La mujer en alemania oriental 2
DERECHOS LABORALES Y SUS CONSECUENCIAS
En este artículo sólo hablaremos de los derechos laborales concernientes a la mujer, pero en la RDA había establecidos multitud de derechos laborales para toda la población, que claro, también lo eran para mujeres. No es que “olvide comentarlos”, es que si los incluyera el artículo sería demasiado extenso. Para evitarlo me remito a la bibliografía indicada al principio del artículo.
Lo primero que hay que entender es que los derechos laborales en los países socialistas, al ser sociedades en los que los trabajadores tienen el poder, son extensos y suelen guiarse por la máxima “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”.
Es decir, cada persona en la RDA tenía unos extensos derechos (y deberes) y servicios cubiertos de manera pública mediante el sistema de seguridad social y según la necesidad concreta, las personas recibían ayudas, mejoras laborales, etc.
Es importante entender, pues, que en contra de lo que muchos liberales consideran “discriminación positiva” o “despilfarro” no es ni más ni menos que justicia, pues la situación de todas las personas no es igual y en un estado socialista, todas las personas son apoyadas por el estado obrero. Esto ocurría pues, con las mujeres.
Evidentemente no sólo con las mujeres, pero ellas tenían derechos adquiridos porque al analizar la situación de la mujer se consideró justo. Y es que, a pesar de los avances de la RDA por la igualdad y por combatir las estructuras sociales y roles que desfavorecen a las mujeres, seguían soportando gran parte de la carga de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos, además de su actividad laboral.
Estos tres aspectos que, en mi opinión, parecen tan simples de comprender son criticados y negados por los conservadores.
Las mujeres en la RDA seguían realizando más horas de tareas domésticas que los hombres, aunque esto fue mejorando con los años y los hombres comenzaban a implicarse más en el trabajo doméstico y sobretodo en el cuidado de los hijos.
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Junto a esto debemos tener en cuenta la incorporación al trabajo de la mujer (como vimos antes, algo considerado básico) por lo que la carga de responsabilidad de la mujer podía ser triple; trabajo, casa e hijos, como ocurre en muchos casos hoy día. Con esta base, podemos comprender algunos de los derechos y buenos resultados referidos a mujeres y madres en la RDA.
En la RDA se realizaron políticas para las mujeres que se suelen conocer como “Mutti-Politik” (algo así como ‘políticas para madres’) siendo esta calificación, según S. Kranz, errónea, pues asumía el rol de la mujer como madres y establecía cierta dualidad entre dos roles, el de “madre” y el de “trabajadora”. En cualquier caso, los resultados si que opino que fueron positivos y más si los comparamos con la situación en otros países y en la actualidad. Ser mujer trabajadora y madre estaba muy bien valorado en la sociedad de la RDA.
En este aspecto de la política de la RDA sin duda también se tuvo en cuenta el fomento de la tasa de natalidad, que era baja (se mantuvo similar a la de RFA con diferencias de 0.5 hijos más en la RFA a partir de 1975) ofreciendo facilidades para las familias y madres.
Encontrar explicaciones a esta situación nos permite obtener más información sobre la situación social de la mujer en la RDA. Nos guiaremos por el estudio Demographic Research: Germany, según el cual la independencia económica y el diferente rol de la mujer en la sociedad (lo hace comparándolo con la RFA) produjo una mayor emancipación de la mujer y esto afectaba a la tasa de natalidad. Argumentan que la política del aborto pudo haber influido bastante a la planificación familiar y afectar al número de hijos. Según el estudio “las condiciones sociales y económicas promovieron la formación temprana de la familia con un número limitado de hijos, pero un bajo nivel de natalidad”.
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Podemos observar el elevado impacto en la sociedad de Alemania del este de la caída del muro, también en la tasa de fertilidad.
La incidencia del matrimonio era menor que en otros países y la ratio de divorcios era mucho mayor. Según el estudio, el menor impacto de lazos religiosos y el alto nivel de empleo femenino explica este fenómeno. Se puede observar como el nivel de empleo es un factor fundamental que impactó en la situación de la mujer en aspectos no sólo económicos, sino también sociales.
En la vida familiar, lo más común en la RDA eran parejas con un hijo (un 47,7%) siendo menos común tener dos hijos (un 25%). Las madres solteras eran un 16% (un 10% en la RFA) según nos explica el estudio, a causa del alto ratio de divorcios. Se observa una alteración en la estructura familiar establecida para la época, el 60% de los hijos nacían de madres y parejas no casadas -no implica que no contrajeran matrimonio después- y la tasa de parejas no casadas con hijos era del 13% (4% en la RFA).
Empleada del servicio de correos, Berlín, 1988.
De los siguientes párrafos algunos de los textos son directamente copiados de los documentos oficiales de la RDA indicados al comienzo del artículo.
Las horas de trabajo semanal eran de 43 horas y tres cuartos, pero más de un 40% de los trabajadores tenían jornadas reducidas a 40 o 42 por semana según dos criterios, primero, el trabajo con turnos y segundo, las mujeres con hijos.
La semana de 40 horas fue decretada para todas las madres que, trabajando a tiempo completo, tienen más de un hijo o un hijo con minusvalía.
Este indicador estaba en la media de los países desarrollados. Por ejemplo, según datos de la OCDE, en 1985, las horas semanales trabajadas en Francia eran de 42.2, en Italia de 41.5, en Australia 43.5, en Irlanda 45 o en Reino Unido de 44.1.
La edad de jubilación era de 60 años en las mujeres y 65 en los hombres. Que las mujeres tuvieran una fecha de jubilación más temprana era común en los países socialistas. En 1985 la esperanza de vida era de 75 años en las mujeres y 69 en los hombres y el 18% de la población eran jubilados.
