bueno , el objeto de este post es informar acerca la industrialización en Chile desde sus inicios y hasta la actualidad , espero les guste , comenten lo que les pareció .
¿ Qué es un país industrializado ?
La definición de país desarrollado es aquel que basa su economía en la industria y no en productos agroalimentarios , también se puede definir como aquellos países en los que la tecnología permite aplicar la energía a la producción y al transporte, lo que propicia unos elevados niveles de productividad , un claro ejemplo es Japón, como su territorio no permite un territorio amplio que puedan dedicar a la agricultura por lo tanto optaron por la industria .
¿Y...Chile ?
Inicios de la industria en Chile (1860-1930)
La mayor característica de los gobiernos radicales fue la implementación de una política desarrollista tendiente a industrializar al país mediante la estrategia de la sustitución de importaciones. De esta forma los nuevos gobiernos intentaron incentivar el crecimiento de la industria nacional y de generar nuevas fuentes de empleo, con el propósito de mejorar las condiciones de vida de la población chilena y de evitar que el descontento social fuera aprovechado por movimientos antisistémicos que pusieran en jaque el orden institucional, tal como ocurrió en la etapa conocida como Anarquía Chica.
En el año 1939, luego de que la zona centro sur del país fuera devastada por un gran terremoto, incluyendo la destrucción de la ciudad de Chillán, el gobierno de Pedro Aguirre Cerda instituyó la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), una organización de corte estatal que tenía como finalidad fundar las bases del desarrollo industrial del país, mediante la creación de varias empresas dependientes de CORFO, las que estaban orientadas a impactar en las actividades económicas consideradas básicas para lograr la meta de industrializar a Chile. Entre las empresas que se crearon bajo el contexto de la política de sustitución de importaciones se puede contar a la Empresa Nacional de Electricidad (Endesa), la Empresa Nacional de Petróleos (ENAP) y a la Compañía de Aceros del Pacífico (CAP).
Como se puede notar al observar el tipo de empresas impulsadas por la CORFO, los sectores productivos más relevantes eran la industria energética y la producción de acero, puesto que estas dos actividades actuaban como catalizadoras de la economía al generar demanda de insumos y procesos productivos anexos que debían ser realizados por otras industrias.
Un ejemplo que se puede citar es el caso de la Empresa Nacional de Petróleos, ya que el combustible importado y el que se explotaba de los yacimientos de la zona de Magallanes, requería ser refinado; con ese objetivo de crearon dos refinerías que fueron las primeras en desarrollar la industria petroquímica en Chile; una de ellas es la Refinería de Petróleo de Concón, la que fue fundada en el año 1947.
Por otro lado, la Compañía de Aceros del Pacifico, a través de la producción de la usina de Huachipato (ubicada en el puerto de Talcahuano) disminuía la necesidad de importar acero y, además, fomentaba la minería del carbón y del hierro que se desarrollaba en la inmediaciones del mismo territorio (Arauco, Lota).
Por su parte, la Empresa Nacional de Electricidad mediante la construcción de embalses, represas y centrales hidroeléctricas dinamizaba la industria de la construcción, y de paso a la minería cuprífera con su demanda de cables de cobre para desplegar las redes de cables necesarias para conducir la energía eléctrica desde las centrales hasta las ciudades y las fábricas.
Todo el conjunto de iniciativas económicas emprendidas por la CORFO requerían de una gran cantidad de capital humano o personal calificado técnicamente, recurso con el cual nuestro país contaba en un número reducido, por lo que para hacer consecuente el esfuerzo industrializador era necesario realizar una inversión similar en el área de la educación, especialmente en el sector técnico profesional. Con este fin, en el año 1947, se crearon la Universidad Técnica del Estado y la Universidad Federico Santa María, las cuales tenían como misión formar profesionales especializados en labores productivas como las mencionadas más arriba.
Cabe señalar, además, que la educación era considerada por la administración de Aguirre Cerda como un área prioritaria para el crecimiento económico del país, tanto que el lema del gobierno de este presidente era “gobernar es educar”, por lo que durante este periodo se fundaron y construyeron miles de escuelas que ampliaron geométricamente la cobertura del sistema educacional chileno. En este mismo contexto, se promovió el desarrollo de la investigación científica por medio de la gestión de la Universidad de Chile, institución que bajo el liderazgo del rector Juvenal Hernández se convirtió en el principal referente cultural del país; este esfuerzo se consolidó con el establecimiento de los premios nacionales de Arte y Literatura.
La preocupación por el desarrollo industrial de la nación llevó a los gobiernos radicales a velar en varias oportunidades por el resguardo del patrimonio del país, y durante la administración de Gabriel González Videla, en el año 1952, el gobierno de Chile junto a los gobierno de Perú y Ecuador proclamaron la soberanía económica del espacio marítimo de un ancho de 200 millas desde la línea de costa, en lo que se conoce como la Declaración de Santiago. Anteriormente, bajo el gobierno de Aguirre Cerda en el año 1941, nuestro país definió los límites sobre los que Chile ejerce soberanía en el continente antártico.
