(Parte 2)
Las Tareas Con La Madera:
Ese proceso productivo pasaba por varias fases que se desarrollaban en tres escenarios distintos: el Monte, el Transporte y la Fábrica. Remontémonos a las primeras décadas del siglo pasado y saquemos toda la tecnología actual. Estos tres escenarios separaban tres grupos de trabajadores bien diferenciados: los obrajeros, los obreros y los empleados. Sin dudas es “el hombre”, que con su esfuerzo, sincroniza todos estos procesos. Gracias a los documentos escritos y a testimonios orales brindados por los mismos protagonistas, podemos hoy reconstruir una síntesis de los diferentes pasos que implicaba este asunto productivo de nuestros obrajes. Las características de estos establecimientos eran todas similares, con pequeñas variaciones. La explotación del quebracho colorado para la obtención del preciado "Oro Rojo" en la “fiebre del obraje”, comprendía un largo proceso que se iniciaba en los primeros golpes de machete en el monte y culminaba con el tanino ya elaborado y depositado en galpones, para luego ser distribuido embarcados y suplir las demandas mundiales. Abarcaban una fase forestal de extracción y acarreo de la madera, y un proceso semi industrial. El corte del árbol y el acarreo de los rollos se llevaban a cabo en su mayor parte, por medio de contratistas independientes que se encargaban de organizar y dirigir el laboreo de los montes. Todas las tareas del monte se realizaban con personal contratado. A cada contratista se le entregaba lote fiscal determinado, mediante la autorización emitida por autoridades del Estado Argentino. En Formosa estos montes generalmente estaban ubicados al costado de la vía, o en otros lugares donde “la veta era mayor”, como Palo Santo, que se alcanzó a utilizar la metodología ferroviaria de trocha angosta. El Decauville vertebraba el sistema de transporte interno de la explotación. El contratista llegaban a la zona, identificaban el lugar y comenzaban a buscar los sitios más convenientes para “encanchonar” (concentrar) la madera y para levantar así, su “ranchería”. Luego subdividía su monte en parcelas menores. Entregaba cada lote a un hachero o a un grupo de hacheros que se encargaban de la producción de rollizos y ramas gruesas. Cada hachero marcaba primero los límites de su lote y construía una rústica picada para los alzaprimas, de más o menos 3 o 4 mts., de ancho, que debía servir para sacar la madera elaborada.
La Picada: consistía en limpiar a golpes de machete y hacha los matorrales, arbustos, enre-daderas, cardos y todo tipo de malezas, hacer un camino del ancho de una yunta de bueyes de acceso al árbol volteado. Llegado al quebracho, el hachero, limpia la base del árbol y comienza su trabajo.
El volteo: era la operación más riesgosa y esforzada ya que se hacía con hacha o tronceadoras, esta última menos difundida pero sabemos que se usó en muchos obrajes. La tronceadora apro-vechaba el árbol casi al ras de la tierra, debía contar con la fuerza de dos hombres. Golpe a golpe, trata de vulnerar la resistencia del quebracho. En su ardua labor el hombre descansará, beberá un agua (medio fresca) de algún charco cercano, afilará su herramienta y continuará chac… chac… chac, abriendo el tajo de uno de los árboles más duros del mundo. La envergadura de los arboles es casi inimaginable hoy en día, pero existen registros de troncos de hasta 3 metros de diámetro con un peso de 12 toneladas (limpio). De algún recuerdo de hacheros podemos sumar que existieron ejemplares de quebracho que se les debió realizar 9 cortes en la circunferencia del tron-co, quedando como una punta de lápiz, para al fin someterlos al “volteo”. Con un fuerte sapucay, anunciará que el gigante está cayendo. El grito no solo expresa el triunfo, sino que también avisa a los despistados que el árbol se viene abajo. En un monte virgen, un hachero podía cortar y preparar hasta una tonelada de madera diaria y llegaba corrientemente a una producción promedio de 20 toneladas por mes. Una vez que el corpulento vegetal, está derribado, se quitan las ramas, dando inicio a continuación al laboreo de los “peladores”. Éste puede ser el mismo hachero, pero por cuestiones de precisión en el pelar, normalmente es tarea de otro tipo de hachero.
El pelado: consistía sacar a fuerza de hacha la cascara que tiene un espesor de 2 a 4 centímetros. El pelador está especializado en esa ocupación, que consiste en sacar la corteza blanca pegada al corazón del rollizo. El pelador adquiere una técnica especial que se basa en realizar cortes trans-versales y luego cortes longitudinales a veces tiene herramientas diferentes como machetes más anchos o hachas de mango corto, llamada “hachas colí”. De este proceso vuelan trozos en forma de tejas, y ese descarte queda a manos de las personas que las requieran, los llevan a los ranchos para el fuego del mate o la cocina de las señoras.
El transporte: la madera elaborada tenía diversas fases arrastrar, cargar, transportar (fletear).
a) Arrastre: Desde el lugar del volteo, los rollos eran arrastrados. Estos hombres, con yuntas de bueyes y “cadenas curiyú”, atan y remolcan al quebracho por la picada, previamente construida a los lugares adecuados para el acopio que se eligen con antelación por ser descampados donde los carros y bueyes, puedan hacer las maniobras necesarias para cargar. El obrajero dice “encanchonar” la madera. Seguramente se hace referencia a la cancha, o una cancha abierta. Era también el lugar donde se concentraban los carros, se lo denominaba carrerías. Las “Carrerías” debían estar en un lugar donde los elementales bueyes pudieran pastear, beber agua, o sea tener una fuente de agua cercana, llámese laguna, represa o poso calzado donde el boyero “baldeaba”. En esos lugares convivían los carreros y los bueyeros. Los bueyes como mencionamos se los desprendía de los carros para realizar el arrastre.
b) La Carga: hemos detallado anteriormente todas las maniobras que realizan los carrero y boyeros para alzar las maderas en sus medios de transporte
c) El Acarreo: consistía en transportar el producto elaborado a la playa de embarque, en nuestro caso ubicada en la estación del ferrocarril, de las distancias que se conocen que se transportaban varían de 10 o 15 leguas. Esta tarea se realizaba en la mayoría de los casos con los alzaprimas (2 ruedas) tirados por dos o tres yuntas de bueyes, obedeciendo del peso de la carga, hasta la plan-chada del ferrocarril. Las ramas aprovechables eran transportadas por separado, en carros tobas tiradas por mulas o bueyes, hasta la misma planchada del tren.
La Estación Km. 109 Del Ferrocarril.[/b]
Antiguamente las estaciones, llevaban estas singulares denominaciones, podían signarse como DESVIO, APEADERO o simplemente se la mencionaba por el número de estación. Ej. KM 109, KM 83 o KM 139.
