bueno este es mi segundo post hoy les traigo un entrevista echa en 1992 a ciro pertusi por victor pinto me parecio interesante no se si es repost cualkier cosa avisen y lo borro Esta es mi pieza. Esta es mi casa, un departamento en Lugano, el viejo Lugano, un lugar bárbaro. Acá vivo con mi familia que son mi vieja Estela, mi hermano Federico y mi hermana María. Mi viejo se suicidó en el 79, por ahí. Acá en esta casa no hay ningún recuerdo de él. En ese tiempo nosotros vivíamos en Boedo. Yo tenía 11 años, creo, o 12. Mi viejo trabajaba en una fábrica de su padre; era obrero, chofer de una camioneta. En una época empezó a andar mal. Mucha ginebra, algunas pastillas. Andaba mal a nivel anímico, no tenía buen trato con la familia. Depresión. Después llegó a lo que llegó. Agarró un revólver y se pegó un tiro. Al principio me preguntaba por qué lo hizo, por qué lo hizo. Hoy en día, poniéndome en su lugar, diría que dijo: Yo no quiero molestar más ni que me molesten más. Entonces se pegó un tiro. Después de lo de mi viejo, mi vieja reamó su vida con otro chabón. Y bueno, medio que cambiamos de lugar porque era muy doloroso estar en esa casa de Boedo. Fuimos a un departamento alquilado. Y vinieron épocas malísimas, porque cuando mi viejo laburaba y mi vieja también trabajaba había algo de guita, entonces no nos preocupábamos. Pero después vino Martínez de Hoz, todas las transfugueadas militares, y nos quedamos sin casa. Porque alquilábamos. Recién éste es el primer lugar que es de mi vieja. Todavía no tenemos la escritura porque es un plan Fonavi de ésos que se pagan de a poco, pero sabemos que ya se lo adjudicaron. Cuando mi vieja rehízo su vida, empezamos a alquilar acá y allá, toda esa movida de los meses de depósito, cada vez peor, cada vez peor, hasta que una vez no pudimos renovar en el departamento donde estábamos porque el dueño lo quería para la hija que se casaba. Y nos mandaron una cédula de desalojo. Y gracias a esa cédula, por la que íbamos a quedar en la calle, fuimos a la Comisión Nacional de la Vivienda, donde ya estábamos anotados, y nos mejoraron el puntaje y conseguimos esto. Y cuando conseguimos esto, no sabés cómo estábamos. Saltábamos de alegría. Porque es lindísimo este lugar. Llegamos y estábamos solos en el edificio, y teníamos que bancarnos la historia de gente que quería meterse. Los viejos quilombos de que viene gente y quiere usurpar, y vos tenés que andar calzado y todo ese tipo de cosas. Pero para nosotros vivir ese peligro era una alegría porque sabíamos que estábamos defendiendo algo que no era de un hijo de puta que nos estaba cobrando un alquiler. Sabíamos que algún día iba a ser nuestro. En esa época me habían echado de un laburo, pegué un juicio y con esa guita entramos acá. A mí siempre me acostumbraron a dejar el sueldo en casa. Medio sueldo era para mi vieja y el otro medio para mí. Bueno, me quedé un tiempo sin laburo y después conseguí el Correo. Duró dos años, me ayudó un montón. Era mensajero, andaba con telegramas. Eso me salvó porque andaba mal, yo soy un tipo que cuando no ando con ocupación me vuelvo medio depresivo. Como cualquiera, no. Viste que cuando perdés un laburo y estás al pedo, te empieza a pegar mal. Y sabés cómo es eso, estás al pedo y hacés cualquiera, sos capaz de salir a afanar si no tenés plata. Eso, de acuerdo a la estabilidad emocional de cada uno. Yo siempre me mantuve bien por suerte. Simplemente por mi familia, porque tengo un hermano, una hermanita, mi vieja. Es un patrimonio. Todo lo que me puede dar fama, me lo pueden quitar, pero a mi familia no, porque yo me voy a matar por mi familia. Cuando empecé con el Correo, Attaque empezó a andar bien. No fue cuando yo lo necesitaba porque andábamos tan mal... Empezó a andar bien cuando yo anduve un poco mejor. Un día vine y le dije a mi vieja: mirá, si había algo que yo quería, era que vos tengas un lugar donde caerte muerta, no un lugar alquilado donde por una de esas cosas de la vida palmás, lo digo aunque es feo hablar de eso, y dejás a dos hijos que no tienen hogar. En cambio acá estás segura, ya tenés tu casa. Entonces yo me sentía realizado con eso, y agarré y me fui. Tranquilo. Yo quería vivir mi vida. Desde los 15 años quería vivir solo. Me fui a un hotel, a una pensión en Flores. Viví en esa pensión hasta que hicimos un Cemento glorioso y con esa guita tuve la entrada para alquilar el departamento donde estuve hasta hace poco. Ahora la onda es que volví a vivir con mi vieja porque dentro de poco hay una posibilidad de pegar una casita toda desarmada por acá, por Lugano. Y dentro de un tiempo, espero que el grupo me siga dando para seguir levantándola. Mi sueño es cortito, lo tengo desde hace mil años: quiero tener una casa. Lo demás viene solo. Cuando yo nací, seguro que mi viejo me miró y me dijo: vos sos de Boca. El era fanático de Boca. Yo crecí jugando al fútbol, como cualquier pibe de barrio, hasta los 13 ó 14 años, cuando conocí el rocanrol. Después volví al fútbol con la era Maradona. No tanto en el 81 sino en el 86, con el Mundial. Ahí me di cuenta de ese tipo. A Maradona, aunque no lo conozco mucho, sólo hablamos un par de veces, lo siento como un hermano más. Cada vez que lo veía hacer un gol, me daban ganas de estar ahí, de ser compañero suyo y abrazarme con él por el gol. Sentía una cosa terrible. Bueno, volví al fútbol con Maradona y volví a la cancha de Boca, volví a parar ahí, más que nada a ver cómo se desarrolla el sentimiento popular. Más que nada, lo social. Al fútbol no le presto atención, para eso lo miro después en casa por televisión, ahí estoy más tranquilo. Ahora ya no voy a la cancha. Imaginate, es un quilombo, me lo paso firmando autógrafos. Pero conocí a los pibes de la barra brava, que me dijeron que estaba todo bien, que cuando quisiera ir a la cancha los viera a ellos, porque donde están, nadie me va a molestar. Pero más que nada no voy para cuidarme la voz. No soy un tipo cantor. Entonces voy a la cancha y me pongo a cantar, y me cago la voz. Yo pienso que en el futuro hay dos cosas que me gustaría hacer. Me gustaría quedarme en el rock, ser productor o tener un estudio, algo así. Si no, terminar en un paravalancha, ser un gordo de los que están ahí, de esos gordos con aguante, y estar ahí y alentar a mi equipo y viajar a todos lados, y prenderme en escaramuzas y mil quilombos por una bandera simplemente, eso estaría bueno. Y me gustaría seguir acá. Vivir en Lugano. Vivir y morir en Lugano. espero ke les haya gustado ahora algunas fotos saludos y larga vida al punk
Datos archivados del Taringa! original
22puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos: