Primera historia:
Esta es la historia del sacrificio de una madre durante el Terremoto de Japon.
Despues del Terremoto, cuando losl rescatistas comezaron a buscar sobrevevientes entre las ruinas de la casa de una mujer joven, vieron el cuerpo de ella por uno de los orificios de las ruinas de la casa. Les parecio extraña la postura del cuerpo, estaba sobre sus rodillas y su cuerpo hacia adelante como cuando una persona se arrodilla para adorar, con el rostro hacia el suelo; su cuerpo estaba inclinado hacia adelante y sus manos estaban sujetas a algun objeto. El peso de la casa quebro su espalda y su cuello.
Con mucha dificultad el lider del equipo de rescate puso sus manos y brazos para ver si la mujer aun estaba con vida. Pero la dureza del cuerpo y la temperatura del mismo cuerpo anunciaban que la mujer habia muerto. El tenia la esperanza que la mujer aun estaria con vida. El y su equipo salieron de las ruinas de la casa para seguir su trabajo en busqueas de victimas. Por alguna razon, el lider del equipo sintio una necesidad enorme de regresar a donde el cuerpo de la mujer se encontraba. Una vez mas se arodillo y puso sus manos en la espacio que les permitia alcanzar el cuerpo y decidio de revisar debajo del cuerpo sin vida. Instantaneamente empezo a gritar, "Un Niño!!!! Hay un niño aqui!!!"
El equipo entero regreso para cuidadosamente remover los escombros alrededor del cuerpo de la mujer.
Ahi encontraron un niño de 3 meses de edad envuelto en una frazada estampada con flores debajo del cuerpo de la madre. Obviamente, la mujer hizo su ultimo sacrificio por salvar a su hijo. Cuando la casa comenzo a caer, ella uso su cuerpo para proteger a su hijo. El pequeño niño aun dormia cuando el equipo lo levanto de los escombros.
El doctor del equipo vino enseguida a revisar al pequeño. Una vez que abrio la frazada, vio un celular adentro de la frazada. Habia un mensaje de texto en la pantalla que decia:"Si puedes sobrevivir, tu tienes que recordar que te AMO". El celular paso por cada uno de los miembros del equipo de rescate. Cada uno que leyo el mensaje no pudo mas que llorar.
"Si puedes sobrevivir, tu tienes que recordar que te AMO". Cuan grande es el amor de una madre por su hijo!!!

Segunda Historia:
La foto es de un bebé de 21 semanas, aún sin nacer, llamado Samuel Armas al que se le había diagnosticado una espina bífida y nunca sobreviviría, a menos que se le practicara una operación intrauterina.
El Dr. Bruner, tras numerosos estudios realizados en el Centro Médico Universitario de Vanderbilt, en Nashville, anunció que él podría llevar a cabo la operación, con el bebé dentro de la matríz materna.
Durante la intervención, el cirujano extrajo el útero mediante una cesárea y practicó una pequeña incisión a la bolsa, a través de la cual le fue posible operar al pequeño Samuel.
El Dr. Bruner estaba acabando exitosamente la operación, cuando Samuel sacó su pequeñísima pero bien desarrollada mano a través de la incisión practicada y se agarró del dedo del atónito médico.
Este pestigioso cirujano declaró haber vivido el momento más emotivo de toda su vida, cuando sintió la mano de Samuel asiéndole uno de sus dedos, a modo de agradecimiento por obsequiarle con el regalo de la vida.
Por supuesto, el Dr. Bruner permaneció helado, -totalmente inmóvil por varios segundos-- durante los cuales Samuel seguía cogiéndole el dedo, lo cual dio el suficiente tiempo para que el personal del quirófano pudiera fotografiar el momento con toda claridad.

Tercera historia:
De un padre a una hija:
Papito..., ¿cuánto me amas?
El día que mi Hija nació, en verdad no sentí gran alegría por que la decepción que sentía parecía ser más grande que el gran acontecimiento que representa tener una hija: ¡Yo quería un varón!
A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y agotada y la otra radiante y dormilona.
En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisita de mi Carmencita y por la infinita inocencia de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura. Su carita, su sonrisita y su mirada no se apartaban ni por un instante de mis pensamientos, todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacía planes sobre planes, todo sería para mi Carmencita.
Este relato era contado a menudo por Randolf, el padre de Carmencita y Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Randolf, según decía el mismo.