Los trabajos que se desempeñaban en estos lugares estaban, exclusivamente a cargo de contratistas, y comprendían los siguientes momentos: Pesada: era la tarea de controlar el peso de los rollizos elaborados en el obraje para llevar un detallado registro, con cada una de las entregas por parte de los hacheros. Apilada: operación consistente en formar pilas de maderas, seleccionada de acuerdo a sus características (verde, ahuchados, sanos, campana, etc.) para que luego fueran transportadas. En nuestros territorio no se comercializaba el “raigón” pero muchos obrajeros que venían del Chaco contaban de las experiencias sacando el “raigón macho” del quebracho. Cargada: consistía en levantar los rollizos, a las chatas. En las estaciones de tren existía un singulares plumas por llamarlas de una forma, estos guinches no mecanizados funcionaban con contrapeso y con un fornido tronco que giraba sobre su eje, para darnos una idea era como una mesa de cuatro patas donde una de las patas giraba sobre su eje, de esta se disponía un travesaño que actuaba de pluma, con el contrapeso de otros troncos en el extremo contrario, todo un desafío dominar aquellos inmenso troncos. La pluma simplemente levantaba y giraba, acción simple y rápida para cargar o descargar los palos de la chata o vagones del ferrocarril. En las estaciones existían hombres encargados de aserrar la madera que se excedía del largo de las chatas, hombres que con tronceadora en mano alineaban el largo de los rollizos para que al enganchar el próximo vagón las puntas no entorpecieran la tarea de cargar. La última parte del traslado era realizada en el ferrocarril organizado por la empresa explotadora. Las locomotoras arrastraban en cada viaje de 15 a 20 vagones con menos de 10 toneladas de carga cada uno, a una velocidad media de 15 a 18 kms., por hora. Conducían la madera hasta la fábrica tanineras, que estaba instalada a orillas del río Paraguay. El ritmo de producción y entrega de rollizos de quebracho era irregular y discontinuo. Obedecía de las condiciones del tiempo y de los suelos. Disminuía y se paralizaba en los meses de lluvia, y se intensificaba en los periodos secos. Para compensar esas fluctuaciones y evitar interrupciones en la actividad industrial, las empresas mantenían en la "Playa de Fábrica" vecinas a las factorías, existencias de maderas suficientes para más o menos 6 meses de producción. (Actualmente esto es verificable en las reservas de Unitam SRL, allí pegado a la nuestra costanera capitalina). Al entrar en las fábricas, los rollizos eran sometidos a un proceso de trituración por medio de cilindros giratorios provistos de cuchillas y dientes de acero. El aserrín y las astillas pasaban por medio de cintas transportadoras a una zaranda que separaba las astillas mayores para una segunda molida. El aserrín elaborado era sometido luego a un proceso de cocción en agua hirviente que disolvía y separaba el contenido tánico del quebracho molido. En los primeros años, el desecho de aserrín y astillas que quedaba después del hervido, se usaba para alimentar las calderas que producían el vapor y la energía eléc-trica consumida en la fábrica. La solución acuosa de tanino así obtenida era concentrada por evaporación en cámaras al vacío, hasta convertirla en la pasta de tanino que era embolsada. Con el enfriamiento, el extracto asumía una textura marrón obscura, parecida a la del asfalto sólido. Ese era el producto final de la explotación, el extracto de quebracho o tanino que se destinaba principalmente a la exportación. Sólo una parte reducida de la producción se destinaba a usos locales para la elaboración de cueros en las curtiembres del país. La exportación se efectuaba en barcos de la propia empresa, que bajaban el río Paraguay y el Paraná hasta Buenos Aires, donde transbordaban su carga a las bodegas de ultramar. Por mucho tiempo, el tanino pasó a ser uno de los renglones más importantes y regulares de las renta provincia. Durante casi siete décadas continuas, las firmas multinacionales -bajo la protección argentina- que se establecieron en la región ejercieron el monopolio mundial de la producción y exportación del extracto de quebracho. Este monopolio desapareció más tarde, en el curso de la segunda mitad de la década de 1940, con la competencia de los curtientes químicos y la elaboración de la mimosa en el norte de África. La importancia de los curtientes naturales disminuyó aún más con la producción posterior de los plásticos y los cueros sintéticos. La mayoría de las empresas instaladas entraron en un penoso proceso de liquidación. Quedaron en el litoral argentino fábricas de tanino desmanteladas, mecanismos y máquinas desmontadas, vías férreas inutilizadas, y estaciones en las que ya no se detenía ningún tren. Mucha de esta secuencia esplendorosa y desastrosa, convive con el nacimiento de nuestros pueblos del interior, la fiesta que causó el tanino, ya se terminó. En nuestra zona se acabó el quebracho; con ella el tren y todo los que ellos significaba. Mirando retrospectivamente, resulta inexplicable que, siendo el país uno de los mayores productores de tanino y un gran productor de cuero crudo, no se haya encarado inicialmente la exportación de cueros curtidos y/o de artículos elaborados de cuero, que hubieran dejado a la economía nacional un beneficio considerablemente mayor.
En los años 30 del siglo XX
Apelando aquí a la imaginación y viajemos en el tiempo: Onagaik forzudo nativo Pilagá, se procura el alimento en la zona norte de Pirané. Consigue emplearse en una caravana de alzaprimas quebrachera. Era invierno oscurecía temprano, y la carrería ocupaba la estufa de los pobres como calefactor y guía. Haciendo el trayecto Norte Sur bajaban desde las cercanías del Ibagay hasta la estación del Km 109. Al atardecer, luego de todo un día de viaje, los carreros alzaprimeros buscan un lugar alto donde pasar la noche. Encienden un fuego, toman unos mates, verifican el buen estado de sus animales y luego cuando ya las estrellas iluminan más que la luz de la fogata, tira unos trapos y cueros y se duermen. Rubén – en patrón - está en eso; contando por enésima vez las estrellas ¡Son tantas! Allí en la costa del estero, donde se magnifican porque la visión no tiene límites. Sin embargo Onagaik advierte una luz que no ha visto antes: es rara, blanca grande y no titila. Es más. Parece que se acerca. El individuo se incorpora. No puede creerlo, pero en la oscuridad de la noche, es una estrella que se le viene encima… ¡y hace ruido! Un sonido, rechinante, como de zumbido, que se vuelve atronador. Y la luz cada vez más intensa y sus ojos que no pueden desprenderse de ella, su boca abierta y sus piernas como enterradas al suelo. De repente toda la escena el fogón, algún perro flaco, los alzaprimas, los bueyes desesperados, todo se ilumina enceguecedoramente, se siente un horrible silbido y en medio de un traqueteo infernal de polvareda, pastos y algunos arbolitos arrastrados por el viento, la bestia pasa a veinte metros de Onagaik que permanece quieto como estatua, mudo, con los ojos tan abiertos como si el alma se asomara por ellos. Fueron instantes, pero él jura que fueron horas, que media leguas de largo y…El vano los demás carreros, entre risotadas explicaran que no se trata de “Payak” en busca de su hijo. En todo caso comprenderá más tarde que lo que buscaba el ferrocarril eran los rollizos de quebracho. Antes que las primeras locomotoras a vapor hicieran disparar a los carpinchos, también alarmó a los paisanos, pero quien más lo sufrió – en silencio - fue el alma y la sangre del quebracho.