Modelo ISI y el nacimiento de la CORFO
Los objetivos que se perseguían eran, lograr la independencia de los mercados mundiales y reducir la vulnerabilidad externa. Los especialistas planteaban que el logro de estos objetivos pasaba por industrializar al país. Para ello, se genera una serie de medidas económicas tendientes al logro de estos objetivos.
Una de las medidas más importantes se dio durante el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, con la creación de la CORFO (Corporación de Fomento a la Producción) en 1939, institución pública financiada con ingresos de las exportaciones del cobre.
El objetivo de la CORFO era desarrollar una estrategia de industrialización para Chile. Para ello, se plantearon dos etapas de desarrollo.
- Primera etapa de industrialización liviana: que desarrolló una industria productora de bienes de consumo como textiles, calzado, alimentos elaborados, metalúrgica, entre otros; que abasteció el mercado interno. Su finalidad era ahorrar divisas para poner en marcha la segunda etapa.
- Segunda etapa de industrialización pesada: que desarrollaría una producción de bienes de capital y tecnología, que permitiría industrializar al país e independizarlo definitivamente de los mercados extranjeros.
En la primera etapa el Estado tomó un papel de liderazgo y se comprometió a dotar al país de una infraestructura productiva, dando paso a una serie de iniciativas a través de la CORFO, entre las más importantes se encuentran las siguientes:
Empresa Nacional de Electricidad S.A., ENDESA (1944)
Empresa público-privada, que lleva a ejecución la electrificación del país, a través del Sistema Interconectado Central (SIC). Se crean las centrales hidroeléctricas de Los Molles, Rapel, Sauzalito, Los Cipreses, Abanico, Pullinque Pilmaiquén, Aysén, etc.
Compañía de Aceros del Pacífico, CAP (1946)
Con la ayuda de préstamos extranjeros y asesoría de especialista norteamericanos se construye la planta siderúrgica de Huachipato, ubicada estratégicamente cerca de Lota y Coronel. Logrando abastecer la demanda nacional.
Empresa Nacional de Petróleo, ENAP ( 1950 )
Se comienza a explotar los pozos petroleros de la región de Magallanes. Se crea la refinería de Concón y el terminal marítimo de Quintero. La red vial para el transporte del petróleo se expande a más de 1.400 km de recorrido.
Industria Azucarera Nacional, IANSA (1952)
Fomentó la introducción de técnicas agrícolas modernas y los cultivos intensivos.
Empresa Nacional de Minería, ENAMI (1960)
Creada para a poyar la pequeña minería y fomentar la producción de cobre.
Crisis del modelo
Este modelo económico fue un importante paso en la industrialización del país, pero no logró concretar la segunda etapa de sus plan debido a una serie de factores como el aumento de la inflación, la poca incorporación de tecnología en la agricultura que seguía en manos de unos pocos terratenientes, baja calidad de los productos nacionales y poca oferta de los mismos, el poco ahorro del Estado para invertir y el déficit fiscal.
La urgencia de una política industrial para Chile
La miopía estratégica, la ceguera social y los sesgos contra la innovación tecnológica que caracterizan a los mercados, explican porque los países de la OECD y los tigres asiáticos recurrieron a políticas industriales que tienen como propósito alentar la emergencia de nuevos sectores o clusters de alta tecnología y valor agregado, lo que en la práctica significa una transformación productiva. Su propósito es lograr una convergencia de productividad con los países desarrollados y, al mismo tiempo, reducir la brecha tecnológica que existe entre grandes y pequeñas empresas.
A eso se le denomina “política industrial” entendida en el sentido amplio del término, dado que no se limita a nuevas ramas del sector manufacturero (p. ej. equipos de generación de energía eólica o solar) sino que incluye, entre otros, a la industria del software (p. ej. Data Mining), a los servicios de ingeniería así como nuevos eslabonamientos intensivos en tecnología vinculados a los clusters de recursos naturales (p. ej. biotecnología minera).
Mientras que instituciones como el Banco Mundial discuten abiertamente sobre política industrial y el Presidente Barack Obama tiene un asesor especializado en esta materia, en Chile todavía hay economistas que fruncen el ceño y repiten las consabidas frases acerca de que ello sería “un retorno al pasado” y que violaría las “leyes del mercado”. Los chicago boys y sus epígonos polemizan abiertamente contra este tipo de política pública, aunque esconden que la practicaron durante la dictadura militar con el subsidio para el sector forestal (DFL 701) y el reintegro simplificado para exportaciones no tradicionales (ley 18.480) que movilizaron varios miles de millones de dólares para hacer emerger nuevos sectores productivos.
