InicioApuntes Y MonografiasRaw: Prologo - Capitulo 1-1
Que tal amigos! Hace casi unos meses les comparti el prologo de la novela en la cual he estado trabajando poco mas de un año. Y ahora con permiso de mi editor les subire mi trabajo (Aun sin correcciones), esperando lo disfruten.
Ya que los capitulos son demasiado largos y Taringa no me permite subir ni siquiera uno completo; Los subire fragmentados en los puntos de vista de cada personaje, tal y como sera el resultado final.
Les comento que esta obra aun esta en revision y sujeta a ligeros cambios. Tambien como las faltas de ortografia (Por las cuales aveces quisiera morir)

PROLOGO:

La vida aquí nunca ha sido fácil, siempre tenemos que lidiar con el día a día y el comer siempre ha sido un reto. Aunque yo no me quejaba, mi vida a pesar de ser dura, siempre ha sido sencilla y acomodada. Claro, nunca tuve los lujos de los que viven en Sunlightstone o Tellus pero eso nunca me importo. Como estudiante de Filosofía he tenido muchos mas logros que el sesenta porciento de la población mundial.

Mis padres nunca estuvieron de acuerdo en que estudiara esta carrera, ellos siempre insistían en que estudiara medicina o política, pero nunca me imagine estudiando ninguna otra cosa. Siendo medico seria muy difícil hacer una diferencia, y la política de la nación esta totalmente corrompida por los Klaus. Este mundo esta podrido, y mi único sueño era encontrar alguna manera de cambiarlo (-no quiero ser recordado como un revolucionario pero quiero hacer algo por el mundo. –Pensé alguna vez). Los ricos no saben en que gastar su dinero y los pobres no saben como sobrevivirán un día mas. Tal vez sea de los pocos afortunados de vivir en el medio de esas dos circunstancias, pero no dejo de sentir rabia por los que se aprovechan del débil. La injusticia era tan común que para muchos pasaba desapercibida, menos para mi.

Esa mañana fue tan rutinaria que me pareció que siempre estuve sonámbulo, solo pude recordar el beso de mi mama en la frente y el momento en el que me subí al monorriel. En ese momento mi mente se empezó a despertar, y el camino se volvió mas notorio.

El monorriel tenia que hacer dos escalas antes de llegar a la estación donde debía bajar, así que me deje llevar por el sueño y me quede dormido. Los sueños en los caminos siempre son de lo mas extraños y fugases. Soñaba con un día normal en mi casa, la televisión encendida y mi papa martillando algo en el jardín. La televisión no tenia imagen alguna, la pantalla era totalmente negra, pero aun así sabia que estaba encendida. Escuche a mi papa gritar una maldición, probablemente se hubiera golpeado con el martillo, y enseguida comenzó a llamarme por mi nombre.

-Rot! Rot! –Su voz comenzó a cambiar con cada vez que decía mi nombre. –Rot! –Rot! Despierta imbécil! –Al sentir los empujones en mi hombro me di cuenta que ya no estaba soñando.

Pude ver de reojo a Francis, uno de mis compañeros de la universidad. Tal vez no el mas popular ni el mejor parecido pero si uno de los mas listos. Un par de gafas de fondo de botella hacían juego con su grotesca pero extrañamente simpática cara. Muchos decían que nos parecíamos demasiado, pero solo era por las gafas y el peinado relamido. Yo era mas delgado que el y mi cara tenia menos cráteres que la suya.

-¿Si te enteraste de lo que sucedió en el cónsul? –Me dijo mientras se sentaba a mi lado. Parecía ser algo importante ya que ni siquiera saludo.

-No. ¿que sucedió? –Pregunte mientras me quitaba una lagaña.

-Encontraron muerto a Ajib. Supuestamente de un disparo en la cabeza.