Para dar una magnitud del comercio del quebracho, aislamos algunos datos de los libros Copiado-res de Notas Enviadas y de Actas de Comisión de Fomento de Pirané (que ya los tenemos digitali-zados). Allí podemos observar: según en el Acta Nº 80 de fecha: 27 de septiembre de 1938, en reunión, se lee el decreto 4640 entregado a esa Comisión de Fomento por el Sr. Jefe de Bosques de Formosa, Sr. Waisman, donde consta que se podía vender la madera que se encontrara en la calles y caminos, por tal razón se inician gestiones con el Sr. Barrios Silvestre (Jefe de bosque local) y la Compañía Argentina de Quebracho “Marca Formosa S.A.” para comenzar ese trabajo. ( La H.C. Fomento comenta que estaba empeñada en la apertura de calles lo que generaría algunos vagones de rollizos, leña pelada que pagarían puesto en fábrica). Por nota el Sr. Barrios Silvestre comunica la aceptación de los trabajos para sacar la madera del ejido urbano según las siguientes clausulas: A) entregar en 45 días, 90 toneladas de rollizo de quebracho colorado, libre de raíces, podreduras, o quemado. El explote de la parte más delgada 20 cm. de diámetro. B) Treinta toneladas de trocillos de quebracho colorado, fresco, raigón, de 10 cm. En la parte más fina y 20 en la parte más gruesa, de 1 metro a 1,50 como largo máximo. C) Estas cantidades serán entregadas bajo guinche (rollizos) y sobre wagón (leña pelada).
El 6 de Octubre de 1938 se envía nota a la Compañía Argentina de Quebracho “Marca Formosa S.A.”, informando el comienzo de las tareas de extracción de madera. Por Nº 413 de fecha: 17 de Octubre de 1938 se comunica al gobernador Federico Zambianchi que de acuerdo al decreto 4640 del 18 de mayo, se está procediendo a la elaboración de rollizos y trocillos de quebracho colorado que se encuentran en la calle de este pueblo y se ha cerrado trato con la Compañía Argentina de Quebracho Marca Formosa de Formosa Capital. Por nota Nº 414 de fecha: 20 de Octubre de 1938 se requiere a la “Sociedad Explotadora Forestal Formoseña Ltda.” de esta localidad, la necesidad de cargar vagones de quebracho colorado con destino a Formosa, se les solicitaba cargar la madera y la balanza que tiene instalada, a fin de pesar la madera ante de cargarla. Por nota Nº 427 de fecha: 29 de Octubre de 1938 enviada a la Compañía Argentina de Quebracho “Marca Formosa S.A.” para detallar la forma en que se vendía la madera transcribiré textualmente <<…tenemos el agrado de acompañar a la presente, carta de porte Nº 137 correspondiente a dos wagones de rollizo de quebracho colorado que embarcamos hoy a consignación de Uds., cuyo importe una vez recibido de acuerdo a las condiciones estipuladas, le agradeceremos se sirvan depositar en el Banco Nación Argentina, mandándonos la Nota de crédito y la liquidación correspondiente . >> Existieron además re-querimientos de calidad, vemos en la nota Nº 431 de fecha: 7 de noviembre de 1938 que la Compañía Argentina de Quebracho “Marca Formosa S.A.” enviaba los requerimientos de calidad de la madera. Se envían copias a los personales encargados de la elaboración de la madera. Entre el 18 de noviembre de 1938 y el Fecha: 16 de junio de 1939 se cargaron y enviaron a Formosa (capital) 34 vagones con rollizos con quebracho colorado y 2 vagones de Trocillos (leña) de quebracho colorado (Nº 17737, 17746, 17082, 17976, 17792, 17908, 37629 ,17799, 17794, 37359, 11792, 12391, 11935, 33388, 37386, 37684, 17024, 17049, 37337, 17178, 11972, 37515, 17236, 17603, 17701, 37259, 27043, 17908, 37484, 17496, 17113, 17746 y 17401).
Tenemos entonces que en aprox. 6 meses se sacó del Ejido urbano de Pirané, un promedio de 1 vagón y medio de madera por semana, y teniendo en cuenta que cada vagón cargaba entre 10 y 15 toneladas podemos alegar que de la apertura de las calles de nuestra ciudad se utilizaron más de 400 toneladas de quebracho colorado .
El componente humano en los obrajes:
El componente humano de Formosa se integró durante el período Territoriano con múltiples aportes provenientes de espacios colindantes y de otras naciones, que se sumaron a la originaria población aborigen. Ello dio lugar a la conformación de una sociedad multiétnica, cuyo proceso de construcción de la identidad, se halla aún inconcluso. El análisis de sus condiciones de vida y trabajo proporciona a su vez los instrumentos necesarios para examinar los grados de integración –o marginación- que velada o visiblemente se pusieron en práctica en una sociedad que por ser reciente y todavía en vías de formación, presuntamente debía ser abierta y solidaria. El estudio de los diversos “tipos sociales” que fueron perfilándose en este nuevo escenario, nos puede mostrar los rasgos esenciales de una época, la composición de su sociedad, los patrones de comportamiento, así como también algunos prejuicios y expectativas de sus integrantes. Si adicionalmente el enfoque se concentra en aquellos sujetos que no han tenido visibilidad, en esos seres anónimos que “no han tenido historia”, pero que paradójicamente han dejado una huella indeleble en la cultura popular, el trabajo puede ofrecer cierta originalidad.
Queremos aportar algunas contribuciones para entender mejor el proceso de construcción de la identidad colectiva en Formosa. Nos hemos basado para ello en el análisis de los alzaprimas, de las condiciones de vida y trabajo de sectores que aun habiendo sido mayoritarios en su momento, no han sido debidamente ponderados como una influencia decisiva en el proceso de construcción de la identidad local. Aunque podríamos haber incluido a otros grupos característicos – cosechero - ganadero- que actuaban en menor o mayor medida en la misma etapas abordadas, hemos preferido centrarnos en aquellos que por su mayoritaria presencia y diseminación territorial, pueden considerarse íconos representativos del ámbito rural-forestal de Formosa Territoriana, y además porque entendemos que su aporte fue decididamente significativo en la construcción de nuestra cultura popular. Este estudio nos reveló una maquina antigua y a un cuerpo social que en términos generales, y en sintonía con los valores imperantes en ese tiempo, buscó sobre todo una rápida prosperidad material, aunque esto implicara soslayar algunos principios elementales de solidaridad y compromiso público.
En el caso particular de los obrajeros forestales, si bien fueron una fuerza imprescindible de mano de obra masiva y terminaron finalmente formando parte de esta sociedad, no llegaron a participar proporcionalmente de los beneficios de los respectivos procesos, ni tampoco recibieron las atenciones adecuadas por parte del Estado o de sus empleadores directos.
Ello se tradujo, por ejemplo, en inadecuados mecanismos de control social, y en una deficiente atención en materia de sanidad, instrucción escolar o espiritual, entre otras cuestiones. El Estado Nacional demostró así estar presente en el direccionamiento del proceso, pero muy ausente en su contralor a nivel humano.
A finales de la década del treinta, los poderes centrales impulsaron el proceso de “argentinización” de los Territorios Nacionales, que supondría una mejor inclusión de estas sociedades en la comuni-dad nacional, y casi imperceptiblemente también, una etapa preparatoria para la provincialización.
