Mi silla es una serpiente encantadora de angelitos
Una cruz que visita la luna sin esfuerzo
y se atranca en las miradas leves de los transeúntes
Es capaz de arrancar formalidades de un tirón
Baja mandíbulas con inocencias de dientes de leche
De vez en cuando me regala pechos imprevistos
o se viste de formula uno para perderse en alguna imaginación
Ha pisado pies torpes que osaron ignorarla
Se enreda en un rayo de sol cuando pasa frente a Dios
y medita, sueña o contempla sin apuro, sin necesidad de demostrar
Mi silla se entrelaza con tus piernas con lujuria adolescente
donde aflora la epifanía de su razón de ser