Ajib Habbur era el líder del sector de Avard. Un magnate Praeterdence que había logrado mantener el sector como el único verdaderamente estable en todo Octo. Pero nunca se había logrado ganar la empatía de la mayoría de los gobernantes de los otro siete sectores, mucho menos la de los Klaus. Todos tenían un estigma racial por el simple hecho de que ni siquiera era de este continente.

-¿Y no se sabe nada mas? –Le pregunte aun esforzándome por mantenerme despierto.

-Se rumora que fueron los mismos Klaus los que lo asesinaron. –Me lo dijo como un leve susurro, procurando no ser escuchado. –Según se, hace un tiempo se reunieron, y Ajib les negó nacionalizar las minas de diamantes que descubrieron hace ya casi dos meses.

Ajib siembre se había dedicado a mantener este sector a cargo de empresas privadas, lo que daba trabajo a todos los pueblos y colonias. Aunque también había pobreza, éramos los únicos que no estábamos en el extremo.

-Muchos han comenzado a manifestar en la plaza del cónsul. –Me dijo al notar que demostré un poco mas de interés. –Y muchos no irán a la universidad hoy por el mismo motivo.

-¿Tu iras a la marcha? –Le pregunte.

-Es lo que tengo en mente. Pero primero tengo que asegurarme de que la universidad suspenda clases por falta de alumnos. Se que el sector es una prioridad, pero también lo es evitar ser asesinado por mi padre si repruebo. –Me miro y sonrió.

Yo sentía la obligación de acompañarlo, sentía que por muy poco que pareciera esta seria una buena oportunidad para hacer algo de diferencia. Tal vez no cambie al mundo en una sola tarde, pero todo es a un paso a la vez y sabia que el camino que había escogido era pedregoso.

-Voy contigo –Le dije –Es pero poder ayudar en algo. –Mi voz sonaba con un sutil matiz de orgullo.

Minutos después llegamos a la estación. Estaba totalmente llena de adolescentes con pancartas y letreros, muchos de ellos tenían el escudo de los Klaus tachados. Una letra K con un ojo en la parte de arriba, una mano de bajo, a la izquierda un sol con el rostro de un hombre y a la derecha una luna con la cara de una mujer. Un aluvión humano se abalanzo sobre nosotros cuando la puerta del vagón se abrió.

-Y si mejor nos vamos de una vez? –Grito Francis mientras me jalaba de la mochila. Después de intentar bajar sin éxito

-Yo creo que si. –Muchos de los que subieron al tren eran rostros conocidos. Sin duda las clases se tendrían que haber cancelado.

Un olor a sudor y murmullos incomprensibles nos acompañaron todo el camino hasta la próxima estación. Me parecía haber escuchado que algunos acamparían a los alrededores, algo a lo cual no iba dispuesto.

-Oye, cuanto tiempo estaremos allí? –Le pregunte a Francis mientras estábamos apretados hombro a hombro.

-Yo solo me quedare unas cuantas horas, y si es necesario volveré mañana. ¿Por qué? ¿Piensas quedarte mas tiempo? –Un tono de inconformidad brotaba de sus labios

-Claro que no –Le dije mientras intentaba obtener mas espacio entre la gente. –Por la misma razón te lo pregunte. Tengo que salir con Kendal pasado mañana y si hoy vuelvo tarde no me darán ni un illio.

-No te preocupes. Solo un par de horas y nos iremos.

Me sentí aliviado al escuchar eso de el. Ya llevaba mas de dos meses saliendo con Kendal y estaba a punto de convencer a mi padre para programar el matrimonio. Ella era hermosa, bueno, ante mis ojos. Era la típica chica introvertida que se sentaba al frente de toda clase, jugueteando con sus largos risos castaños que caían sobre el pupitre y ocultando las risas cuando alguien decía una broma. Siempre buscaba la manera de ser agradable con ella, pero por desgracia, todo lo agradable cuesta. Nuestros illios habían subido mucho su valor desde que las minas fueron encontradas pero eso hacia mas difícil que mi padre me diera por su idea de invertir en una empresa pequeña. Pero con cincuenta era mas que suficiente para ir al cine e ir a comer pizza. Por muy poco era algo con lo que nos sentíamos bien.

