Dentro de mi pijama luzco como el emperador de los indigentes, mi dermis mas "epi". Desayunar con té, que nunca llega a ser caliente ni té, quizás, mi religión. Preparo cada instante dentro de mi vida, pero siempre a posteriori de lo que intuyo. Por la ventana ingresan todas las miradas de la naturaleza, me siento bien, bello, ante un pequeño destello de inmortalidad que calienta mi sien, ¿ya dije que me siento bien?. A hurtadillas, las primeras palabras comienzan su tímida procesión rumbo a éste claustro, mi mente, ansiosas por darse a conocer. ¿Sabes?, mis palabras son muy cholulas, como Pantaleón, ese hombre que vivió muy cerca de mi conciencia, quién solía salir al zaguán de su casa, para recordarle al universo que él era alguien. Hombre que odiaba ser olvidado.
Hoy salí al jardín muy temprano, junté un puñado de letras del almácigo que linda con el vecino, Don Antonio. Él solo siembra claveles, los entresijos del otoño nos ofrendan clicie en sus retoños, a veces me regala algunos. Nada mas lindo que salir a dar una vuelta por la plaza con las palabras en la mano, y un clavel en la otra; so pintaré de domingo la nostalgia, fragancia de memorias nuevas;...si, eso haré. Súbete a mi locura y salgamos a pasear.
¿Qué estuvo primero en éste texto hasta ahora, la palabra, el pensamiento o ambas obraron mancomunados? . Pues ni uno u otro, lo primero que aparece en todo pensamiento, incluso las mas primitivas ergo del que emana de la mera percepción, son los sentimientos y las emociones. Cosa que sigue obnubilando a los cientifistas y fisicalistas, quienes ven en el conjunto de las neurociencias, el "mesías" de la cosificación, que vendrá para salvarnos del místico mundo de lo ininteligible e inasible.
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Pero hasta la misma neurociencia, acaba de convalidar ésta realidad, mediante sendos experimentos donde el conejito de indias era el propio cerebro humano. Se detectó que existe un retardo de milésimas de segundo entre lo que sentimos y lo que decidimos conscientemente ante determinados estímulos o hechos. Y así como las ondas sonoras viajan muy lento respecto de la luz o fotones, lo mismo sucede en nuestro cerebro. Incluso podemos percibir cosas extrasensoriales, por así decirlo, o detectar la presencia de otros seres vivos o cosas, antes de que podamos verlos, tocarlos, olerlos, degustarlos u oírlos.
Pero además tenemos el don natural de la intuición, que nos lleva a sentir el peligro o el miedo mucho antes de que hayamos tomado contacto con la acción, hecho o percepción consciente. Podemos siendo muy niños, incluso llegar a intuir nuestra manera de morir, sin claro, que podamos probarlo, ser escuchados, o recordarlo de grande. Y en caso de recordarlo, darle el asidero que merece, tan solo porque los adultos fuimos formados para no creer en la imaginación del niño, y de muchos estereotipos mas.
Por favor os ruego, que la sinceridad no sea motivo de división. La didáctica y la pedagogía moderna, muy especialmente a nivel universitario equivale a la mitología de antaño. Ambas son formas de mitificar la existencia humana. Solo los diferencia el arquetipo formal que imprime el Estado en la primera. Los mediocres edifican los mitos, y los inteligentes los derriban. Me inquieta el plectro y los nombres escritos con mayúscula, siendo sus proclamas falacia, cuño heráldico en el desdén, ¡cuanta pervicacia!. Los dogmáticos idealistas viven encolumnados detrás de un proyecto. Las minorías excelentes, en cambio, son aquellos que siempre van por delante de sus resultados.