Esto ocurrió en la gran crísis de 1929-30 en EE.UU, y como afectó al resto del mundo. Hoy vivimos casi exactamente lo mismo por no decir lo mismo. La historia es cíclica y nos demuestra que mientras se sigan haciendo las cosas mal vamos a repetir la historia una y otra vez.
Las primeras señales de la crisis se habían manifestado entre 1925 y 1928. Por un lado, los índices de la construcción habían comenzado a reducirse: se había construido demasiado y ya no quedaban compradores. Otros dos sectores -el de la minería de carbón y el de la agricultura algodonera- también habían entrado en crisis. A esta situación, se agrego una contracción del mercado mundial, es decir, una reducción de los intercambios comerciales entre países. Como consecuencia, los productores americanos se encontraron con sus depósitos cargados de mercaderías que no podían vender.
Hubo otros factores que ayudaron a la crisis. Las grandes industrias habían aumentado sus ganancias durante la década del ´20, pero no aumentaron los salarios. Esto produjo una distribución desigual de las ganancias: los industriales eran cada vez más ricos. El dinero acumulado era invertido en nuevas maquinarias. Pero llego un momento en el que ninguna mejora de la producción tenia sentido: por mas velocidad y calidad que se obtuviera en la fabricación de un producto, era imposible venderlo. Ya no quedaban posibles compradores. Entonces, el dinero acumulado por la industria fue destinado a especular en la Bolsa: las grandes compañías prestaban dinero para que los especuladores compraran acciones (de las mismas compañías); las acciones subían de precio debido a la demanda, pero ese precio era falso porque no estaba sostenido por un aumento en la producción industrial. Así, entre marzo de1928 y octubre de 1929, las acciones de la Bolsa de Valores subieron aceleradamente debido sólo a la especulación. Hasta que un día empezaron a bajar, y se desato la crisis.
El efecto de la crisis de 1929 fue devastador. Los banqueros americanos, desesperados, retiraron su dinero de los bancos de Europa para devolverlo a los EE.UU. y exigieron que los países europeos pagaran sus deudas. En consecuencia, la crisis se hizo mundial.
A fines de octubre de 1929 comenzó el derrumbe inesperado que se transmitió como una epidemia a todo el mundo capitalista.
No fue de golpe sino de a poco, sin prisa pero sin pausa como la gente se fue quedando sin trabajo. El discurso oficial hablaba de una grave crisis económica frente a la cual había que ajustarse el cinturón y estaba claro a qué cinturas iba a afectar el nuevo "ajuste". Algunos hipócritas buscaban como siempre transformar a las víctimas en victimarios y pretendían socializar las culpas para que los verdaderos culpables mantuvieran intacta su proverbial impunidad.
"La vida de millones de personas se vio afectada por el fenómeno del desempleo: en 1932, un 30% de la población de los Estados Unidos y un 45% de la de Alemania no tenía trabajo ni posibilidades de conseguirlo en el mediano plazo."
Los países centrales trasladaron los efectos negativos de la crisis hacia los periféricos como la Argentina. Ellos fijaban los precios de nuestros productos y decidieron bajarlos considerablemente. Los pequeños productores, que habían tomado préstamos hipotecarios para sembrar y pensaban pagarlos con el producto de las cosechas, pronto advirtieron que por la rebaja unilateral de precios impuesta por EE.UU. y Gran Bretaña, para ganar lo mismo tenían que producir y vender un 40% más y absorber los costos que ello implicaba. La mayoría no pudo afrontar su situación, sus campos fueron ejecutados y apropiados por los bancos y tuvieron que dejar el campo en busca de oportunidades económicas. Peor aún sería la situación de los peones de estos campos, familias enteras que comienzan a migrar hacia las ciudades expulsadas por el hambre.
Mientras que en los Estados Unidos y en otros países capitalistas, el Estado intervino decididamente en la economía para paliar los efectos de la crisis y sostener al sistema y, a la vez, tuvo un protagonismo importante en el área social preocupándose de la situación de los desempleados y de los más perjudicados por la crisis, con políticas de empleo y de vivienda, en la Argentina no hubo planes habitacionales ni de fomento del empleo, no se construyeron en los niveles necesarios hospitales ni escuelas, ni se realizaron campañas nacionales de medicina preventiva.
Ante el desamparo, irán apareciendo las primeras villas miseria, como la llamada Villa Desocupación de Retiro. En Puerto Nuevo floreció el "Barrio de las latas" y Buenos Aires comenzó a poblarse de viviendas precarias e insalubres. En 1932, el gobierno del general presidente apellidado paradójicamente Justo, que sucedió fraudulentamente a Uriburu, erradicó la Villa Desocupación porque le daba "mal aspecto" a la capital sin darles ningún nuevo destino a sus ocupantes.
Villa Desocupaciòn de Retiro
La desocupación llevó a una rebaja muy fuerte en los salarios y al empeoramiento de las condiciones de trabajo. A los "privilegiados" que conseguían o mantenían sus trabajos, se les redujeron los sueldos y se les aumentaron las horas de trabajo, y, como suele ocurrir, se incumplieron las pocas leyes laborales vigentes en aquel momento. Pero eso sí, honrando "la noble tradición argentina" de cumplir con "nuestros compromisos internacionales", el presupuesto de aquel mismo año destinaba el 35,5% del dinero del Estado a pagar la deuda externa.
Por aquellos años se incrementó notablemente la actividad delictiva, no sólo en las esferas gubernativas sino también en las calles. La inseguridad acechaba a los argentinos. Una inseguridad que comenzaba para la mayoría por no saber qué iba a ser de ellos al día siguiente. Aquella inseguridad iba a comenzar a buscar certezas en la lucha por terminar con la miseria y la injusticia.