Este discurso ha calado hondo en Chile. No sólo se manifiesta en la derecha, sino que también influyó a una parte de los economistas de los gobiernos de la Concertación, frenando el despegue de la política industrial durante los años 90. A pesar de ello, entre los años 2000-2010 se logró un avance significativo en recursos para la ciencia e innovación que son componentes claves de la política industrial. Lamentablemente, este gobierno ha decidido desarmar los programas de innovación de Corfo que priorizaban el desarrollo de clusters estratégicos para Chile. Más aún, el Consejo de Innovación para la Competitividad (CNIC) informa que los recursos para ciencia, tecnología e innovación no crecieron entre el 2010-2013 y que el gobierno pretende hacer lo mismo con el presupuesto del 2014. Eso quiere decir, que su participación en el PIB estuvo cayendo año a año, cuando debió haber ocurrido lo contrario.
El gobierno actual ha impulsado una política equivocada. El resultado ha sido la pulverización de recursos, la descoordinación del sector público y la profundización de la fragmentación del pequeño sistema de innovación y aprendizaje que tiene Chile. Se ha retrocedido mientras otros países avanzan. Todo esto proviene del carácter conservador de la política económica del gobierno, que se resiste a la política industrial utilizando argumentos ideológicos.
Primero, no es efectivo que la teoría económica rechaza la política industrial. Por el contrario, entrega argumentos analíticos muy sólidos para evidenciar que los mercados tienen fallas intrínsecas que dificultan la innovación tecnológica avanzada y la emergencia de nuevos sectores.
Segundo, la insistencia en el uso de instrumentos de fomento “horizontales” que no explicitan prioridades, desconoce las fallas del mercado antes mencionadas. Pero lo más grave es que estos instrumentos terminan favoreciendo a algunos al tiempo que excluyen a otros. Por ejemplo, el incentivo tributario para I+D excluye a las pymes innovadoras. Los fondos tecnológicos con proyectos de bajo monto y corto plazo, excluyen programas que requieren tiempo para madurar como ocurre en biotecnología y otras tecnologías avanzadas.
Finalmente, algunos economistas todavía insisten en que la experiencia internacional demuestra un supuesto fracaso de la política industrial. Esta afirmación no tiene asidero, no sólo por la exitosa experiencia de Japón y los “tigres asiáticos”, sino también porque prácticamente todos los países de la OECD la han utilizado, aunque la nombran de diversos modos. En Alemania e Italia se habla de desarrollo regional o desarrollo territorial. En Estados Unidos se prefiere decir políticas de ciencia, tecnología e innovación ¡Y vaya que promovieron sectores específicos! Por ejemplo, en los últimos 40 años el sector de semiconductores de Estados Unidos ha recibido subsidios equivalentes al 60% de sus gastos de I+D. Del mismo modo, estados como California apoyan activamente industrias que consideran fundamentales para su desarrollo.
El próximo gobierno debe desechar estos infundados argumentos y debe impulsar un esfuerzo estratégico para desarrollar una nueva política industrial orientada a más productividad, más innovación y más crecimiento sustentable. Para ello, requiere tres iniciativas básicas.
Primero, debe crear o consolidar capacidades institucionales a través de los siguientes mecanismos: usar la planificación estratégica participativa para identificar el sendero que Chile seguirá hasta el 2020 o 2030, mejorar sustantivamente la coordinación del sector público chileno así como dotar a las regiones de los instrumentos legales y financieros para promover su propia política de desarrollo. Y, no menos importante, debe promover una alianza entre los mundos de las universidades y las empresas, porque el conocimiento científico es indispensable para la innovación tecnológica avanzada.
Segundo, debe mantener instrumentos que se han probado eficientes, corregir los que evidencian fallas y desarmar los que no sirven. Al mismo tiempo debe impulsar nuevas iniciativas de gran escala. Una de las más importantes, es el impulso de la banca de desarrollo en Chile, donde la Corfo se especialice en la innovación y el BancoEstado en la pequeña empresa. No menos importante es impulsar una red nacional -de alcance municipal- de centros de desarrollo para la pequeña empresa, adaptando a Chile las exitosas experiencias de Estados Unidos y otros países.
Pero lo anterior no tendrá “dientes” si el gobierno no genera un consenso en torno a qué sectores o clusters estratégicos desarrollará el país. En este sentido, destaco tres ejemplos.
La gran minería es un espacio crucial de política industrial, porque desde allí se puede impulsar las Energía Renovables No Convencionales (ERNC), la robótica, la biotecnología, la nanotecnología, los nuevos materiales y las TIC combinando la investigación científica con la innovación tecnológica. La Corfo ha tenido una experiencia exitosa en este campo, pero el principal instrumento es Codelco, empresa que debe recuperar su inversión en I+D de alta tecnología trabajando conjuntamente con empresas tecnológicas y universidades. Así lo hace de manera exitosa Petrobras de Brasil.
