niña no paraba de llorar y sufrir. Belcebú estaba a punto de llegar a la eyaculación, esta vez inhalando y exhalando más rápidamente. Unos segundos antes de acabar, Belcebú miro hacia los cielos, sacando sus podridos y afilados dientes. Los cuales clavo en el lomo de la pequeña poni. No eran dientes normales, eran dientes de demonio; muy afilados, y tenían el corte de una trinchera. La potrilla gimió todo lo que pudo en el momento, pues sus pulmones se habían quedado sin aire. Con sus dientes, abrió agujeros en su espalda, en los que empezaron a salir sangre; derramando el pasto con sangre. La sangre excitaba a Belcebú. El dolor de la niña lo excitaba. Su sufrimiento lo excitaba. Sus gritos lo excitaban. Estaba por eyacular, y la poni seguía sangrando.
Pero un segundo antes de la venida, un par de ponis machos se acercaron hacia la zona de violación. Gritaron:
- ¡Ey!, ¡Esta es una zona prohibida!, ¡Váyase de aquí! - grito uno, sin saber de que en realidad era un demonio violando brutalmente a una potrilla indefensa.
Belcebú, la soltó y saco sus dientes de su lomo, los cuales se habían trabado en su carne, haciendo costoso quitarlas. Saco su órgano sexual del orificio, quedando colgado un poco de semen entre el órgano y el ano, estaba por llegar al éxtasis, pero no pudo; dejándolo insatisfecho. Salió corriendo a toda velocidad, llevándose a la potrilla con él. Pensó que si la descubrían, esta les contaría lo ocurrido, por lo que atraparían al Demonio, provocándole grandes consecuencias.
Después de correr tanto, Belcebú se tiro en el pasto, frente a un árbol. Su corazón palpitaba más lento cada vez, sus débiles músculos se empezaban a relajar, y se sentía más troquilo. Escucho murmullos, provenientes de la potrilla; esta le suplicaba que la dejara ir, con la poca voz que le quedaba. El Demonio tenía que desasearse de ella, que no quedara ningún rastro, pero no sabía cómo. Con la magia de su cuerno, la levanto llevándosela a lo lejos. Los gritos de la potrilla llegaron a agotar la paciencia del Demonio.
- ¡Has silencio! - grito Belcebú, pero con cara de extrañado, ni siquiera el se podía creer lo que le hizo a esa potrilla.
Ella seguía gritando, hasta que fue el colmo. Belcebú se paro en dos patas, y tomo una enorme roca con sus delanteras. Y arrojo la roca sobre el cráneo de la potrilla, haciéndola callar. La cara sangraba de una forma impresionante, y le había hundido un ojo.
Belcebu se quedo mirando lo que habia hecho, se pregunto a si mismo en que clase de bestia se habia convertido. Le tomo pulso, y se di cuenta de que no estaba muerta, sino milagrosamente inconciente.
Aun debía desasearse de ella, pero no había ideas. A lo lejos, se veían luces entre los árboles, y una bocina de sonido grave. El Demonio levanto a la potrilla inconsciente, corriendo lo mas desesperadamente posible, pues tuvo una idea. Al llegar a destino, la coloco boca arriba con las patas estiradas. Sus ojos estaban perdidos, la boca babeante, y todo su cuerpo ensangrentado. Al cabo de unos segundos, el problema del Demonio seria resuelto, pues a toda velocidad se aproximaba un tren; el cual, al llegar, aplasto a la potrilla, dándole fin a su joven vida. Al pasar el tren, la portilla estaba completamente irreconocible; pues sus órganos estaban desparramados por todos lados, igual que su cráneo, que había explotado en mil pedazos. Solo se podía sentir el temblor del tren disminuyendo.
Belcebú se quedo con los ojos abiertos, pensando en lo que ocurrió, nunca creyó que él sería capaz de hacer algo tan brutal y terrible como eso. Se levanto lentamente, y camino hacia cualquier dirección; ahora aliviado de que ya no había pruebas de que el violo a una potrilla malcriada e indefensa. Tratándose de levantar los ánimos, se dijo a si mismo que no importaba, se lo merecía, eso le pasa por andar hablando con desconocidos. Siguió caminando, todavía pensando en lo que hizo, pero no sentía remordimiento ni nada; el sabia que uno siente remordimiento con esas cosas, pero él no lo sentía, es mas, seguía pensando que fue divertido y agradable. Siguió caminando hasta llegar a un cementerio. Entro para ver que encontraba, solo por curiosidad y olvidándose sin remordimiento de lo que ocurrió. Miro para los costados, y no vio nada interesante. Tumbas, cruces a las que Belcebú miraba con repudio, arboles si hojas, un ambiente tétrico y negro, nada fuera de lo normal. A pesar de la brutal y sangrienta violación que le causo a esa niña, el no había eyaculado, por eso se quedo con la ganas de liberar sus presiones. Siguió caminando, y por alguna razón, no se sentía bien. Sentía dolor de cabeza, estaba mareado, no caminaba derecho, estaba triste, pero no sabía porque, se sentía muy solo en la oscuridad de la noche en aquel cementerio.
