InicioApuntes Y MonografiasQuebrachales en sangre
Quebrachales en sangre :
En el mes de enero de 1914, el gobernador del Territorio Nacional de Formosa, Juan José Silva, le comunica al director General Interino de los territorios nacionales , de que:
“…Me es agradable dirigirme a V.S. adjuntando Notas de Crédito para la cuenta del Ministerio de Hacienda, por valor de …y por los siguientes conceptos : …Nota de Crédito por $ 7 M/N (moneda nacional), importe de un tapaboca y 25 tiros Máuser, perdido por los Señores Spigno y Ballestrini, como pertenecientes al armamento que se les facilitó con fecha 23 de septiembre de 1912 para la defensa de su establecimiento industrial , sito en aquel entonces en el KM 584 del F.C. de Formosa Embarcación
Notemos que nuestra Estación del FFCC, era el KM 595, este recorte y referencia, ubica al Sr. Ballestrini y Spigno en nuestro sector, la empresa tenía el nombre de Spigno y Ballestrini S.A. la ubicación es aproximada a Estero Grande al Oeste de Pirané, pionera con sus obreros y peonada en la población de estos lugares, ésta empresa maderera es sub contratada por los ferrocarriles a la cual le proveía de durmientes, costaneros, leña etc. La fuente del informe es el Libro Copiador de Notas de la Gobernación del Territorio Nacional de Formosa N 33, nota Nº 57 F 430. En Archivo Histórico de Formosa.
Imaginemos la secuencia ilustrada magistralmente por las letras de Hugo del Rosso, lo adaptaremos, para que lo protagonicen nuestros actores:
Quebrachales en sangre.
Fue una extraña herencia de Antonio Kem.
Las tierras que le legó su tío abuelo del lado materno, quedan al oeste del río Paraguay, casi en el corazón de Formosa.
Allí abundaban los “mal vivientes” en acecho permanente, por la falta de policías y por el amplio terreno a cubrir, sin caminos, con un clima húmedo, pegajoso, tórrido y lluvioso. Si los ladrones no daban buena cuenta de él, los insectos o el calor terminarían con su humanidad.
Por eso cuando Antonio Kem, llegó y comenzó a construir su aserradero, nadie se atrevió a jugar un cobre a su suerte, ya que paralelamente a tantas dificultades, su físico aparecía escuálido, y sin relieves musculares, usaba lentes y su andar no traducía seguridad alguna.
Spigno y Ballestrini S.A. , era una empresa dedicada a la industria de la maderera en el interior de aquel antiguo Territorio Nacional de Formosa, seguramente sub contratada por los ferrocarriles , que jugaba con el apoyo del gobierno estatal o territorial. Don Spigno era un extraño ejemplar venido o, descendiente de algún señor europeo, era lo que regionalmente se conoce como “EL PATRON” de la madera de aquellos parajes; y le advirtió :
-Aquí no durará lo que un cambio de luna. Es un trabajo cruel y duro, y no le veo la uña de guitarrero …
A pesar de su pintoresca expresión nativa, el acento de Spigno sonaba duro y arrogante. Su casa sólida y tosca daba la descripción de la forma de ser del Patrón, los colores, las plantaciones de los árboles, la ropa, todo era grueso, rudo y sólido.
Desde una ventana, Sofía, la hija de Spigno, atisbó con no disimilado desdén la magra humanidad de Kem, pero éste apenas entrevió su figura, porque lo absorbía con fascinación creciente la formidable selva chocando entre las nubes.
-Probaré – dijo- pero su palabra fue cauta y sin ninguna convicción.
Después se alejó lentamente hasta que lo tragó el paisaje.
Nora pensó que no duraría 5 días.
En realidad duró mucho más.
Un atardecer, cuando Spigno y su hija daban su habitual paseo a caballo, por estrechas picadas tapizadas de hojas secas, se atrevieron a pasar por el aserradero de Antonio Kem, a medio terminar el techo de la pobre edificación, lo encontraron tirado boca abajo junto a su hacha. Tenía la piel reseca y los labios partidos, las manos entumecidas y sangrantes.