Hay consenso en que Chile debe desarrollar las ERNC, así como el uso eficiente de la energía. Para ello no basta con una regulación eficiente, que por cierto puede ser mejorada. Se requiere también una política industrial activa y de largo aliento, que debe articular a universidades y empresas de diversos sectores, los que van desde materiales de construcción, industrias metalmecánicas, industrias TIC hasta servicios de diseño ingenieril y otros.
Hay también consenso en que Chile debe priorizar el desarrollo de servicios orientados al bienestar de las personas. Está probado que las tecnologías eficientes pueden mejorar la calidad y al mismo tiempo abaratar los costos de los servicios de salud y educación. Ejemplos de ello son la detección temprana de la marea roja o la disponibilidad de agua potable en poblaciones o zonas apartadas. Por ello, es importante hacer converger la política industrial con las políticas sociales.
Estos tres sectores combinan gran potencial de crecimiento con innovación tecnológica avanzada, factible de ser hecha en Chile. Hay otros que cumplen con estos mismos criterios y que debieran ser considerados por el Consejo de Innovación a la hora de revisar la estrategia para el ciclo 2014-2026. Sin embargo, este nuevo ejercicio debe tener más participación que en el pasado. Debe contar con más actores que los científicos, la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) y el gobierno. Es crucial que al menos participen las regiones, la pequeña empresa y las industrias creativas, que constituyen actores de gran relevancia para Chile. Al mismo tiempo, es conveniente cambiar el nombre del CNIC a otro que explicite que la innovación también sirve para el bienestar y la sustentabilidad.
Chile requiere de un nuevo acuerdo histórico que debe basarse en tres grandes pilares. Primero, las reformas constitucionales y legislativas que otorguen más poder a los ciudadanos, a los trabajadores, a los consumidores, a la pequeña empresa y a las regiones. Segundo, el desarrollo de una nueva generación de políticas sociales universales, que sustituyan la primacía de la provisión privada de servicios sociales basados en el cofinanciamiento y el lucro, por el protagonismo de la provisión de servicios sociales basados en los sectores público y privado sin fines de lucro.
Pero no habrá democracia y bienestar sostenibles al largo plazo en nuestro país, si no se impulsa una estrategia de desarrollo y una política industrial para un crecimiento sustentable e inclusivo, reduciendo las brechas de productividad de Chile con los países avanzados, de las Pymes respecto a las grandes empresas, así como entre Santiago y el resto de las regiones. Este es el tercer pilar del acuerdo histórico que nuestro país requiere.
Sin embargo...
Merkel afirmó que Chile está en camino a convertirse en un país industrializado
La Canciller de Alemania Angela Merkel, se sumó a los elogios que realizó el jefe de gobierno de España Mariano Rajoy, y aseguró este sábado que Chile está bien encaminado en la ruta hacia el desarrollo, luego de sostener una cita bilateral con el Presidente Sebastián Piñera en el Palacio de La Moneda.
Luego de estar reunidos por más de una hora en el Salón de Audiencias de la sede del Ejecutivo, y tras firmar una serie de acuerdos de cooperación en el ámbito minero, la líder germana destacó la capacidad de crecimiento de Chile, el cual es visto de cerca por su país.
Merkel destacó que Chile "está en camino de convertirse en un país realmente industrializado, ha fijado objetivos muy ambiciosos. Lo vemos en el ingreso per cápita de la población y que se han granjeado grandes progresos en los últimos años".
"Estamos muy contentos por el dinámico desarrollo del país y por el crecimiento de las inversiones alemanas en Chile, las inversiones del sector económico alemán se pueden realizar perfectamente aquí. Empresarios alemanes quieren incrementar su presencia en Chile, están entusiasmados por el dinámico desarrollo económico y porque se le da una cordial bienvenida al inversor extranjero", agregó.
En esa línea, la mandataria afirmó que "Alemania ve muy detalladamente a Chile y esperamos que siga su desarrollo", junto con destacar que nuestro país "es rico en materias primas, así que vemos una enorme posibilidad de desarrollo en conjunto".
La jefa de Estado puntualizó que junto al Presidente Piñera, coincidieron en que la clave del desarrollo entre ambas naciones es mejorar la educación profesional de los jóvenes, por lo que recordó que las numerosas iniciativas que comparten ambos países en esta materia deben ser fortalecidas.
Además, Merkel destacó la dificultad que tiene Chile en materia energética, por lo que ofreció su cooperación para avanzar en la implementación de nuevas tecnologías y energías limpias. "Chile cuenta con muchas materias primas pero en cuanto a electricidad depende mucho del extranjero, por lo que el desarrollo de energías renovables es clave en su futuro, y en ese campo Alemania puede ayudar mucho por la oferta de energías renovables", especificó.
