La mujer en alemania oriental 4
La categoría ‘workers’ se refiere a trabajadores de industria/ingenieros, no es la suma del resto.
En 1981 la Unión Democrática de Mujeres (DFD) contaba con 35 diputados en la Cámara del Pueblo, alcanzando incluso los 54 en los siguientes comicios, además había diputadas en los distintos grupos que conformaban la cámara. En conclusión, aunque no se consiguió la paridad de sexos en la cámara, los indicadores de la RDA durante toda su historia superaron a la media de los países capitalistas a día de hoy.
La igualdad de derechos entre hombres y mujeres era total (así lo recogía la propia constitución) y no había “discriminación positiva”, si no que el aumento de la participación de la mujer se lograba por políticas de fondo a escala estatal, como independencia económica, educación, cultura o formación política.
De nuevo, este tipo de niveles es y era común en los países socialistas de manera mucho más común que en los capitalistas. En 2005, en Cuba, el dato era del 36%. Ya en 1966 en la Unión Soviética, eran mujeres el 28% del soviet supremo, el 34% en soviets de repúblicas y el 42,8% de los soviets de trabajadores y locales, en datos de la Universidad de Sydney.
En 1980 uno de cada cuatro de los 7.600 alcaldes de la RDA era mujer. Los alcaldes eran los presidentes de un consejo de comuna o de ciudad. De los 28 alcaldes primeros que presidían grandes ciudades, cuatro eran mujeres (en Potsdam, Dessau, Halle-Neustadt y Brandeburgo). Por comparar con referencias actuales, en España en 2009, sólo uno de cada diez alcaldes era mujer.
En la RDA el sindicalismo era apoyado masivamente, como demuestra el hecho de que a mediados de los 80 el 96% de los trabajadores estaban sindicados en la FDGB (Confederación de Sindicatos Libres Alemanes). En 1985 esta organización sindical tenía el 61% de los diputados y tenían poder en consejos, empresas, medios de producción y distintos estamentos de organización, por lo que el poder de actuación de los trabajadores era real en la política del país. En 1981, el 50% de los afiliados eran mujeres, llegando incluso al 53% en 1988 y uno de cada tres sindicalizados femeninos ejercía una función organizativa siendo un 45% de los miembros de la Junta Directiva central mujeres. La proporción de las mujeres en todas las funciones de elección de la FDGB ascendía al 48,8%.
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Sin embargo, hay datos menos alentadores, como que en 1984 sólo 19 de los 153 miembros del comité central del SED (partido socialista, principal partido de la RDA) eran mujeres. Además, la mujer no consiguió acceder a los puestos más altos en política, a pesar de sí conseguir una amplia participación en la base política del país, como veíamos en datos anteriores, sólo había dos mujeres entre los 27 miembros y candidatos del Politburó (ministerios, por asociarlo con algo que conozcamos). Por ejemplo, en 1989 sólo había una ministra en el gobierno, la ministra de educación Margot Honecker, esposa del Presidente del Consejo de Estado de la RDA.
Algunos datos más de la mujer en la RDA: Una de cada dos funciones rectoras en el comercio y una de cada tres en el sistema de escuelas superiores y técnicas era ejercida por una mujer. Una de cada tres cooperativas de producción agrícola y una de cada cinco escuelas era dirigida por una mujer.
Y uno de cada dos jueces y jurados era mujer. En España en 2010, dos de cada diez.
A día de hoy nuestra sociedad todavía está acostumbrada a que las mujeres dependan de su marido materialmente y no puedan divorciarse. En la RDA la independencia de la mujer se demostraba en una alta tasa de divorcios, 3.1 por 1,000 personas en 1985, uno de los valores más altos del mundo según la propia fuente. En ese mismo año, los matrimonios eran 7.9 por 1,000 personas. El divorcio era un proceso sencillo. La pareja simplemente cumplimentaba la solicitud requerida y pagaba una cuota en función de sus ingresos. En el 90% de los divorcios la madre mantuvo la custodia de los hijos. Como curiosidad, vemos el impacto social de la caída del muro, cuando los divorcios pasaron de un ratio de 36 a 6 en un sólo año y no remontó hasta varios años después.
En los matrimonios la mujer y el hombre eran exactamente iguales legalmente. Podían elegir utilizar el apellido de cualquiera de los cónyuges. Ambos cónyuges podían poseer conjuntamente bienes obtenidos después del matrimonio, aunque cada uno conservaba los derechos de todos los bienes adquiridos antes del matrimonio.
Todos los hombres y mujeres de la RDA estaban obligados a recibir un entrenamiento de defensa civil que formaban grupos de defensa en el ámbito local. La participación de la mujer en el ejercito no era tan representativa como en la Unión Soviética y solían ocupar puestos de oficina o de vigilancia de fronteras y sólo hacia el final de la RDA comenzaron a incorporarse a puestos de combate. Durante una situación de emergencia nacional, todas las mujeres entre 18 y 50 años podían ser incluidas en la defensa del estado como reservistas (habiendo recibido el mencionado entrenamiento). Se estimaba que a mediados de los 80 un tercio de las fuerzas de defensa de la RDA ante situaciones de emergencia eran mujeres. Las situaciones de emergencia nacional no eran únicamente ataques militares, también catástrofes naturales.