Las primeras señales de la crisis se habían manifestado entre 1925 y 1928. Por un lado, los índices de la construcción habían comenzado a reducirse: se había construido demasiado y ya no quedaban compradores. Otros dos sectores -el de la minería de carbón y el de la agricultura algodonera- también habían entrado en crisis. A esta situación, se agrego una contracción del mercado mundial, es decir, una reducción de los intercambios comerciales entre países. Como consecuencia, los productores americanos se encontraron con sus depósitos cargados de mercaderías que no podían vender.
Hubo otros factores que ayudaron a la crisis. Las grandes industrias habían aumentado sus ganancias durante la década del ´20, pero no aumentaron los salarios. Esto produjo una distribución desigual de las ganancias: los industriales eran cada vez más ricos. El dinero acumulado era invertido en nuevas maquinarias. Pero llego un momento en el que ninguna mejora de la producción tenia sentido: por mas velocidad y calidad que se obtuviera en la fabricación de un producto, era imposible venderlo. Ya no quedaban posibles compradores. Entonces, el dinero acumulado por la industria fue destinado a especular en la Bolsa: las grandes compañías prestaban dinero para que los especuladores compraran acciones (de las mismas compañías); las acciones subían de precio debido a la demanda, pero ese precio era falso porque no estaba sostenido por un aumento en la producción industrial. Así, entre marzo de1928 y octubre de 1929, las acciones de la Bolsa de Valores subieron aceleradamente debido sólo a la especulación. Hasta que un día empezaron a bajar, y se desato la crisis.
El efecto de la crisis de 1929 fue devastador. Los banqueros americanos, desesperados, retiraron su dinero de los bancos de Europa para devolverlo a los EE.UU. y exigieron que los países europeos pagaran sus deudas. En consecuencia, la crisis se hizo mundial.
A fines de octubre de 1929 comenzó el derrumbe inesperado que se transmitió como una epidemia a todo el mundo capitalista.
No fue de golpe sino de a poco, sin prisa pero sin pausa como la gente se fue quedando sin trabajo. El discurso oficial hablaba de una grave crisis económica frente a la cual había que ajustarse el cinturón y estaba claro a qué cinturas iba a afectar el nuevo "ajuste". Algunos hipócritas buscaban como siempre transformar a las víctimas en victimarios y pretendían socializar las culpas para que los verdaderos culpables mantuvieran intacta su proverbial impunidad.
"La vida de millones de personas se vio afectada por el fenómeno del desempleo: en 1932, un 30% de la población de los Estados Unidos y un 45% de la de Alemania no tenía trabajo ni posibilidades de conseguirlo en el mediano plazo."
Los países centrales trasladaron los efectos negativos de la crisis hacia los periféricos como la Argentina. Ellos fijaban los precios de nuestros productos y decidieron bajarlos considerablemente. Los pequeños productores, que habían tomado préstamos hipotecarios para sembrar y pensaban pagarlos con el producto de las cosechas, pronto advirtieron que por la rebaja unilateral de precios impuesta por EE.UU. y Gran Bretaña, para ganar lo mismo tenían que producir y vender un 40% más y absorber los costos que ello implicaba. La mayoría no pudo afrontar su situación, sus campos fueron ejecutados y apropiados por los bancos y tuvieron que dejar el campo en busca de oportunidades económicas. Peor aún sería la situación de los peones de estos campos, familias enteras que comienzan a migrar hacia las ciudades expulsadas por el hambre.
Mientras que en los Estados Unidos y en otros países capitalistas, el Estado intervino decididamente en la economía para paliar los efectos de la crisis y sostener al sistema y, a la vez, tuvo un protagonismo importante en el área social preocupándose de la situación de los desempleados y de los más perjudicados por la crisis, con políticas de empleo y de vivienda, en la Argentina no hubo planes habitacionales ni de fomento del empleo, no se construyeron en los niveles necesarios hospitales ni escuelas, ni se realizaron campañas nacionales de medicina preventiva.
Ante el desamparo, irán apareciendo las primeras villas miseria, como la llamada Villa Desocupación de Retiro. En Puerto Nuevo floreció el "Barrio de las latas" y Buenos Aires comenzó a poblarse de viviendas precarias e insalubres. En 1932, el gobierno del general presidente apellidado paradójicamente Justo, que sucedió fraudulentamente a Uriburu, erradicó la Villa Desocupación porque le daba "mal aspecto" a la capital sin darles ningún nuevo destino a sus ocupantes.
Villa Desocupaciòn de Retiro
La desocupación llevó a una rebaja muy fuerte en los salarios y al empeoramiento de las condiciones de trabajo. A los "privilegiados" que conseguían o mantenían sus trabajos, se les redujeron los sueldos y se les aumentaron las horas de trabajo, y, como suele ocurrir, se incumplieron las pocas leyes laborales vigentes en aquel momento. Pero eso sí, honrando "la noble tradición argentina" de cumplir con "nuestros compromisos internacionales", el presupuesto de aquel mismo año destinaba el 35,5% del dinero del Estado a pagar la deuda externa.
Por aquellos años se incrementó notablemente la actividad delictiva, no sólo en las esferas gubernativas sino también en las calles. La inseguridad acechaba a los argentinos. Una inseguridad que comenzaba para la mayoría por no saber qué iba a ser de ellos al día siguiente. Aquella inseguridad iba a comenzar a buscar certezas en la lucha por terminar con la miseria y la injusticia.
Hice este post con la sola idea de mostrar como se repite la historia. no es una cuestión de peronistas ni de radicales, ni de menemistas ni kischneristas. No lo tomen como algo personal.
Gracias por haberlo Leído, por las cosas que pasaron estamos hoy como estamos.
Gracias por haberlo Leído, por las cosas que pasaron estamos hoy como estamos.