Que una película no tenga nominaciones a los Óscar no significa que sea mala. Al contrario: muchas películas altamente recomendables y muchos magníficos actores y directores jamás aspiraron a una estatuilla. Son los olvidados de los Óscar. Este año hay, al menos, cinco películas que merecerían estar en la gala y no están. Éstas son:
Cinco películas que (inexplicablemente) no aspiran a ningún Óscar.
Alfred Hitchcock nunca consiguió una nominación al Óscar. Y eso no lo hace peor director. Sus películas tampoco fueron las más agraciadas con el toque mágico de los miembros de la Academia de Hollywood y, más de medio siglo después de haberse rodado, siguen siendo magníficas, imprescindibles para cualquier buen degustador de cine.
Esto significa que los académicos de Hollywood no siempre aciertan y que, cada año, tienen olvidos inexplicables o voluntarios que hacen que películas magníficas queden fuera de la carrera por los Óscar.
Para la gala de 2012, los académicos han dejado fuera de las nominaciones a los Óscar a cinco que, posiblemente, merecerían estar. Aquí van las principales olvidadas de este año:
MELANCOLÍA (Lars von Trier)
Lars von Trier es tan buen cineasta como bocazas. Y su descontrolada verborrea en el Festival de Cannes le ha costado quedarse sin candidaturas ni premios en los Globos de Oro ni nominaciones en los Óscar. El danés, tras presentar Melancolía y cosechar una salva de aplausos en el festival, se enredó en la sala de prensa en un discurso prohitleriano que echó por tierra todos sus logros. «Entiendo a Hitler, aunque comprendo que hizo cosas equivocadas, por supuesto. Solo estoy diciendo que entiendo al hombre. No es lo que llamaríamos un buen tipo, pero simpatizo con él». Tres frases. Suficientes para que a partir de ese momento a la película, sobre todo en EE.UU., la tratasen como si estuviera apestada. Pero Melancolía es un gran filme. Su metraje se inicia de la mano de Wagner (curiosamente el compositor favorito de Hitler) y su Tristán e Isolda, acompañado de unas líricas e impactantes imágenes que anuncian lo que va a pasar: el fin del mundo. Pero antes de que llegue, el director nos hace transitar por unos oscuros y tortuosos recovecos. Todo de la mano de la exquisita interpretación de Kirsten Dunst, que le sirvió para llevarse el premio a la mejor actriz en Cannes pero que, desde entonces, no ha vuelto a tocar ni un galardón. Las declaraciones de su director posiblemente tengan mucho que ver en su ausencia de los Óscar.
J. EDGAR (Clint Eastwood)
Posiblemente, los kilos de maquillaje y látex con los que Leonardo DiCaprio ha tenido que ocultar su verdadero rostro para dar vida a lo largo de 48 años al que fue director el FBI, J. Edgar Hoover, hayan ocultado también a los miembros de la Academia de Hollywood las muchas virtudes que atesora la última película del prolífico e incansable Clint Eastwood. Porque J. Edgar tenía motivos más que sobrados para, al menos, tener dos nominaciones a los Óscar 2012. Quizá a la mejor fotografía, con esa luz tenue y esos matices pictóricos que ya son marca de la casa en la filmografía de Eastwood. Y con toda seguridad, a Leonardo DiCaprio como mejor actor, a quien el maquillaje termina por minar la credibilidad de su brillante interpretación. Y no es que lo digamos nosotros; ahí están sus nominaciones como mejor actor en los Globos de Oro y en los Critics Choice Awards para demostrar que bajo el látex y el maquillaje ruge un actor comprometido con su personaje y con la obra de un Eastwood maduro, solemne, creíble y siempre excelente.
