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BIENVENIDOS A ESTE PEQUEÑO POST: HOY OS INVITO A LEER UN LIBRO, "HOMBRES Y ENGRANAJES" DE ERNESTO SABATO (IMAGEN); UN LIBRO EN EL QUE EL AUTOR ANALIZA LA CRISIS QUE ATRAVIESA LA CULTURA, LA DESPERSONALIZACION Y LA FALTA DE SOLIDARIDAD. EL TEXTO AFIRMA CON VALENTÍA QUE LOS AVANCES DE LA CIENCIA Y LA TÉCNICA HAN TRANSFORMADO AL HOMBRE EN SIMPLE ENGRANAJE DE UNA MAQUINA DE PRODUCIR Y CONSUMIR. LA DRAMÁTICA PREOCUPACIÓN POR LO ECONÓMICO, LA CRECIENTE IDOLATRÍA DE LA TÉCNICA Y LA EXPLOTACIÓN DEL HOMBRE POR EL HOMBRE LLEVAN INEXORABLEMENTE A LA MASIFICACION, AL DESPRECIO DE LAS EMOCIONES, Y LA INTOLERANCIA GLOBALIZADA, A LA PERDIDA DE IDENTIDAD Y AL CAOS CULTURAL DEJO AQUI DOS DE LOS TANTOS ANALISIS DEL LIBRO "HOMBRES Y ENGRANAJES" LA GRAN ILUSIÓN DEL PROGRESO El avance de la técnica hizo nacer el dogma del Progreso General e Ilimitado, la doctrina del better-and-bigger. Todo lo que era tinieblas, desde el miedo hasta la peste, iba a ser iluminado por la Ciencia. No importaba que algunas zonas de la realidad, como la social, presentara todavía aspectos desagradables: la Razón y los Inventos encontrarían la forma de resolver esas dificultades, ya se dominarían las fuerzas de la sociedad como se habían dominado las de la naturaleza. En el siglo XIX el entusiasmo llegó al colmo: por un lado la electricidad y la máquina de vapor manifestaban el ilimitado poder del hombre; por el otro, la doctrina de Darwin venía a confirmar la idea general del progreso. ¿No éramos superiores al mono? Al Hombre Futuro le esperaba, pues, un porvenir aun más brillante. La teoría parecía ser un decisivo ataque a la ortodoxia cristiana y a la fábula de la creación en seis días, inadvirtiendo que a Dios tanto le costaba crear al mundo con fósiles como sin fósiles. ¿No habría deseado poner a prueba la fe de los hombres distribuyendo aquí y allá esqueletos de megaterios? El auge de la doctrina fue tan violento que amenazó la hegemonía de su hermano mayor, el mecanicismo: ahora hasta la historia y la filosofía sufrían la influencia del biologismo. Los pueblos nacían, se desarrollaban y morían. Las lenguas tenían relaciones filiales o fraternales. Las palabras luchaban por la vida y sobrevivían las más aptas. Durante bastante tiempo, los lingüistas, perplejos y ansiosos, vacilaron entre los fonógrafos y los monos. El último efecto de esta doctrina en la mentalidad de los hombres fue el racismo de Hitler. Pero esta implicación no fue prevista por aquellos liberales. El dogma del Progreso fue la fase final del largo proceso de secularización iniciado en Occidente a partir de las Cruzadas: la secularización del propio sentimiento religioso. Porque esto fue una especie de religión laica, hecha sobre la base de moralidad burguesa, de culto para la Razón y la Fraternidad, de creencia en una Humanidad Mejor. De aquel tiempo proviene ese tipo de cientista que cree en la unificación de los hombres mediante la Ciencia, aunque hasta hoy no haya servido más que para mutua destrucción. Esa clase de cientistas que, horrorizados ante los efectos de la bomba atómica —que al fin de cuentas ha sido inventada por ellos— preconizan la unión de los pueblos sobre la base de la tolerancia y el bienestar colectivo. Pero estos cándidos sabios son más eficaces en la fabricación de la bomba que en la realización de esa utopía donde al parecer el lobo estaría al lado del cordero escuchando una clase de Electrónica. Estos sabios son los últimos ejemplares de esa paradójica religión mundana, que también ha tenido su fariseísmo y su clericalismo. No obstante, lo más sorprendente es que durante tanto tiempo se haya podido creer en esta religión. Es fácil, en efecto, probar la superioridad del avión sobre la carreta, pero ¿cómo demostrar el progreso moral o político? Comte y Spencer expresaron la doctrina en forma bastante abstracta, pero, en el fondo, como observa Aldous Huxley, se reducían a suponer que las personas con sombrero de copa queviajan en ferrocarril son incapaces de perpetrar las cosas que los turcos hicieron a los armenios en los tenebrosos tiempos que precedieron al descubrimiento de la Máquina de Vapor. Comte fue el inventor de la palabra altruismo, e imaginó que las guerras se harían más raras con el avance de la ciencia y que la industria aseguraría la paz y la felicidad universales. En cuanto al ingeniero Spencer, fue el filósofo de la evolución y del liberalismo: su sistema parte de la nebulosa primitiva y termina en las instituciones sociales más perfeccionadas. EL PARAÍSO MECANIZADO Los Estados Unidos son el resultado directo y puro de la expansión europea, que pudo realizarse sin trabas espaciales ni tradicionales en el vasto territorio virgen de la América septentrional. Allí surgieron de la nada ciudades, que desde su mismo origen tuvieron el sello de la cantidad y del funcionalismo. Así se convirtió en el país de las fabricaciones en serie, de las diversiones en serie, de los asesinatos en serie: hasta las románticas bandas de forajidos sicilianos se convertían en sindicatos capitalistas. Hombres que habitaban en "máquinas de vivir" construidas en ciudades dominadas por los tubos electrónicos han inventado esa extraña ciencia que se llama cibernética, que rige la fisiología de los "cerebros electrónicos" y