En algún lugar remoto y recóndito del universo, existen unos seres despreciables, hostigados de su existencia —me atrevo a decir que son los psicópatas par excellence en la historia del cosmos—. Científicos, astrónomos, matemáticos, físicos, filosófos, han comprendido la teleología del vivir, sin embargo, aun así sienten un vacío enorme, tan grande que los ha llevado a hartarse de sí mismos, de su existencia. Comienza aquí una época baladí para ellos. Aun después de haber dominado todas las ciencias y todas las artes se sienten miserables. Por tal motivo se han visto en la necesidad de crear un nuevo estímulo, tan innovador que se podría decir que es algo, hasta hoy día, propio de los dioses; crear un universo, en éste caso, dentro de sus limitaciones y con el apoyo de la ciencia actual, un universo virtual, tan perfecto que sería casi imposible el poder diferenciar lo real de la "maya".
Han decidido emular el universo, crear galaxias, sistemas solares, planetas y todo aquello que la realidad les permite percibir a través de sus sentidos y su inteligencia.
El proyecto en sí, les permite a los participantes el poder realizar por segunda vez toda una vida, es decir, volver a nacer, empero un único detalle, al comenzar el juego se les implanta un microchip programado artificialmente, el cual les erradica todo aquél recuerdo de su antigua vida, todo esto con el fin de evitar cualquier contradicción, y evitar una confusión mental. Además de que se supone que es un nuevo comienzo, un experimento que les da la oportunidad de olvidarse de todo y comenzar desde cero. Increíblemente exitante, ¿no?
Cabe decir que una vez entrando al mundo virtual es imposible regresar a la realidad, es ir ahí, para morir ahí. Sin retorno.
Después de haber imitado todo aquello que les fue posible, viene el trabajo más entusiasmante para los programadores: elegir al azar o por libre albedrío, la nueva vida del sujeto. Imagínense aquí el deleíte para ellos, el jugar a ser Erinnia.
Una vez seleccionado y preparado todo lo necesario para el arranque de la emulación, comienza el proceso, un tanto sosegado pero efectivo.
Como jefe al mando de los programadores y fundador de la empresa, me vi atraído por éste nuevo experimento, tanto que decidí participar en él, claro, ajustando un tanto el programa, ordené que no se me implantara el microchip que eliminaría mi memoria.
Realizado todo ya, me encuentro aquí, víctima de mi propio egoísmo. Víctima de mi propio experimento. Atrapado en un lugar que no es y sin embargo es.
He descubierto que algo ha salido mal en mi experimento, quizá al encontrarnos expuestos a la radiación gamma de las máquinas incubadoras nuestra estructura neurológica se modificó radicalmente. Algo nuevo se encuentra en nosotros, los nuevos científicos de éste mundo les llaman emociones, y al no recordar su antigua vida les parece algo tan normal, empero a mi me parece algo excesivamente repulsivo. Algo que es imposible de soportar, al menos para mí, que aun recuerdo lo que fui.
Sentir lo que ellos llaman "amor", "compasión", "tristeza", simplemente me enferma, me está orillando a lo que ellos denominan "suicidio". Muchos otros lo han realizado, no es algo bien visto por la sociedad, lo catalogan como algo cobarde, innecesario, ya que ellos poseen algo llamado "optimismo". Algo excesivamente peligroso, ya que los hace pensar en poner la otra mejilla al recibir una bofetada.
Antes de jalar el gatillo y de terminar éste escrito, una idea revolotea por mi mente, me pregunto si alguno de los anteriormente denominados "cobardes" recordó aquello que alguna vez fue, al igual que yo y sintieron la misma impotencia que yo siento y por ende tomaron aquella decisión. Hubiese sido interesante haber compartido ideas con ellos, sin embargo, todos ya han muerto y pensar que quizá alguno de los futuros suicidas se atreva a expresar lo que recuerdan o que su subconciente recuerda, es ¡tan optimista!, posición que aborrezco completamente. Perdón por haberlos expuesto a esto tan desagradable. Capitán DINV".
Han decidido emular el universo, crear galaxias, sistemas solares, planetas y todo aquello que la realidad les permite percibir a través de sus sentidos y su inteligencia.
El proyecto en sí, les permite a los participantes el poder realizar por segunda vez toda una vida, es decir, volver a nacer, empero un único detalle, al comenzar el juego se les implanta un microchip programado artificialmente, el cual les erradica todo aquél recuerdo de su antigua vida, todo esto con el fin de evitar cualquier contradicción, y evitar una confusión mental. Además de que se supone que es un nuevo comienzo, un experimento que les da la oportunidad de olvidarse de todo y comenzar desde cero. Increíblemente exitante, ¿no?
Cabe decir que una vez entrando al mundo virtual es imposible regresar a la realidad, es ir ahí, para morir ahí. Sin retorno.
Después de haber imitado todo aquello que les fue posible, viene el trabajo más entusiasmante para los programadores: elegir al azar o por libre albedrío, la nueva vida del sujeto. Imagínense aquí el deleíte para ellos, el jugar a ser Erinnia.
Una vez seleccionado y preparado todo lo necesario para el arranque de la emulación, comienza el proceso, un tanto sosegado pero efectivo.
Como jefe al mando de los programadores y fundador de la empresa, me vi atraído por éste nuevo experimento, tanto que decidí participar en él, claro, ajustando un tanto el programa, ordené que no se me implantara el microchip que eliminaría mi memoria.
Realizado todo ya, me encuentro aquí, víctima de mi propio egoísmo. Víctima de mi propio experimento. Atrapado en un lugar que no es y sin embargo es.
He descubierto que algo ha salido mal en mi experimento, quizá al encontrarnos expuestos a la radiación gamma de las máquinas incubadoras nuestra estructura neurológica se modificó radicalmente. Algo nuevo se encuentra en nosotros, los nuevos científicos de éste mundo les llaman emociones, y al no recordar su antigua vida les parece algo tan normal, empero a mi me parece algo excesivamente repulsivo. Algo que es imposible de soportar, al menos para mí, que aun recuerdo lo que fui.
Sentir lo que ellos llaman "amor", "compasión", "tristeza", simplemente me enferma, me está orillando a lo que ellos denominan "suicidio". Muchos otros lo han realizado, no es algo bien visto por la sociedad, lo catalogan como algo cobarde, innecesario, ya que ellos poseen algo llamado "optimismo". Algo excesivamente peligroso, ya que los hace pensar en poner la otra mejilla al recibir una bofetada.
Antes de jalar el gatillo y de terminar éste escrito, una idea revolotea por mi mente, me pregunto si alguno de los anteriormente denominados "cobardes" recordó aquello que alguna vez fue, al igual que yo y sintieron la misma impotencia que yo siento y por ende tomaron aquella decisión. Hubiese sido interesante haber compartido ideas con ellos, sin embargo, todos ya han muerto y pensar que quizá alguno de los futuros suicidas se atreva a expresar lo que recuerdan o que su subconciente recuerda, es ¡tan optimista!, posición que aborrezco completamente. Perdón por haberlos expuesto a esto tan desagradable. Capitán DINV".