InicioApuntes Y MonografiasCuando Savio detuvo a Mosconi
Si bien el golpe que derrocó a Yrigoyen marcó el retorno conservador, también demostró el fin de un modelo económico. En adelante se operaría una alianza político-militar impulsando la industrialización del país. Savio ocuparía un lugar en ese escenario




Se sabe que fue un impulsor del desarrollo industrial argentino, desde la creación de Fabricaciones Militares a los Altos Hornos y SOMISA. Sin embargo, se conocen menos su conducta personal y sus desventuras políticas, frustrado por tener que acompañar movimientos dudosos, decisiones desafortunadas y proyectos personalistas.
Entre 1928 y 1930 comienzan a precipitarse las divergencias entre los sectores conservadores y el gobierno del presidente Hipólito Yrigoyen, que perdía su sustento político: “no hay una correlación claramente definida entre los orígenes sociales y las actitudes políticas en la crisis de 1930”, explica el historiador Robert Potash. José Félix Uriburu y Agustín P. Justo, ambos interesados en derrocar a Yrigoyen, tienen intereses tradicionalistas y el golpe de Estado se gesta con un contenido de reacción al “populismo de clase media” representado por el yrigoyenismo. Sin embargo, entre los miembros destacados de las filas militares golpistas aparecen apellidos de hijos de inmigrantes italianos como Emilio Faccione, Juan Pistarini, Pedro Rocca y Manuel Savio, todos bajo la jefatura de Uriburu.
En diciembre de 1929, Savio había ascendido a teniente coronel. El 6 de septiembre de 1930 comienza el levantamiento contra el gobierno yrigoyenista. Savio participa de este movimiento con la función de “Jefe Revolucionario de la sección Informaciones y Ordenes del Estado Mayor”. Es entonces cuando su destino se cruza de manera inesperada con el de otro general que representaba su misma línea de pensamiento: Enrique Mosconi.
Según cuenta Rogelio García Lupo, la casualidad hizo que el encargado de arrestar al general Mosconi fuera el joven teniente coronel Savio: “en un sentido estricto, ni Mosconi era yrigoyenista ni Savio uriburista, pero la vida de los dos quedaría marcada para siempre por la quiebra del orden constitucional en 1930”. Savio tenía entonces 38 años y se encontraba en un fulgurante ascenso de su carrera. Mosconi, con 53, estaba en la cima, aunque golpeado por las circunstancias políticas y bajo la mira de los grupos de poder que venían a cobrarse varias facturas.
Si bien su dedicación a la vida académica e institucional dentro del ejército lo había mantenido alejado de cuestiones más íntimamente relacionadas con la política, Savio entiende que su desempeño en ese momento histórico era decisivo para el futuro de su país y de sus proyectos. Así lo retratará años después el general Juan Guglialmelli en la revista Estrategia: “Había entendido su gran obra política, exenta de estridencia ni oropel barato: propiciar y practicar la participación del ejército en la modificación de la estructura económico social del país a través de la exploración y explotación de los recursos básicos y del desarrollo de las industrias pesadas.
Una faena, en síntesis, singular y fundamental, ya que hacía, nada más y nada menos, que a la real y efectiva liberación nacional al atacar en un área clave del quehacer nacional: lo económico”.
Apenas instalada la dictadura de Uriburu, Savio pide la creación de la Escuela Superior Técnica (EST), que funcionaría como contraparte de la Escuela Superior de Guerra. En ella se educaba a ingenieros militares y se originaban los esfuerzos para el desarrollo de la industria de armamentos, incluida la producción de aviones. Savio se encargaría de convertirla en el centro de estudios de los problemas técnicos relacionados con el desarrollo de la industria pesada y en promotora de doctrinas nacionalistas en el seno del Ejército.
La EST aparece como el primer paso de lo que sería para él un proyecto largamente acariciado: “preparar y disponer del recurso humano necesario para un programa de industrialización que habría de concretar, en etapas sucesivas, con el correr de los años. Un proyecto que no sería fácil, pero que llevaría adelante con cuidado y tozuda perseverancia”5. En 1960, la EST adquiere nivel universitario y en 1971 se la pasaría a llamar “General Manuel Savio”.
Aunque el golpe de Uriburu facilitó el retorno de los conservadores, también estaba expresando el agotamiento de una estructura económica cuyos actores principales precisaban adaptar a las necesidades de un proceso de industrialización que impulsaba una nueva alianza política entre militares y grupos dirigentes. Es así como se consolida la posición de Savio en un gobierno en el que sus posiciones generaban más molestias y prevenciones que adhesión entusiasta.

