Infusión intraósea es un método para obtener acceso vascular durante estados críticos cuando no se tiene acceso a una vena periférica para administrar medicamentos y fluidos; es usada en neonatos y niños, aunque últimamente las herramientas se han adaptado para ser usadas en adultos. Normalmente es usada en el departamento de emergencias prehospitalario.
Las agujas intraóseas más ocupadas son de tipo Sur-Fast y Jamshidi/Illinois.
En 1936, Tocantins y O'Neill encontraron que cuando se inyectaba suero fisiologico en hueso largo de un conejo, solo se recuperaron 2mL en el lado distal. Concluyeron que la solución había sido absorbida hacia el sistema circulatorio. Pruebas subsecuentes concluyeron que la absorción fue el de una inyección que venia acompañada de un colorante, en menos de 10 segundos, este colorante había llegado al corazón.
La punción intraósea está contraindicada cuando los huesos están fracturados y en los previamente perforados, ya que parte de los fármacos administrados se perderían a través de la fractura o del orificio de punción. Tampoco sirven los huesos de aquella extremidad cuyo recorrido venoso pudiera estar interrumpido por una lesión o traumatismo que impida su desagüe en la circulación venosa central, ni cuando presente signos de infección en la zona de punción.
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