La ofensiva paraguaya
Pedro II de Brasil
La habilidad brasileña había captado a Urquiza, y con eso había ganado la Batalla de Caseros. Paraguay, reducido a sus solas fuerzas necesariamente tenía que estrellarse contra la alianza de sus poderosos vecinos. De allí la explicable alegría de los brasileños ante la nueva conversión de Urquiza, y la nota que le pasó el 21 de Abril el ministro Octaviano "nombre de S.M. el emperador": "Que acaba de confirmar el justo contexto en que tiene a V.E. el gobierno de Su Majestad...", "la proclama dirigida por V.E. a los soldados de Caseros prueba, no sólo las virutdes cívicas de V.E. sino la fidelidad de su corazón a la alianza brasileña de 1851".
Mitre ordena a Urquiza situar el Ejército de Vanguardia
Mitre designa a Urquiza jefe del Ejército de Vanguardia, encargado de contener la invasión de Wenceslao Robles que avanza hacia Goya. Fuera de los ocho mil entrerrianos acuartelados en Basualdo, el Ejército de Vanguardia posee las tropas enviadas desde Buenos Aires a las órdenes de Paunero y los pocos jinetes que siguen al gobernador correntino Lagraña. Pero tiene el apoyo de la escuadra brasileña de Barroso, adueñada del Paraná y que acaba de facilitar la breve reconquista de Corrientes por Paunero entre el 25 y 26 de Mayo.
Wenceslao Paunero
La diplomacia brasileña e inglesa habían logrado la derrota de Paraguay antes de combatir. No era posible un triunfo paraguayo contra los recursos combinados de Brasil y Argentina, y menos en una guerra ofensiva. La naturaleza del soldado paraguayo se prestaba más para la defensa de su suelo que para operaciones a gran distancia. Carlos Pereyra considera que lanzarse a la ofensiva sobre el Uruguay, fue un gravísimo error táctico de Solano López. Pero tampoco una guerra exclusivamente defensiva habría significado necesariamente la victoria; los paraguayos agonizarían (como ocurrió) en una desesperada y extenuante defensa.
Mariscal López
El mariscal López inició la ofensiva porque tenía su ejército preparado, mientras sus enemigos empezaban penosamente la conjunción de los suyos. Era un golpe arriesgadísimo; pero solamente con riesgo y suerte podía lograrse el triunfo. Si Robles completaba la ocupación de la Mesopotamia, era posible que Urquiza abandonase su brasileñismo de conveniencia y volviese a su primitivo plan de ponerse a la cabeza del partido federal argentino y derrocar a Mitre. Si Estigarribia llegaba a la República Oriental y la liberaba de los brasileños, los blancos retornarían al gobierno de Montevideo.
La guerra se convertiría entonces en una Triple Alianza contra Brasil, que éste no podría resistir en el frente demasiado turbulento de Río Grande.
Era la sola oportunidad, y a ella se arrojó el mariscal. Tenía una posibilidad contra diez, es cierto, pero las circunstancias lo obligaban a tomar el riesgo. Si la audaz ofensiva fracasaba, pasaría entonces a la defensiva donde las eventualidades de un triunfo por agotamiento de los adversarios eran prácticamente nulas.
Riachuelo (11 de Junio)
La guerra ofensiva se perdió en la batalla naval de Riachuelo, frente a Corrientes. Todo lo que vino después (intrigas de Urquiza con Robles, aniquilamiento de la columna de Duarte en Yatay, capitulación de Estigarribia en Uruguayana) fue consecuencia de haber perdido los paraguayos el río.
La disparidad de las fuerzas navales entre paraguayos y brasileños, obligó a los primeros a protegerse en el Paso de la Patria, donde el almirante Barroso, con buen tino, no se atrevió a buscarlos, no obstante las órdenes de Paunero. Pero no podían los paraguayos sin riesto para el ejército de Robles dejar el Paraná, de Corrientes al sur, bajo el control de la escuadra brasileña. El mariscal concibió entonces el plan audacísimo de sorprender en su fondeadero del Riachuelo cerca de Corrientes, a la escuadra brasileña.
Paso de la Patria, Corrientes
Preparó cuidadosamente la operación que sabía decisiva. Concentró los vapores paraguayos de guerra en Humaitá, donde fueron reforzados sus armamentos, mientras dispuso con sigilo en la costa correntina una batería de 22 cañones y dos mil tiradores de infantería. Al anochecer del 10 de Junio partieron, a las órdenes del comandante Pedro Ignacio Meza, los buques paraguayos: eran ocho vapores de madera en su mayoría, con 40 cañones y 2.500 hombres dispuestos al abordaje. Barroso tenía nueve acorazados con 59 cañones y 2.000 tripulantes.
La mala suerte impidió la sorpresa fijada para las dos de la madrugada del 11. Una avería del buque insignia paraguayo retardó la marcha, y ya era día claro a la vista de los buques brasileños.
Aunque en esas condiciones el abordaje se hacía difícil, Meza se arrojó contra los buques imperiales protegido por el fuego de las baterías de tierra. El denuedo de los guaraníes desconcertó a los imperiales por un momento, y los paraguayos consiguieron acercarse al acorazado brasileño Parahyba e iniciar el abordaje; otro acorazado brasileño, el Jequitinhonha, encallado al querer escapar, fue puesto fuera de combate por las baterías de tierra. Pero el vapor paraguayo acabó por estrellarse contra la superioridad brasileña: Barros reaccionó y con su nave almirante - el Amazonas- armado de un fuerte espolón de acero, embistió a los buques de madera.
