el 20 de noviembre se festeja en argentina el dia de la soberania debido a la batalla de la vuelta de obligado.
La Vuelta de Obligado
Hacia mitad del siglo XIX, Estados Unidos, Francia e Inglaterra se encontraban en plena expansión comercial y territorial en distintas regiones del planeta.
Estados Unidos intervino en México anexionando parte de su territorio incluido Texas. Tanto Francia como Inglaterra tenían ambiciones de expansión comercial en esa región de México, objetivos que fueron dejados de lado para no entrar en una confrontación militar con la naciente potencia del norte de América. Ambas naciones confluyeron entonces en una alianza para intervenir militarmente en el sur del mismo continente a fin de imponer sus intereses comerciales. El algodón que no podría cultivar Inglaterra en Texas, intentaría ser recuperado en los campos de la Confederación Argentina.
Para ese entonces, Juan Manuel de Rosas era el Gobernador de la provincia de Buenos Aires y el depositario de las relaciones exteriores de la Confederación. En su segunda gobernación, Rosas había empezado a independizar comercialmente a la región promulgando la ley de aduanas, expropiando el Banco Nacional, prohibiendo la exportación de metales e imponiendo fuertes aranceles a la navegación de buques extranjeros en los ríos interiores para proteger las nacientes industrias locales. En 1840 logró vencer el bloqueo de los franceses en una primera intervención armada y, la experiencia de esa lucha, la sabría aprovechar para vencer a la segunda intervención conjunta de Inglaterra y Francia.
Unida toda la Confederación, expulsados los aliados internos que trabajaban para las potencias agresoras y valiéndose de las contradicciones de ambos imperios la victoria estaría asegurada, sumando a ello la oposición de una fuerte resistencia militar a la invasión haciendo que ésta resultara totalmente improductiva para los interventores.
El 20 de noviembre de 1845, un convoy comercial de noventa navíos mercantes custodiado por buques de guerra ingleses y franceses, intentarían remontar el Río Paraná en demostración de no existir soberanía argentina sobre el río, llevando mercaderías a las provincias del litoral y al Paraguay. La intención además era ocupar los ríos interiores con sus escuadras, obligar a la "libre navegación" del Plata y sus afluentes y convertir a Montevideo en una factoría comercial para ambas potencias.
A principios de noviembre la flota invasora zarpó desde Montevideo. El 8 entró en el Guazú; el 10 llegaron a la bifurcación con el Pavón, donde se enteraron de las baterías de Obligado y en el paso de la Ramada ( departamento Gualeguay, que comunica con el río Victoria) Siete días se quedaron en el Ibicuy estudiando la estrategia. El 17 deciden continuar por el Guazú. La flota mercante queda a la espera en el Ibicuy. A todo esto, Mansilla recorre la ribera del Paraná, junto a Crespo y el práctico Guillermo Thurner mandado por el Gobernador. Instala su cuartel general en el Tonelero, y desde allí informa Rosas que ha decidido concentrar las escasas fuerzas federales que pudo reunir en un lugar estratégico. Cerca de San Pedro, el río Paraná forma un recodo conocido como la Vuelta de Obligado. Tiene una profundidad de 40 metros y 700 metros de anchura. Mansilla a instancias de Rosas elige este lugar “por la vuelta que hace el río en una punta saliente y difícil de remontarse con el viento, a quien viene navegando, debido al cambio que hace de rumbo el canal principal”.
Indefectiblemente los enemigos deben pasar por allí para llegar a Corrientes con el fin de aglutinarse con los unitarios y aislar a Entre Ríos. Se Monta en la orilla 21 cañones, repartidos en cuatro baterías:
1.A la derecha, en un ángulo de la barranca, la Restaurador Rosas, de 20 m. de altura, con 6 cañones, dos de a 24 y cuatro de 16, al mando del ayudante mayor de marina Alvaro de Alzogaray. Defendida en su flanco derecho por 500 milicianos de infantería, de los cuerpos de Patricios de Buenos Aires, al mando del coronel Ramón Rodríguez. Otros cuatro cañones, de a 4, están a las órdenes de José Serezo. El otro flanco, lo defienden 100 combatientes bajo la tutela de Juan Gainza.
2. A ciento diez varas de la primera, la General Brown, de 7 m. de altura, con cinco cañones, uno de a 24, dos de a 18, al mando del teniente de marina Eduardo Brown, hijo del almirante Guillermo Brown.