Esta participación en la defensa nacional también era una cuestión estatal, por necesidad y por derecho, ante las tensiones de la época. Se hicieron llamamientos, por ejemplo en revistas, que animaban a las mujeres a alistarse voluntarias al NVA (ejercito popular) pues “la misión de las fuerzas armadas -la prevención de la guerra- no es una preocupación exclusiva de hombres” según el propio llamamiento. Además del personal regular, en 1987, el programa de defensa civil incluyó varios miles de civiles voluntarios, en su mayoría mujeres, que podían ser llamados si era necesario, con un entrenamiento que consistía en tres o cuatro horas al año en ciclos de cinco años fuera del horario laboral.
TRAS LA CAÍDA DEL MURO
Observando los datos, no hay duda que la caída del muro, o la desaparición de la RDA, fue un hecho penoso para la población del país. En 1992 la tasa de paro de Alemania oriental subió de cero hasta el 14’2% (1’2 millones de desempleados), tendencia que continuó en los años posteriores, hasta los dos millones y medio de parados.
Tras cuatro años de actividad, la Treuhand, una agencia creada para la privatización de las empresas estatales de la RDA y gestionada por directivos de Alemania occidental, clausuró 4.000 empresas y destruyó dos millones y medio de puestos de trabajo. El expolio de la República Democrática Alemana había quedado consumado, pues la mayor parte de las empresas fueron compradas por grandes compañías de Alemania occidental a precio de saldo, con numerosos casos de corrupción involucrados, para luego cerrarlas en muchos casos o simplemente vender el suelo y edificios. Además, aún hoy, los contribuyentes alemanes han de pagar de sus salarios los enormes costes económicos y sociales de la Reunificación -Treuhand generó una deuda al estado de 256 mil millones de marcos-.
A día de hoy el “libre mercado” no ha podido dotar de igualdad económica a la zona oriental, que continua, veinte años después de la destrucción de su tejido productivo, siendo más pobre y con mayores tasas de paro que la parte occidental, además de generar y aumentar serios problemas demográficos.
Recomiendo el artículo “La fiebre del oro: el expolio de la RDA” de Ángel Ferrero, del cual se han extraído estos datos.
En datos publicados por el periódico mexicano “La Jornada”, desde la caída de la RDA, 1.4 millones de mujeres emigraron de la parte oriental a la occidental, debido principalmente a la situación previamente descrita, además de que en la parte occidental eran altamente valoradas como profesionales formadas y en el este, una vez destruido el tejido laboral e industrial, su futuro era ocupar trabajos que infravaloran sus cualidades.
Sin embargo, todavía en la zona que ocupó la RDA, los salarios están mejor distribuidos entre mujeres y hombres que en el resto de la república. Según el Departamento Federal de Estadísticas, en Alemania oriental las mujeres ganan casi lo mismo que los hombres, con una diferencia de apenas seis por ciento, mientras que en Alemania occidental la discrepancia entre los sueldos de hombres y mujeres es de 24 por ciento.
Esto es debido a las políticas que hemos mostrado en este artículo. A pesar de la desaparición de la RDA, algunos restos de sus instituciones continúan existiendo, como muestra, por ejemplo, que el 42% de menores de tres años -lejos de los valores de la RDA- recibe cuidado público de día completo en guarderías mientras que en el resto del país se reduce al 12%, con el impacto que esto supone para las madres en su vida laboral.
También ocurre con la educación, hoy en el este de Alemania es donde ellas tienen mayores posibilidades de terminar el nivel escolar más alto del país.
Estos indicadores no ocultan los graves retrocesos causados por la caída del este, un estudio reciente de la “Central Alemana para la Educación Política” demuestra que desde la caída del muro hubo retrocesos en la equidad de género en Alemania oriental.
La encuesta indica que 75 por ciento de las alemanas orientales afirmó que durante el régimen socialista había equidad entre mujeres y hombres. En cambio, el 72 por ciento de las mujeres encuestadas cree que en la Alemania unificada las mujeres están en situación de desventaja en comparación con los hombres.
Un breve testimonio de la encuesta: “En la Alemania socialista no existían los típicos trabajos de mujeres y hombres. Mujeres ingenieras y físicas eran lo normal. Lamentablemente, esto ha cambiado”. Lo dice Iris Kloppich, secretaria de la Federación Alemana de Sindicatos.
En 1989, poco antes de la desaparición de la RDA, surgieron dos movimientos feministas, críticos con la DFD y el estado de la RDA. Se trata de Lilo y SOFI (Iniciativa de Mujeres Socialistas). Por ejemplo, Lilo participó en la famosa manifestación del 4 de noviembre en contra del gobierno, pero ambos también participaron en la demostración del 19 de noviembre 1989 a favor de la RDA, pues evidentemente eran conscientes de los logros alcanzados, que perderían con toda seguridad en una anexión a la RFA. Se integraron y fueron fundamentales en la creación de una organización que agrupaba otros colectivos feministas, UFV (Unabhängiger Frauenverband) aunque poco después la abandonaron.
