Formas de vida terrestres podrían sobrevivir a las condiciones reinantes en Marte.
Cuando se envía una nueva misión con destino a otros mundos como Marte, las naves tienen que someterse a un proceso que esteriliza todos sus componentes, un paso obligado para evitar que los resultados de los análisis no sean erróneos, ya que si buscamos marcianos, no podemos confundirlos con los terrícolas.
Lo malo es que en ocasiones este proceso no suele dar el resultado deseado, por ejemplo, las primeras misiones al planeta no eran tan estrictas y quizás algunos microorganismos terrestres podrían haber conquistado ya Marte por nosotros.
Ahora, una nueva investigación sugiere que los metanógenos, uno de los organismos más simples y antiguos de la Tierra, podrían sobrevivir en Marte.
La bacteria Methanopyrus, una arquea metanógena.
Estos metanógenos, bacterias pertenecientes al dominio Archaea, utilizan el hidrógeno como fuente de energía y el dióxido de carbono como fuente de carbono, para metabolizar y producir metano. Los metanógenos viven en pantanos y marismas, pero también podemos encontrarlos en los intestinos de rumiantes, termitas y otros herbívoros, así como en la materia muerta y en descomposición.
Bacterias metanógenas en una roca de basalto (marcadas en rojo).
Estas bacterias son anaeróbicas, no necesitan la presencia del oxigeno para vivir, no requieren de nutrientes orgánicos y no realizan la fotosíntesis, por lo que podrían prosperar bajo la superficie de cualquier planeta y, por tanto, son candidatos ideales para colonizar Marte.
Rebecca Mickol, estudiante de doctorado del departamento de ciencias del espacio y planetarias de espacio de la Universidad de Arkansas, sometió dos especies de metanógenos, Methanothermobacter wolfeii y Methanobacterium formicicum, a las condiciones reinantes en Marte. Y el resultado fue que las dos especies lograron sobrevivir al ciclo de congelación-deshielo que se experimenta en Marte.
Estas especies fueron escogidas por su capacidad de soportar ciclos similares en la Tierra y que están por debajo de las temperaturas ideales de crecimiento de cualquier otra forma de vida, 37 grados centígrados para la M. formicicum y 55 grados centígrados para M. wolfeii. “La temperatura de la superficie de Marte es muy variable, a menudo oscila entre menos 90 grados Celsius y 27 grados centígrados en un día marciano”, comento Mickol. “Si cualquier forma de vida existiese en Marte en la actualidad, por lo menos tendría que sobrevivir a ese rango de temperatura. La supervivencia de estas dos especies metanógenas expuestas a ciclos de congelación/descongelación durante largos periodos sugiere que los metanógenos podrían potencialmente habitar en el subsuelo de Marte.”
Perforaciones en una roca basáltica, producto de su digestión por bacterias extremófilas.
Mickol realizó el estudio bajo la supervisión de Timothy Kral, profesor de ciencias biológicas en el Centro de Arkansas para las Ciencias Espaciales y Planetarias y científico principal del proyecto.
Se seleccionaron estas dos especies porque la primera es un microorganismo hipertermófilo, que tiene la capacidad de prosperar a altas temperaturas, mientras que la segunda de ellas es una bacteria termófila, que prospera a temperaturas cálidas.
“La baja temperatura en Marte inhibió su crecimiento, pero sobrevivieron”, comento Mickol. “Una vez que llegaron de nuevo a una temperatura cálida, fueron capaces de crecer y metabolizar nuevo. Quería ver si estas temperaturas frías los matarían, o si eran capaces de sobrevivir y adaptarse”.
Los metanógenos contenidos en estos tubos de ensayo, que también contenían nutrientes de crecimiento, arena y agua, sobrevivieron cuando se los sometió a ciclos de congelación-descongelación de Marte. Rebecca Mickol/Universidad de Arkansas.
Desde la década de 1990, el profesor Kral ha estado estudiando los metanógenos y examinando su capacidad de sobrevivir en Marte.
En 2004 se descubrió la presencia de metano en la atmosfera marciana que aparece de forma estacional, desde entonces, este elemento a suscitado múltiples debates en los que se trataban de establecer su origen.
“Cuando se hizo este descubrimiento, estábamos muy emocionados porque surge la pregunta ¿Cuál es la fuente de ese metano?”, comentó Kral. “Una posibilidad serían los metanógenos.”
Y el problema es que, como señalé al principio, docenas de especies podrían haber acompañado al rover Curiosity en su viaje al planeta rojo. Estos polizones habrían resistido a los métodos destinados a esterilizar tanto el rover como la cápsula donde viajaba, aunque no sabemos si realmente lograron sobrevivir al viaje interplanetario.
Tal vez nuestros exploradores han llevado a Marte algo más aparte de los instrumentos científicos...
Otro estudio ha mostrado que un sorprendente numero de cepas podría haber sobrevivido a la radiación ultravioleta-C, el tipo de radiación más dañino al que estaríamos sometidos durante un viaje espacial.
