DEMOCRACIA = LIBERTAD DE DECISIÓN
De acuerdo con la definición de democracia que se encuentra en Wikipedia, es una forma de organización de grupos de personas, cuya característica predominante es que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros, haciendo que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los miembros del grupo. En sentido estricto la democracia es una forma de gobierno, de organización del Estado, en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que le confieren legitimidad a los representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales.
La democracia se define también a partir de la clásica clasificación de las formas de gobierno realizada por Platón primero y Aristóteles después, en tres tipos básicos: monarquía (gobierno de uno), aristocracia (gobierno "de los mejores" para Platón), democracia (gobierno de la multitud para Platón y "de los más", para Aristóteles).
Hay democracia directa cuando la decisión es adoptada directamente por los miembros del pueblo. Hay democracia indirecta o representativa cuando la decisión es adoptada por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes. Por último, hay democracia participativa cuando se aplica un modelo político que facilita a los ciudadanos su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas o cuando se facilita a la ciudadanía amplios mecanismos plebiscitarios. Estas tres formas no son excluyentes y suelen integrarse como mecanismos complementarios.
Era necesario comenzar esta nota con la exacta definición de la democracia, sin entrar al terreno de su etimología, porque lo más importante era precisar solamente su significado dentro de un Estado. Ahora bien, repasando estos conceptos y trasladándolos a nuestra influencia en las decisiones políticas y sociales ¿somos realmente un país que vive en democracia? Sé que muchos afirmarán positivamente esta cuestión, pero deberían reflexionar realmente y elaborar una definición propia de lo que la democracia es para uno mismo. La mayoría pensará que vivir en democracia es poder hacer y decir lo que sea – siempre y cuando con esta forma de proceder no se cometa ningún perjuicio físico o agravio contra el prójimo – sin que por esto nuestra forma de actuar o pensar sea reprimida por la autoridad o por los demás individuos de la sociedad. Poder participar activamente sin ninguna restricción de los períodos electorales, donde se les conceden los cargos públicos a las personas del ámbito político que pasarán a formar parte del Gobierno, que actuará “de acuerdo” a las necesidades de sus electores. Este grupo elegido “representaría” entonces a la masa del pueblo, por lo cual no serían sino ejecutores del pensamiento popular.
Para pesar de muchos que aseveran esta teoría, no podría ser más descabellado afirmar que de hecho esto sucede en la aplicación real de la democracia en nuestro país. Aunque muchos ilusos e ingenuos se pronuncien en contra de mis palabras, alegando que si el pueblo toma parte por un partido político entonces estará representado en las medidas implementadas, gestiones, inversiones del capital del Estado, obras públicas y demás responsabilidades, en el período en que permanezca en actividad dicho gobierno, luego del triunfo en las “urnas”, absolutamente nada garantiza a las masas que los ganadores cumplan con lo prometido. Es de importancia capital entender que dicha utopía es completamente irrealizable, pues concebir que un grupo de personas asociadas en un Partido se exprese de acuerdo a la mayoría y no a sus propias convicciones, establecidas en las bases fundamentales de dicha organización, es imposible. El elector se decanta por el Partido que reúne una serie de ideas y proyectos que se relacionan generalmente con lo que él – particularmente - percibe como justo o correcto, pero nunca será representado totalmente, mucho menos entonces la cantidad de personas que coincidieron en su votación. El sentido “popular” entonces solamente se limita a una coincidencia masiva e incidental que inmediatamente después tiene un valor tan ambiguo, como frágil e ineficaz. Dentro de este grupo mayoritario es inevitable entonces que posteriormente surjan quienes no se sientan identificados con las autoridades vencedoras.
Este es entonces el punto más débil, que se erige en el funcionamiento de la democracia actual en la Argentina, debido a que si un Gobierno no actúa en relación a la demanda de su pueblo entonces nada tiene de popular. Si los individuos aceptan las condiciones difundidas por sus gobernantes para gestionar el país, lo hacen siempre bajo influencia de las situaciones más inmediatas que apremian a la población, siendo las más corrientes: el desempleo, la inseguridad y los factores económicos. Por consiguiente, si un Partido promueve un proyecto a corto o mediano plazo para solucionar tales problemáticas, ante un eventual “fracaso” en sus proyecciones con respecto a los logros esperados y los reales, debe entonces ante un cambio de planes, volver a hacer uso de la opinión popular antes de cambiar de idea. Sin embargo, esto no sucede. Dichos partidos llamados “populares”, arrastran a la población hasta los matices más oscuros, enceguecidos por sus ideales, siempre correctos, sin poner en práctica el funcionamiento de la democracia para torcer el tormentoso destino. Así es como se suceden en el pasar de los años, gobiernos que devastan el país, asociándose con figuras emblemáticas del pasado para ganar adeptos de la manera más demagoga, para luego perpetuarse en el poder como fin mismo, y no como un medio para curar los males que desde hace tanto tiempo se ciernen contra los argentinos. La suma de todos estos caprichos de la clase gobernante, no sólo quedan retratados en sus estériles intentos por “mejorar” la situación general, sino que además, empeoran los trastornos de la población.
Es algo paradójico que de la elección popular resulte entonces la continuación de su martirio, pero esto es lógico pues la masa no es más que el resultado de dicha inoperancia política, que al ser tan continua, disminuye la propia capacidad de la mayoría de establecer con claridad cuál es el remedio necesario para la cura de sus enfermedades cotidianas. Este es un terreno extremadamente delicado, pues, no intento que de este aserto se piense que mi posición es contraria a la democracia, pero sí que de la mayoría menos dotada de capacidad no puede surgir más que la elección de más verdugos de la Patria, todos ellos enmascarados detrás del disfraz de lo “popular”, que no deja de ser, lamentablemente, lo más mediocre.
Ante tal estado de cosas, un Partido realmente sincero, debe proponer entonces un proyecto que trascienda su propia estancia en el poder, sentando las bases para un desarrollo continuo que entregue a la masa las armas culturales con las que se valdrá para su desarrollo en el futuro. Esto amigos, es sencillamente utópico, porque si reflexionásemos al respecto, es el deterioro de nuestra conciencia lo que alimenta a los actores políticos que se perpetúan en el poder como resultado de la propagación de ese gran velo negro que destruye todo atisbo de libertad: la ignorancia. Por consiguiente, la democracia en nuestro país está tan mal aplicada que ella misma es la causa de todos los males, ya que se otorga la autoridad a una banda de vampiros que succionan la vitalidad del pueblo en pos del enriquecimiento personal. Una persona me dijo un día, un trabajador, una definición de la democracia que quedó grabada en mi cabeza, “la democracia es poder decidir”. Toda palabrería que niegue esta magistral definición sólo puede provenir de los elementos perniciosos que sólo buscan corromper las mentes nobles de las personas que aún tienen capacidad de discernir con sentido común. Si nos quitan la posibilidad de decidir qué hacer con nuestras vidas, mientras la inseguridad, el desempleo, la inflación, la ignorancia atacan cada día con más fuerza, entonces queridos compatriotas, no vivimos en democracia.
Ivan Blake.