Consiguió hundir a tres, mientras los demás quedaban averiados por los cañones imperiales de mayor alcance y poder.
Ocho horas duró la batalla. Meza, herido de muerte, ordenó la retirada cuando todo sacrificio era inútil. Pudo irse con los sobrevivientes, porque los acorazados brasileños no estaban en condiciones de perseguirlos. Fue para los paraguayos una derrota, una derroto gloriosísima, pero el Paraná quedó desde entonces en poder de los imperiales y no habrá más ofensiva posible.
El avance de Robles ha debido detenerse; López le ordena el 18 de Junio permanecer en Empedrado, en protección del ejército de Estigarribia, que marchaba por el río Uruguay. Le llegan a Robles proposiciones de Urquiza para "pronunciarse" con sus 22 mil hombres contra la tiranía de López. "¿No tenía el mayor núcleo de fuerzas con que contaba su país?"; una palabra suya bastaría para que la guerra fuese declarada. Contra López y no contra Paraguay, acabase gloriosamente en un abrazo de fraternidad enfrente "el libertador de Paraguay con Mitre, Urquiza y Pedro II".
Robles no era de la pasta supuesta por Urquiza y mandó la correspondencia a López. No quiso traicionar a su patria, pero la posibilidad le costó la destitución y la vida. Poco después, lo reemplazaría el general Resquín.
Basualdo (noche del 23 de Julio
Tras la victoria brasileña de Riachuelo, Mitre se embarcó a Buenos Aires (17 de Junio) para dirigir desde Concordia las operaciones. Allí se encontraron los efectivos aliados. el 24 ordenó a Urquiza, que seguía en Basualdo, avanzase sobre el río Corrientes a fin de no perder contacto con los paraguayos. El mismo día, Osorio, con los 15 mil brasileños que ocupaban la República Oriental, cruzó el Uruguay y llegó a Concordia.
Justo José de Urquiza
El 3 de Julio Urquiza va a entrevistar a Mitre. Los entrerrianos, que de mala gana habían obedecido a su general, creen en un abandono; como un reguero de pólvora corre la noticia por el campamento de Basualdo. "Compañeros: el Capitán General se ha ido a su casa y es necesario que nosotros también nos vayamos. No sean tontos; no se dejen engañar", se repite entre los milicianos.
Inútilmente los jefes -el general Ricardo López Jordán, los coroneles Manuel Navarro, Domingo Hereñú y Manuel Caravallo- tratan de contener la desbandada. Se oyen gritos "¡Viva Urquiza y muera Mitre!". Imitando el aullido de los zorros, los nogoyaceros y victorianos van dando de carpa en carpa la señal de la deserción y buena parte de las divisiones se desbandan.
La noticia llega a Urquiza a la madrugada en la estancia de Gregorio Castro, donde ha hecho noche en su viaje a Concordia. Monta rápidamente, pero su presencia es inútil: cerca de 3 mil entrerrianos han dejado el campamento, y los restantes parecen resueltos a imitarlos. Urquiza ordena fusilamientos y proclama que "la patria exige ir a la guerra"; todavía su prestigio es grande, pero no detiene la desbandada que seguirá en las noches siguientes.
Wenceslao Robles
Hasta el 7 de Julio, en que para mantener su vacilante autoridad, licencia todo el campamento. Hará una nueva convocatoria en el Yuquerí; pero la tarea resulta difícil. López Jordán desde Paraná le escriba el 31 de Julio: "que la gente se reunirá donde V.E. ordene, pero no quieren ir para arriba". El coronel Juan Luis González escribe el 19 de Septiembre: "que si esta marcha no es contra Mitre, ellos (los entrerrianos) no salen de sus departamentos".
Toledo (8 de Noviembre)
Con esfuerzo Urquiza reúne en Yuquerí 6 mil hombres: ha recorridos los departamentos y los ha hecho recorrer por gente de su confianza a fin de levantar un contingente entrerriano aceptable. El 8 de Noviembre llega con los nuevos voluntarios de infantería, pues ha vendido sus caballos a Brasil, a las márgenes del arroyo Toledo: la división Gualeguaychú inicia el desbande en masa, seguida por todas las demás. No han esperado esta vez la ausencia de Urquiza, y nadie, ni el mismo Capitán General en persona, puede impedir la resolución de "no ir para arriba" y menos de a pie. "Esta vez se trata de una rebelión abierta contra toda orden de don Justo, cuya energía de esa noche nada pudo hacer contra la actitud decidida de los soldados antiliberales", dice Chávez.
La furia de Urquiza es tremenda. Ordena el fusilamiento de los desertores que fuesen habidos. Numerosos entrerrianos se unen a los paraguayos o cruzan a refugiarse al territorio oriental.
Se ha disuelto el Ejército de Vanguardia. Urquiza quedará en su Palacio de San José; no ha podido cumplir un rol militar en la guerra contra los paraguayos, ni se encontrará después de Basualdo en condiciones de seguir la intriga iniciada ante Robles.
En cambio, desempañará una función comercial: sus establecimientos proveerán la carne consumida durante la guerra por los ejércitos aliados.
CONTINUARÁ
Fuente:
Jose María Rosa, "La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas", Editorial Punto de Encuentro, Primera Edición. Págs 202-206
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2.El Tratado de la Triple Alianza
1.¿Cómo se inventa una agresión?
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