¡Buenas tardes! Me gustaría que reflexionemos un poco.
Pero, antes de reflexionar, les voy a contar un poco de mí, para ser claro sobre ciertas cosas. Seguramente, le gustará saber cuáles son mis creencias y, quizás, le sorprenda que conteste que soy agnóstico (no sé si existe un dios, los métodos de comprobarlo me resultaron ineficaces y ya no le doy demasiada importancia a eso, como si me hubiera resignado a la imposibilidad de saberlo de verdad). A veces, digo que soy ateo, incluso, me creo ateo, pero es más correcta la definición de "agnóstico" (el que no sabe).
Entonces, le surgirá una nueva pregunta, si usted es creyente, que es probable que lo sea, si le interesó el título: ¿por qué alguien tan alejado de Dios y de la fe decide escribir sobre un tema espiritual? Sería, incluso, difícil de explicárselo, lo sé, por las diferencias que puedan haber entre nosotros: a lo mejor, su meta en la vida es ganarse el Cielo, la mía es vivir lo más agradablemente que pueda y facilitarle lo mismo a quienes pueda. Sin embargo, permitame señalarle que estas diferencias, en algunos puntos, pueden ser más superficiales de lo que parecen. Tanto usted como yo tenemos una familia, comemos, bebemos, nos amamos, deseamos dejar un legado para nuestros hijos, queremos tener un buen día y llevarnos bien con nuestro prójimo. En eso, nos parecemos.
También, quiero dejar claro que las semejanzas que tengo con los ateos se disuelven, hasta cierto punto, por ciertas cuestiones elementales: yo no soy evolucionista. No creo en eso, de ninguna manera. ¿Cómo algo, tan interdependiente, como el "mecanismo" de un ojo va a hacerse por partes? Necesita todas y cada una de las partes para funcionar. Así que el desarrollo gradual de la especie me parece más difícil de sustentar que la creencia en un Creador, inclusive. Tampoco creo en Dios (no aseguro que no exista, pero me resulta complicado de creer). Y si me pregunta cómo llegó a existir el hombre, entonces, le responderé que, sinceramente, no sé cómo y no veo la forma de saberlo a ciencia cierta, así que sólo me queda concentrarme en lo que tengo ante mis ojos.
Pero la diferencia de pensamiento en ésa y otras cuestiones parecidas no es lo que me aleja de los ateos, de la manera dramática en que se da, sino más bien un asunto interno, en el cual me siento más identificado con los religiosos, aunque no se los admito casi nunca para que no me prediquen. Yo no creo en Dios, es cierto, no creo en la Biblia y, sobre todo, no creo en ninguna clase de gurú o profeta, pero sí que tengo una cierta "necesidad mística" o "mítica". Está en mi ser. Los ateos no la comprenden, porque, a su modo de ver, sólo lo que es racional es lo que vale, sólo lo que se puede explicar, contabilizar y comprobar, pero ¿cómo puedo comprobarte, por ejemplo, lo que soñé anoche? Los sueños son un gran mundo para las personas como yo, con una imaginación y un sentimentalismo fuera de lo común. No sé si decir, simplemente, "sentimentalismo", porque, la verdad, es más que eso. Es una aceptación de que, después de todo, soy un ser humano y no debo creer ciegamente en mi razón. No digo que no tenga una función, ya que la tiene, pero es limitada (sobre todo, más limitada que la de los "instintos", "necesidades" y "sentimientos" ). Por ejemplo, si te estás muriendo de hambre y alguien te viene a hablar de filosofía griega, probablemente no le prestes la menor atención: "¡yo sólo quiero comer algo!". Por supuesto, es bueno un cierto control sobre nuestra conducta, pero en lo que es agradable y loable es mejor satisfacernos. Con respecto a esta capacidad de sentir tan fuertemente las cosas, los religiosos son más comprensivos: ellos entienden que hay cosas inexplicables, que la vida es más que la frialdad de los argumentos y hasta pueden guiar su vida por lo que sienten, como hago yo. En algunos casos, también me comprenden en el aspecto de vivir entre paradojas (contradicciones); ustedes saben, la vida no es tan simple porque, en la práctica, se dan muchas situaciones que te hacen dudar de, por ejemplo, si cierta acción es la mejor y hasta si su naturaleza es tal como la creíamos.
Considero que, con lo ya explicado, incluso dije bastante sobre lo que vale la espiritualidad para uno. Pero no es mi intención detenerme, quiero que sigamos tocando aspecto tras aspecto y, si se quiere, que lleguemos a algo más profundo.