Spigno estaba provisto de una buena cantimplora de agua fresca y dulce, y Kem hubiera dado el mundo por un tragó.
Sin embargo se levantó, incorporándose a medias y expresó:
-Estaba descansando un rato…Pero si gustan pueden apearse.
Spigno se revolvió intranquilo en su amplia silla inglesa.
-Esto no es para usted. Le compro todo lo que tiene, aquí, a buen precio, y vuélvase a su casa, mañana mismo antes de que sea demasiado tarde .
-Probaré – volvió a rezar Kem – como el primer día.
Sofía, lo miro con infinito desprecio.
-El señor es demasiado altivo para renunciar, pero lo hemos de enterrar juntos con su maldito orgullo.
Dicho lo cual, estiro las riendas girando el cogote de su caballo y emprendió el regreso.
Seguidamente lo imitó su padre, que silenciosamente encendía un cigarro de buenas hojas, dando la espalda al “infeliz”.
Desde el fondo de los ojos, secos y enrojecidos, Kem se quedó pensando en el antagonismo de esa hermosa muchacha a la que apenas conocía. En eso y en su figura escultural. En sus amplias caderas a pesar de llamarse Sofía Spigno.
Kem nunca se entregó. Y lo que es más: sobrevivió. Se levantaba al alba con el coro de monos “carayá” y le daba duro y sin tregua hasta la caída del rey sol. El trabajo físico encalleció sus manos, y sus pectorales ganaron amplitud y notó con sorpresa que su corazón latía firme, y que sus pulmones eran cálidos en su aliento. Su piel imitó el tinte de los quebrachales, y el día que se le cayeron los anteojos los destrozo de un pisotón, no le importo un cuerno.
Con el tiempo, tuvo personal obrajero, gente de dudosa procedencia de la única posible en aquel inhóspito infierno natural.
Una noche dos de ellos lo atacaron con intención de matarlo para luego robar, pero Kem repelió la agresión con ferocidad y los redujo a garrotazos. Cuando al día siguiente esperaban ser entregados a los milicos de turno. Antonio Kem les dijo:
-Si se quieren quedar, pueden hacerlo, mientras trabajen como se debe, siempre habrá pago, techo y comida. Nada más me interesa.
Corrió la vos como fuego en pasto seco. Vinieron ex contrabandistas, desertores, perseguidos y desahuciados.
Juntó un grupo singular y heterogéneo. Todos desdeñosos de las leyes razonables de los hombres. Todos extrañamente fieles a la ley del rigor, de los palos y del trabajo forzado. Y así empezaron a dejar el sudor y la carne en los obrajes, sacando la riqueza de los montes. Hacha y brazos de sol a sol. Sin queja alguna (extraña humanidad)
Spigno vino por última vez. Montado en brilloso caballo, sombrero de corcho, revolver, cartuchera, máuser y látigo.
Era famoso el atuendo guerrero de Spigno.
Tampoco esta vez falto su hija.
Los hombres de Kem lo previnieron con palabras jadeantes y angustiadas. Rostros sucios y barbudos, tensos y expectantes aguardaron la escena. Spigno hablo:
-Le ofrezco cien mil por sus tierras y este sotabanco.
-Voy a quedarme un tiempo más, - replico Kem- … porque tengo deudas con esta “mi gente”, que es dura , primitiva y peligrosa, pero extrañamente fiel .
Sofía participó, esta vez con una rara sonrisa iluminándole el rostro.
-Si mi padre le corta el mercado, se le va podrir la madera.
-La sacaremos por otro camino, rodeando su terreno y si en necesario con nuestros propios brazos.
Spigno palideció:
-En el monte ocurren demasiados accidentes… Aprendí a resolver mis problemas a mi manera, y desde ya lo hago responsable y de ser “mi problema”. Buenas tardes.

La emboscada la prepararon, en un descampado a la saluda de una picada.
La carga de Kem, iba lenta en una caravana conformada por 5 alzaprimas, chillonas. Sus gigantes ruedas se hundían en el barro maloliente. El aire estaba tibio, pero vibraba la calma y flotaba la sensación de lo trágico irreparable.
