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Tempestades de acero

Tempestades de acero (en alemán: In Stahlgewittern), narra las memorias del oficial alemán Ernst Jünger en el frente occidental durante la primera guerra mundial. Fue publicada originalmente de modo privado en 1920, siendo uno de los primeros testimonios personales sobre la guerra en aparecer. El libro es una descripción gráfica de la guerra de trincheras. Tras su publicación fue intensamente revisado varias veces.

Muerte

Tempestades de acero comienza con Jünger entrando en la línea de fuego como soldado raso con el 73 regimiento de Hannover en Champaña, Francia. Su primer contacto con el combate se produce en Les Eparges en abril de 1915 donde es herido por primera vez.
Tras su recuperación, realiza un curso de oficiales y alcanza el rango de alférez. Posteriormente se reúne con su regimiento en el sector de Arras. En 1916, con la Batalla del Somme en proceso, el regimiento de Jünger es trasladado a Combles en Agosto para la defensa del pueblo de Guillemont, donde Jünger tiene la fortuna de ser herido de nuevo apenas antes del asalto final británico en el cual todo su pelotón es aniquilado. En 1917 Jünger participó en la Batalla de Arras en abril, en la Tercera batalla de Ypres en julio y octubre, y en el contraataque germano durante la Batalla de Cambrai en noviembre. Jünger lideró una compañía de tropas de asalto durante la ofensiva de primavera. El 21 de marzo de 1918 fue herido de nuevo. El 23 de agosto sufrió su última y más grave herida al serle atravesado el pecho por una bala.
En total, Jünger fue herido 14 veces durante la guerra, incluyendo cinco heridas de bala. Se le galardonó con la Cruz de Hierro de primera clase y fue el condecorado más joven con la medalla Pour le Mérite.

alemania

Jünger describe sus experiencias sin aparente restricción, dando como resultado un libro sumamente gráfico. No obstante, Jünger trata consistentemente de transmitir una postura de noble intrepidez en si mismo y en los hombres a los que alaba. Incluso cuando el narrador experimenta auténtico horror, como cuando marcha hacia la batalla del Somme, parece más preocupado por la descripción lúcida que con las reacciones a ella.
Aunque el libro no pasa por alto las múltiples muertes, los pasajes más emocionantes se reservan para la entusiasta lucha y los momentos agradables. Es por ello que el libro ha sido criticado por glorificar la guerra, especialmente cuando se compara con la obra de Remarque, Sin novedad en el frente. No obstante Jünger fue un combatiente, testigo de un extenso combate en la línea del frente. Remarque no lo fue, y Sin novedad en el frente es una obra de ficción, no unas memorias (Realmente Remarque fue zapador sólo durante unas pocas semanas cerca de la línea del frente).
Jünger declaró en el prólogo a la edición inglesa de 1929: "El tiempo sólo refuerza mi convicción de que era una vida ardua y buena, y de que la guerra, con toda su destructividad, era una incomparable escuela del valor."
La traducción inglesa de 1929 contaba que se disparaba a los prisioneros ingleses, y que aunque aquello estaba mal, era comprensible.

soldados

La primera versión de Tempestades de acero era esencialmente el diario de Jünger. El título original era En tempestades de acero: diario del comandante de fuerzas de choque, Ernst Jünger, voluntario de guerra, y posterior teniente en el regimiento de fusileros del Príncipe Albrecht de Prusia (73 Regimiento de Hannover). Desde su primera publicación hubo al menos siete revisiones de Tempestades de acero, siendo la última la versión de 1978 para las Obras selectas de Jünger. Para la primera revisión de 1924 Jünger reescribió por completo el libro para su nueva editorial. El resultado fue una versión intensamente nacionalista y sangrienta. La siguiente revisión importante se hizo en 1934, en la cual las descripciones mas explícitas y violentas fueron silenciadas. La edición llevaba una dedicatoria universal: A los caídos.

destruccion

“Cuando uno se aburre en la cama procura distraerse de múltiples maneras. Así, en una ocasión pasé el tiempo haciendo un recuento de mis heridas. Prescindiendo de pequeñeces comos los rasguños y las contusiones producidas por balas de rebote, mi cuerpo había retenido al menos catorce proyectiles que dieron en el blanco, a saber: cinco balas de fusil, dos cascos de metralla de granada de artillería, un balín de shrapnel, cuatro cascos de metralla de granadas de mano y dos cascos de gradas de fusil; contando las entradas y salidas me habían dejado veinte cicatrices. En aquella guerra en la que ya se disparaba más a los espacios que a los individuos había conseguido que once de aquellos proyectiles dieran en mi cuerpo.”



heridas

“Por todas partes cruzaban apresuradamente la noche y el fuego tropas que iban a relevar a otras y tropas que habían sido relevadas. Muchas de ellas se encontraban totalmente desorientadas y, a causa del nerviosismo y del agotamiento, lanzaban gemidos. En medio de todo aquello resonaban llamadas y órdenes, así como los prolongados gritos de socorro, que se repetían monótonamente, de los heridos perdidos en el campo de embudos. Yo proporcionaba informaciones a los soldados desorientados cuando pasaba corriendo junto a ellos, sacaba a unos de los agujeros abiertos por las granadas, amenazaba a otros que querían tirarse al suelo, gritaba constantemente mi nombre para mantener agrupados a todos los míos, y así conseguí, como por milagro, que mi sección retornara a Combles.”



desolacion
ernst


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