Los militares entendían la situación, pero muchos no creían que la explotación metalúrgica fuera responsabilidad del Ejército.

En 1933, con la Escuela en funcionamiento, Savio se hace cargo de la materia Movilización Industrial, que era el objetivo de la EST. Para Savio la preparación de la movilización exige un amplio conocimiento del potencial del país y la “organización científica de las fuerzas vivas”: “Un plan industrial es indispensable en la paz, lo que pasa a construir un mayor grado de apresto para la eventualidad de un conflicto”, explicaba Savio, por aquel entonces, en sus clases.
Sin duda, frases como ésta dejan traslucir el temor a nuevos conflictos armados, generado por la situación mundial de guerras civiles, revoluciones sociales, el ascenso de los movimientos nazifascistas y los regímenes autoritarios, y por la cercanía que había tenido con el fin de la Primera Guerra mundial, que despertaba las inquietudes por el advenimiento de una aún más terrible y gigantesca conflagración.
Se tornaba necesario invertir tiempo, dinero y mano de obra en la industria pesada, en la fabricación de armamento, decía la lógica militar. El miedo a que el país fuera atacado era apremiante. La guerra del Chaco en la frontera argentina, sumada a la ocupación de Manchuria por Japón, a la guerra civil española y a la guerra chino-japonesa, hacen pensar a los militares argentinos sobre la situación del país en temas de defensa nacional y sobre los planes de movilización industrial. El ánimo de los expertos parece decaer, sus conclusiones son pesimistas: “no es posible contar con suficiente stock de armas y municiones como para sostener una guerra, aún relativamente breve”. Pero el diagnóstico concluía en un reclamo de mayor presupuesto y asunción de una “estrategia de movilización integral para tiempos de guerra”.



Manuel Nicolás Savio (1892-1948) general de la Nación e ingeniero militar. Su gestión al frente de Fabricaciones Militares significó un impulso en la renovación de las fuerzas armadas.


Los militares percibían y entendían la situación, pero muchos de ellos no creían que la explotación metalúrgica fuera responsabilidad del Ejército. El Ejército se pensaba utilizando esas armas, pero no fabricándolas. Otros creían que las respuestas debía darlas el Estado: “Algunos militares piensan que el Estado debe tomar la iniciativa creando barreras aduaneras eficaces y empresas estatales o mixtas que permitirán alcanzar el fin deseado.” Otros tendían a mantenerse en la idea de que había que invertir en el fuerte tradicional del país: la producción agroganadera. A estos argumentos, que pretendían dar por tierra con las teorías de Savio, él respondía diciendo: “no hay seguridad ni defensa nacional desvinculadas de las industrias básicas, que sirviendo a la paz, al progreso pacífico, serán la garantía del país en caso de conflicto”.
Hoy son menos los que discuten que los países desarrollados alcanzaron ese estadio a partir de una decisiva participación estatal en la construcción de infraestructura y en condiciones propicias para la existencia de una industria de base. Esa discusión, sin embargo, sometió a la Argentina a una larga, crónica y estéril pulseada entre modelos de inserción agroexportadora y modelos de industrialización y sustitución de importaciones; disputas que terminaron por relegar a nuestro país en los mercados internacionales y lo introdujeron en una declinación de sus capacidades productivas que llega hasta nuestros días.


Cadetes del Colegio Militar preparados para reprimir el golpe de Estado en setiembre de 1930. En el ciclo siguiente, Savio crearía la Escuela Superior Técnica Militar.