El sol que se acercaba al mediodía, picaba la piel y el crujir de las mazas de rueda, se mezclaba con el zumbar de insectos. Los máuser apuntaban al grupo, listas para entrar en acción, en tanto el sudor bañaba los rostros que denotaban indecisa agitación. Sofía también tuvo sus dudas:
-Sera una matanza padre.
-Él se lo ha buscado. Soy el amo de estas tierras y a pesar de todos los diablos la seguiré siendo…y a cualquier precio.
Y, estaba presto para ordenar el ¡Fuego!, que daría comienzo a la carnicería humana, cuando una voz tranquila y pausada – de Kem – le heló la sangre. Fue repentina e inesperada que declaraba:
-Estoy apuntando a tu hija, Spigno. Yo en su lugar no ordenaría hacer fuego.
Furioso y humillado, Spigno no tuvo otra alternativa que deponer las armas, circunstancia que aprovecho Kem, que saltando de su estratégico escondite, manoteo el máuser brilloso, y mientras se acercaba cargaba la propia escopeta que estaba sin cartuchos…
Spigno, soltó una maldición, pero Sofía se rio para sus adentro.
¡Dios Santo! No podía engañarse más tiempo. Le gustaba Antonio Kem. Pero hacía, que demonios hacía ese hombre único en aquel infierno de madera.
Esa noche le quemaron a Kem unos de sus depósitos de herramientas, los hombres vieron fantasmagóricamente perderse en las sombras la figura del capataz de Spigno.
Kem al alba del día siguiente no tuvo más que ir en busca de aquel mercenario paraguayo, contratado por Spigno. Cuando traspuso la tranquera de obraje de Spigno, este le gritó amenazante:
-Eso es violación de propiedad Don Kem, Aténgase de las consecuencias.
Pero Antonio lo ignoró por completo y encaró derecho a la figura del capataz, lleno de irrevocable decisión. El paraguayo palpo su cintura, pero se dio cuenta que no estaba calzado, en un instante ardía en fragor la lucha desatada. Fue un combate, limpio, excelente, rico en matices de la bravura masculina.
Lamiéndose los labios superiores y como de costumbre Spigno, arrojo un puñal cerca del mercenario. Kem, con la agresividad varonil, comete un error y cae de espaldas. El Capataz aprovecha, la mano veloz, recoge el vil metal y se acerca al cuello del forastero. Imaginando el charco de sangre se su admirado, Sofía, aparecida de la nada, quiebra el cráneo del capataz de un certero hachazo.
Kem, se reincorpora del charco de sangre.
Nadie podrá asegurar que hiciese pasado, si Spigno, hubiera hecho fuego aquella siesta. Y menos que sea “Sofía” quien cargadamente asuma con la última resistencia.
-Mátenlo, grito Spigno, al ver a su enemigo vivo.
Pero al cubrirlo con su espalda y apuntando sus firmes pechos a la cara del padre, Sofía expresa:
-A usted, lo admiro y lo respeto padre. Pero a él lo amo ¡Oh Dios! Lo amo desde el día en que llego con sus anteojos, escuálido e indefenso.
Dicho lo cual, giró y se cobijó en el pecho ahora férreo de Kem.
Pensativo, extraviado. Spigno mordió serenamente la pinta de su cigarro, y se puso a fumar con largas y pausadas bocanadas, mientras ordenaba trabajosamente las ideas.

Por Dios, al mercenario “capataz” nadie lo conocía, fue contratad para una tarea que la realizo mal. Si el monte había impuesto su ley, que se sabe, que no es la sabia y meditada del hombre. Pero contenía la escena de amor y muerte la voluntad de Dios? .
Los razonamientos eran muy profundos, para el meollo de Spigno… Por eso dio la espalda al suceso dramaturga y buscó la sombra de su casa.
Buscó, el botellón maquinalmente y se sirvió con generosidad. Estaba seguro de que tenía que echarse un gran trago de aquel whisky añejo

Versión original en el libro– Sol a pique - de Hugo del Rosso de (1979) – Quebrachales de sangre.-
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