Llegando a la estación central sentí un gran alivio al ver que el vagón se despejaba y el aire fluía con mayor naturalidad. Intente bajar lo mas rápido posible siguiéndole el paso a Francis. La plataforma de abordaje se despejaba y la multitud se esparcía. Muchos dirían que es una muchedumbre iracunda, pero yo los veo como el pueblo que exige lo que les pertenece.

Caminamos hacia la plaza y la ciudad se veía desierta. Las tiendas estaban cerradas y las calles vacías. Como si todo el mundo se hubiera puesto de acuerdo para detener la ciudad. Frente a la plaza se localizaba el cónsul sectorial, un edificio majestuoso de casi quinientos metros de altura, con grandes ventanales que resplandecían tan brillantes con la luz del sol que lastimaba la vista.

Nos adentramos entre la multitud buscando la sombra de la estatua de Vladimir Klaus ubicada en el centro de la plaza. Mientras mas avanzaba, mas cambiaba mi opinión sobre esas personas. Algunos orinaban en botellas y las lanzaban al aire sin prudencia alguna, otros fumaban Bliss delante de todos, solo el humo podía drogar a los que estuvieran a 5 metros a la redonda. (–Estos no son jóvenes que quieren un cambio. Solo son unos ridículos que quieren llamar la atención-) Era la mejor droga que se había inventado. En cierta ocasión la había probado y era como estar en caída libre todo el tiempo, tenia que concentrarme para no perderme en ella, pero la mente divaga demasiado bajo sus efectos.

-Hey Francis! –Le grite mientras lo tome del hombro –Ya me voy!

-Solo espera a que encuentre a Diana y a Gus. –Me dijo acercándose a mi oído.

-Esta bien, pero que sea rápido. –Ya se notaba mi frustración y el en ningún momento me menciono que vendrían. Lo vi sacar el teléfono en el monorriel para mandar un texto pero nunca preste atención.

Continuamos recorriendo el lugar entre la multitud. Ya me parecía estúpido seguir buscando. Encontrar a dos individuos en medio de casi medio millón de personas es casi imposible en cualquier aspecto. Caminamos durante casi una hora dando vueltas a la plaza, hasta que Francis sugirió caminar por la avenida principal, que si no los encontrábamos podíamos tomar el monorriel de camino a casa.

Había casas de campaña regadas por todo el asfalto y en ellas jóvenes que parecían estar divirtiéndose mas que protestar por los eventos. Pareciera que algunos ni siquiera sabían porque estaban allí, se les podía ver bebiendo y bailando al ritmo de unos altoparlantes que salían de la ventana de un edificio. Algunos tenían sexo a la vista de todos. Eran casi como animales.

-Francis! –Una voz salió de entre la música y los gritos.

Buscamos con la mirada y desde una carpa inmensa salió Gus. El era el típico sujeto irreverente y rostro vulgar de baja cuna, pero su padre era un gran accionista de una de las tantas empresas de Ajib. Solo por eso sale con una chica como Diana. Tenia hermoso cabello dorado y piel tan blanca como la nieve. En este mundo el dinero es lo único que importa. Saludo a Francis con un fuerte abrazo, como si no se hubieran visto en meses. En cambio, a mi solo me recibió con un apretón de manos.

-Pasen! Vamos a tomar algo –Dijo mientras sostenía la lona que tenia como puerta.

Al entrar sentí como si me hubieran restaurado algún trozo de alma que hubiera perdido en algún lugar. La carpa estaba climatizada, y tenia asientos acojinados alrededor de una mesa central redonda. Todo objeto resaltaba de un color naranja a las paredes color verde. Diana estaba acostada en el mas grande, donde cabrían perfectamente tres personas. Ella solo se limito a ver desde el rabillo del ojo y a saludar con picardía con los dedos de la mano.