Hábitos sencillos

Manuel Nicolás Aristóbulo Savio, nacido el 15 de marzo de 1892 en Capital Federal, hijo de inmigrantes italianos, cursó sus estudios secundarios en la Escuela de Graduados entre 1899 y 1904 y en el Colegio Nacional Buenos Aires, del que egresa en 1908 con el título de Bachiller.
Egresa del Colegio Militar dos años después, con el grado de subteniente en el arma de Ingeniería. Más tarde es destinado como Oficial al Batallón 1º de Ingenieros y en 1917 entra como instructor al Colegio Militar, bajo la dirección de Agustín P. Justo, que en 1918 opinaba de Savio: “El mejor alumno del curso sin dejar de atender al mismo tiempo la instrucción de los cadetes de su arma.”

Ni Mosconi era yrigoyenista ni Savio era uriburista, pero la vida de los dos quedaría marcada por la quiebra del orden constitucional en 1930.

En 1920, es designado profesor del curso de Metalurgia y Acción de Explosivos, del CMN. También en ese año fue ascendido al rango de capitán. En 1921 se casa con Alicia Dorrego, una maestra, hija de españoles a quien había conocido unos años antes. En 1922 ingresa a la Escuela Superior de Guerra y comienza una serie de viajes por Europa. En ese mismo año nace su primera hija María Alicia, cuatro años después María Matilde, la segunda, en Bruselas y al año siguiente, 1927, la tercera, Irena Inés. En 1936 es ascendido a Coronel y designado director de Fábricas Militares y cuatro años después queda al frente de la flamante Fabricaciones Militares. En 1942, es General de Brigada, en 1946 llega a General de División y un año después es designado presidente de SOMISA, principal acería del país de la que fuera su mentor e impulsor. Fallece, el 31 de julio de 1948, a los 56 años, dejando un legado tan invocado como escasamente imitado en los sectores dirigentes, militares y civiles. Los historiadores y cronistas lo describen como un hombre siempre modesto y accesible, de hábitos sencillos, y al que le gustaba recordar, orgulloso de sus orígenes que “este es un país en que el hijo de un inmigrante puede llegar a ser general de la Nación”.





José Félix Uriburu (1868-1932) y Agustín Pedro Justo (1876-1943).


Juan Guglialmelli (1917-1983) dirigió la Escuela de Altos Estudios del Ejército.


Torcuato Di Tella: en los ‘30 impulsó proyectos industriales para el país.


Ensayista García Lupo: el escenario militar, centro de sus investigaciones.



Amigo de Di Tella

Desde su gestión al frente de la Escuela Superior Técnica, Savio entabló relación con varios empresarios industriales metalúrgicos a fin de conseguir sustento financiero y político para sus proyectos industrialistas. Entre ellos resonaban los nombres de Torcuato Di Tella, dueño de SIAM (comenzó fabricando máquinas para hacer pan y luego se extendió a la construcción de surtidores de nafta para estaciones de servicio), con quien traba amistad, y Ernesto Tornquist, de Talmet (conjunto de talleres metalúrgicos). Este grupo de emprendedores, al que luego se fueron sumando más empresarios siderúrgicos, diseñaron varios proyectos para poner en marcha la industria básica del acero, lo cual permitiría resolver los inconvenientes de maquinaria que tanto afectaban los resultados de la producción. Pero como señala la historiadora Selva Echagüe, “...aún no estaban creadas las condiciones para que estas ideas fueran aceptadas por los que manejaban las decisiones”.

A partir de 1955 se empezó a marcar un corte, y hasta se podría decir un retroceso, en el proceso de industrialización del país.

A partir del derrumbe del gobierno de Perón (1955) se empezó a marcar un corte, y hasta se podría decir un retroceso, en el proceso de industrialización del país. El historiador Alain Rouquié lo explica de esta manera: “fue con la caída de Perón y la ‘desperonización’ de las instituciones militares, que significó un viraje de ciento ochenta grados, que el esfuerzo industrial dejó de ser una de las preocupaciones obligadas del ejército argentino”. También es cierto que la politización de las Fuerzas Armadas –fracturadas en bandos irreconciliables– y la militarización de la vida política habían hecho naufragar en antagonismos irreductibles las ideas y proyectos de una modernización del país que fuera de la mano de la democracia y la justicia social.
Datos archivados del Taringa! original
15puntos
102visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

c
Usuario
Puntos0
Posts42
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.