¿ Qué es un país industrializado ?
La definición de país desarrollado es aquel que basa su economía en la industria y no en productos agroalimentarios , también se puede definir como aquellos países en los que la tecnología permite aplicar la energía a la producción y al transporte, lo que propicia unos elevados niveles de productividad , un claro ejemplo es Japón, como su territorio no permite un territorio amplio que puedan dedicar a la agricultura por lo tanto optaron por la industria .
¿Y...Chile ?
Inicios de la industria en Chile (1860-1930)
La mayor característica de los gobiernos radicales fue la implementación de una política desarrollista tendiente a industrializar al país mediante la estrategia de la sustitución de importaciones. De esta forma los nuevos gobiernos intentaron incentivar el crecimiento de la industria nacional y de generar nuevas fuentes de empleo, con el propósito de mejorar las condiciones de vida de la población chilena y de evitar que el descontento social fuera aprovechado por movimientos antisistémicos que pusieran en jaque el orden institucional, tal como ocurrió en la etapa conocida como Anarquía Chica.
En el año 1939, luego de que la zona centro sur del país fuera devastada por un gran terremoto, incluyendo la destrucción de la ciudad de Chillán, el gobierno de Pedro Aguirre Cerda instituyó la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), una organización de corte estatal que tenía como finalidad fundar las bases del desarrollo industrial del país, mediante la creación de varias empresas dependientes de CORFO, las que estaban orientadas a impactar en las actividades económicas consideradas básicas para lograr la meta de industrializar a Chile. Entre las empresas que se crearon bajo el contexto de la política de sustitución de importaciones se puede contar a la Empresa Nacional de Electricidad (Endesa), la Empresa Nacional de Petróleos (ENAP) y a la Compañía de Aceros del Pacífico (CAP).
Como se puede notar al observar el tipo de empresas impulsadas por la CORFO, los sectores productivos más relevantes eran la industria energética y la producción de acero, puesto que estas dos actividades actuaban como catalizadoras de la economía al generar demanda de insumos y procesos productivos anexos que debían ser realizados por otras industrias.
Un ejemplo que se puede citar es el caso de la Empresa Nacional de Petróleos, ya que el combustible importado y el que se explotaba de los yacimientos de la zona de Magallanes, requería ser refinado; con ese objetivo de crearon dos refinerías que fueron las primeras en desarrollar la industria petroquímica en Chile; una de ellas es la Refinería de Petróleo de Concón, la que fue fundada en el año 1947.
Por otro lado, la Compañía de Aceros del Pacifico, a través de la producción de la usina de Huachipato (ubicada en el puerto de Talcahuano) disminuía la necesidad de importar acero y, además, fomentaba la minería del carbón y del hierro que se desarrollaba en la inmediaciones del mismo territorio (Arauco, Lota).
Por su parte, la Empresa Nacional de Electricidad mediante la construcción de embalses, represas y centrales hidroeléctricas dinamizaba la industria de la construcción, y de paso a la minería cuprífera con su demanda de cables de cobre para desplegar las redes de cables necesarias para conducir la energía eléctrica desde las centrales hasta las ciudades y las fábricas.
Todo el conjunto de iniciativas económicas emprendidas por la CORFO requerían de una gran cantidad de capital humano o personal calificado técnicamente, recurso con el cual nuestro país contaba en un número reducido, por lo que para hacer consecuente el esfuerzo industrializador era necesario realizar una inversión similar en el área de la educación, especialmente en el sector técnico profesional. Con este fin, en el año 1947, se crearon la Universidad Técnica del Estado y la Universidad Federico Santa María, las cuales tenían como misión formar profesionales especializados en labores productivas como las mencionadas más arriba.
Cabe señalar, además, que la educación era considerada por la administración de Aguirre Cerda como un área prioritaria para el crecimiento económico del país, tanto que el lema del gobierno de este presidente era “gobernar es educar”, por lo que durante este periodo se fundaron y construyeron miles de escuelas que ampliaron geométricamente la cobertura del sistema educacional chileno. En este mismo contexto, se promovió el desarrollo de la investigación científica por medio de la gestión de la Universidad de Chile, institución que bajo el liderazgo del rector Juvenal Hernández se convirtió en el principal referente cultural del país; este esfuerzo se consolidó con el establecimiento de los premios nacionales de Arte y Literatura.
La preocupación por el desarrollo industrial de la nación llevó a los gobiernos radicales a velar en varias oportunidades por el resguardo del patrimonio del país, y durante la administración de Gabriel González Videla, en el año 1952, el gobierno de Chile junto a los gobierno de Perú y Ecuador proclamaron la soberanía económica del espacio marítimo de un ancho de 200 millas desde la línea de costa, en lo que se conoce como la Declaración de Santiago. Anteriormente, bajo el gobierno de Aguirre Cerda en el año 1941, nuestro país definió los límites sobre los que Chile ejerce soberanía en el continente antártico.