SUPER 8
(J.J. Abrams)
¿Cómo es posible que una película producida por Steven Spielberg y dirigida por J.J. Abrams, los dos reyes Midas de Hollywod, se haya quedado sin una sola candidatura a los Óscar, ni siquiera en el apartado técnico? Sobre todo, cuando la crítica, de forma unánime, la ha alabado como la heredera de películas míticas de los años ochenta como Los goonies, E.T. el extraterrestre, Encuentros en la tercera fase, Gremlins o Regreso al futuro. Porque en eso consiste Super 8, en un mix lúdico, encantador y espectacularmente bien hecho de todos esos filmes; una película efectiva que combina humor y horror, ternura y momentos más bien inquietantes. Si hay algo que se le puede echar en cara es que no resulta tan excitante ni tan emocionante como todas esas películas en las que se inspira; quizá porque en todo el conjunto se respira una sensación de dejà vu, de historia ya contada y recontada, quizá porque el espectador ya ha perdido la capacidad de sorpresa que tuvo en los ochenta frente a filmes similares a Super 8, una película que, aunque deja un regusto a cine bien hecho, también deja el amargor de producto incompleto.
MISIÓN IMPOSIBLE: PROTOCOLO FANTASMA (Brad Bird)
Han tenido que pasar 15 años para que una secuela de la saga iniciada por Brian de Palma haya superado a la primera película de Misión Imposible. El autor de semejante sacrilegio ha sido un novato, Brad Bird, un director curtido en el mundo de la animación (Los Simpson, El gigante de hierro, Los increíbles, Ratatouille) para el que Misión Imposible: Protocolo Fantasma ha sido su bautizo como director de largometrajes de imagen real. Pero su bisoñez no se ha notado para nada porque la película resulta totalmente hipnótica gracias a tres factores: sus deslumbrantes escenas de acción, algunas de ellas sin mucha lógica pero que funcionan como un reloj; un escenario maravilloso como Dubai y las bien definidas interpretaciones del trío protagonista: un Tom Cuise más bondiano que nunca un efectivísimo Jeremy Renner, que está llamado (como él mismo ha afirmado) a tomar las riendas de la franquicia, y una deslumbrante y sensual Paula Patton. Todo eso se conjuga para componer un thriller de puro entretenimiento. Y eso no hay nadie capaz de negarlo, ni siquiera el critico del diario ABC, Oti Rodríguez Marchante: «Misión Imposible: Protocolo Fantasma está llena de momentos, de situaciones y secuencias de una espectacularidad a prueba de lógica y que cumplen esa función de hipnotizar y entretener al espectador hasta que el chaqueo de la palabra 'Fin' lo despierta». ¿Qué más se le puede pedir?
UN DIOS SALVAJE
(Roman Polanski)
A las películas de Roman Polanski les pasa como a las de Lars von Trier: que no son bien recibidas en la Academia de Hollywood. En el caso del danés, por bocazas; en el del francés, por la orden de arresto que pesa contra él desde 1978 por abusar sexualmente de una menor, Samantha Geimer, y que le impide pisar suelo estadounidense. Eso, claro, perjudica seriamente las posibilidades de sus películas. Y aunque el arte debería estar por encima de todo eso, en el caso de su última película, Un dios salvaje, eso no ha ocurrido. En esta adaptación para el cine de la obra teatral Carnage de Yasmina Reza, se suman muchos factores para hacerla una gran película: su guión, sus diálogos, la maestría de Polanski para rodar en espacios pequeños (en este caso, un apartamento), su endiablado timing, sus hilarantes escenas y sobre todo, sus dos parejas de actores en estado de gracia. Por un lado, Kate Winslet y Christoph Waltz; por otro, Jodie Foster y John C. Reilly. Todo es tan preciso, divertido y endiablado en los escasos 80 minutos de Un dios salvaje que resulta inconcebible que la película no haya tenido ni una sola nominación a los Óscar, especialmente por su guión adaptado o por el trabajo de sus actrices. Y más si tenemos en cuenta que Winslet y Foster estuvieron nominadas por sus
papeles a los Globos de Oro.