3. A cincuenta varas, la General Mansilla, rasante, con tres cañones, dos de a 12 y uno de a 8, a cargo del teniente de artillería Felipe Palacios.Las baterías General Brown y General Mansilla son resguardadas por 200 guerreros, que responden al teniente coronel Manuel Virto.
4. A 160 varas de la anterior, la Manuelita, de 19 m., con siete cureñas de mar, de a 10 y de a 8, gobernada por el teniente coronel de artillería Juan Bautista Thorne. Acompañadas por 160 artilleros y 60 de reemplazo. En su flanco, posee dos cañones de a 4, dirigidos por el teniente coronel Laureano Anzoátegui y el capitán de marina Santiago Maurice. El comandante Luis Barreda tiene a su cargo a 200 hombres. A unos metros de las cuatro baterías están las reservas: 600 hombres de infantería y dos escuadrones de caballería al mando del ayudante Julián del Río y del teniente Facundo Quiroga, hijo del “Tigre de los Llanos”. Ambos, bajo la instrucción del coronel José María Cortina.
A este ejército profesional hay que añadir los vecinos de: San Pedro, Baradero y San Antonio de Areco, que están a las órdenes de Benito Urraco, Juan Magallanes y de Tiburcio Lima, respectivamente. El teniente Cruz Cañete escolta al general Mansilla con 70 hombres. También, participa en la acción el teniente general Donato Alvarez.
Las baterías son comandadas por el coronel Francisco Crespo. Las fuerzas locales suman unos 2.500 hombres. De poco serviría esta defensa si no se coloca un entramado metálico que obstaculice el paso de las escuadras refractarias.
LAS ESCUADRAS ANGLOFRANCESAS;
La fuerza naval anglo-francesa se compone de 11 buques de guerra con 99 ó 101 cañones. La artillería es superior a la de la Confederación. Casi toda de calibre superior a 30 libras. Algunos cañones franceses utilizan Paixhans, balas con espoleta.
No hay un mando único.
El jefe más antiguo es Hotham. La escuadra se cumplimenta con buques carboneros que la abastecen. Para dar una idea del poderío basta decir que la numeración no indica calibre, sino peso. Así, “los de grueso calibre eran de a 32 y a 24 libras, es decir que disparaban balas esféricas de ese peso (...) El diámetro de una bala de 32 es aproximadamente de 15 cms (...) Una bala de a 18 perforaba 70 cms. de madera”.
Cuando los extranjeros avanzaron, Mansilla ordenó la defensa y proclamó a la tropa: "¡Allá los tenéis! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra Patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que recorre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! ¡Tremola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que verlo bajar de donde flamea!".
La batalla naval se pierde, Rosas lejos de tirar la toalla redobla el esfuerzo y comienza una guerra de guerrillas de manera incesante e implacable contra los invasores y ordena que se continúe la lucha en los ríos interiores, hostigando con tiroteos y cañoneos permanentes a los invasores, retirando el ganado de la costa y todo tipo de elemento que pudiera ser útil al enemigo. Los ejércitos de Lucio Mansilla, Ramón Rodríguez, Juan Bautista Thorne, José Serezo, Santiago Maurice y Alvaro de Alzogaray realizan ataques imprevistos al engendro anglo-franco-unitario que intenta subir el Parana. Los combates son sangrientos y permanentes. La moral de los invasores flaquea, la misión comercial encuentra el desastre y fracasa. Finalmente, en junio de 1846, en las barrancas de El Quebracho, Mansilla, Thorne, Virto y Santa Coloma ponen punto final a la navegación anglo-francesa en el Paraná infligiéndoles un clara derrota. En 1847, los ingleses deciden levantar el bloqueo y culminar las hostilidades debido al fracaso de la misión interventora y las graves perdidas comerciales efectuando un reconocimiento expreso a la soberanía Argentina, devolviendo la flota capturada a Brown y desagraviando el pabellón Nacional con una salva de 21 cañonazos.
Un año después, lo hacen los franceses.
El libertador General San Martín refiriéndose a estos hechos expreso;
"Los hechos acaecidos constituyen una segunda guerra de la independencia."
El 17 de agosto de 1850 fallecio en Boulogne sur Mer . En su testamento, dejaba como única heredera a su hija Mercedes de Balcarce, con varias demandas. Entre ellas que “ el sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al Excmo. Señor general de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que han tratado de humillarla”.
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Hacia mitad del siglo XIX, Estados Unidos, Francia e Inglaterra se encontraban en plena expansión comercial y territorial en distintas regiones del planeta.
