Los terremotos pueden derribar puentes, edificios, casas, pero nunca la solidaridad entre los pueblos. Así lo muestra la ayuda internacional humanitaria hacia países como Chile y Haití, que en este 2010 han sido afectados por movimientos telúricos de gran magnitud. Víveres, medicinas, recursos humanos y donativos económicos tratan de reconstruir el tejido urbano afectado. ¿Qué queda después de todo esto? El agradecimiento profundo entre los pueblos, placas o plazas que recuerdan la gesta de unión entre las naciones. A veces también, quedan murales plásticos, como el que México donó a Chile a través de uno de sus artistas nacionales en 1965, cinco años después de que las ciudades de Concepción y Valdivia sufrieran sendos temblores de gran magnitud. Esta es una historia del mural plástico Presencia de América Latina, pintado por el muralista Jorge González Camarena, en la ciudad de Concepción, Chile, en el mismo sitio donde antes del terremoto se levantaba la Escuela de Odontología, y hoy forma parte del hall de la Casa de Arte de la Universidad de Concepción. Las imágenes y el video del mural que acompañan este texto también son producto de la amistad franca entre un mexicano, el que esto escribe, y un chileno, mi compa Rodrigo Andrés Leal Sanmartín, residente precisamente de esta ciudad y a quien agradezco infinitamente la colaboración desinteresada en este post. Obviamente, el texto va dedicado a él
1.- El chileno Juan Carlos Díaz Verdugo nunca imaginó que su primer encuentro con México sería a través de un mural plástico.
La obra ‘Presencia de América Latina’, pintada por el mexicano Jorge González Camarena, había sido inaugurada justo el año en que él ingresó a la Universidad de Concepción, Chile.
Y el mural es, en sí mismo, un símbolo fraterno entre los dos países Latinoamericanos.
“Cada vez que voy a mi país, me tengo que parar ahí, de lo contrario es como si no hubiera ido”, admite el chileno radicado en Villahermosa, capital del estado sureño de Tabasco, en México.
La familiaridad con la que habla don Juan Carlos de la obra de González Camarena es sorprendente, pero explicable: durante cuatro años, todos los días, cruzó el campus universitario para estudiar ingeniería química, y era imposible no ver los 250 metros cuadrados de acrílico y estuco de la monumental obra.
2.- “Presencia de América Latina fue inaugurado el 10 de septiembre de 1965, y yo entré ese año a la Universidad de Concepción”, evoca el chileno.
La pieza de 35 metros de largo por seis de altura, además, es un acto solidario del pueblo mexicano al de Chile que 1960 había sufrido un devastador terremoto.
“Las dos ciudades más afectadas por el temblor de 9.5 grados que sacudió a Chile, en 1960, fueron Valdivia y Concepción. El gobierno mexicano apoyó en la reconstrucción y ofreció como un extra construir el mural. Originalmente se iba a levantar en Valdivia, pero por trabas burocráticas de hizo en Concepción”.
La ciudad chilena está ubicada a unos 500 kilómetros al sur de Santiago, la capital chilena.
El pintor elegido fue Jorge González Camarena --hermano de Guillermo González Camarena, inventor de la televisión a color--, quien para cumplir la promesa hecha por México, trajo de Chile al Valle de México a los pintores Eugenio Brito y Albino Echeverría, para que aprendieran las técnicas del muralismo y así pudieran colaborar con él en la obra de Concepción.
De este aprendizaje en el altiplano surgió un mural previo a ‘Presencia de América Latina’, el llamado ‘Las razas’, que se puede ver hoy en el Museo de Antropología, en México, ciudad capital.
“La obra de González Camarena fue el símbolo de una época, porque cuando la construyeron, México y sus muralistas, influyeron en los artistas chilenos, rápidamente comenzó una cultura de los murales populares que antes no existía en Chile, fue tal la importancia del movimiento que cuando Salvador Allende llega a la presidencia chilena, se crea el concepto de mural popular y surgen las brigadas Ramona Parra, que eran las encargadas de pintar todo Chile por la izquierda”, señala.
3. El mural se erigió en donde estaba la antigua Escuela de Odontología, que se había derrumbado con el temblor.
“Presencia de América Latina quedó en su sede, la Casa del Arte, donde se realizan exposiciones y existe una pinacoteca, prácticamente está a la entrada de la Universidad, en lo que se denomina Plaza Perú, un sitio muy visible y de mucha afluencia”, acota.
González Camarena terminó el mural en abril de 1965. En los seis meses de trabajo, el mexicano recibió la visita sorpresiva del poeta Pablo Neruda, quien había estado viviendo en México como cónsul general chileno de 1940 a 1945.
“Quedó tan impresionado con lo que se estaba haciendo Camarena, que de algún modo lo convenció para que pusieran unos versos suyos en el mural, los que pertenecen al poema ‘América’, del libro Canción de fiesta”.
De memoria, Díaz Verdugo recita esas únicas líneas grabadas en la parte superior del mural que sí se pueden leer en el sentido de las manecillas del reloj: “Y no hay belleza como esta belleza de América extendida en sus infiernos, en sus cerros de piedra y poderío y en sus ríos atávicos y eternos”.
Un verso que resume al mismo tiempo el tema del mural: el desarrollo de la cultura mesoamericana, pasando por la fusión de las dos culturas y la identidad Latinoamericana.
“La obra tiene una singularidad, se lee en sentido inverso, no de izquierda a derecha como siempre es, sino de derecha a izquierda, de manera que el final es el inicio: está el nopal y la flor nacional chilena, el copihue, juntos los dos, hermanados, y esos puñales enterrados en el nopal son las tantas guerras a las cuales se ha visto sometido México y Chile”.