"La falta de remordimiento absoluta y la depresión sin sentido son síntomas normales en los dementes" pensó Belcebú, pues fue lo que entendió al leer un libro de psicología con anterioridad. De todos modos, el Demonio sabia que tenía traumas terrible, pero siempre decidía ignorarlos.
Entre pensamientos profundos, vio algo que sobresalía de la tierra, fue para ver que era. Parecía que era una piedra que salía del piso, nada más. La agarro y tiro de ella, pero un extremo estaba enterrado en el suelo. La agarro con sus dos cascos, posicionando los pies firmemente, y tiro de ella con todas sus fuerzas. Lo logro. Cuando saco la piedra, el se cayó para atrás contra el suelo. Levanto la cabeza y luego se levanto el para ver lo grande que era la piedra. Pero para su sorpresa, esa piedra no era lo que parecía ser. No era una piedra, era una pata, una pata de poni, Belcebú desenterró un cadáver. El Señor de las Moscas se quedo mirando lo que desenterró, el ya estaba muy alterado con lo que hizo, y para colmo, desenterró un cadáver. El se quedo mirando la imagen impactante de aquel cadaver, nadie tan joven como Belcebú, a pesar de ser un demonio, debería ver cosas tan impactantes y traumantes a la corta edad de 13 años. Belcebú se acerco un poco, pero se tropezó y cayó sobre el muerto.
Belcebú quedo helado encima del cuerpo sin vida, podía respirar el olor pútrido del cuerpo en su nariz. Cuando se intento levanta, accidentalmente apoyo su casco en la zona vaginal del cadáver. Entonces se dio cuenta que el cadáver no era macho, sino hembra. No había podido satisfacerse sexualmente con la niña, pero hubiera podido si no fuera por aquella interrupción departe de esos guardias. Se quedo acostado encima del cadáver, el podía levantarse, pero no lo hacía.
Su órgano sexual se puso erecto de nuevo; sus cascos empezaban a sudar, al igual que su frente; su corazón palpitaba muy rápido. Lo pensó dos veces antes de hacerlo, pero no había problemas. No había guardias, el cadáver estuvo ahí como si nada, era el crimen perfecto. Belcebú inserto lentamente su pene en el orificio vaginal del cadáver. Y sin ningún asco, se agarro de las patas delanteras del cuerpo. Esas patas estaban tiesas y frías como piedras, definitivamente era bueno agarrarse de ellas para poder sostenerse. Empezó con el acto sexual, balanceándose de arriba para abajo, metiendo profundamente su órgano y sacándolo rápidamente. Después se agarro de la cadera del cadáver y siguió con el acto. Mucha sangre choreaba de los costados del cadáver, de la poca que tenia; salían gusanos y babosas de los orificios en donde alguna vez hubo ojos, también de la zona vaginal y anal, y en algunos huecos que tenía en todo el cuerpo. Belcebú no tocaba carne, no era como la niña que había violado, el estaba tocando mas hueso que carne. Era tan fuerte la forma en que tenia sexo con el cadáver, que termino quebrando uno de las patas tiesas y heladas del cuerpo.
Al cabo de unos 5 minutos, entre tanto empuje, le abrió una herida al cadáver, la cual exploto liberando todo su pútrido olor, más de lo que Belcebú soportaba. Eso le hizo parar para taparse el hocico, quitando su pene del orificio vaginal. Al relajarse, intento intimar de nuevo con el cuerpo, pero esta vez, dirigió mal su órgano. No lo inserto en la vagina, sino en una herida que se abrió aun más al meter su pene allí.
Este acto tan macabro duro aproximadamente 13 minutos, y el cadáver soltaba un hedor cada vez más repulsivo. Y varias partes de su cuerpo tieso se quebraron. Hasta que Belcebú llego a la eyaculación. Eyaculo adentro de la herida llena de gusanos, y el sintió un gran placer y liberación. Belcebú abandono el cuerpo sin vida. Estaba muy relajado, había soltado de una vez por todas toda esa presión de encima. Abrió lo ojos, y vio como algunos gusanos se mezclaban entre la carne muerta del cadáver, y se revolcaban en semen eyaculado de Belcebú. Se levanto lentamente, y se fue.
Volvió al bosque, y encontró el portal por donde había entrado al mundo de los mortales. Entro al portal, y volvió al Infierno. Cuando volvió, no había ni un solo demonio alrededor. Eso preocupo al Señor de las Moscas, porque si en esa zona no había ningún demonio, eso significaba que era muy tarde; pues a esa hora ya no había demonios rondando por alli. Se fue volando lo más rápido posible a casa. Llego. Entro. Pensó que su madre estaría muy preocupada, pero la vio sentada en una roca tejiendo, sin preocupación.