Una tarde estaba mi familia y la de Randolf haciendo un picnic a la orilla de un río cerca de casa y la niña entabló una conversación con su papá, todos escuchábamos:
- Papi,... cuando cumpla quince años, ¿cuál será mi regalo?
- Pero mi amor, si apenas tienes diez añitos, ¿no te
parece que falta mucho para esa fecha?
- Bueno papito,... tu siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí.
La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas.
Una mañana me encontré con Randolf enfrente del colegio donde estudiaba Carmencita quien ya tenía catorce años. Randolf se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostraba las calificaciones de Carmencita, eran notas impresionantes, ninguna bajaba de diez puntos y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores. Felicité al dichoso papá. Carmencita ocupaba toda la alegría de la casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente en el de su papá.
Fue un domingo muy temprano cuando nos dirigíamos a misa, cuando Carmencita tropezó con algo, eso creíamos todos y dio un traspié. Su papá la agarró de inmediato para que no cayera... Ya instalados en la iglesia,
vimos como Carmencita fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento. La tomamos en brazos, mientras su papá buscaba un taxi hacia el hospital.
Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, qué debía practicarle otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.
Los días iban pasando, Randolf renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de Carmencita, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él.
Una mañana Randolf se encontraba al lado de su hija, cuando ella le preguntó:
- Voy a morir, ¿no es cierto? ¿Te lo dijeron los
doctores?
- No mi amor... no vas a morir, Dios que es tan
grande, no permitiría que pierda lo que más he amado
sobre este mundo, respondió el padre.
- ¿Van a algún lugar?
- ¿Pueden ver desde lo alto a su familia?
- ¿Sabes si pueden volver? preguntaba su Hija.
- Bueno hija,... en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola, estando en el más allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.
- ¿Al viento? ¿Y cómo lo harías?
- No tengo la menor idea hijita, solo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo, cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.
Ese mismo día por la tarde, llamaron a Randolf, el asunto era grave, su hija estaba muriendo. Necesitaban
un corazón, pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más: ¡UN CORAZÓN!
- ¿Dónde hallar un corazón?
- ¡Un corazón!
- ¿Dónde... Dios mío?
Ese mismo mes, Carmencita cumpliría sus quince años. Y fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, una esperanza iluminó los ojos de todos, las cosas iban a cambiar. El domingo por la tarde ya Carmencita estaba operada, todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total! Sin embargo, Randolf todavía no había vuelto por el hospital y Carmencita lo extrañaba muchísimo. Su mamá le decía que ya todo estaba muy bien y que su papito sería el que trabajaría para sostener la familia. Carmencita permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron.
Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó
una carta de su padre: "Carmencita, hijita de mi corazón: Al momento de leer mi carta, ya debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho. Esa fue la promesa que me hicieron los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuánto lamento no estar a tu lado en este instante.
Cuando supe que ibas a morir, decidí dar respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenías diez añitos y a la cual no respondí. Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás haría por mi hija... Te regalo mi vida entera sin condición alguna, para que hagas con ella lo que quieras.
- ¡¡Vive hija!! ¡¡Te amo con todo mi corazón!! "
Carmencita lloró todo el día y toda la noche. Al día siguiente fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá. Lloró como nadie lo ha hecho y susurró:
- "Papi... ahora puedo comprender cuanto me amabas.
Yo también te amaba y aunque nunca te lo dije, ahora comprendo la importancia de decir "Te Amo" y te pediría perdón por haber guardado silencio tantas veces".
En ese instante las copas de los árboles se mecieron suavemente, cayeron algunas hojas y florecillas, y una suave brisa rozó las mejillas de Carmencita, alzó la mirada al cielo, intentó secar las lagrimas de su rostro, se levantó y emprendió el regreso a su hogar.


Cuarta historia:
historia entre una madre y su hijo
Ella dió un salto tan pronto vió al cirujano salir de la sala de operaciones. Ella dijo: ’Cómo está mi pequeño? Estará bien? Cúando lo puedo ver?’
El cirujano dijo, ‘Lo siento. Hicimos lo que pudimos, pero él no pudo.’ Sally dijo, ‘Porqué a los niños les puede dar cáncer? Será que Dios no los cuida más? Dónde estabas, Dios, cuando mi niño te necesitaba?’
El cirujano le preguntó, ‘Te gustaría un tiempo a solas con tu hijo? Una de las enfermeras estará afuera en un momento, antes de que lleven al niño a la Universidad.’