-Ignórenla. Ya bebió demasiado –A Gus no le parecía importar en lo mas mínimo. –¿Gustan licor de ajenjo? –Nos pregunto mientras sacaba una botella de una caja negra con relieves dorados. Francis y yo asentamos con la cabeza. (ya necesitaba algo de beber, siento arena en la garganta). Hubiera preferido un baso de agua o alguna soda, pero era lo único que tenia, y lo estaba tomando a secas.

-Desde hace cuanto estas aquí? –Le pregunto Francis a Gus

-Desde las siete de la mañana, pero para ser sincero no tenia ganas de venir. –Ya se notaba su lengua arrastrando por el licor de Ajenjo. –Solo estoy aquí porque mi padre me pidió que esperara a los Wings de Redlands para evitar que los Klaus firmen el acuerdo de nacionalización. Pero en cuanto lleguen me iré de inmediato.

-¿Y porque tu padre no envió a alguien mas? –Volvió a preguntar Francis

-Por eso. –Señalo unas cajas negras detrás de nosotros. No había notado que estuvieran allí. –Cuando mi padre trabajaba para Eugene Chase era el que le transportaba las armas, pero desde que murió y su hijo quedo en su lugar, el negocio se arruino y miles de armas quedaron en bodegas. Así que decidió darles un buen uso –Lo dijo con un tono altanero.

(-Si me quedo me iré hasta el cuello de mierda) Los Wings eran uno de los tantos grupos de liberación. Como los Erzen, Iron Hands y Catu, eran perseguidos por todo el ejercito, intentando erradicarlos antes de que ocasionaran mas disturbios. Por eso desde hace muchos años estos últimos dejaron las revueltas y se dedicaron al narcotráfico, contrabando y extorción. Cosa que al gobierno ya no le importo tanto.

-Oye. ¿Y hay la posibilidad de que me pueda ir contigo? –Le pregunte sin temor a parecer atrevido

-Claro, pero también hay la posibilidad de que no me valla hasta mañana –Me respondió

-¿Que quieres decir?

-Tengo que esperar a esos sujetos. Así que si no llegan hoy no puedo dejar esto aquí, ni tampoco puedo llevármelo. –Se levanto y dio un par de palmadas a las cajas.

-Créeme que es mas seguro que esperes aquí a que volvamos ahora –Me dijo Francis. –No sabemos si a estas alturas los disturbios hayan bloqueado los transportes.

-Efectivamente –Dijo Gus mientras sostenía su teléfono celular. –Miren esto –Se sentó junto a nosotros y nos lo mostro. Era un noticiero que informaba sobre los disturbios de Avard. Decía que la línea de monorrieles había sido bloqueada para evitar que mas manifestantes llegaran al Cónsul.

-Mas vale quedarnos –Dijo Francis. –Si quieres llámale a Kendal o a tus padres.

-No te preocupes. Puedo utilizar de pretexto el paro, solo espero que aun así me den un poco de dinero.

-No se preocupen –Gus me palmeo el hombro y sonrió. –Tenemos lo necesario para soportar una semana. –Tomo la caja que estaba por en sima de las de mas y la jalo, azotándola violentamente contra el suelo. Al abrirla nos mostro botellas de varios licores diferentes. –Empecemos por el licor de coca –Saco la botella y la destapo con los dientes.

Termine de un sorbo el licor de Ajenjo y extendí mi copa para que me sirviera un poco. Las horas pasaron entre risas y anécdotas estúpidas. Solo me limitaba a escuchar las historias de Gus, que sin duda, eran mejores que cualquiera que le podría haber contado yo. Al caer la noche todo se empezó a oscurecer junto a mi vista y mi juicio. La luz del sol se colaba entre los pliegues de las paredes, y me jugueteaba en los parpados. La cabeza aun me daba vueltas y me dolía con cada movimiento que hacia. Cuando pude abrir los ojos me di cuenta que Gus y Diana ya no estaban allí, solo estaba con Francis, que dormía sobre el sillón en el que estaba diana el día anterior. También me di cuenta que las cajas ya no estaban. Sentí un nerviosismo muy grande.