Por lo demás, y aún con la precariedad observada en el mundo laboral, debe señalarse que los vigorosos ciclos económicos de este espacio significaron una oportunidad de supervivencia para sectores que no hallaban inclusión en sus lugares de origen, lo cual debe tenerse en cuenta para relativizar sus penosas condiciones de residencia en este Territorio. En muchos casos representa-ron también la posibilidad de obtener arraigo y trabajo permanente, lo cual les permitió a su vez mantener costumbres y tradiciones que terminaron incorporándose a las pautas culturales de nues-tra sociedad en formación. Las bases mismas del comportamiento de las clases populares de For-mosa están impregnadas hasta la actualidad del acervo cultural trasplantado por estos contingentes de hacheros, peladores, picadores, arrastradores, carreros, afiladores etc., que hicieron sedimentar en esta cosmopolita comunidad, sus dialectos, acentos, música, folklore, comidas, danzas, indumentaria, y hasta una tipología física particular.
El obraje Actualmente:
El territorio formoseño está incluido dentro de la formación del Parque Chaqueño, ambiente carac-terizado por la variedad de especies aptas para su aprovechamiento económico. Por otro lado, la superficie de bosques implantados sólo alcanza a 1.350 hectáreas, aspecto que contribuye a resal-tar la falta de acción de los organismos controladores y del gobierno. La importancia económica y social que posee el aprovechamiento sustentable del monte nativo requiere de convenientes siste-mas de reforestación. En la actualidad se trata de que la actividad forestal constituya una cadena de incorporación de valor, que integre desde el trabajo en el monte, pasando por los aserraderos y carpinterías, hasta la colocación de los productos en los mercados.
En este proceso se diferencian dos fases: la primera fue el obraje, productor de madera para durmientes, vigas, postes y subproductos como carbón y leña, mientras que la segunda fue la instalación de las fábricas de tanino, las que actuaban como un monopolio con capacidad de movilizar el capital financiero, ( nacional e internacional) situación que condujo a que adquirieran un creciente control del sector, el que se extendió a otras actividades relacionadas, como el transporte, la comercialización y los servicios urbanos.
La sobre explotación de las formaciones arbóreas nativas y la consecuente degradación ambiental, ha caracterizado las etapas iniciales del desarrollo de la actividad forestal en la economía formose-ña. Cabe señalar que las primarias etapas, la actividad no se realizó bajo el control Estatal, nacional o provincial, dado que sólo existían algunas normativas aisladas, situación que permitió una explo-tación extractiva de carácter coyuntural.
En la actualidad, la explotación forestal se extiende por todo el territorio y continúa representando una actividad extractiva ejercida sobre los montes nativos, abarcando una superficie que fluctúa en torno a las 90.000 hectáreas anuales, sobre un área de alrededor de 2.100.000 hectáreas. Sin em-bargo, a diferencia de las fases de inicio y expansión de la actividad, ha mejorado la fiscalización a través del ejercicio del poder de policía que ostenta la Dirección de Bosques y con el intento de industrializar el sector en forma sectorizada y localizada. Las cifras de estadísticas de la década anteriores ponen en evidencia la presión que se continúa ejerciendo sobre los montes fiscales nativos, situación corroborada por los permisos de aprovechamiento forestal. Las estadísticas disponibles demostraban que el 70% de la producción de rollizos proviene de montes fiscales y el 30% de montes privados. Los propietarios de los montes privados venden la madera en pie al obrajero encargado de la explotación y, en el caso de los bosques fiscales, el organismo forestal le cobra al obrajero un valor de aforo y un derecho de inspección (forestación no gracias). El obrajero realiza la tarea de aprovechamiento (apeo y extracción) y vende los rollos a los aserraderos, donde se realiza la primera transformación de la materia prima, comercializándose la madera aserrada a las carpinterías, las que producen muebles para el mercado provincial, nacional e internacional. Dentro del área de montes maderables las especies más importantes actualmente son: algarrobo – Guayacán – Quebracho colorado y blanco – Guayaibí – Palo Lanza – Lapacho – Urunday – Espina Corona – Palo Mora – Palo Santo – Francisco Alvarez o palo corcho y otras especies. Algunas de éstas son únicas por sus características específicas, no solo en el ámbito nacional, sino mundial, constituyendo a Formosa en una gran región Forestal. (Actualmente sin, un sistema adecuado de reforestación).-
¿Y los alzaprimas?
_Este excepcional y útil elemento, - los alzaprimas - como tantos, fueron reemplazados por el tractor, guinche camiones y acoplados. Con los años aquellas huellas y picadas se afianzaron y se transformaron en caminos, se consolidaron los puentes y empalizadas. El adelanto permitió que los vehículos con motores a explosión, entraran y salieran de los montes. Hoy se utilizan modernos guinches o tractores hidráulicos - tipo Zanello- para cargar la madera en cómodos acoplados que acarrean hasta 15 toneladas. El arrastre se realiza, también con potentes tractores que, con sus cientos de HP, dejan acanaladas las picadas. La modernidad, la fuerza, la capacidad del hombre apartó y desplazó los Alzaprima. Siempre, existen y existirán los riesgos, como por ejemplo, cuan-do se arrastran las madera, el riesgo es, que se trabe la madera en algún raigón oculto, esto acci-dentes ocasionan, que el tractor se empine y quede ruedas para arriba. Pero debemos recordar que cuando no existían los tractores y camiones, el hombre junto a sus bueyes, fue capaz de reali-zar la misma tarea .
_ Hoy el hachero fue reemplazado por el motosierrista, que equipado con potentes motosierras agilizó aquella vieja labor. Las máquinas de marcas alemanas y americanas, rugen en el medio del monte. Los representantes de estas empresas extranjeras, compiten como fanáticos defendiendo las prestaciones de su propia marca. Parecen apasionados hinchas de equipos de fútbol. Segura-mente en aquellos días ya pasados, el hombre también competía por la marca de su hacha o pre-gonaba el filo reluciente. O se jactaba del tiempo en derribar un árbol de tal o cual diámetro. Los años avanzaron, las tecnologías industriales -enfocadas en cómo lograr más eficiencia y menos tiempo- “mataron” a muchos oficios del hombre de monte formoseño, (hacheros-boyero-alzaprimero-etc.) Pero eso no es lo más grave. Lo más grave es que nos olvidamos del Sr. Que-bracho. Nos “olvidamos” de reforestar. La terrible ambición del humano, llevó casi a la extinción del duro quebracho. Seguramente, todavía quedan algunos gigantes que se resisten a esta historia de expoliación. -Esa será otra historia-
Solo nos queda expresar recuerdos de niño, transmitir esa viejas alegría que representaban en los obrajes la carga de los alzaprimas. Memorias que se escabullen por secretas picadas, pobladas por espíritus y duendes del monte, huelleadas por gigantes carros invisibles, de aire sofocante de rancios veranos,.. Y en el fondo… escuchar “EL ECO DEL HACHERO”, ese fantasmal: chac… chac… chac, que te sigue a la par cuando se recorren viejos caminos. El transeúnte ocasional sorprendido mi-ra…escucha, pero en los montes no pueden distinguir si aquel chac… chac… chac es de aquí o es de allá. Siempre está, persiste al costado de aquellas añejas picadas; y por más que se recorran leguas y leguas, seguirá a su costado como un eco que trae arcaicos recuerdos de tiempos que no volverán.
Colaboración e investigación: Edgardo Adrián Scheihing en Biblioteca Pública, Popular y Municipal – Don José Francisco de San Martin y Rubén Vergara de Casa del Centenario, del Centro de Cultura y Deportes de – Pirané – Formosa.
