Theia, el objeto que chocó contra la Tierra
La teoría más aceptada sobre la formación de la Luna dice que esta se originó a partir del impacto contra la Tierra de un cuerpo del tamaño de Marte, bautizado con el nombre de Theia, hace unos 4.500 millones de años. La colisión, de dimensiones inimaginables y probablemente la más grande que ha sufrido nuestro planeta, provocó una enorme cantidad de escombros que salieron disparados al espacio. Esa nube de residuos se fue uniendo hasta dar forma a nuestro satélite natural.
Un quinto planeta gigante expulsado
El astrónomo David Nesvorny explica en un artículo publicado en The Astrophysical Journal Letters que un quinto planeta gigante pudo ser expulsado del Sistema Solar durante los 600 primeros millones de años de su existencia, y que esa expulsión pudo colocar a la Tierra en el único lugar favorable para la vida.
Los datos manejados por los investigadores sugieren que las órbitas de los planetas gigantes (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) resultaron afectadas por una «inestabilidad dinámica» cuando nuestro Sistema Solar tenía unas ocho veces menos de su edad actual. Como resultado, tanto los planetas gigantes como una multitud de cuerpos menores se dispersaron.
Algunos de esos cuerpos menores migraron a las regiones exteriores del sistema, hacia el cinturón de Kuiper, mientras que muchos otros se precipitaron hacia el interior, provocando una gran oleada de impactos contra los planetas rocosos y la Luna. También los planetas gigantes se movieron. Júpiter, por ejemplo, expulsó un gran número de cuerpos rocosos al mismo tiempo que se movía hacia el interior de nuestro sistema planetario. Nesvorny cree que, en efecto, ese quinto planeta misterioso fue expulsado del Sistema Solar por Júpiter.
Vulcano, dentro de la órbita de Mercurio
El matemático francés Urbain Le Verrier sugirió a mediados del siglo XIX que un misterioso planeta llamado Vulcano existía dentro de la órbita de Mercurio, lo que provocaba desviaciones en su movimiento. Una serie de manchas sospechosas observadas en el Sol parecían desvelar su tránsito y el planeta se buscó insistentemente durante un eclipse total. Después de la muerte de Le Verrier, sus colegas siguieron con la búsqueda en distintos eclipses solares (uno de ellos visto desde España) y algunos, como Lewis Swift, creyeron detectarlo, aunque en posiciones diferentes. Después, nadie volvió a verlo.
El planeta X, más allá de Plutón
Otro mundo hipotético es «Tyche»o «Planeta X», un gigantesco cuerpo celeste, mayor que Saturno, que algunos científicos creen que podría encontrarse más lejos de Plutón. La existencia de este objeto fue propuesta hace años por los astrofísicos John Matese y Daniel Whitmire, que creen que su presencia explicaría la inusual órbita de algunos cometas que se originan en la nube de Oort. Sin embargo, el explorador WISE de la NASA, que cubre todo el cielo en luz infrarroja, lo ha buscado sin ningún resultado.
El nuevo estudio de WISE pone en evidencia estas hipótesis. Los astrofísicos que han analizado los datos del observatorio aseguran que ningún objeto igual o más grande que Saturno se encuentra a una distancia de 10.000 unidades astronómicas (UA) -una UA, la distancia media entre la Tierra y el Sol, son 149 millones de kilómetros- ni que ningún objeto más grande que Júpiter se encuentra a 26.000 UA.
Faetón, entre Marte y Júpiter
Los astrónomos de principios del siglo XIX seguían a pie juntillas la «ley de Bode», que relaciona la distancia de los planetas al Sol, por lo que estaban convencidos de que un quinto mundo tuvo que existir alguna vez en la órbita entre Marte y Júpiter. Después de que las rocas Ceres (ahora considerada planeta enano) y Palas fueran encontradas en el cinturón de asteroides, el astrónomo Heinrich Wilhelm Matthäus Olbers llegó a la conclusión de que estos objetos eran fragmentos de ese mundo, el hipotético Faetón. El descubrimiento posterior de los asteroides Juno y Vesta no hizo más que reforzar la teoría.
Según esa hipótesis, Faetón fue destruido por algún desastre, como el choque con otro cuerpo celeste, un acercamiento demasiado atrevido a Júpiter o una explosión interna.