Los resultados, presentados este lunes en la reunión anual de la Sociedad Americana de Microbiología, son un primer paso para descubrir cómo ciertas bacterias podrían sobrevivir la descontaminación y a los vuelos espaciales.
La cuestión es que se analizó parte de la superficie del Curiosity antes de su lanzamiento, incluyendo su escudo térmico y sistema de vuelo, y los análisis revelaron 65 especies de bacterias. La mayoría estaban relacionados con el género Bacillus.
Este estudio analizó 377 cepas microbianas y las sometieron a diferentes entornos, las deshidrataron, las expusieron a rayos UV, frio extremo y cambios en el pH. Casi 11 % de las 377 cepas sobrevivieron a más de una de estas condiciones. Además, un 31 por ciento de estas cepas no formaron en torno a ellas una capa protectora de esporas, por lo que los investigadores sospechan que utilizaron algún tipo de medio bioquímico, como cambios metabólicos, que les permitió protegerse.
“Cuando nos embarcamos en estos estudios no sabíamos nada acerca de los organismos en este ámbito”, comento Stephanie Smith, microbióloga de la Universidad de Idaho en Moscow, EE.UU., autora principal del trabajo. El grupo planea ahora estudiar cómo las bacterias más resistentes identificadas sobreviven en ambientes extremos.
Este proyecto, realizado en colaboración con el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena, California, es el primero en examinar todo el archivo de microbios recogidos sobre el Curiosity.
Representación artística de la nave espacial en la que viajaba el rover Curiosity. La radiación UV solar supone un riesgo para la vida en el espacio, pero algunos microorganismos podrían haber sobrevivido al viaje. NASA/JPL
De esta forma, identificar las especies microbianas resistentes al entorno interplanetario ayuda a medir los niveles reales de contaminación del Curiosity. Cualquier tipo de contaminación por algún tipo de forma biológica terrestre podría provocar que los resultados de esta misión fuesen erróneos, mostrándonos falsas señales de la presencia de vida en el planeta rojo.
Y aunque la misión tuvo que pasar por varios procesos de limpieza para asegurarse que habían quedado eliminados todos los contaminantes biológicos, estos informes sugieren que los desarrolladores del Curiosity pudieron no haber seguido al pie de la letra todos los protocolos.
“No sabemos todavía si hay realmente una amenaza”, comento Smith. “Hasta donde sabemos, es importante adoptar un enfoque de precaución”.
Quién sabe, a lo mejor encontramos forma de vida sumamente familiares en Marte.
Eso sería todo, ojalá les haya gustado.
En este post, todos pueden comentar, pero los comentarios fuera de lugar serán borrados.
Cuando se envía una nueva misión con destino a otros mundos como Marte, las naves tienen que someterse a un proceso que esteriliza todos sus componentes, un paso obligado para evitar que los resultados de los análisis no sean erróneos, ya que si buscamos marcianos, no podemos confundirlos con los terrícolas.
Lo malo es que en ocasiones este proceso no suele dar el resultado deseado, por ejemplo, las primeras misiones al planeta no eran tan estrictas y quizás algunos microorganismos terrestres podrían haber conquistado ya Marte por nosotros.
Ahora, una nueva investigación sugiere que los metanógenos, uno de los organismos más simples y antiguos de la Tierra, podrían sobrevivir en Marte.
La bacteria Methanopyrus, una arquea metanógena.
Estos metanógenos, bacterias pertenecientes al dominio Archaea, utilizan el hidrógeno como fuente de energía y el dióxido de carbono como fuente de carbono, para metabolizar y producir metano. Los metanógenos viven en pantanos y marismas, pero también podemos encontrarlos en los intestinos de rumiantes, termitas y otros herbívoros, así como en la materia muerta y en descomposición.
Bacterias metanógenas en una roca de basalto (marcadas en rojo).
Estas bacterias son anaeróbicas, no necesitan la presencia del oxigeno para vivir, no requieren de nutrientes orgánicos y no realizan la fotosíntesis, por lo que podrían prosperar bajo la superficie de cualquier planeta y, por tanto, son candidatos ideales para colonizar Marte.
Rebecca Mickol, estudiante de doctorado del departamento de ciencias del espacio y planetarias de espacio de la Universidad de Arkansas, sometió dos especies de metanógenos, Methanothermobacter wolfeii y Methanobacterium formicicum, a las condiciones reinantes en Marte. Y el resultado fue que las dos especies lograron sobrevivir al ciclo de congelación-deshielo que se experimenta en Marte.
Estas especies fueron escogidas por su capacidad de soportar ciclos similares en la Tierra y que están por debajo de las temperaturas ideales de crecimiento de cualquier otra forma de vida, 37 grados centígrados para la M. formicicum y 55 grados centígrados para M. wolfeii. “La temperatura de la superficie de Marte es muy variable, a menudo oscila entre menos 90 grados Celsius y 27 grados centígrados en un día marciano”, comento Mickol. “Si cualquier forma de vida existiese en Marte en la actualidad, por lo menos tendría que sobrevivir a ese rango de temperatura. La supervivencia de estas dos especies metanógenas expuestas a ciclos de congelación/descongelación durante largos periodos sugiere que los metanógenos podrían potencialmente habitar en el subsuelo de Marte.”