Las Tareas Con La Madera:
Ese proceso productivo pasaba por varias fases que se desarrollaban en tres escenarios distintos: el Monte, el Transporte y la Fábrica. Remontémonos a las primeras décadas del siglo pasado y saquemos toda la tecnología actual. Estos tres escenarios separaban tres grupos de trabajadores bien diferenciados: los obrajeros, los obreros y los empleados. Sin dudas es “el hombre”, que con su esfuerzo, sincroniza todos estos procesos. Gracias a los documentos escritos y a testimonios orales brindados por los mismos protagonistas, podemos hoy reconstruir una síntesis de los diferentes pasos que implicaba este asunto productivo de nuestros obrajes. Las características de estos establecimientos eran todas similares, con pequeñas variaciones. La explotación del quebracho colorado para la obtención del preciado "Oro Rojo" en la “fiebre del obraje”, comprendía un largo proceso que se iniciaba en los primeros golpes de machete en el monte y culminaba con el tanino ya elaborado y depositado en galpones, para luego ser distribuido embarcados y suplir las demandas mundiales. Abarcaban una fase forestal de extracción y acarreo de la madera, y un proceso semi industrial. El corte del árbol y el acarreo de los rollos se llevaban a cabo en su mayor parte, por medio de contratistas independientes que se encargaban de organizar y dirigir el laboreo de los montes. Todas las tareas del monte se realizaban con personal contratado. A cada contratista se le entregaba lote fiscal determinado, mediante la autorización emitida por autoridades del Estado Argentino. En Formosa estos montes generalmente estaban ubicados al costado de la vía, o en otros lugares donde “la veta era mayor”, como Palo Santo, que se alcanzó a utilizar la metodología ferroviaria de trocha angosta. El Decauville vertebraba el sistema de transporte interno de la explotación. El contratista llegaban a la zona, identificaban el lugar y comenzaban a buscar los sitios más convenientes para “encanchonar” (concentrar) la madera y para levantar así, su “ranchería”. Luego subdividía su monte en parcelas menores. Entregaba cada lote a un hachero o a un grupo de hacheros que se encargaban de la producción de rollizos y ramas gruesas. Cada hachero marcaba primero los límites de su lote y construía una rústica picada para los alzaprimas, de más o menos 3 o 4 mts., de ancho, que debía servir para sacar la madera elaborada.
La Picada: consistía en limpiar a golpes de machete y hacha los matorrales, arbustos, enre-daderas, cardos y todo tipo de malezas, hacer un camino del ancho de una yunta de bueyes de acceso al árbol volteado. Llegado al quebracho, el hachero, limpia la base del árbol y comienza su trabajo.
El volteo: era la operación más riesgosa y esforzada ya que se hacía con hacha o tronceadoras, esta última menos difundida pero sabemos que se usó en muchos obrajes. La tronceadora apro-vechaba el árbol casi al ras de la tierra, debía contar con la fuerza de dos hombres. Golpe a golpe, trata de vulnerar la resistencia del quebracho. En su ardua labor el hombre descansará, beberá un agua (medio fresca) de algún charco cercano, afilará su herramienta y continuará chac… chac… chac, abriendo el tajo de uno de los árboles más duros del mundo. La envergadura de los arboles es casi inimaginable hoy en día, pero existen registros de troncos de hasta 3 metros de diámetro con un peso de 12 toneladas (limpio). De algún recuerdo de hacheros podemos sumar que existieron ejemplares de quebracho que se les debió realizar 9 cortes en la circunferencia del tron-co, quedando como una punta de lápiz, para al fin someterlos al “volteo”. Con un fuerte sapucay, anunciará que el gigante está cayendo. El grito no solo expresa el triunfo, sino que también avisa a los despistados que el árbol se viene abajo. En un monte virgen, un hachero podía cortar y preparar hasta una tonelada de madera diaria y llegaba corrientemente a una producción promedio de 20 toneladas por mes. Una vez que el corpulento vegetal, está derribado, se quitan las ramas, dando inicio a continuación al laboreo de los “peladores”. Éste puede ser el mismo hachero, pero por cuestiones de precisión en el pelar, normalmente es tarea de otro tipo de hachero.
El pelado: consistía sacar a fuerza de hacha la cascara que tiene un espesor de 2 a 4 centímetros. El pelador está especializado en esa ocupación, que consiste en sacar la corteza blanca pegada al corazón del rollizo. El pelador adquiere una técnica especial que se basa en realizar cortes trans-versales y luego cortes longitudinales a veces tiene herramientas diferentes como machetes más anchos o hachas de mango corto, llamada “hachas colí”. De este proceso vuelan trozos en forma de tejas, y ese descarte queda a manos de las personas que las requieran, los llevan a los ranchos para el fuego del mate o la cocina de las señoras.
El transporte: la madera elaborada tenía diversas fases arrastrar, cargar, transportar (fletear).
a) Arrastre: Desde el lugar del volteo, los rollos eran arrastrados. Estos hombres, con yuntas de bueyes y “cadenas curiyú”, atan y remolcan al quebracho por la picada, previamente construida a los lugares adecuados para el acopio que se eligen con antelación por ser descampados donde los carros y bueyes, puedan hacer las maniobras necesarias para cargar. El obrajero dice “encanchonar” la madera. Seguramente se hace referencia a la cancha, o una cancha abierta. Era también el lugar donde se concentraban los carros, se lo denominaba carrerías. Las “Carrerías” debían estar en un lugar donde los elementales bueyes pudieran pastear, beber agua, o sea tener una fuente de agua cercana, llámese laguna, represa o poso calzado donde el boyero “baldeaba”. En esos lugares convivían los carreros y los bueyeros. Los bueyes como mencionamos se los desprendía de los carros para realizar el arrastre.
b) La Carga: hemos detallado anteriormente todas las maniobras que realizan los carrero y boyeros para alzar las maderas en sus medios de transporte
c) El Acarreo: consistía en transportar el producto elaborado a la playa de embarque, en nuestro caso ubicada en la estación del ferrocarril, de las distancias que se conocen que se transportaban varían de 10 o 15 leguas. Esta tarea se realizaba en la mayoría de los casos con los alzaprimas (2 ruedas) tirados por dos o tres yuntas de bueyes, obedeciendo del peso de la carga, hasta la plan-chada del ferrocarril. Las ramas aprovechables eran transportadas por separado, en carros tobas tiradas por mulas o bueyes, hasta la misma planchada del tren.
La Estación Km. 109 Del Ferrocarril.[/b]
Antiguamente las estaciones, llevaban estas singulares denominaciones, podían signarse como DESVIO, APEADERO o simplemente se la mencionaba por el número de estación. Ej. KM 109, KM 83 o KM 139.