- Hola, mama... - dijo Belcebú tranquilamente, pensando que le castigaría.
- Hola, hijo. ¿Dónde estabas? - dijo la madre con la voz más natural del mundo.
- Con... con mi banda, ensayando. - contesto mirando para un costado.
- Ah, bueno. Dentro de unos minutos comemos, prepare algo rico. - dijo mientras seguía tejiendo.
Al Demonio le extraño la falta de interés de su progenitora, nunca fue una demonia muy preocupada por sus hijos, excepto cuando eran bebes, cuando los sobreprotegía. Belcebú no considero una buena idea decirle a su madre las experiencias sexuales que tuvo, ni mucho menos decirle que estuvo en la tierra de los mortales.
Belcebú se fue a su habitación a esperar la comida, al igual que el resto de la familia.
Después de la comida, en la que se encontró carne de la mejor calidad posible, su madre dijo que era un lujo, Belcebú se había ido a dormir. Al cabo de una hora, se despertó, y de la nada, se le empezaron a ocurrir que letra escribir en la tercera canción del demo. Agarro un lápiz y un papel que tenía cerca, y empezó a escribir toda la canción. La letra estaba basada en sus experiencias enfermizas en el mundo de los mortales. Pero además, no solo escribió la letra. Dio vuelta la hoja, e hizo un dibujo muy extraño. Era como un símbolo, que Belcebú dibujo mientras estaba medio dormido. Pero lo dibujo mientras pensaba en muchas de las cosas que vivió. Cuando nació, cuando arrojo a la lava la Biblia, cuando se convirtió en el Quinto Emperador del Infierno, sus traumas de la infancia, cuando condeno a su hermano a seis meses en el rio de lava, etc. Toda su vida la pensó mientras dibujaba ese extraño boceto. Luego siguió durmiendo.
En las próximas horas, despierto, Belcebú fue camino a su honorable trabajo. Los nervios invadían su interior por su irresponsabilidad laboral al faltar de nuevo a su trabajo. Y ocurrió lo indeseado. Satanás enojado, Leviatán gritándole al Demonio, Asmodeo y Lucifer estaban callados, pero aun asi estaban molestos. Después de tanto castigo, luego de trabajar duro, se fue a reunirse con la banda para grabar su impaciente DEMO.
Media hora para grabarlo, pero todo salió bien. Lo que creían su obra maestra música, aunque les faltaba practica, estaba lista, solo faltaba la tapa del mismo. Uno de los demonios le pregunto a Belcebú que era lo que tenía en el reverso de aquella hoja que llevaba con él durante toda la grabación. Contesto que no sabía, que era un dibujo que hizo mientras estaba medio dormido. El demonio pensó en usarlo como logo de la banda, o que acompañara a el logo. Los demás estaban de acuerdo, aunque el Señor de las Moscas no sabía porque, pero igual cedió. Belcebú propuso que la banda se llamara Unholy Water, los demás aceptaron sin pestañar.
Del rostro de Belcebú nació una leve sonrisa. Nunca había tenido otros quienes compartieran sus gustos ni le entendieran; era una luz en su oscuro corazón. Todos se separaron.
Un tiempo después, hubo noticias. Resulta que un amigo del baterista Focalor ya había terminado de confeccionar la tapa del DEMO junto con el logo de la banda. Como cerecita sobre el pastel: ya estaba a la venta el DEMO. Los integrantes de la banda empezaron a saltar felices por su logro. Y por supuesto, Belcebú lo estaba también. El baterista les mostro a todos el DEMO, que se llamaba "Frangen Fra Onden" (Cáliz del Mal), nombre sugerido por el bajista. Era emocionante el haber, no solo grabado su primera demostración, sino que además este en venta.
Mas allá de sus actividades musicales, mirando a su lado personal, Belcebú no le conto nunca a su familia sobre los sucesos ocasionados en la tierra de los mortales. Recordó la violación proporcionada a esa potrilla, y el haberle otorgado las ruedas de hierro sobre su cuerpo dando paso a su inminente muerte. También pensó en el cadáver, sobre sus partes tiesas cayéndose como piedra, además del pútrido olor. El remordimiento no existía en el Demonio, ni culpa, ni ningún sentimiento parecido. Belcebú disfruto violar a aquella inocente potrilla, después de todo, pensó que se lo merecía por ser tan malcriada; como también disfruto perder la virginidad con un bulto de carne y hueso, del que alguna vez su corazón bombeaba sangre.
El fracaso con las chicas de su edad, y con las mayores, pasaron a ser un tema menor para él, ya le era indiferente. El no podía decir que realmente fue una delicia de sus primeras experiencias sexuales; pero tampoco pudo decir que le desagrado, de cierto modo le gusto. Incluso, hasta lo volvería a hacer.
Continuara...

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