-Francis! Despierta! –Le grite mientras lo movía con severidad. –Gus ya no esta!

-Como que ya no esta –Despertó mas rápido de lo que pensé.

-Vámonos de aquí –Le dije. –No quiero quedarme otro día mas.

-Ok –Me respondió a secas mientras se reincorporaba

Al salir vi a Gus y Diana con unos sujetos de mal aspecto. Sentí un alivio momentáneo pero me volví a poner nervioso cuando en cuanto los vi sacando las armas de las cajas. Eran un tipo de armas que jamás en mi vida había visto. Accesorios como sensores de movimiento y lanzagranadas eran comunes pero estas no tenían nada parecido a ello, ni si quiera sabia que eran.

-Que bueno que despertaron –Dijo Gus al darse cuenta que estábamos detrás de el –En unos minutos nos vamos, solo esperen un momento.

Nos sentamos sobre una de las cajas vacías ya un poco mas aliviados, pero con una terrible resaca. El sol me estaba quemando los hombros y la espalda, solo veía mi sombra en el piso queriendo estar bajo ella. A lo lejos se empiezan a escuchar gritos de mujeres la gente empieza a correr frente a nosotros. Los sujetos que estaban con Gus se alertaron rápidamente y se resguardaron tras las cajas negras. Tres camionetas inmensas color negro se acercaban despacio, atropellando gente a su paso. La sangre manchaba la calle con una gran estela que parecía indeleble. Francis murmuraba detrás de mi, en lo que creo era una oración. Mientras yo simplemente me dejaba invadir por el miedo mientras mas se acercaban esas camionetas.

Las bestias negras se detuvieron frente a nosotros. No podía evitar temblar de temor, aun con toda esa multitud rodeándome me sentía totalmente indefenso. Los primeros disparos se empezaron a escuchar desde mi lado, pero las camionetas no respondían, solo seguían allí, inmóviles. Una fuerte curiosidad me invadió y solo pude ver de reojo, pero sabia quienes eran: Benjamin, Nicolas y Jon; Ninguno de ellos hacia otra cosa mas que infligir miedo. Benjamin y Nicolas solo miraban hacia el frente y solo se podía ver un pequeño destello en sus gafas, pero Jon observaba a todos lados, con ese aterrador resplandor verde salir de lo que al parecer eran sus ojos. Nunca los había visto tan cerca, solo sabia de ellos por la televisión y los libros de historia. Pero algo que nunca quise fue toparme con ellos en estas circunstancias.

Gus estaba a mi paralelo, escondido de igual manera. Con cuidado abrió una caja y saco dos armas de mano, con una señal útil me las arrojo deslizándolas por el suelo. Otra ráfaga de disparos se empezó a oír pero esta vez venían de las camionetas. Escuche seis disparos y vi a seis personas caer. El miedo se volvió aun mas intenso y la mente se me puso en blanco. Mil cosas pasaban por mi mente: mi familia, mis amigos, mi Kendal; No se si fue el temor o valor, pero me levante, tome el arma fuertemente y apunte a un manojo de cabello rojo, negro y blanco que salía por sobre la primera camioneta. El cañón me miro y solo escuche un disparo. Solo uno.

CAPITULO 1:

-CLYDE:

Nadie escoge donde estar ni cuando estarlo, todo es una cadena de consecuencias, y cada una te moldea como arcilla hasta el ultimo de tus días, pero todo es siempre producto del azar. Mi vida había sido muy diferente a la de todos los de mas. A la edad de los cuatro años me compraron mi primer auto, aunque ni siquiera sabia conducir. Mi padre siempre proveía, al ser el dueño del banco Lockeye nunca carecimos de lo mas mínimo, pero siempre exageraba con los lujos y las comodidades, pero eso nunca pensé que me hubiera afectado. A la edad de los cinco me comprometieron con Karen Tool, hija de Herb Tool (dueño de la empresa de telecomunicaciones mas grande del mundo) En ese entonces era solo una mente inconsciente de lo que involucraba esto.