Modelo ISI y el nacimiento de la CORFO
Los objetivos que se perseguían eran, lograr la independencia de los mercados mundiales y reducir la vulnerabilidad externa. Los especialistas planteaban que el logro de estos objetivos pasaba por industrializar al país. Para ello, se genera una serie de medidas económicas tendientes al logro de estos objetivos.
Una de las medidas más importantes se dio durante el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, con la creación de la CORFO (Corporación de Fomento a la Producción) en 1939, institución pública financiada con ingresos de las exportaciones del cobre.
El objetivo de la CORFO era desarrollar una estrategia de industrialización para Chile. Para ello, se plantearon dos etapas de desarrollo.
- Primera etapa de industrialización liviana: que desarrolló una industria productora de bienes de consumo como textiles, calzado, alimentos elaborados, metalúrgica, entre otros; que abasteció el mercado interno. Su finalidad era ahorrar divisas para poner en marcha la segunda etapa.
- Segunda etapa de industrialización pesada: que desarrollaría una producción de bienes de capital y tecnología, que permitiría industrializar al país e independizarlo definitivamente de los mercados extranjeros.
En la primera etapa el Estado tomó un papel de liderazgo y se comprometió a dotar al país de una infraestructura productiva, dando paso a una serie de iniciativas a través de la CORFO, entre las más importantes se encuentran las siguientes:
Empresa Nacional de Electricidad S.A., ENDESA (1944)
Empresa público-privada, que lleva a ejecución la electrificación del país, a través del Sistema Interconectado Central (SIC). Se crean las centrales hidroeléctricas de Los Molles, Rapel, Sauzalito, Los Cipreses, Abanico, Pullinque Pilmaiquén, Aysén, etc.
Compañía de Aceros del Pacífico, CAP (1946)
Con la ayuda de préstamos extranjeros y asesoría de especialista norteamericanos se construye la planta siderúrgica de Huachipato, ubicada estratégicamente cerca de Lota y Coronel. Logrando abastecer la demanda nacional.
Empresa Nacional de Petróleo, ENAP ( 1950 )
Se comienza a explotar los pozos petroleros de la región de Magallanes. Se crea la refinería de Concón y el terminal marítimo de Quintero. La red vial para el transporte del petróleo se expande a más de 1.400 km de recorrido.
Industria Azucarera Nacional, IANSA (1952)
Fomentó la introducción de técnicas agrícolas modernas y los cultivos intensivos.
Empresa Nacional de Minería, ENAMI (1960)
Creada para a poyar la pequeña minería y fomentar la producción de cobre.
Crisis del modelo
Este modelo económico fue un importante paso en la industrialización del país, pero no logró concretar la segunda etapa de sus plan debido a una serie de factores como el aumento de la inflación, la poca incorporación de tecnología en la agricultura que seguía en manos de unos pocos terratenientes, baja calidad de los productos nacionales y poca oferta de los mismos, el poco ahorro del Estado para invertir y el déficit fiscal.
La urgencia de una política industrial para Chile
La miopía estratégica, la ceguera social y los sesgos contra la innovación tecnológica que caracterizan a los mercados, explican porque los países de la OECD y los tigres asiáticos recurrieron a políticas industriales que tienen como propósito alentar la emergencia de nuevos sectores o clusters de alta tecnología y valor agregado, lo que en la práctica significa una transformación productiva. Su propósito es lograr una convergencia de productividad con los países desarrollados y, al mismo tiempo, reducir la brecha tecnológica que existe entre grandes y pequeñas empresas.
A eso se le denomina “política industrial” entendida en el sentido amplio del término, dado que no se limita a nuevas ramas del sector manufacturero (p. ej. equipos de generación de energía eólica o solar) sino que incluye, entre otros, a la industria del software (p. ej. Data Mining), a los servicios de ingeniería así como nuevos eslabonamientos intensivos en tecnología vinculados a los clusters de recursos naturales (p. ej. biotecnología minera).
Mientras que instituciones como el Banco Mundial discuten abiertamente sobre política industrial y el Presidente Barack Obama tiene un asesor especializado en esta materia, en Chile todavía hay economistas que fruncen el ceño y repiten las consabidas frases acerca de que ello sería “un retorno al pasado” y que violaría las “leyes del mercado”. Los chicago boys y sus epígonos polemizan abiertamente contra este tipo de política pública, aunque esconden que la practicaron durante la dictadura militar con el subsidio para el sector forestal (DFL 701) y el reintegro simplificado para exportaciones no tradicionales (ley 18.480) que movilizaron varios miles de millones de dólares para hacer emerger nuevos sectores productivos.