Sally preguntó a la enfermera si podía quedarse con ella mientras se despedía de su pequeño. Ella pasó sus dedos amorosamente a través del cabello rizado y rojizo del niño.
‘Te gustaría mantener un pedazo de su cabello?’ preguntó la enfermera. Sally asintió que sí. La enfermera cortó un pedazo de cabello, lo colocó en una bolsa plástica y lo entregó a Sally. La madre dijo, ‘Fue idea de Jimmy donar su cuerpo a la Universidad para estudio. Él dijo que podía ayudar a otros.. ’Primero le dije que no, pero Jimmy dijo, ‘Mamá, no lo voy a usar más cuando muera. Tal vez pueda ayudar a otro niño a pasar un día más con su mamá.
‘Mi Jimmy tenía un corazón de oro. Siempre pensando en los demás. Siempre queriendo ayudar a los demás si podía..’
Sally caminó afuera del Children’s Mercy Hospital por última vez, luego de haber pasado la mayoría de los pasados 6 meses allí. Colocó las pertenencias de Jimmy en el asiento del pasajero. El conducir al hogar fue difícil. Y más difícil entrar a la casa vacía.. Cargó las pertenencias de Jimmy, y la bolsita plástica con su cabello hasta la habitación de su hijo.
Comenzó a colocar los carritos y las otras cosas personales de vuelta en el lugar exacto donde él las tenía en su cuarto.
Ella se dejó caer sobre su cama y abrazando su almohada, lloró hasta quedar dormida.
Era alrededor de la medianoche cuando despertó. Y colocada al lado de ella en la cama había una carta.
La carta decía:
‘Querida Mamá, Sé que me vas a extrañar; pero no pienses que yo te olvidaré, o dejaré de amarte, sólo no estaré físicamente alrededor tuyo
para decirte ’Te Amo’ . Yo siempre te amaré, Mamá, aún más cada día. Algún día nos volveremos a encontrar. Mientras tanto, si quieres adopta otro niño y así no estarás tan sola, eso estará bien para mí.
El podrá usar mi cuarto y mis viejos juguetes. Pero, si decides adoptar una niña, a ella probablemente no le gustará jugar con las cosas de niños.. Tendrás que comprarle muñecas y cosas de niña, tu sabes.. No estés triste pensando en mí. Éste es un lugar realmente maravilloso.. La abuela y el abuelo me reconocieron tan pronto llegué aquí y me mostraron todo el lugar, pero tomará un largo tiempo verlo todo.
Los ángeles son extraordinarios. Me encanta verlos volar. … y ¿ sabes? Jesus no se parece a ninguna de las fotos que pintan de él. Aún así tan pronto lo ví, lo reconocí, sabía que era él.., . Jesus mismo me llevó a conocer a Dios ! Y sabes qué mamá? Dios me sentó en su rodilla y habló conmigo, como si yo fuera alguien importante…!
Ahí fue cuando le dije que yo quería escribirte una carta para despedirme de tí y decirte cómo me siento ahora.. Pero yo creía que no se permitía. Pero sabes qué mamá? Dios me dió papel y su pluma personal para que yo te escribiera esta carta. Creo que Gabriel es el nombre del ángel que te llevó esta carta. Dios me dijo que te contestara una de las preguntas que le hiciste.. ‘Dónde estaba él cuando yo lo necesitaba?’
‘Dios me dijo que estaba en el mismo lugar conmigo, como cuando Su hijo Jesús estaba en la cruz’. Él estaba justo ahí, según está siempre con todas sus pequeñas criaturas.. Pero de todos modos, Mamá, nadie más puede ver lo que te he escrito.. Sólo tú… Para todos los demás, ésto es sólo un pedazo de papel en blanco. No es fantástico? Tengo que devolverle la pluma a Dios ahora.
Él la necesita para escribir más nombres en el Libro de la Vida. Esta noche voy a sentarme a la mesa con Dios para comer. Estoy seguro que la comida será sabrosa.. Oh, olvidé decirte… Ya no me duele más.. Ya no siento ningún dolor… El cáncer se fue. Estoy felíz porque puedo estar de pie y correr…sin sentir más dolor y así Dios no me vé angustiado y adolorido..
Por eso Él envió el ángel de la misericordia a rescatarme… El Ángel dijo que era una entrega especial…
Firmado con el amor de Dios, Jesus & Yo… Tu Jimmy..