que, en días próximos, servirá para controlar los ejércitos de robots. En ese país no sólo se ha llegado a medir los colores y olores sino los sentimientos y emociones. Y esas medidas, convenientemente tabuladas, han sido puestas al servicio de las empresas mercantiles. En un libro titulado Cómo anunciar para vender, de W. B. Dygert, aparece una tabla en que se clasifica entre O y 10 el poder de atracción de los anuncios, según los sentimientos que utilizan: Hambre: 9,2 Amor a los hijos: 9,1 Atracción sexual: 8,9 Afecto a los padres: 8,9 Respeto a Dios: 7,1 Cordialidad: 6,5 Temor: 6,2 Los medios se transforman en fines. El reloj, que surgió para ayudar al hombre, se ha convertido hoy en un instrumento para torturarlo. Antes, cuando se sentía hambre se echaba una mirada al reloj para ver qué hora era; ahora se lo consulta para saber si tenemos hambre. La velocidad de nuestra comunicaciones ha valorizado hasta las fracciones de minuto y ha convertido al hombre en un enloquecido muñeco que depende de la marcha del segundero. Los teóricos del maquinismo sostuvieron que la máquina, al liberar al hombre de las tareas manuales, dejaría más tiempo libre para las actividades del espíritu. En la práctica las cosas resultaron al revés y cada día disponemos de menos tiempo. Los patronos, o el Estado Patrono, buscaron la forma de aumentar el rendimiento mediante la densificación de la labor humana: cada segundo, cada movimiento del operario, fue aprovechado al máximo, y el hombre quedó finalmente convertido en un engranaje más de la gran maquinaria. No nos engañemos sobre la posibilidad de escapar a este destino, mientras subsista la mentalidad maquinista. Si en muchas regiones no se llegó aún a estos extremos es, simplemente, porque no hubo el tiempo suficiente. Este es el caso de la India, la China y algunos países de Sud América, en que el tiempo sigue corriendo "naturalmente", porque esa mentalidad no ha llegado a dominar todavía en forma total. Aquí mismoen nuestra campaña, en algunas provincias andinas o serranas, impera aún ese sentido feudal del tiempo y del ocio, en que los hombres se rigen por el ritmo natural de los astros y estaciones: y somos desganados y criollos en el espejo y el mate compartido mide horas vanas, dice Borges. Yo mismo todavía recuerdo lo que era la pampa de mi niñez, la diferencia entre nosotros los europeos y los "hijos del país", para quienes el tiempo no existía sino para "matarlo", para vivir tranquilo y despreocupado, para maldecirnos a los gringos que habíamos venido con nuestras fábricas y relojes. Pero todo esto son restos menguantes de una época condenada. Los versos de Borges son más la expresión de su romántica añoranza que de su realidad, porque él mismo vive en la enloquecida Buenos Aires y toma té. En nuestras grandes ciudades desapareció ya esa sensación del tiempo cósmico: nuestros altos edificios nos impiden seguir el crecimiento y el decrecimiento de la luna, la marcha de las constelaciones, la salida y la puesta del sol Y AQUI EL LIBRO ENTERO : https://n-1.cc/file/download/713372 BIO: Ernesto Sábato nació en Rojas y se convirtió en unos de los escritores más importantes de la Argentina. Se doctoró en Física e inició una prometedora carrera como investigador científico en París, donde había ido becado para trabajar en el célebre Laboratorio Curie, pero cuando descubrió el poder de las palabras, se entregó por completo a la literatura. Comienza a escribir sus ensayos, donde critica duramente a la Ciencia, el racionalismo y el fetichismo tecnocrátrico. En 1947 bosqueja una primera versión de "El Túnel", que será publicada en 1948. En los años siguientes, sus novelas y ensayos son traducidos a diversos idiomas y adaptados al cine. Alguno de sus escritos son realmente polémicos, lo que le trae muchos problemas. Fue Ministro de Relaciones Exteriores, durante el gobierno de Arturo Frondizi, cargo que más tarde abandonó. Fue condecorado con diversos premios; reconocido por Universidades; lo nombran ciudadano ilustre de las ciudades más importantes. En 1961 publica su segunda novela, "Sobre héroes y tumbas", que tendrá un resonante éxito y le dará renombre internacional. Después de la guerra de Malvinas, el derrocamiento de la dictadura y con la elección democrática del gobierno, Ernesto Sábato es nombrado Presidente de la CoNaDeP. Fruto de las tareas de dicha comisión, nace el libro "Nunca Más", conocido como "Informe Sábato" en el que se describen las atrocidades cometidas durante este ese periodo y se analizan las "desapariciones" que se produjeron. Recibe el Premio Cervantes el año 1984. Ese mismo año es galardonado con el Premio Gabriela Mistral de la Organización de los Estados Americanos en Washington. En 1999 publicó sus memorias con el título de "Antes del Fin". El 25 de junio de 2010 lo homenajearon en su cumpleaños 99. De la ceremonia, en la Casa de la Provincia de Buenos Aires, participaron el gobernador Daniel Scioli, la periodista Julia Constenla, el presidente del Instituto Cultural, Carlos D’Amico, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y Pacho O’Donnell. El premio fue recibido por su hijo Mario Sábato, autor, además, del documental “Ernesto Sábato, mi padre”. Sábato no estuvo en el homenaje.
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