Este discurso ha calado hondo en Chile. No sólo se manifiesta en la derecha, sino que también influyó a una parte de los economistas de los gobiernos de la Concertación, frenando el despegue de la política industrial durante los años 90. A pesar de ello, entre los años 2000-2010 se logró un avance significativo en recursos para la ciencia e innovación que son componentes claves de la política industrial. Lamentablemente, este gobierno ha decidido desarmar los programas de innovación de Corfo que priorizaban el desarrollo de clusters estratégicos para Chile. Más aún, el Consejo de Innovación para la Competitividad (CNIC) informa que los recursos para ciencia, tecnología e innovación no crecieron entre el 2010-2013 y que el gobierno pretende hacer lo mismo con el presupuesto del 2014. Eso quiere decir, que su participación en el PIB estuvo cayendo año a año, cuando debió haber ocurrido lo contrario.
El gobierno actual ha impulsado una política equivocada. El resultado ha sido la pulverización de recursos, la descoordinación del sector público y la profundización de la fragmentación del pequeño sistema de innovación y aprendizaje que tiene Chile. Se ha retrocedido mientras otros países avanzan. Todo esto proviene del carácter conservador de la política económica del gobierno, que se resiste a la política industrial utilizando argumentos ideológicos.
Primero, no es efectivo que la teoría económica rechaza la política industrial. Por el contrario, entrega argumentos analíticos muy sólidos para evidenciar que los mercados tienen fallas intrínsecas que dificultan la innovación tecnológica avanzada y la emergencia de nuevos sectores.
Segundo, la insistencia en el uso de instrumentos de fomento “horizontales” que no explicitan prioridades, desconoce las fallas del mercado antes mencionadas. Pero lo más grave es que estos instrumentos terminan favoreciendo a algunos al tiempo que excluyen a otros. Por ejemplo, el incentivo tributario para I+D excluye a las pymes innovadoras. Los fondos tecnológicos con proyectos de bajo monto y corto plazo, excluyen programas que requieren tiempo para madurar como ocurre en biotecnología y otras tecnologías avanzadas.
Finalmente, algunos economistas todavía insisten en que la experiencia internacional demuestra un supuesto fracaso de la política industrial. Esta afirmación no tiene asidero, no sólo por la exitosa experiencia de Japón y los “tigres asiáticos”, sino también porque prácticamente todos los países de la OECD la han utilizado, aunque la nombran de diversos modos. En Alemania e Italia se habla de desarrollo regional o desarrollo territorial. En Estados Unidos se prefiere decir políticas de ciencia, tecnología e innovación ¡Y vaya que promovieron sectores específicos! Por ejemplo, en los últimos 40 años el sector de semiconductores de Estados Unidos ha recibido subsidios equivalentes al 60% de sus gastos de I+D. Del mismo modo, estados como California apoyan activamente industrias que consideran fundamentales para su desarrollo.
El próximo gobierno debe desechar estos infundados argumentos y debe impulsar un esfuerzo estratégico para desarrollar una nueva política industrial orientada a más productividad, más innovación y más crecimiento sustentable. Para ello, requiere tres iniciativas básicas.
Primero, debe crear o consolidar capacidades institucionales a través de los siguientes mecanismos: usar la planificación estratégica participativa para identificar el sendero que Chile seguirá hasta el 2020 o 2030, mejorar sustantivamente la coordinación del sector público chileno así como dotar a las regiones de los instrumentos legales y financieros para promover su propia política de desarrollo. Y, no menos importante, debe promover una alianza entre los mundos de las universidades y las empresas, porque el conocimiento científico es indispensable para la innovación tecnológica avanzada.
Segundo, debe mantener instrumentos que se han probado eficientes, corregir los que evidencian fallas y desarmar los que no sirven. Al mismo tiempo debe impulsar nuevas iniciativas de gran escala. Una de las más importantes, es el impulso de la banca de desarrollo en Chile, donde la Corfo se especialice en la innovación y el BancoEstado en la pequeña empresa. No menos importante es impulsar una red nacional -de alcance municipal- de centros de desarrollo para la pequeña empresa, adaptando a Chile las exitosas experiencias de Estados Unidos y otros países.
Pero lo anterior no tendrá “dientes” si el gobierno no genera un consenso en torno a qué sectores o clusters estratégicos desarrollará el país. En este sentido, destaco tres ejemplos.
La gran minería es un espacio crucial de política industrial, porque desde allí se puede impulsar las Energía Renovables No Convencionales (ERNC), la robótica, la biotecnología, la nanotecnología, los nuevos materiales y las TIC combinando la investigación científica con la innovación tecnológica. La Corfo ha tenido una experiencia exitosa en este campo, pero el principal instrumento es Codelco, empresa que debe recuperar su inversión en I+D de alta tecnología trabajando conjuntamente con empresas tecnológicas y universidades. Así lo hace de manera exitosa Petrobras de Brasil.