Perforaciones en una roca basáltica, producto de su digestión por bacterias extremófilas.
Mickol realizó el estudio bajo la supervisión de Timothy Kral, profesor de ciencias biológicas en el Centro de Arkansas para las Ciencias Espaciales y Planetarias y científico principal del proyecto.
Se seleccionaron estas dos especies porque la primera es un microorganismo hipertermófilo, que tiene la capacidad de prosperar a altas temperaturas, mientras que la segunda de ellas es una bacteria termófila, que prospera a temperaturas cálidas.
“La baja temperatura en Marte inhibió su crecimiento, pero sobrevivieron”, comento Mickol. “Una vez que llegaron de nuevo a una temperatura cálida, fueron capaces de crecer y metabolizar nuevo. Quería ver si estas temperaturas frías los matarían, o si eran capaces de sobrevivir y adaptarse”.
Los metanógenos contenidos en estos tubos de ensayo, que también contenían nutrientes de crecimiento, arena y agua, sobrevivieron cuando se los sometió a ciclos de congelación-descongelación de Marte. Rebecca Mickol/Universidad de Arkansas.
Desde la década de 1990, el profesor Kral ha estado estudiando los metanógenos y examinando su capacidad de sobrevivir en Marte.
En 2004 se descubrió la presencia de metano en la atmosfera marciana que aparece de forma estacional, desde entonces, este elemento a suscitado múltiples debates en los que se trataban de establecer su origen.
“Cuando se hizo este descubrimiento, estábamos muy emocionados porque surge la pregunta ¿Cuál es la fuente de ese metano?”, comentó Kral. “Una posibilidad serían los metanógenos.”
Y el problema es que, como señalé al principio, docenas de especies podrían haber acompañado al rover Curiosity en su viaje al planeta rojo. Estos polizones habrían resistido a los métodos destinados a esterilizar tanto el rover como la cápsula donde viajaba, aunque no sabemos si realmente lograron sobrevivir al viaje interplanetario.
Tal vez nuestros exploradores han llevado a Marte algo más aparte de los instrumentos científicos...
Otro estudio ha mostrado que un sorprendente numero de cepas podría haber sobrevivido a la radiación ultravioleta-C, el tipo de radiación más dañino al que estaríamos sometidos durante un viaje espacial.
Los resultados, presentados este lunes en la reunión anual de la Sociedad Americana de Microbiología, son un primer paso para descubrir cómo ciertas bacterias podrían sobrevivir la descontaminación y a los vuelos espaciales.
La cuestión es que se analizó parte de la superficie del Curiosity antes de su lanzamiento, incluyendo su escudo térmico y sistema de vuelo, y los análisis revelaron 65 especies de bacterias. La mayoría estaban relacionados con el género Bacillus.
Este estudio analizó 377 cepas microbianas y las sometieron a diferentes entornos, las deshidrataron, las expusieron a rayos UV, frio extremo y cambios en el pH. Casi 11 % de las 377 cepas sobrevivieron a más de una de estas condiciones. Además, un 31 por ciento de estas cepas no formaron en torno a ellas una capa protectora de esporas, por lo que los investigadores sospechan que utilizaron algún tipo de medio bioquímico, como cambios metabólicos, que les permitió protegerse.
“Cuando nos embarcamos en estos estudios no sabíamos nada acerca de los organismos en este ámbito”, comento Stephanie Smith, microbióloga de la Universidad de Idaho en Moscow, EE.UU., autora principal del trabajo. El grupo planea ahora estudiar cómo las bacterias más resistentes identificadas sobreviven en ambientes extremos.
Este proyecto, realizado en colaboración con el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena, California, es el primero en examinar todo el archivo de microbios recogidos sobre el Curiosity.
Representación artística de la nave espacial en la que viajaba el rover Curiosity. La radiación UV solar supone un riesgo para la vida en el espacio, pero algunos microorganismos podrían haber sobrevivido al viaje. NASA/JPL
De esta forma, identificar las especies microbianas resistentes al entorno interplanetario ayuda a medir los niveles reales de contaminación del Curiosity. Cualquier tipo de contaminación por algún tipo de forma biológica terrestre podría provocar que los resultados de esta misión fuesen erróneos, mostrándonos falsas señales de la presencia de vida en el planeta rojo.
Y aunque la misión tuvo que pasar por varios procesos de limpieza para asegurarse que habían quedado eliminados todos los contaminantes biológicos, estos informes sugieren que los desarrolladores del Curiosity pudieron no haber seguido al pie de la letra todos los protocolos.
“No sabemos todavía si hay realmente una amenaza”, comento Smith. “Hasta donde sabemos, es importante adoptar un enfoque de precaución”.
Quién sabe, a lo mejor encontramos forma de vida sumamente familiares en Marte.
Eso sería todo, ojalá les haya gustado.
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