Las madres solteras no sufrían desventajas ni eran discriminadas y el estado las apoyaba con ayudas. De 1960 a 1976, por ejemplo, se invirtió en el subsidio para las madres solteras (y los hombres solos que, naturalmente, tenían los mismos derechos) 224,1 millones de marcos.
Evidentemente, las mujeres embarazadas no podían ser despedidas. Tampoco debían emplearse en un trabajo que hiciera peligrar la vida y la salud de la madre y el feto, por lo que si era necesario, se cambiaba puesto laboral garantizando el mismo salario.
Estaba prohibido para las embarazadas el trabajo nocturno y las horas extras. A mujeres embarazadas, madres con hijos menores de un año y a las mujeres (y hombres) solos con hijos de hasta tres años, no se les despedía. Ninguna empresa podía negar el empleo a una mujer embarazada o a una madre con un hijo pequeño por este motivo.
Las madres recibían 26 semanas de vacaciones pre y postnatales recibiendo el salario promedio neto (seis semanas antes del parto y veinte después). A partir del segundo niño, las madres podían, además de esas 26 semanas, tomar vacaciones durante un año para cuidar al bebé, cobrando entre el 65% hasta el 90% de su sueldo neto, manteniendo el puesto de trabajo en la empresa. En 1970, el Seguro Social pagó a la madre un promedio de 1.287 marcos como subsidio; en 1980, más de 3.300 marcos, el doble del salario medio.
Las madres trabajadoras solteras tenían preferencia de plazas en los establecimientos infantiles o recibían -si no se podía proporcionar de inmediato una plaza en la casa cuna- un subsidio financiero por maternidad. Si enfermaba el hijo de la madre y precisaba de cuidado doméstico, se le concedía permiso pagado del trabajo. Esta licencia podía abarcar un período de hasta 13 semanas por año. Han tenido que pasar décadas para ver sistemas similares. En Noruega hoy tienen un permiso de maternidad y paternidad de 47 semanas con el 100% del suelo y reducción de jornada. Ofrecen guarderías subvencionadas al 90%, jornadas de 35,5 horas semanales y 10 días al año para poder quedarse en casa si el hijo está enfermo.
Para las mujeres embarazadas el sistema de salud disponía de 14 sanatorios con 589 camas y la asistencia médica de calidad estaba asegurada durante todo el embarazo. El 99% de los partos se realizaban sin coste en hospitales. También había 900 centros de consulta donde se realizaba seguimiento a las embarazadas y más de 10.000 centros de consulta materno-infantiles para controlar el desarrollo sano de los niños. A partir del tercer mes de gestación las embarazadas ya eran atendidas en lo médico y en lo social por facultativos y enfermeras.
La alta incorporación de la mujer al trabajo también era posible por las guarderías, jardines de infancia y casas cuna, permitiendo compaginar trabajo y vida laboral.
En 1981 se atendían al 61 por ciento de los menores de tres años casas cuna y a casi todos los pequeños de tres a seis años de edad en jardines de infancia. En 1990, el 80% de los bebés eran cuidados en casas cuna, el 96% de los niños entre 3-6 años en los jardines de infancia y el 81% de los niños entre 6-10 años tenían atención y cuidados tras la escuela en centros infantiles. La atención en estos centros era gratuita para cualquier hora del día, los padres sólo pagaban una pequeña suma por la comida caliente y la leche.
“Kindergarten” (guardería) en 1969 en la ciudad de Neustadt (RDA). Estas guarderías aún hoy soy muy recordadas en Alemania del este.
La RDA apoyaba de forma económica a las familias. Por cada hijo, la madre recibía un subsidio estatal por parto, por valor de 1.000 marcos (por poner una referencia, un salario mensual). También había un subsidio estatal mensual por los niños; 20 marcos por el primero y el segundo hijo; a 50 marcos por el tercero, a 60 marcos por el cuarto, a 70 marcos por el quinto y los que siguen. Se pagaba, independientemente del ingreso y la posición social de los padres, hasta que los niños terminaban la escuela general.
También había ayudas para fundar una familia. Los matrimonios jóvenes recibían créditos sin intereses y con generosas condiciones de reembolso.
Las familias numerosas y las madres solas recibían ciertas ayudas suplementarias que las aliviaba en lo financiero (sin contar que toda viuda recibía una pensión de orfandad por cada hijo y toda divorciada recibía alimentos del padre de sus hijos en función de sus ingresos). Esas ayudas comprendían, por ejemplo, comida escolar gratis para los niños, lavado gratuito de ropa blanca y asignaciones para la compra de ropa infantil.
Además existían una serie de prestaciones especiales de las empresas y del sindicato, como plazas vacacionales gratuitas en las casas de descanso, curas de reposo y en ciertos casos asignaciones en efectivo provenientes del sindicato.
En los documentos de la RDA se nos explica: “Esos beneficios no son auxilios de emergencia, pues nadie los necesita, toda vez que percibe ingresos regulares por su labor. Ellos vienen a reflejar más bien el respeto y el reconocimiento que siente la sociedad hacia dichas familias. Ese respeto se traduce además en el hecho de que esas familias tienen la preferencia a la hora de repartir las viviendas más confortables y espaciosas, de las cuales nadie puede o quiere desalojarlas, incluso por consideración a los niños”.
La mayoría de los trabajadores tenía cuatro semanas y media de vacaciones pagadas. Las mujeres casadas, las madres solas y las mujeres solas que cumplían los 40 años de edad, recibían, además, cada mes un día libre para sus asuntos propios, que no es parte de sus vacaciones, sin afectar al sueldo.
