Siempre fui uno de esos hombres que enamoraban a las mujeres ofreciendo su corazón en ello, pero al ser un corazón que no fue construido por empatia, cariño, respeto y muchos materiales valiosos de esos que ya no se usan, terminaba aburriéndome y tirando el cariño que me habían ofrecido al cesto de basura. Conoce, usa, desecha, si pudiera tener el pecho abierto seguro que vería ese tatuaje latir.


Que tan mala suerte tenían esas mujeres que fui el primero que las llevo a todas a pasearse por el cielo y que de un día para otro recibían una notificación vía correo donde sus servicios como amantes ya no eran requeridos.

Seriamente heridas unas por dolor y otras por orgullo se convertían en eso que odiaban copias de mi mismo con la metodología idéntica y gradualmente transformadas por mi indiferencia en sus conquistas que hacían llegar a mis oídos, tomaban a la liebre mas inocente de su colección para entregarles su vida no sin antes advertirles que tendrían que abrir el camino retirando las espinas y los grandes pedazos de roca que una vez formaban parte de su corazón los cuales cayeron al romperse dejando obstaculizado el paso hacia la entrega completa de su ser.

Me sorprendía que hubo personas que sabiéndolo seguían en su camino hasta terminar el trabajo y quedarse en esos lugares remodelados con sus actos de resistencia y cariño aun heridos por las flechas de castigo e indiferencia tiradas a quemarropa. Más las vidas de esas mujeres nunca me importaron ni antes ni despues de su historia conmigo, pero ahora viven felices víctimas de su propia trampa hacia esos hombres que cumplieron los requisitos y ellas sin anticiparlo quedaron mas enamoradas que cuando su ilusión era mi persona.


Nunca me arrepentí de lo que hice pero siempre admire a esos hombres que perdieron su dignidad día tras día hasta convertirla en un simple camino hacia el amor de sus vidas cuya recompensa les quita el titulo de hombres humillados por mujeres despechadas o el otro titulo de platos de segunda mesa.

De vez en cuando me los encontraba por la calle y sin comprender porque me saludan como si me debieran la vida veía los ojos de sus hombres orgullosos, mirandome como diciendo mira lo que te perdiste, esta mujer ahora esta a mis pies y tu no pudiste tenerla, como si hubiera estado fuera de mi alcance volver cuando quisiera o al menos hasta el punto de me sigue importando el cual era definido por ellas.

De esos rastros de pasado solo podía decir que de ninguna manera podría soportar estar en esa situación por la que pasaron, aun y cuando se quedaron con lo que buscaban, no podría soportar estar a media cita y saber que de repente la mujer de la cual estaba buscando relacionarme lloraba por recordar que en un tiempo salimos y vivimos lo que ellos trataban de hacer, de crear ciertas situaciones románticas para les quedaran grabadas en sus recuerdos felices, pero ellos sabían que no eran lágrimas de felicidad y sabían cual era el origen de esas gotas de sangre derramadas sin querer.

Odio muchas cosas en la vida, una de ellas son las matemáticas, esas representaciones abstractas de las leyes del universo, odio esas formulas que bien estudiadas te dicen que la vida empieza en un punto y de pronto de una vuelta te deja en el punto contrario, del lado que no veías, con un gran signo negativo sobre tu cabeza.

Ahora he encontrado a una mujer que nunca vi sobre el radar pero que al descubrirla supe sin duda alguna y de una manera desconocida a mi persona, debía permanecer a mi lado porque es esa pieza del rompecabezas que me permite ver la imagen final y me hace querer enterrar a esa persona imperfecta y vergonzosa que he sido desde que rompí la primera carta de amor frente a los ojos de su autora.

Tal y como lo adivinas, ella tuvo una primer ilusión, una primer sonrisa permanente y una primer aliada invisible que la despertaba temprano sacudiendo las ganas de quedarse en cama porque definitivamente ver a su amado era la mejor sensación del mundo.

Me he acercado a ella y en principio me dejaba ver ese esfuerzo realizado para encajar con mis cumplidos, con mis intentos de hacerla sentir feliz y por dejarle las ganas de quedarse conmigo, pero a mitad del camino me vi en el punto B de la historia que yo generaba con mis anteriores amores, veía el dolor de no estar junto a otra persona a quien anhelaba y me lo dejaba ver de vez en cuando tal vez con la esperanza de claudicar en mis intentos a todas luces vanos por ocupar el molde de un corazón que se fue de viaje en busca de otras aventuras.

Con ella me doy cuenta que puedo dar mas cariño de lo que imagine, el que anteriormente daba me parecía un 100 por ciento y ahora no me parece ni el 10, pero la falta de efectividad en ese cariño es la que definitivamente me noquea mas y mas fuerte.
Que maldita fuerza de gravedad es esta que no me permite apartarme del camino, aun sabiendo que el cariño que pareciera demostrarme esta en realidad hecha de cartón y demás insumos desechables.
Que maldita fuerza de gravedad es esta que no me permite apartarme del camino, aun sabiendo que el cariño que pareciera demostrarme esta en realidad hecha de cartón y demás insumos desechables.

Aun no he terminado de convencerla y seguramente quitar a ese hombre de todas maneras dejará una mancha que se hará imperceptible de aquí a cien años. Que dolorosa es esa linea que no me deja ni adentro ni afuera del vagón, y que pareciera mas que me van a lanzar del tren que dejarme viajar en el.

De alguna manera esta no es una carta de disculpa ni de arrepentimiento, solo una nota que dejare por aquí para recordarme en unos años que ha veces las cosas se dan y que los finales felices solo existen en los cuentos a conveniencia de las ventas de sus libros, de sus fans deseosos por entretenimiento que los distraiga de sus finales tristes y de por supuesto la imaginación que quiere engañar a nuestro cerebro dejandonos en el lugar de los actores en sus vidas eternas.