Los trabajos que se desempeñaban en estos lugares estaban, exclusivamente a cargo de contratistas, y comprendían los siguientes momentos: Pesada: era la tarea de controlar el peso de los rollizos elaborados en el obraje para llevar un detallado registro, con cada una de las entregas por parte de los hacheros. Apilada: operación consistente en formar pilas de maderas, seleccionada de acuerdo a sus características (verde, ahuchados, sanos, campana, etc.) para que luego fueran transportadas. En nuestros territorio no se comercializaba el “raigón” pero muchos obrajeros que venían del Chaco contaban de las experiencias sacando el “raigón macho” del quebracho. Cargada: consistía en levantar los rollizos, a las chatas. En las estaciones de tren existía un singulares plumas por llamarlas de una forma, estos guinches no mecanizados funcionaban con contrapeso y con un fornido tronco que giraba sobre su eje, para darnos una idea era como una mesa de cuatro patas donde una de las patas giraba sobre su eje, de esta se disponía un travesaño que actuaba de pluma, con el contrapeso de otros troncos en el extremo contrario, todo un desafío dominar aquellos inmenso troncos. La pluma simplemente levantaba y giraba, acción simple y rápida para cargar o descargar los palos de la chata o vagones del ferrocarril. En las estaciones existían hombres encargados de aserrar la madera que se excedía del largo de las chatas, hombres que con tronceadora en mano alineaban el largo de los rollizos para que al enganchar el próximo vagón las puntas no entorpecieran la tarea de cargar. La última parte del traslado era realizada en el ferrocarril organizado por la empresa explotadora. Las locomotoras arrastraban en cada viaje de 15 a 20 vagones con menos de 10 toneladas de carga cada uno, a una velocidad media de 15 a 18 kms., por hora. Conducían la madera hasta la fábrica tanineras, que estaba instalada a orillas del río Paraguay. El ritmo de producción y entrega de rollizos de quebracho era irregular y discontinuo. Obedecía de las condiciones del tiempo y de los suelos. Disminuía y se paralizaba en los meses de lluvia, y se intensificaba en los periodos secos. Para compensar esas fluctuaciones y evitar interrupciones en la actividad industrial, las empresas mantenían en la "Playa de Fábrica" vecinas a las factorías, existencias de maderas suficientes para más o menos 6 meses de producción. (Actualmente esto es verificable en las reservas de Unitam SRL, allí pegado a la nuestra costanera capitalina). Al entrar en las fábricas, los rollizos eran sometidos a un proceso de trituración por medio de cilindros giratorios provistos de cuchillas y dientes de acero. El aserrín y las astillas pasaban por medio de cintas transportadoras a una zaranda que separaba las astillas mayores para una segunda molida. El aserrín elaborado era sometido luego a un proceso de cocción en agua hirviente que disolvía y separaba el contenido tánico del quebracho molido. En los primeros años, el desecho de aserrín y astillas que quedaba después del hervido, se usaba para alimentar las calderas que producían el vapor y la energía eléc-trica consumida en la fábrica. La solución acuosa de tanino así obtenida era concentrada por evaporación en cámaras al vacío, hasta convertirla en la pasta de tanino que era embolsada. Con el enfriamiento, el extracto asumía una textura marrón obscura, parecida a la del asfalto sólido. Ese era el producto final de la explotación, el extracto de quebracho o tanino que se destinaba principalmente a la exportación. Sólo una parte reducida de la producción se destinaba a usos locales para la elaboración de cueros en las curtiembres del país. La exportación se efectuaba en barcos de la propia empresa, que bajaban el río Paraguay y el Paraná hasta Buenos Aires, donde transbordaban su carga a las bodegas de ultramar. Por mucho tiempo, el tanino pasó a ser uno de los renglones más importantes y regulares de las renta provincia. Durante casi siete décadas continuas, las firmas multinacionales -bajo la protección argentina- que se establecieron en la región ejercieron el monopolio mundial de la producción y exportación del extracto de quebracho. Este monopolio desapareció más tarde, en el curso de la segunda mitad de la década de 1940, con la competencia de los curtientes químicos y la elaboración de la mimosa en el norte de África. La importancia de los curtientes naturales disminuyó aún más con la producción posterior de los plásticos y los cueros sintéticos. La mayoría de las empresas instaladas entraron en un penoso proceso de liquidación. Quedaron en el litoral argentino fábricas de tanino desmanteladas, mecanismos y máquinas desmontadas, vías férreas inutilizadas, y estaciones en las que ya no se detenía ningún tren. Mucha de esta secuencia esplendorosa y desastrosa, convive con el nacimiento de nuestros pueblos del interior, la fiesta que causó el tanino, ya se terminó. En nuestra zona se acabó el quebracho; con ella el tren y todo los que ellos significaba. Mirando retrospectivamente, resulta inexplicable que, siendo el país uno de los mayores productores de tanino y un gran productor de cuero crudo, no se haya encarado inicialmente la exportación de cueros curtidos y/o de artículos elaborados de cuero, que hubieran dejado a la economía nacional un beneficio considerablemente mayor.
En los años 30 del siglo XX
Apelando aquí a la imaginación y viajemos en el tiempo: Onagaik forzudo nativo Pilagá, se procura el alimento en la zona norte de Pirané. Consigue emplearse en una caravana de alzaprimas quebrachera. Era invierno oscurecía temprano, y la carrería ocupaba la estufa de los pobres como calefactor y guía. Haciendo el trayecto Norte Sur bajaban desde las cercanías del Ibagay hasta la estación del Km 109. Al atardecer, luego de todo un día de viaje, los carreros alzaprimeros buscan un lugar alto donde pasar la noche. Encienden un fuego, toman unos mates, verifican el buen estado de sus animales y luego cuando ya las estrellas iluminan más que la luz de la fogata, tira unos trapos y cueros y se duermen. Rubén – en patrón - está en eso; contando por enésima vez las estrellas ¡Son tantas! Allí en la costa del estero, donde se magnifican porque la visión no tiene límites. Sin embargo Onagaik advierte una luz que no ha visto antes: es rara, blanca grande y no titila. Es más. Parece que se acerca. El individuo se incorpora. No puede creerlo, pero en la oscuridad de la noche, es una estrella que se le viene encima… ¡y hace ruido! Un sonido, rechinante, como de zumbido, que se vuelve atronador. Y la luz cada vez más intensa y sus ojos que no pueden desprenderse de ella, su boca abierta y sus piernas como enterradas al suelo. De repente toda la escena el fogón, algún perro flaco, los alzaprimas, los bueyes desesperados, todo se ilumina enceguecedoramente, se siente un horrible silbido y en medio de un traqueteo infernal de polvareda, pastos y algunos arbolitos arrastrados por el viento, la bestia pasa a veinte metros de Onagaik que permanece quieto como estatua, mudo, con los ojos tan abiertos como si el alma se asomara por ellos. Fueron instantes, pero él jura que fueron horas, que media leguas de largo y…El vano los demás carreros, entre risotadas explicaran que no se trata de “Payak” en busca de su hijo. En todo caso comprenderá más tarde que lo que buscaba el ferrocarril eran los rollizos de quebracho. Antes que las primeras locomotoras a vapor hicieran disparar a los carpinchos, también alarmó a los paisanos, pero quien más lo sufrió – en silencio - fue el alma y la sangre del quebracho.
