Muchas son las leyendas urbanas que relatan sucesos macabros ocurridos en casas abandonas o deshabitadas. Viviendas que se visten de misterio por los testimonios de personas quienes aseguran haber visto sombras tras las ventanas, oído gritos terroríficos o en el peor de los casos, ver a los mismos espectros deambulando por algunos pasillos o habitaciones de la residencia. En el Perú, una de las leyendas más conocidas y tal vez la más antigua, es la historia de la Casa Matusita, mítico lugar ubicado en el mismo corazón de Lima y que hasta el día de hoy, produce en la sociedad capitalina más de un testimonio de temor sobre su presencia. Hey y que es eso??????? Si bien es cierto, un mito puede tener diversos orígenes o razones para ser creados, para muchos escépticos, es justamente, la ubicación de la Casa Matusita la que le ha dado a través de los años ese aire de misterio y temor dentro de la cultura limeña. Y es que desde sus inicios, la Casa fue un punto de encuentro entre los lugares más respetados, temidos o enigmáticos de nuestra ciudad. En principio, debemos comentar que actualmente la casa está ubicada entre las avenidas Garcilaso de la Vega (una de las más importantes vías del centro) y España, ahora bien, se sabe que en la antigüedad, según crónicas y mapas de la época, el sector que hoy ocupa la casa fue una zona de adoración religiosa en tiempos prehispánicos y ya en la colonia, fue el lugar exacto por donde pasaba la antigua muralla de Lima, la misma que servía tanto para la defensa militar de la capital como para separar a los ciudadanos entre españoles, indios y esclavos. Tienes algo mas???? Pero eso no es todo. En 1860 fue construida, al frente de la Casa Matusita, el llamado Panóptico de Lima, o cárcel principal de la ciudad, que tuvo vigencia hasta 1970 y que durante todo su período albergó desde delincuentes comunes y prisioneros militares hasta a un presidente de la República, quien además llegó a morir en una de sus celdas. Es más, se dice, que tanto la Casa Matusita como los ambientes cercanos a ella, sirvieron en aquellas épocas como centros de interrogatorios para la delincuencia común y de militares sobre todo en las épocas de la Guerra del Pacífico que enfrentó a Perú y Chile. Por último, entre los hechos más recientes, se sabe que en la década de los cuarenta, en otra acera aledaña, esta vez hacia el lado derecho de la casa, se alojó por mucho tiempo la antigua Embajada de los Estados Unidos de Norteamérica, hecho que aunque en apariencia inofensivo, es para muchos escépticos la razón fundamental para entender la extraña procedencia de este mito. Pero aun falta algo.... Han habido victimas de esto Las víctimas de la Casa Matusita Pero la Casa Matusita no sólo cuenta con leyendas, sino también con víctimas. Y es que en más de una ocasión muchos aseguran que diversos personajes han ingresado a la citada vivienda para experimentar por cuenta propia los extraños fenómenos que en ella ocurren. Uno de los primeros en ingresar fue justamente un párroco, que ingresó al segundo piso de la casa con la intención de “exorcizarla” de los demonios que la poseían. No obstante, el párroco no pudo lograr su cometido, según cuentan las historias más antiguas el religioso ni bien ingresó a la vivienda sufrió un ataque de pánico que lo llevó a la muerte. Se dice que escuchó gritos y reclamos de los espíritus que allí se encontraban, algunos dicen incluso que el párroco recibió escupitajos de estos supuestos seres que habitan el lugar. No obstante, y tal como ocurre en el caso de las leyendas, no existen registros fidedignos que respalden dicha historia aunque sí existen testimonios de gente (incluidos trabajadores o antiguos habitantes de la casa) que aseguran haber visto la figura de un fraile caminando entre las ventanas del segundo piso de la casa. Otro de los casos más conocidos, es el de Humberto Vilchez Vera, un conductor de televisión que en la década de los sesentas apostó en señal abierta, que sería capaz de pasar siete noches al interior de la vivienda. La historia narrada por muchos limeños recuerda que el animador efectivamente logró ingresar a la casa llevando consigo sólo con una cámara de vídeo en la mano, sin embargo, tal como ocurrió con el párroco, ni bien ingresó (algunos hablan de dos horas y otros al cuarto día) el hombre de televisión salió de la casa profiriendo insultos y gritos y botando, incluso, espuma por la boca. Al final de cuentas el animador obtuvo serias complicaciones psicológicas por lo que fue recluido en un manicomio durante un período de trece meses tiempo del cual nunca más se supo de él.
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