Estados Unidos intervino en México anexionando parte de su territorio incluido Texas. Tanto Francia como Inglaterra tenían ambiciones de expansión comercial en esa región de México, objetivos que fueron dejados de lado para no entrar en una confrontación militar con la naciente potencia del norte de América. Ambas naciones confluyeron entonces en una alianza para intervenir militarmente en el sur del mismo continente a fin de imponer sus intereses comerciales. El algodón que no podría cultivar Inglaterra en Texas, intentaría ser recuperado en los campos de la Confederación Argentina.
Para ese entonces, Juan Manuel de Rosas era el Gobernador de la provincia de Buenos Aires y el depositario de las relaciones exteriores de la Confederación. En su segunda gobernación, Rosas había empezado a independizar comercialmente a la región promulgando la ley de aduanas, expropiando el Banco Nacional, prohibiendo la exportación de metales e imponiendo fuertes aranceles a la navegación de buques extranjeros en los ríos interiores para proteger las nacientes industrias locales. En 1840 logró vencer el bloqueo de los franceses en una primera intervención armada y, la experiencia de esa lucha, la sabría aprovechar para vencer a la segunda intervención conjunta de Inglaterra y Francia.
Unida toda la Confederación, expulsados los aliados internos que trabajaban para las potencias agresoras y valiéndose de las contradicciones de ambos imperios la victoria estaría asegurada, sumando a ello la oposición de una fuerte resistencia militar a la invasión haciendo que ésta resultara totalmente improductiva para los interventores.
El 20 de noviembre de 1845, un convoy comercial de noventa navíos mercantes custodiado por buques de guerra ingleses y franceses, intentarían remontar el Río Paraná en demostración de no existir soberanía argentina sobre el río, llevando mercaderías a las provincias del litoral y al Paraguay. La intención además era ocupar los ríos interiores con sus escuadras, obligar a la "libre navegación" del Plata y sus afluentes y convertir a Montevideo en una factoría comercial para ambas potencias.
A principios de noviembre la flota invasora zarpó desde Montevideo. El 8 entró en el Guazú; el 10 llegaron a la bifurcación con el Pavón, donde se enteraron de las baterías de Obligado y en el paso de la Ramada ( departamento Gualeguay, que comunica con el río Victoria) Siete días se quedaron en el Ibicuy estudiando la estrategia. El 17 deciden continuar por el Guazú. La flota mercante queda a la espera en el Ibicuy. A todo esto, Mansilla recorre la ribera del Paraná, junto a Crespo y el práctico Guillermo Thurner mandado por el Gobernador. Instala su cuartel general en el Tonelero, y desde allí informa Rosas que ha decidido concentrar las escasas fuerzas federales que pudo reunir en un lugar estratégico. Cerca de San Pedro, el río Paraná forma un recodo conocido como la Vuelta de Obligado. Tiene una profundidad de 40 metros y 700 metros de anchura. Mansilla a instancias de Rosas elige este lugar “por la vuelta que hace el río en una punta saliente y difícil de remontarse con el viento, a quien viene navegando, debido al cambio que hace de rumbo el canal principal”.
Indefectiblemente los enemigos deben pasar por allí para llegar a Corrientes con el fin de aglutinarse con los unitarios y aislar a Entre Ríos. Se Monta en la orilla 21 cañones, repartidos en cuatro baterías:
1.A la derecha, en un ángulo de la barranca, la Restaurador Rosas, de 20 m. de altura, con 6 cañones, dos de a 24 y cuatro de 16, al mando del ayudante mayor de marina Alvaro de Alzogaray. Defendida en su flanco derecho por 500 milicianos de infantería, de los cuerpos de Patricios de Buenos Aires, al mando del coronel Ramón Rodríguez. Otros cuatro cañones, de a 4, están a las órdenes de José Serezo. El otro flanco, lo defienden 100 combatientes bajo la tutela de Juan Gainza.
2. A ciento diez varas de la primera, la General Brown, de 7 m. de altura, con cinco cañones, uno de a 24, dos de a 18, al mando del teniente de marina Eduardo Brown, hijo del almirante Guillermo Brown.
3. A cincuenta varas, la General Mansilla, rasante, con tres cañones, dos de a 12 y uno de a 8, a cargo del teniente de artillería Felipe Palacios.Las baterías General Brown y General Mansilla son resguardadas por 200 guerreros, que responden al teniente coronel Manuel Virto.