A partir de ese día nunca pude ver a otras niñas de la misma manera. Siempre fui reprendido por mis hermanos mayores (-Como odie a Bennet y Alice en esos días) y mis padres. Hasta ese momento todo lo que veía en la televisión o escuchaba en la radio era anormal para mi, eso me causo muchos problemas. Yo nunca pensé en el hecho de poder enamorarme de alguien o dejar a un lado este compromiso. Siempre escuche que el amor era solo una jugarreta del cerebro para disfrutar los riesgos, si tenia que enamorarme de alguien siempre quise que fuera un riesgo el cual valiera la pena afrontar. Pero todos estos años Karen había sido frustrante. Sin duda era hermosa, me encantaba su largo cabello color dorado y su rostro delgado y fino, pero su temperamento opacaba todas sus virtudes. Aunque no podía hacer nada, era la persona con la que pasaría el resto de mis días.

Aun recuerdo cuando tenia diez años, era tan ignorante. Pero mi madre y mi hermana se esforzaron para hacer que no fuera tan dura la situación. Organizaron una gran fiesta, el jardín fue decorado con hermosas luces doradas como estrellas creando un techo translucido de bajo del cielo nocturno, debajo estaban las mesas circulares de cristal sobre el verde césped, contrastaban hermosas con una tenue luz blanca que se convertía en amarilla desde el centro a las esquinas de las mismas. Desde mi balcón podía ver todo, en ese momento sabia que tenia el mejor patio trasero del mundo, y al fondo, una piscina gigantesca con puentes en todos los extremos, y en ella había Ángeles lumínicos de Asthes bailando y saltando por toda la superficie, pasando por debajo de los pequeños puentes y alrededor del kiosco del centro, decorándolo con resplandores de color rojo, verde, azul y amarillo. Los Ángeles lumínicos eran mis animales favoritos, eran pequeños peces regordetes con pequeñas alas en el extremo de la cola, que si bien no les servía para volar, lo hacia levantarse sobre la superficie del agua por varios segundos. Mi mama siempre me decía que traían buena suerte y que, por ser de Asthes eran una bendición de nuestro dios.

La gente comenzaba a llegar, cada uno era guiado hasta su mesa. Eran rostros que nunca había visto en mi vida, sentí un ligero temor e incluso vergüenza pero mi madre insistió en que saliera. Ese día vestía un pequeño traje color marrón, era sumamente incomodo, incluso rígido al caminar. Pasaba entre las mesas recibiendo sonrisas y halagos, ruborizándome y solo respondiéndolos con una inocente seña de la cabeza e intentando forzar una sonrisa con pena.

Mi mama me llevo hasta una larga mesa al lado de la alberca, donde estaba mi padre conversando con un hombre alto de cabello rubio, su cara ya mostraba los estragos de la edad.

-Siéntate aquí –Dijo mi madre al verme indeciso. Camino de tras de la silla casi al centro de la mesa y la aparto de ella.

Me note sorprendido al ver a una niña de mi edad a mi lado. Nunca entendí porque no la note desde un principio. Era tan bonita que me puse nervioso y las manos me comenzaron a sudar. Una larga melena de cabello ondulado recorría su espalda, ojos grandes y redondos hacia que resaltara mas el color miel de ellos, nariz redonda pero extrañamente respingona hacían que fuera tanto bella como enigmática. En ocasiones notaba que me veía pero solo me limitaba a verla con el rabillo del ojo de vez en cuando.

Mi padre hizo un gesto con la mano y mi madre asentó. Camino con rapidez hacia la casa y volvió enseguida con mis hermanos. Alice traía de la mano a Bennet mientras mi madre cargaba en brazos a Derek. Se sentaron al lado de mi padre, opuesto al mío. Dejándonos a esa niña y a mi en el centro de la mesa.