Esta es la historia del sacrificio de una madre durante el Terremoto de Japon.
Despues del Terremoto, cuando losl rescatistas comezaron a buscar sobrevevientes entre las ruinas de la casa de una mujer joven, vieron el cuerpo de ella por uno de los orificios de las ruinas de la casa. Les parecio extraña la postura del cuerpo, estaba sobre sus rodillas y su cuerpo hacia adelante como cuando una persona se arrodilla para adorar, con el rostro hacia el suelo; su cuerpo estaba inclinado hacia adelante y sus manos estaban sujetas a algun objeto. El peso de la casa quebro su espalda y su cuello.
Con mucha dificultad el lider del equipo de rescate puso sus manos y brazos para ver si la mujer aun estaba con vida. Pero la dureza del cuerpo y la temperatura del mismo cuerpo anunciaban que la mujer habia muerto. El tenia la esperanza que la mujer aun estaria con vida. El y su equipo salieron de las ruinas de la casa para seguir su trabajo en busqueas de victimas. Por alguna razon, el lider del equipo sintio una necesidad enorme de regresar a donde el cuerpo de la mujer se encontraba. Una vez mas se arodillo y puso sus manos en la espacio que les permitia alcanzar el cuerpo y decidio de revisar debajo del cuerpo sin vida. Instantaneamente empezo a gritar, "Un Niño!!!! Hay un niño aqui!!!"
El equipo entero regreso para cuidadosamente remover los escombros alrededor del cuerpo de la mujer.
Ahi encontraron un niño de 3 meses de edad envuelto en una frazada estampada con flores debajo del cuerpo de la madre. Obviamente, la mujer hizo su ultimo sacrificio por salvar a su hijo. Cuando la casa comenzo a caer, ella uso su cuerpo para proteger a su hijo. El pequeño niño aun dormia cuando el equipo lo levanto de los escombros.
El doctor del equipo vino enseguida a revisar al pequeño. Una vez que abrio la frazada, vio un celular adentro de la frazada. Habia un mensaje de texto en la pantalla que decia:"Si puedes sobrevivir, tu tienes que recordar que te AMO". El celular paso por cada uno de los miembros del equipo de rescate. Cada uno que leyo el mensaje no pudo mas que llorar.
"Si puedes sobrevivir, tu tienes que recordar que te AMO". Cuan grande es el amor de una madre por su hijo!!!

Segunda Historia:
La foto es de un bebé de 21 semanas, aún sin nacer, llamado Samuel Armas al que se le había diagnosticado una espina bífida y nunca sobreviviría, a menos que se le practicara una operación intrauterina.
El Dr. Bruner, tras numerosos estudios realizados en el Centro Médico Universitario de Vanderbilt, en Nashville, anunció que él podría llevar a cabo la operación, con el bebé dentro de la matríz materna.
Durante la intervención, el cirujano extrajo el útero mediante una cesárea y practicó una pequeña incisión a la bolsa, a través de la cual le fue posible operar al pequeño Samuel.
El Dr. Bruner estaba acabando exitosamente la operación, cuando Samuel sacó su pequeñísima pero bien desarrollada mano a través de la incisión practicada y se agarró del dedo del atónito médico.
Este pestigioso cirujano declaró haber vivido el momento más emotivo de toda su vida, cuando sintió la mano de Samuel asiéndole uno de sus dedos, a modo de agradecimiento por obsequiarle con el regalo de la vida.
Por supuesto, el Dr. Bruner permaneció helado, -totalmente inmóvil por varios segundos-- durante los cuales Samuel seguía cogiéndole el dedo, lo cual dio el suficiente tiempo para que el personal del quirófano pudiera fotografiar el momento con toda claridad.

Tercera historia:
De un padre a una hija:
Papito..., ¿cuánto me amas?
El día que mi Hija nació, en verdad no sentí gran alegría por que la decepción que sentía parecía ser más grande que el gran acontecimiento que representa tener una hija: ¡Yo quería un varón!
A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y agotada y la otra radiante y dormilona.
En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisita de mi Carmencita y por la infinita inocencia de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura. Su carita, su sonrisita y su mirada no se apartaban ni por un instante de mis pensamientos, todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacía planes sobre planes, todo sería para mi Carmencita.
Este relato era contado a menudo por Randolf, el padre de Carmencita y Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Randolf, según decía el mismo.
