Escrito por Lic Ramón D. Peralta
No puede concebirse la fuerza del kirchnerismo sin la enfermedad. No en vano los hombres más peligrosos son los que tienen una salud afectada. El "navío" de los países, según la historia, han sido timoneado por hombres que se toman el pulso constantemente, según diría el amigo Ciorán . Y para un capitán que se le hunde el barco en puerto firme, la cosa se torna mas que preocupante. Si "insólito" fuera un país, sería éste, el de Argentina con Cristina, aunque sin ella tampoco perdería su estandarte. El kirchnerismo fue una linda ilusión mientras nos permitimos la esperanza, pero luego de diez años en el gobierno, hace falta renovar esa fe, esa devoción por lo inmaterial, por lo intangible, por la utopía. Ya que sabemos que Argentina es un país sin moral, no nos queda otra que edificar abstracciones donde solo hay miseria humana. Ahora iremos por algo "distinto", por el edén, por el "arca de la alianza", que consiste es ir detrás de otro caudillo y por mas planes cortoplacistas y mágicos. Lo único verdaderamente sustentable en nuestro país, es la corrupción, la ignorancia, el dogmatismo y la estupidez, dentro de esto pidan todo, por fuera, la nada. Forster, no te enojes.
Me he elevado en la misantropía de manera tan vehemente, que he decidido prescindir de mi mismo, clausurar mi mente, so ya no quiero decir "me arrepiento", tampoco auscultar el "me miento". Pero me sobra aliento para seguir en el desconcierto, trovador infame de una plegaria innata que se degrada cada vez que se repite, cada vez que se calla. He servido en mi vida a muchos tiranos y he esculpido mi falsa imagen en esa claudicación, en cada momento que me dejé ser,...argentino. Si esas renuncias extintas supiesen cuánto las he odiado, intentarían comprar un alma en cuotas, sólo para reírse socarronamente de mi presente ya olvidado. El dogma kirchnerista es un subterfugio de la locura y el que cae en sus redes marcha por un camino incierto rumbo a su propia angustia, su propia destrucción, su propia nada, para que luego todo deba ser amnesia en pos de volver a comenzar. Así es la vida del dogmático, del berrinche, de la pasión, del fanatismo, del desenfreno, del hincha de fútbol. A pesar de ello, tenemos fundamentalismo y totalitarismo para rato, pues a falta de Cristina, bueno serán otros caudillos. ¿Aprobará Forster, éste, mi "pensamiento nacional"?
No puede concebirse la fuerza del kirchnerismo sin la enfermedad. No en vano los hombres más peligrosos son los que tienen una salud afectada. El "navío" de los países, según la historia, han sido timoneado por hombres que se toman el pulso constantemente, según diría el amigo Ciorán . Y para un capitán que se le hunde el barco en puerto firme, la cosa se torna mas que preocupante. Si "insólito" fuera un país, sería éste, el de Argentina con Cristina, aunque sin ella tampoco perdería su estandarte. El kirchnerismo fue una linda ilusión mientras nos permitimos la esperanza, pero luego de diez años en el gobierno, hace falta renovar esa fe, esa devoción por lo inmaterial, por lo intangible, por la utopía. Ya que sabemos que Argentina es un país sin moral, no nos queda otra que edificar abstracciones donde solo hay miseria humana. Ahora iremos por algo "distinto", por el edén, por el "arca de la alianza", que consiste es ir detrás de otro caudillo y por mas planes cortoplacistas y mágicos. Lo único verdaderamente sustentable en nuestro país, es la corrupción, la ignorancia, el dogmatismo y la estupidez, dentro de esto pidan todo, por fuera, la nada. Forster, no te enojes.
Me he elevado en la misantropía de manera tan vehemente, que he decidido prescindir de mi mismo, clausurar mi mente, so ya no quiero decir "me arrepiento", tampoco auscultar el "me miento". Pero me sobra aliento para seguir en el desconcierto, trovador infame de una plegaria innata que se degrada cada vez que se repite, cada vez que se calla. He servido en mi vida a muchos tiranos y he esculpido mi falsa imagen en esa claudicación, en cada momento que me dejé ser,...argentino. Si esas renuncias extintas supiesen cuánto las he odiado, intentarían comprar un alma en cuotas, sólo para reírse socarronamente de mi presente ya olvidado. El dogma kirchnerista es un subterfugio de la locura y el que cae en sus redes marcha por un camino incierto rumbo a su propia angustia, su propia destrucción, su propia nada, para que luego todo deba ser amnesia en pos de volver a comenzar. Así es la vida del dogmático, del berrinche, de la pasión, del fanatismo, del desenfreno, del hincha de fútbol. A pesar de ello, tenemos fundamentalismo y totalitarismo para rato, pues a falta de Cristina, bueno serán otros caudillos. ¿Aprobará Forster, éste, mi "pensamiento nacional"?