-Buenas noches! –Dijo mi padre en voz alta haciendo un silencio total entre cada palabra. –Y gracias por venir a ser testigos y participes de la unión de estas dos familias. –Vi como mi padre me hizo un gesto con la mano insinuando ponerme de pie. –Hoy sellaremos el compromiso de Clyde Lockeye con Karen Tool ante los ojos de los Klaus y ustedes. –Los aplausos se dejaron oír.

Todas las miradas empezaban a centrarse en mi, sentía ansiedad y ganas de salir corriendo. Escuche un sollozo a mi lado y no pude evitar voltear con indiscreción. La niña estaba llorando, pero se esforzaba en evitarlo, haciendo que extrañamente se notara mas. Su padre se acerco a ella y la tomo de su pequeña mano. Estaba tan distraído que apenas note que mi padre hizo lo mismo. Caminamos hacia una mesa pequeña ubicada en medio del jardín. Un hombre con anteojos, cabeza rapada y traje formal nos estaba esperando con un maletín de cuero negro, que abrió y giro en torno a el en cuanto nos acercamos.

-August Lockeye? –Dijo el hombre sin saber a ciencia cierta a quien dirigirse. Pero en seguida mi padre se acerco, haciéndolo mas fácil para el hombre que ya parecía estar un poco nervioso. –Firme aquí por favor. –Saco una gran hoja y una pluma de colmillo de ballena Lybea. Era transparente y hermosa.

Mi padre se inclino y firmo.

-Herb Tool –El hombre se veía mas confiado. –Firme aquí.

Una vez terminaron de firmar hizo la hoja a un lado y del maletín saco unas pequeñas laminas de cristal dejándolas sobre la mesa. Del mismo saco un par de guantes blancos de látex y pidió que nos acercáramos. Me puse nervioso y no pude avanzar, solo sentí un suave empujón de mi padre para acercarme a la mesa. El sujeto me tomo la mano derecha y sostuvo sutilmente mi dedo índice. Tomo un pequeño algodón con lo que creo era alcohol y lo froto sobre el. En ese momento sentí un pinchazo muy fuerte y doloroso, no pude evitar sacar una lagrima. Tan rápido como lo hizo tomo la lamina de cristal y la separo. Dejo caer una gota y la volvió a cerrar tan rápido como la abrió. Después tomo el papel y lo deslizo sobre la mesa. Vi mi nombre escrito en el bajo la firma de mi padre. El hombre apoyo mi dedo sobre el papel y se quedo plasmada mi huella en sangre justo sobre mi nombre. Cuando fue el turno de Karen pareció mucho mas rápido. No dejo salir una sola lagrima, pero se notaba en su cara inconformidad. Mi padre me alboroto el cabello con ternura y comenzó a aplaudir, después de el lo siguió la multitud.

-Esta hecho. –Dijo el sujeto –Exactamente en quince años, a partir de este día. El joven Clyde Lockeye y la señorita Karen Tool contraerán matrimonio. De no ser así se pagara una multa del 10% de los vienes totales de la familia causante del desacuerdo mas 20 años de prisión para el responsable de cualquiera de las dos partes. Esta acta esta certificada para un total de cuatro hijos. Cualquier hijo que se llegase a tener adicional al acuerdo se deberá de pagar catorce billones de illios si se desea conservar. –El hombre cambiaba la mirada de uno a otro en cada oración. –Que disfruten su noche. –Agrego.

No muchos tenían una oportunidad como la mía (para ser exactos el 80% de la población), aunque nunca la quise. Pero era mejor que morir solo. Siempre había cuestionado estos protocolos, pero eran necesarios. El mundo pasaba hambre y hace mas de trescientos años había mas hambre que comida para saciarla, hasta que los Klaus impusieron esta nueva ley. Tal vez sus métodos no eran los mejores pero lograron una gran estabilidad en el mundo. Siendo amigos íntimos de mi padre era una obligación seguir sus normas.
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