Una tarde estaba mi familia y la de Randolf haciendo un picnic a la orilla de un río cerca de casa y la niña entabló una conversación con su papá, todos escuchábamos:
- Papi,... cuando cumpla quince años, ¿cuál será mi regalo?
- Pero mi amor, si apenas tienes diez añitos, ¿no te
parece que falta mucho para esa fecha?
- Bueno papito,... tu siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí.
La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas.
Una mañana me encontré con Randolf enfrente del colegio donde estudiaba Carmencita quien ya tenía catorce años. Randolf se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostraba las calificaciones de Carmencita, eran notas impresionantes, ninguna bajaba de diez puntos y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores. Felicité al dichoso papá. Carmencita ocupaba toda la alegría de la casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente en el de su papá.
Fue un domingo muy temprano cuando nos dirigíamos a misa, cuando Carmencita tropezó con algo, eso creíamos todos y dio un traspié. Su papá la agarró de inmediato para que no cayera... Ya instalados en la iglesia,
vimos como Carmencita fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento. La tomamos en brazos, mientras su papá buscaba un taxi hacia el hospital.
Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, qué debía practicarle otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.
Los días iban pasando, Randolf renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de Carmencita, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él.
Una mañana Randolf se encontraba al lado de su hija, cuando ella le preguntó:
- Voy a morir, ¿no es cierto? ¿Te lo dijeron los
doctores?
- No mi amor... no vas a morir, Dios que es tan
grande, no permitiría que pierda lo que más he amado
sobre este mundo, respondió el padre.
- ¿Van a algún lugar?
- ¿Pueden ver desde lo alto a su familia?
- ¿Sabes si pueden volver? preguntaba su Hija.
- Bueno hija,... en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola, estando en el más allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.
- ¿Al viento? ¿Y cómo lo harías?
- No tengo la menor idea hijita, solo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo, cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.
Ese mismo día por la tarde, llamaron a Randolf, el asunto era grave, su hija estaba muriendo. Necesitaban
un corazón, pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más: ¡UN CORAZÓN!
- ¿Dónde hallar un corazón?
- ¡Un corazón!
- ¿Dónde... Dios mío?
Ese mismo mes, Carmencita cumpliría sus quince años. Y fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, una esperanza iluminó los ojos de todos, las cosas iban a cambiar. El domingo por la tarde ya Carmencita estaba operada, todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total! Sin embargo, Randolf todavía no había vuelto por el hospital y Carmencita lo extrañaba muchísimo. Su mamá le decía que ya todo estaba muy bien y que su papito sería el que trabajaría para sostener la familia. Carmencita permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron.
Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó
una carta de su padre: "Carmencita, hijita de mi corazón: Al momento de leer mi carta, ya debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho. Esa fue la promesa que me hicieron los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuánto lamento no estar a tu lado en este instante.
Cuando supe que ibas a morir, decidí dar respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenías diez añitos y a la cual no respondí. Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás haría por mi hija... Te regalo mi vida entera sin condición alguna, para que hagas con ella lo que quieras.
- ¡¡Vive hija!! ¡¡Te amo con todo mi corazón!! "
Carmencita lloró todo el día y toda la noche. Al día siguiente fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá. Lloró como nadie lo ha hecho y susurró:
- "Papi... ahora puedo comprender cuanto me amabas.
Yo también te amaba y aunque nunca te lo dije, ahora comprendo la importancia de decir "Te Amo" y te pediría perdón por haber guardado silencio tantas veces".
En ese instante las copas de los árboles se mecieron suavemente, cayeron algunas hojas y florecillas, y una suave brisa rozó las mejillas de Carmencita, alzó la mirada al cielo, intentó secar las lagrimas de su rostro, se levantó y emprendió el regreso a su hogar.


Cuarta historia:
historia entre una madre y su hijo
Ella dió un salto tan pronto vió al cirujano salir de la sala de operaciones. Ella dijo: ’Cómo está mi pequeño? Estará bien? Cúando lo puedo ver?’
El cirujano dijo, ‘Lo siento. Hicimos lo que pudimos, pero él no pudo.’ Sally dijo, ‘Porqué a los niños les puede dar cáncer? Será que Dios no los cuida más? Dónde estabas, Dios, cuando mi niño te necesitaba?’
El cirujano le preguntó, ‘Te gustaría un tiempo a solas con tu hijo? Una de las enfermeras estará afuera en un momento, antes de que lleven al niño a la Universidad.’