Para dar una magnitud del comercio del quebracho, aislamos algunos datos de los libros Copiado-res de Notas Enviadas y de Actas de Comisión de Fomento de Pirané (que ya los tenemos digitali-zados). Allí podemos observar: según en el Acta Nº 80 de fecha: 27 de septiembre de 1938, en reunión, se lee el decreto 4640 entregado a esa Comisión de Fomento por el Sr. Jefe de Bosques de Formosa, Sr. Waisman, donde consta que se podía vender la madera que se encontrara en la calles y caminos, por tal razón se inician gestiones con el Sr. Barrios Silvestre (Jefe de bosque local) y la Compañía Argentina de Quebracho “Marca Formosa S.A.” para comenzar ese trabajo. ( La H.C. Fomento comenta que estaba empeñada en la apertura de calles lo que generaría algunos vagones de rollizos, leña pelada que pagarían puesto en fábrica). Por nota el Sr. Barrios Silvestre comunica la aceptación de los trabajos para sacar la madera del ejido urbano según las siguientes clausulas: A) entregar en 45 días, 90 toneladas de rollizo de quebracho colorado, libre de raíces, podreduras, o quemado. El explote de la parte más delgada 20 cm. de diámetro. B) Treinta toneladas de trocillos de quebracho colorado, fresco, raigón, de 10 cm. En la parte más fina y 20 en la parte más gruesa, de 1 metro a 1,50 como largo máximo. C) Estas cantidades serán entregadas bajo guinche (rollizos) y sobre wagón (leña pelada).
El 6 de Octubre de 1938 se envía nota a la Compañía Argentina de Quebracho “Marca Formosa S.A.”, informando el comienzo de las tareas de extracción de madera. Por Nº 413 de fecha: 17 de Octubre de 1938 se comunica al gobernador Federico Zambianchi que de acuerdo al decreto 4640 del 18 de mayo, se está procediendo a la elaboración de rollizos y trocillos de quebracho colorado que se encuentran en la calle de este pueblo y se ha cerrado trato con la Compañía Argentina de Quebracho Marca Formosa de Formosa Capital. Por nota Nº 414 de fecha: 20 de Octubre de 1938 se requiere a la “Sociedad Explotadora Forestal Formoseña Ltda.” de esta localidad, la necesidad de cargar vagones de quebracho colorado con destino a Formosa, se les solicitaba cargar la madera y la balanza que tiene instalada, a fin de pesar la madera ante de cargarla. Por nota Nº 427 de fecha: 29 de Octubre de 1938 enviada a la Compañía Argentina de Quebracho “Marca Formosa S.A.” para detallar la forma en que se vendía la madera transcribiré textualmente <<…tenemos el agrado de acompañar a la presente, carta de porte Nº 137 correspondiente a dos wagones de rollizo de quebracho colorado que embarcamos hoy a consignación de Uds., cuyo importe una vez recibido de acuerdo a las condiciones estipuladas, le agradeceremos se sirvan depositar en el Banco Nación Argentina, mandándonos la Nota de crédito y la liquidación correspondiente . >> Existieron además re-querimientos de calidad, vemos en la nota Nº 431 de fecha: 7 de noviembre de 1938 que la Compañía Argentina de Quebracho “Marca Formosa S.A.” enviaba los requerimientos de calidad de la madera. Se envían copias a los personales encargados de la elaboración de la madera. Entre el 18 de noviembre de 1938 y el Fecha: 16 de junio de 1939 se cargaron y enviaron a Formosa (capital) 34 vagones con rollizos con quebracho colorado y 2 vagones de Trocillos (leña) de quebracho colorado (Nº 17737, 17746, 17082, 17976, 17792, 17908, 37629 ,17799, 17794, 37359, 11792, 12391, 11935, 33388, 37386, 37684, 17024, 17049, 37337, 17178, 11972, 37515, 17236, 17603, 17701, 37259, 27043, 17908, 37484, 17496, 17113, 17746 y 17401).
Tenemos entonces que en aprox. 6 meses se sacó del Ejido urbano de Pirané, un promedio de 1 vagón y medio de madera por semana, y teniendo en cuenta que cada vagón cargaba entre 10 y 15 toneladas podemos alegar que de la apertura de las calles de nuestra ciudad se utilizaron más de 400 toneladas de quebracho colorado .
El componente humano en los obrajes:
El componente humano de Formosa se integró durante el período Territoriano con múltiples aportes provenientes de espacios colindantes y de otras naciones, que se sumaron a la originaria población aborigen. Ello dio lugar a la conformación de una sociedad multiétnica, cuyo proceso de construcción de la identidad, se halla aún inconcluso. El análisis de sus condiciones de vida y trabajo proporciona a su vez los instrumentos necesarios para examinar los grados de integración –o marginación- que velada o visiblemente se pusieron en práctica en una sociedad que por ser reciente y todavía en vías de formación, presuntamente debía ser abierta y solidaria. El estudio de los diversos “tipos sociales” que fueron perfilándose en este nuevo escenario, nos puede mostrar los rasgos esenciales de una época, la composición de su sociedad, los patrones de comportamiento, así como también algunos prejuicios y expectativas de sus integrantes. Si adicionalmente el enfoque se concentra en aquellos sujetos que no han tenido visibilidad, en esos seres anónimos que “no han tenido historia”, pero que paradójicamente han dejado una huella indeleble en la cultura popular, el trabajo puede ofrecer cierta originalidad.
Queremos aportar algunas contribuciones para entender mejor el proceso de construcción de la identidad colectiva en Formosa. Nos hemos basado para ello en el análisis de los alzaprimas, de las condiciones de vida y trabajo de sectores que aun habiendo sido mayoritarios en su momento, no han sido debidamente ponderados como una influencia decisiva en el proceso de construcción de la identidad local. Aunque podríamos haber incluido a otros grupos característicos – cosechero - ganadero- que actuaban en menor o mayor medida en la misma etapas abordadas, hemos preferido centrarnos en aquellos que por su mayoritaria presencia y diseminación territorial, pueden considerarse íconos representativos del ámbito rural-forestal de Formosa Territoriana, y además porque entendemos que su aporte fue decididamente significativo en la construcción de nuestra cultura popular. Este estudio nos reveló una maquina antigua y a un cuerpo social que en términos generales, y en sintonía con los valores imperantes en ese tiempo, buscó sobre todo una rápida prosperidad material, aunque esto implicara soslayar algunos principios elementales de solidaridad y compromiso público.
En el caso particular de los obrajeros forestales, si bien fueron una fuerza imprescindible de mano de obra masiva y terminaron finalmente formando parte de esta sociedad, no llegaron a participar proporcionalmente de los beneficios de los respectivos procesos, ni tampoco recibieron las atenciones adecuadas por parte del Estado o de sus empleadores directos.
Ello se tradujo, por ejemplo, en inadecuados mecanismos de control social, y en una deficiente atención en materia de sanidad, instrucción escolar o espiritual, entre otras cuestiones. El Estado Nacional demostró así estar presente en el direccionamiento del proceso, pero muy ausente en su contralor a nivel humano.
A finales de la década del treinta, los poderes centrales impulsaron el proceso de “argentinización” de los Territorios Nacionales, que supondría una mejor inclusión de estas sociedades en la comuni-dad nacional, y casi imperceptiblemente también, una etapa preparatoria para la provincialización.