4. A 160 varas de la anterior, la Manuelita, de 19 m., con siete cureñas de mar, de a 10 y de a 8, gobernada por el teniente coronel de artillería Juan Bautista Thorne. Acompañadas por 160 artilleros y 60 de reemplazo. En su flanco, posee dos cañones de a 4, dirigidos por el teniente coronel Laureano Anzoátegui y el capitán de marina Santiago Maurice. El comandante Luis Barreda tiene a su cargo a 200 hombres. A unos metros de las cuatro baterías están las reservas: 600 hombres de infantería y dos escuadrones de caballería al mando del ayudante Julián del Río y del teniente Facundo Quiroga, hijo del “Tigre de los Llanos”. Ambos, bajo la instrucción del coronel José María Cortina.
A este ejército profesional hay que añadir los vecinos de: San Pedro, Baradero y San Antonio de Areco, que están a las órdenes de Benito Urraco, Juan Magallanes y de Tiburcio Lima, respectivamente. El teniente Cruz Cañete escolta al general Mansilla con 70 hombres. También, participa en la acción el teniente general Donato Alvarez.
Las baterías son comandadas por el coronel Francisco Crespo. Las fuerzas locales suman unos 2.500 hombres. De poco serviría esta defensa si no se coloca un entramado metálico que obstaculice el paso de las escuadras refractarias.
LAS ESCUADRAS ANGLOFRANCESAS;
La fuerza naval anglo-francesa se compone de 11 buques de guerra con 99 ó 101 cañones. La artillería es superior a la de la Confederación. Casi toda de calibre superior a 30 libras. Algunos cañones franceses utilizan Paixhans, balas con espoleta.
No hay un mando único.
El jefe más antiguo es Hotham. La escuadra se cumplimenta con buques carboneros que la abastecen. Para dar una idea del poderío basta decir que la numeración no indica calibre, sino peso. Así, “los de grueso calibre eran de a 32 y a 24 libras, es decir que disparaban balas esféricas de ese peso (...) El diámetro de una bala de 32 es aproximadamente de 15 cms (...) Una bala de a 18 perforaba 70 cms. de madera”.
Cuando los extranjeros avanzaron, Mansilla ordenó la defensa y proclamó a la tropa: "¡Allá los tenéis! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra Patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que recorre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! ¡Tremola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que verlo bajar de donde flamea!".
La batalla naval se pierde, Rosas lejos de tirar la toalla redobla el esfuerzo y comienza una guerra de guerrillas de manera incesante e implacable contra los invasores y ordena que se continúe la lucha en los ríos interiores, hostigando con tiroteos y cañoneos permanentes a los invasores, retirando el ganado de la costa y todo tipo de elemento que pudiera ser útil al enemigo. Los ejércitos de Lucio Mansilla, Ramón Rodríguez, Juan Bautista Thorne, José Serezo, Santiago Maurice y Alvaro de Alzogaray realizan ataques imprevistos al engendro anglo-franco-unitario que intenta subir el Parana. Los combates son sangrientos y permanentes. La moral de los invasores flaquea, la misión comercial encuentra el desastre y fracasa. Finalmente, en junio de 1846, en las barrancas de El Quebracho, Mansilla, Thorne, Virto y Santa Coloma ponen punto final a la navegación anglo-francesa en el Paraná infligiéndoles un clara derrota. En 1847, los ingleses deciden levantar el bloqueo y culminar las hostilidades debido al fracaso de la misión interventora y las graves perdidas comerciales efectuando un reconocimiento expreso a la soberanía Argentina, devolviendo la flota capturada a Brown y desagraviando el pabellón Nacional con una salva de 21 cañonazos.
Un año después, lo hacen los franceses.
El libertador General San Martín refiriéndose a estos hechos expreso;
"Los hechos acaecidos constituyen una segunda guerra de la independencia."
El 17 de agosto de 1850 fallecio en Boulogne sur Mer . En su testamento, dejaba como única heredera a su hija Mercedes de Balcarce, con varias demandas. Entre ellas que “ el sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al Excmo. Señor general de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que han tratado de humillarla”.
Combate de la vuelta de obligado - 20 de Noviembre: Día de la soberanía
La Asombrosa Excursión de Zamba en Vuelta de Obligado
Batalla de Vuelta de Obligado
La batalla de la Vuelta de Obligado: el Bicentenario desde los pueblos
Batallas de la libertad - Capítulo Vuelta de Obligado