Sally preguntó a la enfermera si podía quedarse con ella mientras se despedía de su pequeño. Ella pasó sus dedos amorosamente a través del cabello rizado y rojizo del niño.
‘Te gustaría mantener un pedazo de su cabello?’ preguntó la enfermera. Sally asintió que sí. La enfermera cortó un pedazo de cabello, lo colocó en una bolsa plástica y lo entregó a Sally. La madre dijo, ‘Fue idea de Jimmy donar su cuerpo a la Universidad para estudio. Él dijo que podía ayudar a otros.. ’Primero le dije que no, pero Jimmy dijo, ‘Mamá, no lo voy a usar más cuando muera. Tal vez pueda ayudar a otro niño a pasar un día más con su mamá.
‘Mi Jimmy tenía un corazón de oro. Siempre pensando en los demás. Siempre queriendo ayudar a los demás si podía..’
Sally caminó afuera del Children’s Mercy Hospital por última vez, luego de haber pasado la mayoría de los pasados 6 meses allí. Colocó las pertenencias de Jimmy en el asiento del pasajero. El conducir al hogar fue difícil. Y más difícil entrar a la casa vacía.. Cargó las pertenencias de Jimmy, y la bolsita plástica con su cabello hasta la habitación de su hijo.
Comenzó a colocar los carritos y las otras cosas personales de vuelta en el lugar exacto donde él las tenía en su cuarto.
Ella se dejó caer sobre su cama y abrazando su almohada, lloró hasta quedar dormida.
Era alrededor de la medianoche cuando despertó. Y colocada al lado de ella en la cama había una carta.
La carta decía:
‘Querida Mamá, Sé que me vas a extrañar; pero no pienses que yo te olvidaré, o dejaré de amarte, sólo no estaré físicamente alrededor tuyo
para decirte ’Te Amo’ . Yo siempre te amaré, Mamá, aún más cada día. Algún día nos volveremos a encontrar. Mientras tanto, si quieres adopta otro niño y así no estarás tan sola, eso estará bien para mí.
El podrá usar mi cuarto y mis viejos juguetes. Pero, si decides adoptar una niña, a ella probablemente no le gustará jugar con las cosas de niños.. Tendrás que comprarle muñecas y cosas de niña, tu sabes.. No estés triste pensando en mí. Éste es un lugar realmente maravilloso.. La abuela y el abuelo me reconocieron tan pronto llegué aquí y me mostraron todo el lugar, pero tomará un largo tiempo verlo todo.
Los ángeles son extraordinarios. Me encanta verlos volar. … y ¿ sabes? Jesus no se parece a ninguna de las fotos que pintan de él. Aún así tan pronto lo ví, lo reconocí, sabía que era él.., . Jesus mismo me llevó a conocer a Dios ! Y sabes qué mamá? Dios me sentó en su rodilla y habló conmigo, como si yo fuera alguien importante…!
Ahí fue cuando le dije que yo quería escribirte una carta para despedirme de tí y decirte cómo me siento ahora.. Pero yo creía que no se permitía. Pero sabes qué mamá? Dios me dió papel y su pluma personal para que yo te escribiera esta carta. Creo que Gabriel es el nombre del ángel que te llevó esta carta. Dios me dijo que te contestara una de las preguntas que le hiciste.. ‘Dónde estaba él cuando yo lo necesitaba?’
‘Dios me dijo que estaba en el mismo lugar conmigo, como cuando Su hijo Jesús estaba en la cruz’. Él estaba justo ahí, según está siempre con todas sus pequeñas criaturas.. Pero de todos modos, Mamá, nadie más puede ver lo que te he escrito.. Sólo tú… Para todos los demás, ésto es sólo un pedazo de papel en blanco. No es fantástico? Tengo que devolverle la pluma a Dios ahora.
Él la necesita para escribir más nombres en el Libro de la Vida. Esta noche voy a sentarme a la mesa con Dios para comer. Estoy seguro que la comida será sabrosa.. Oh, olvidé decirte… Ya no me duele más.. Ya no siento ningún dolor… El cáncer se fue. Estoy felíz porque puedo estar de pie y correr…sin sentir más dolor y así Dios no me vé angustiado y adolorido..
Por eso Él envió el ángel de la misericordia a rescatarme… El Ángel dijo que era una entrega especial…
Firmado con el amor de Dios, Jesus & Yo… Tu Jimmy..