Por lo demás, y aún con la precariedad observada en el mundo laboral, debe señalarse que los vigorosos ciclos económicos de este espacio significaron una oportunidad de supervivencia para sectores que no hallaban inclusión en sus lugares de origen, lo cual debe tenerse en cuenta para relativizar sus penosas condiciones de residencia en este Territorio. En muchos casos representa-ron también la posibilidad de obtener arraigo y trabajo permanente, lo cual les permitió a su vez mantener costumbres y tradiciones que terminaron incorporándose a las pautas culturales de nues-tra sociedad en formación. Las bases mismas del comportamiento de las clases populares de For-mosa están impregnadas hasta la actualidad del acervo cultural trasplantado por estos contingentes de hacheros, peladores, picadores, arrastradores, carreros, afiladores etc., que hicieron sedimentar en esta cosmopolita comunidad, sus dialectos, acentos, música, folklore, comidas, danzas, indumentaria, y hasta una tipología física particular.
El obraje Actualmente:
El territorio formoseño está incluido dentro de la formación del Parque Chaqueño, ambiente carac-terizado por la variedad de especies aptas para su aprovechamiento económico. Por otro lado, la superficie de bosques implantados sólo alcanza a 1.350 hectáreas, aspecto que contribuye a resal-tar la falta de acción de los organismos controladores y del gobierno. La importancia económica y social que posee el aprovechamiento sustentable del monte nativo requiere de convenientes siste-mas de reforestación. En la actualidad se trata de que la actividad forestal constituya una cadena de incorporación de valor, que integre desde el trabajo en el monte, pasando por los aserraderos y carpinterías, hasta la colocación de los productos en los mercados.
En este proceso se diferencian dos fases: la primera fue el obraje, productor de madera para durmientes, vigas, postes y subproductos como carbón y leña, mientras que la segunda fue la instalación de las fábricas de tanino, las que actuaban como un monopolio con capacidad de movilizar el capital financiero, ( nacional e internacional) situación que condujo a que adquirieran un creciente control del sector, el que se extendió a otras actividades relacionadas, como el transporte, la comercialización y los servicios urbanos.
La sobre explotación de las formaciones arbóreas nativas y la consecuente degradación ambiental, ha caracterizado las etapas iniciales del desarrollo de la actividad forestal en la economía formose-ña. Cabe señalar que las primarias etapas, la actividad no se realizó bajo el control Estatal, nacional o provincial, dado que sólo existían algunas normativas aisladas, situación que permitió una explo-tación extractiva de carácter coyuntural.
En la actualidad, la explotación forestal se extiende por todo el territorio y continúa representando una actividad extractiva ejercida sobre los montes nativos, abarcando una superficie que fluctúa en torno a las 90.000 hectáreas anuales, sobre un área de alrededor de 2.100.000 hectáreas. Sin em-bargo, a diferencia de las fases de inicio y expansión de la actividad, ha mejorado la fiscalización a través del ejercicio del poder de policía que ostenta la Dirección de Bosques y con el intento de industrializar el sector en forma sectorizada y localizada. Las cifras de estadísticas de la década anteriores ponen en evidencia la presión que se continúa ejerciendo sobre los montes fiscales nativos, situación corroborada por los permisos de aprovechamiento forestal. Las estadísticas disponibles demostraban que el 70% de la producción de rollizos proviene de montes fiscales y el 30% de montes privados. Los propietarios de los montes privados venden la madera en pie al obrajero encargado de la explotación y, en el caso de los bosques fiscales, el organismo forestal le cobra al obrajero un valor de aforo y un derecho de inspección (forestación no gracias). El obrajero realiza la tarea de aprovechamiento (apeo y extracción) y vende los rollos a los aserraderos, donde se realiza la primera transformación de la materia prima, comercializándose la madera aserrada a las carpinterías, las que producen muebles para el mercado provincial, nacional e internacional. Dentro del área de montes maderables las especies más importantes actualmente son: algarrobo – Guayacán – Quebracho colorado y blanco – Guayaibí – Palo Lanza – Lapacho – Urunday – Espina Corona – Palo Mora – Palo Santo – Francisco Alvarez o palo corcho y otras especies. Algunas de éstas son únicas por sus características específicas, no solo en el ámbito nacional, sino mundial, constituyendo a Formosa en una gran región Forestal. (Actualmente sin, un sistema adecuado de reforestación).-
¿Y los alzaprimas?
_Este excepcional y útil elemento, - los alzaprimas - como tantos, fueron reemplazados por el tractor, guinche camiones y acoplados. Con los años aquellas huellas y picadas se afianzaron y se transformaron en caminos, se consolidaron los puentes y empalizadas. El adelanto permitió que los vehículos con motores a explosión, entraran y salieran de los montes. Hoy se utilizan modernos guinches o tractores hidráulicos - tipo Zanello- para cargar la madera en cómodos acoplados que acarrean hasta 15 toneladas. El arrastre se realiza, también con potentes tractores que, con sus cientos de HP, dejan acanaladas las picadas. La modernidad, la fuerza, la capacidad del hombre apartó y desplazó los Alzaprima. Siempre, existen y existirán los riesgos, como por ejemplo, cuan-do se arrastran las madera, el riesgo es, que se trabe la madera en algún raigón oculto, esto acci-dentes ocasionan, que el tractor se empine y quede ruedas para arriba. Pero debemos recordar que cuando no existían los tractores y camiones, el hombre junto a sus bueyes, fue capaz de reali-zar la misma tarea .
_ Hoy el hachero fue reemplazado por el motosierrista, que equipado con potentes motosierras agilizó aquella vieja labor. Las máquinas de marcas alemanas y americanas, rugen en el medio del monte. Los representantes de estas empresas extranjeras, compiten como fanáticos defendiendo las prestaciones de su propia marca. Parecen apasionados hinchas de equipos de fútbol. Segura-mente en aquellos días ya pasados, el hombre también competía por la marca de su hacha o pre-gonaba el filo reluciente. O se jactaba del tiempo en derribar un árbol de tal o cual diámetro. Los años avanzaron, las tecnologías industriales -enfocadas en cómo lograr más eficiencia y menos tiempo- “mataron” a muchos oficios del hombre de monte formoseño, (hacheros-boyero-alzaprimero-etc.) Pero eso no es lo más grave. Lo más grave es que nos olvidamos del Sr. Que-bracho. Nos “olvidamos” de reforestar. La terrible ambición del humano, llevó casi a la extinción del duro quebracho. Seguramente, todavía quedan algunos gigantes que se resisten a esta historia de expoliación. -Esa será otra historia-
Solo nos queda expresar recuerdos de niño, transmitir esa viejas alegría que representaban en los obrajes la carga de los alzaprimas. Memorias que se escabullen por secretas picadas, pobladas por espíritus y duendes del monte, huelleadas por gigantes carros invisibles, de aire sofocante de rancios veranos,.. Y en el fondo… escuchar “EL ECO DEL HACHERO”, ese fantasmal: chac… chac… chac, que te sigue a la par cuando se recorren viejos caminos. El transeúnte ocasional sorprendido mi-ra…escucha, pero en los montes no pueden distinguir si aquel chac… chac… chac es de aquí o es de allá. Siempre está, persiste al costado de aquellas añejas picadas; y por más que se recorran leguas y leguas, seguirá a su costado como un eco que trae arcaicos recuerdos de tiempos que no volverán.
Colaboración e investigación: Edgardo Adrián Scheihing en Biblioteca Pública, Popular y Municipal – Don José Francisco de San Martin y Rubén Vergara de Casa del Centenario, del Centro de Cultura y Deportes de – Pirané – Formosa.