Hay consenso en que Chile debe desarrollar las ERNC, así como el uso eficiente de la energía. Para ello no basta con una regulación eficiente, que por cierto puede ser mejorada. Se requiere también una política industrial activa y de largo aliento, que debe articular a universidades y empresas de diversos sectores, los que van desde materiales de construcción, industrias metalmecánicas, industrias TIC hasta servicios de diseño ingenieril y otros.
Hay también consenso en que Chile debe priorizar el desarrollo de servicios orientados al bienestar de las personas. Está probado que las tecnologías eficientes pueden mejorar la calidad y al mismo tiempo abaratar los costos de los servicios de salud y educación. Ejemplos de ello son la detección temprana de la marea roja o la disponibilidad de agua potable en poblaciones o zonas apartadas. Por ello, es importante hacer converger la política industrial con las políticas sociales.
Estos tres sectores combinan gran potencial de crecimiento con innovación tecnológica avanzada, factible de ser hecha en Chile. Hay otros que cumplen con estos mismos criterios y que debieran ser considerados por el Consejo de Innovación a la hora de revisar la estrategia para el ciclo 2014-2026. Sin embargo, este nuevo ejercicio debe tener más participación que en el pasado. Debe contar con más actores que los científicos, la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) y el gobierno. Es crucial que al menos participen las regiones, la pequeña empresa y las industrias creativas, que constituyen actores de gran relevancia para Chile. Al mismo tiempo, es conveniente cambiar el nombre del CNIC a otro que explicite que la innovación también sirve para el bienestar y la sustentabilidad.
Chile requiere de un nuevo acuerdo histórico que debe basarse en tres grandes pilares. Primero, las reformas constitucionales y legislativas que otorguen más poder a los ciudadanos, a los trabajadores, a los consumidores, a la pequeña empresa y a las regiones. Segundo, el desarrollo de una nueva generación de políticas sociales universales, que sustituyan la primacía de la provisión privada de servicios sociales basados en el cofinanciamiento y el lucro, por el protagonismo de la provisión de servicios sociales basados en los sectores público y privado sin fines de lucro.
Pero no habrá democracia y bienestar sostenibles al largo plazo en nuestro país, si no se impulsa una estrategia de desarrollo y una política industrial para un crecimiento sustentable e inclusivo, reduciendo las brechas de productividad de Chile con los países avanzados, de las Pymes respecto a las grandes empresas, así como entre Santiago y el resto de las regiones. Este es el tercer pilar del acuerdo histórico que nuestro país requiere.
Sin embargo...
Merkel afirmó que Chile está en camino a convertirse en un país industrializado
La Canciller de Alemania Angela Merkel, se sumó a los elogios que realizó el jefe de gobierno de España Mariano Rajoy, y aseguró este sábado que Chile está bien encaminado en la ruta hacia el desarrollo, luego de sostener una cita bilateral con el Presidente Sebastián Piñera en el Palacio de La Moneda.
Luego de estar reunidos por más de una hora en el Salón de Audiencias de la sede del Ejecutivo, y tras firmar una serie de acuerdos de cooperación en el ámbito minero, la líder germana destacó la capacidad de crecimiento de Chile, el cual es visto de cerca por su país.
Merkel destacó que Chile "está en camino de convertirse en un país realmente industrializado, ha fijado objetivos muy ambiciosos. Lo vemos en el ingreso per cápita de la población y que se han granjeado grandes progresos en los últimos años".
"Estamos muy contentos por el dinámico desarrollo del país y por el crecimiento de las inversiones alemanas en Chile, las inversiones del sector económico alemán se pueden realizar perfectamente aquí. Empresarios alemanes quieren incrementar su presencia en Chile, están entusiasmados por el dinámico desarrollo económico y porque se le da una cordial bienvenida al inversor extranjero", agregó.
En esa línea, la mandataria afirmó que "Alemania ve muy detalladamente a Chile y esperamos que siga su desarrollo", junto con destacar que nuestro país "es rico en materias primas, así que vemos una enorme posibilidad de desarrollo en conjunto".
La jefa de Estado puntualizó que junto al Presidente Piñera, coincidieron en que la clave del desarrollo entre ambas naciones es mejorar la educación profesional de los jóvenes, por lo que recordó que las numerosas iniciativas que comparten ambos países en esta materia deben ser fortalecidas.
Además, Merkel destacó la dificultad que tiene Chile en materia energética, por lo que ofreció su cooperación para avanzar en la implementación de nuevas tecnologías y energías limpias. "Chile cuenta con muchas materias primas pero en cuanto a electricidad depende mucho del extranjero, por lo que el desarrollo de energías renovables es clave en su futuro, y en ese campo Alemania puede ayudar mucho por la oferta de energías renovables", especificó.