Su impacto era relativamente pequeño en número, al menos mucho menor que el “oficial” DFD.
La catástrofe demográfica -acaecida en todos los países ex-socialistas al adoptar el libre mercado- también ocurrió en la RDA, donde se estima que su territorio ha perdido 2 de los 16 millones de habitantes que tenía en 20 años. Incluso tuvieron que demolerse más de un millón de viviendas desocupadas por el vaciado de algunas ciudades.
Más de 2.000 escuelas han tenido que cerrar en la última década en el este de Alemania por la falta de niños.
La tasa de natalidad bajó un 56,2% en sólo un año, algo muy preocupante en un país con una tasa de natalidad que ya era baja. Los valores de natalidad previos a la caída no se recuperaron hasta una década después.
Según una encuesta realizada por el Instituto de Investigación de Mercado de Leipzig en 2009, uno de cada dos ciudadanos de esa región lamenta que haya caído el muro y considera que desde la reunificación hay más desigualdad e injusticia social.
Podíamos leer en Der Spiegel un artículo con una encuesta donde más de la mitad de los encuestados, el 57%, opinan que vivían mejor en el comunismo y defienden la RDA 20 años después.
También, un estudio de la Universidad Libre de Berlín, hacía saltar las alarmas de los grandes medios de comunicación privados, pues en una estadística realizada con estudiantes alemanes en 2008 -personas jóvenes que no habían vivido edad adulta en la RDA-, la mitad de los mismos tenían una opinión favorable de la RDA, lo que fue visto por los conservadores como una deficiencia educativa a subsanar.
Un artículo publicado en The New York Times en diciembre de 1989 hacía referencia a una encuesta de Der Spiegel realizada en Alemania del este a comienzos del mes, mostraba que un 71% de los encuestados querían que Alemania del este se mantuviera como estado soberano. El 27% estaban a favor de la unificación. Esta posición, parece que cambio meses después.
Lo que ocurrió, es historia: el bloque socialista era traicionado al completo, Erich Honecker fue cesado para calmar las protestas y a partir de ahí comenzó el desmontaje del gobierno. Tras varias dimisiones más de los siguientes primeros ministros, varios miembros partidarios de la Perestroika, se hicieron con el control del SED (partido socialista), lo destruyeron y comenzaron más reformas que hirieron de muerte el socialismo de la RDA.
Tampoco hay que olvidar la presión mediática y “promesas” del capitalismo, no sólo en sus medios sino con sus grupos presión.
Se celebraron elecciones liberales en 1990, ganando, a pesar de las estadísticas que mostrábamos antes, una alianza de partidos de derechas y conservadores ante una izquierda realmente no socialista, fragmentada y desorientada, con falta de apoyo popular. La participación fue de más del 90%. Un par de meses después de desintegró definitivamente la RDA de manera legal por esa nueva cámara.
No es extraño encontrar artículos con testimonios favorables y nostalgia por la vida en la RDA, aunque se trate de disfrazar de “nostalgia de juventud” no se puede ocultar la realidad de las condiciones de vida y los mismos medios de comunicación suelen utilizar la estrategia de presentar la RDA como una monstruosa dictadura, sin aportar razonamientos, para después suavizar los comentarios de los grandes logros conseguidos por el socialismo.
Como curiosidad la actual canciller de Alemania y pieza visible del capital internacional y alemán, Angela Merkel se formó en la RDA. Allí se desarrollo como mujer y profesional gracias al sistema socialista. Estudió física en Leipzig y trabajó en la academia de ciencias en la RDA más de diez años, siendo incluso militante de las juventudes comunistas de la RDA.
A uno no le gusta conjeturar, pero, con los datos aquí expuestos, es muy tentador. La Sra. Merkel, estadísticamente, habría tenido -como mínimo- la mitad de posibilidades (en mis cálculos rápidos, un 60% menos) de desarrollarse profesional, educacional y laboralmente en la RFA que en la RDA y de ser una mujer “de éxito”, por los indicadores tanto de acceso de mujeres al mundo laboral y educativo. He utilizado los valores de acceso a universidad y mercado laboral de madres sin hijos de ambos países en los rangos de año que indica su biografía.
Quien sabe si hubiera llegado a ser canciller de Alemania sin haber podido obtener un doctorado y tener diez años de actividad laboral -y por tanto, independencia y sustento económico- gracias al 60% más de posibilidades que le brindó la RDA para hacerlo…
Aunque parece que en su éxito politico también influyó el hecho de que su padre fuera párroco y eso le ayudó en su ascenso en la Unión Demócrata Cristiana de Alemania.
A pesar de todo creo que es una buena manera de visualizar las diferentes posibilidades de la mujer entre ambos países con una persona más conocida.
Hasta aquí nuestro análisis a la situación de la mujer en la RDA. Como siempre, para cualquier corrección, duda, etc tenéis disponibles los comentarios.