¿Observarse? Que tiene que ver con la sabiduría?... ¡Todo! ¡Porque la mayor sabiduría es la que se puede alcanzar al aprender de sí mismo!
Presta atención a tus comportamientos, a tus rasgos psicológicos, a tus emociones repentinas. Tienes mucho que madurar. Hay mucho que aprender.
Las relaciones y situaciones de tu vida son sólo un medio para que descubras tus defectos, tus deficiencias humanas y todo aquello que produce desequilibrio en tu vida. Sobre lo que debes pulirte y perfeccionarte. ¡No olvides que tu vida es una escuela!
Pero... ¿Si jamás te observas? ¿Cómo podrás descubrirte y revelarte? Es lastimoso que la mayoría de personas supongan que son virtuosas, cuando lo que ocurre es que desconocen sus defectos. Se creen sabias porque poseen mucha información intelectual sobre la vida. Porque han leído muchos libros y tienen un extraordinario repertorio para las conversaciones.
Un hombre jamás podrá salir de un baúl sino sabe que se encuentra encerrado dentro de él. Así mismo el ignorante jamás podrá salir de su pobre condición si no sabe que es un ignorante. Tienes que cambiar tu visión de la vida si aspiras aprender algo de ella. El ignorante oculta sus defectos de sí mismo y vive auto engañándose. En cambio, para el sabio es un gran logro poder tomar conciencia de sus propios defectos.
Te han enseñado toda la vida a manejar una imagen superficial y a sentir culpa de tus propios errores. La mayoría de hombres temen al error y por eso no pueden aprender. Porque el precio de aprender son los errores. El único error que jamás debes cometer es el error a sabiendas.
Si comprendes que eres un estudiante en la escuela de la vida, entonces te darás cuenta que el hecho de poder descubrir tus errores es un gran don. Porque marca el punto de partida en el camino de la sabiduría. De esta forma también aprenderás a ser más flexible con los errores de los demás, porque ellos también son alumnos en esta gran escuela.
¡Qué maravillosa oportunidad se abre frente a ti cuando aprendes a observarte! Si descubres tus errores podrás aprender de ellos y entonces jamás caerás nuevamente en el mismo hueco. Quienes no se observan no aprenden de sus errores y por eso deberán cometerlos indefinidamente hasta que el dolor despierte sus conciencias dormidas.
Verás entonces que TÚ eres el maravilloso libro de la sabiduría. Eres el maestro y el alumno. Solo necesitas disposición y atención para recibir las lecciones de la vida.
¿De qué te sirve mirar los defectos de tus semejantes y saber lo que deben mejorar en sus vidas si desconoces tus propios defectos y las lecciones que te faltan por aprender para madurar?
¡No pierdas tiempo que la vida es corta! La vida tiene sus métodos para enseñar a cada uno de sus hijos. Si estas pendiente de los demás no podrás captar las señales que van dirigidas hacia ti.
No seas lento y testarudo. Deja de buscar la sabiduría fuera de ti. Obsérvate y podrás descubrir el río infinito de sabiduría... en tu propia vida.
Presta atención a tus comportamientos, a tus rasgos psicológicos, a tus emociones repentinas. Tienes mucho que madurar. Hay mucho que aprender.
Las relaciones y situaciones de tu vida son sólo un medio para que descubras tus defectos, tus deficiencias humanas y todo aquello que produce desequilibrio en tu vida. Sobre lo que debes pulirte y perfeccionarte. ¡No olvides que tu vida es una escuela!
Pero... ¿Si jamás te observas? ¿Cómo podrás descubrirte y revelarte? Es lastimoso que la mayoría de personas supongan que son virtuosas, cuando lo que ocurre es que desconocen sus defectos. Se creen sabias porque poseen mucha información intelectual sobre la vida. Porque han leído muchos libros y tienen un extraordinario repertorio para las conversaciones.
Un hombre jamás podrá salir de un baúl sino sabe que se encuentra encerrado dentro de él. Así mismo el ignorante jamás podrá salir de su pobre condición si no sabe que es un ignorante. Tienes que cambiar tu visión de la vida si aspiras aprender algo de ella. El ignorante oculta sus defectos de sí mismo y vive auto engañándose. En cambio, para el sabio es un gran logro poder tomar conciencia de sus propios defectos.
Te han enseñado toda la vida a manejar una imagen superficial y a sentir culpa de tus propios errores. La mayoría de hombres temen al error y por eso no pueden aprender. Porque el precio de aprender son los errores. El único error que jamás debes cometer es el error a sabiendas.
Si comprendes que eres un estudiante en la escuela de la vida, entonces te darás cuenta que el hecho de poder descubrir tus errores es un gran don. Porque marca el punto de partida en el camino de la sabiduría. De esta forma también aprenderás a ser más flexible con los errores de los demás, porque ellos también son alumnos en esta gran escuela.
¡Qué maravillosa oportunidad se abre frente a ti cuando aprendes a observarte! Si descubres tus errores podrás aprender de ellos y entonces jamás caerás nuevamente en el mismo hueco. Quienes no se observan no aprenden de sus errores y por eso deberán cometerlos indefinidamente hasta que el dolor despierte sus conciencias dormidas.
Verás entonces que TÚ eres el maravilloso libro de la sabiduría. Eres el maestro y el alumno. Solo necesitas disposición y atención para recibir las lecciones de la vida.
¿De qué te sirve mirar los defectos de tus semejantes y saber lo que deben mejorar en sus vidas si desconoces tus propios defectos y las lecciones que te faltan por aprender para madurar?
¡No pierdas tiempo que la vida es corta! La vida tiene sus métodos para enseñar a cada uno de sus hijos. Si estas pendiente de los demás no podrás captar las señales que van dirigidas hacia ti.
No seas lento y testarudo. Deja de buscar la sabiduría fuera de ti. Obsérvate y podrás descubrir el río infinito de sabiduría... en tu propia vida.