Quisiera hacer un alto, para citar una escritura:
"Dijo entonces el Señor: Por cuanto este pueblo se me acerca con sus palabras y me honra con sus labios, pero aleja de mí su corazón, y su veneración hacia mí es sólo una tradición aprendida de memoria"
Esto me da la pauta de que no sirve, realmente, vivir una religión de una forma mecánica. ¿Qué se está valorando en esta escritura, sino lo mismo que yo valoro (el corazón mismo, los sentimientos)? Sin una transformación íntima, de nada sirve repetir como un loro doscientos versículos y tratar de conformar los estándares de espiritualidad, por seguir ciertas normas. Porque todas las normas se reducen a dos, dijo Jesús, y ambas son el amor.
A eso es a lo que me refiero. Siempre veo cosas que se parecen a mi forma de pensar, que me recuerdan incluso mis críticas hacia la vida religiosa de muchos. Por ende, no tengo la misma inocencia de muchos ateos, de decir que la religión es algo malo en sí, sólo porque el Papa o líder espiritual de turno pueda ser un infame cretino y preferir más su beneficio personal que las doctrinas que Dios le enseña (según su forma de creer). Yo no soy creyente, eso ya está dicho, pero aún veo lo invaluable de ciertas cosas que sólo te enseñan en la iglesia. Me preocupa, eso sí, la gente que se somete a una fe sin trasformarse por dentro (sin comprender realmente el centro de la cuestión), porque ellos son los instrumentos perfectos, no para Dios, sino para hombres perversos, sin amor a nadie.
A veces, siento el deseo de unirme a una religión, sólo para estar en comunidad con esa parte de mí y también con los demás. Pero no puedo. Estar rodeado de gente que no comprende algo tan básico como la transformación interior es doloroso de sobrellevar. En cambio, valoran más sólo creer que Jesús hizo o dijo tal cosa, o sea, creer en una especie de narración y código aprendido de memoria, pero dudo mucho que eso sea lo que "Dios quiere", según lo que leí. Si Jesús dijo o hizo tal cosa era, justamente, para que nosotros avivemos el sentimiento íntimo hacia los demás, el amor a la vida misma. Nada resume mejor los evangelios que el amor. No se puede, en verdad, pasar por alto el enfásis que se hace en el tema de estar en paz con el otro y amarlo.
Aquí, no sé si a ustedes les pasa pero a mí sí, me imagino a los ateos, hablando de las guerras bíblicas, el diluvio y todo eso, para contradecir la idea del dios amoroso. Pero, la verdad, yo no creo en dios (no lo niego rotundamente, pero no creo), así que me importa poco la necesidad que tenga una religión de justificar esas cosas. A mí, me basta con saber que en el Nuevo Testamento, en cierta parte, dice algo que me llegó y en lo que sí creo. No sé si Jesús fue Dios, si fue un hombre, si su vida es sólo un cuento inventado por alguien inspirado. Lo único que sé es que lo que dijo, en ciertos aspectos, hace que la vida de uno armonice. No puedo decir que todo, porque, por ejemplo, poner la otra mejilla me ha dolido bastante, pero muchas de sus enseñanzas han germinado en mi ser, en la vida diaria.
Yo me pregunté siempre: "si Dios es el dios de todos, ¿por qué los chinos, muslmanes, etcétera, no han tenido acceso a la verdad de él, supuestamente?". Pero me encontré con que esas culturas no fueron abandonadas a su suerte. Si, imaginariamente (porque yo no creo), sentimos que un dios nos cuida a nosotros y nuestro desarrollo, vemos que los orientales han sido tan bien cuidados como nosotros. Por desgracia, hay mucho mal en el mundo, y eso hace que muchos dejen de ver la belleza de lo que hay. No hay que darle la espalda al que está sufriendo y sólo decirle: "dios te ama", pero, si una reforma positiva se tiene que dar entre los seres humanos, será a partir de valorar lo que ya tenemos, no de despreciarnos y desaprobar el mundo (al que ya tiene se le da más y al que no tiene se le quita aún lo poco que tiene).
"Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?"
Es una gran desgracia para nuestra cultura que haya gente que usara la Biblia misma para mal, para lucrar, para justificar guerras, para engañar. Eso le quitó, a los ojos de mucho, el valor esencial que tiene. Yo veo a ese libro como una especie de "prisma" (recuerdo un objeto cilíndrico que me regalaron en mi infancia, y yo miraba por un agujerito, y siempre veía cosas distintas, de diferentes colores; no se cómo estaba hecho, pero me encantaría tener uno, otra vez). La Biblia, justamente por los milagros y cosas inexplicables que tiene, puede llegar al fondo de nuestro ser. Es extraño, pero aunque no creas que haya pasado, la idea de que alguien camine por el agua o convierta el agua en vino se te queda en la mente y va teniendo cierto efecto onírico. Incluso, la idea de una madre vírgen, que hasta me parece risible, estimula mi mente y mi ser íntimo.
Que tengan un buen día.