El mural es de tendencia simbolista, donde deidades aztecas representan el devenir de sus pueblos: Tláloc, dios de la lluvia, junto a una mujer de rasgos indígenas con peces de colores azules en sus manos, la riqueza del mar; Quetzalcoatl, la cultura prehispánica, y Zontemoc, el prometeo azteca que cae representando el ocaso de esas culturas antiguas; un conquistador armado y una mujer mesoamericana, símbolos del nuevo mestizaje que crea los nuevos pueblos y naciones de América Latina.
Curiosamente también, don Juan Carlos se ha hermanado ahora más con el país definido por su paisano Neruda como “el México florido y espinudo” al contraer matrimonio con una mexicana y, resultado de esta relación, haber procreado una mexico-chilena.
Foto 1. Vista panorámica del mural "Presencia de América Latina", de Jorge González Camarena, en la Universidad de Concepción, Chile. (Dandole click a cada foto se puede ver más grande)
Foto 2. Las escaleras con el símbolo azteca de la serpiente emplumada dirige al segundo piso de la Casa de Arte.
Foto 3. Un conquistador y una mujer indígena, símbolos del mestizaje, caminan sobre las piedras antiguas, un modo de reconocer que el mestizaje no estuvo exento de choques culturales y miles de caídos.
Foto 4. Rostros de mujeres precolombinas se fundieron en un solo: la mujer americana..
Foto 5. Una mujer desnuda y el mapa de los pueblos de América Latina, desde México hasta la patagonia chilena y argentina.
Foto 6. Parte central del mural, en el hall de entrada a la actual Casa de Arte de la Universidad de Concepción, donde se realizan con frecuencia exposiciones plásticas. El sitio además cuenta con una pinacoteca.
Foto 7. Como la obra se lee de derecha a izquierda, la historia de "Presencia de América Latina" concluye en la unión del nopal y el copihue, símbolos de los dos países. Sus cuchillos clavados simbolizan las luchas insurgentes que dieron nacimiento a México y Chile.
Puedes ver el video también haciendo click en:
1.- El chileno Juan Carlos Díaz Verdugo nunca imaginó que su primer encuentro con México sería a través de un mural plástico.
La obra ‘Presencia de América Latina’, pintada por el mexicano Jorge González Camarena, había sido inaugurada justo el año en que él ingresó a la Universidad de Concepción, Chile.
Y el mural es, en sí mismo, un símbolo fraterno entre los dos países Latinoamericanos.
“Cada vez que voy a mi país, me tengo que parar ahí, de lo contrario es como si no hubiera ido”, admite el chileno radicado en Villahermosa, capital del estado sureño de Tabasco, en México.
La familiaridad con la que habla don Juan Carlos de la obra de González Camarena es sorprendente, pero explicable: durante cuatro años, todos los días, cruzó el campus universitario para estudiar ingeniería química, y era imposible no ver los 250 metros cuadrados de acrílico y estuco de la monumental obra.
2.- “Presencia de América Latina fue inaugurado el 10 de septiembre de 1965, y yo entré ese año a la Universidad de Concepción”, evoca el chileno.
La pieza de 35 metros de largo por seis de altura, además, es un acto solidario del pueblo mexicano al de Chile que 1960 había sufrido un devastador terremoto.
“Las dos ciudades más afectadas por el temblor de 9.5 grados que sacudió a Chile, en 1960, fueron Valdivia y Concepción. El gobierno mexicano apoyó en la reconstrucción y ofreció como un extra construir el mural. Originalmente se iba a levantar en Valdivia, pero por trabas burocráticas de hizo en Concepción”.
La ciudad chilena está ubicada a unos 500 kilómetros al sur de Santiago, la capital chilena.
El pintor elegido fue Jorge González Camarena --hermano de Guillermo González Camarena, inventor de la televisión a color--, quien para cumplir la promesa hecha por México, trajo de Chile al Valle de México a los pintores Eugenio Brito y Albino Echeverría, para que aprendieran las técnicas del muralismo y así pudieran colaborar con él en la obra de Concepción.
De este aprendizaje en el altiplano surgió un mural previo a ‘Presencia de América Latina’, el llamado ‘Las razas’, que se puede ver hoy en el Museo de Antropología, en México, ciudad capital.
“La obra de González Camarena fue el símbolo de una época, porque cuando la construyeron, México y sus muralistas, influyeron en los artistas chilenos, rápidamente comenzó una cultura de los murales populares que antes no existía en Chile, fue tal la importancia del movimiento que cuando Salvador Allende llega a la presidencia chilena, se crea el concepto de mural popular y surgen las brigadas Ramona Parra, que eran las encargadas de pintar todo Chile por la izquierda”, señala.
3. El mural se erigió en donde estaba la antigua Escuela de Odontología, que se había derrumbado con el temblor.
“Presencia de América Latina quedó en su sede, la Casa del Arte, donde se realizan exposiciones y existe una pinacoteca, prácticamente está a la entrada de la Universidad, en lo que se denomina Plaza Perú, un sitio muy visible y de mucha afluencia”, acota.
González Camarena terminó el mural en abril de 1965. En los seis meses de trabajo, el mexicano recibió la visita sorpresiva del poeta Pablo Neruda, quien había estado viviendo en México como cónsul general chileno de 1940 a 1945.
“Quedó tan impresionado con lo que se estaba haciendo Camarena, que de algún modo lo convenció para que pusieran unos versos suyos en el mural, los que pertenecen al poema ‘América’, del libro Canción de fiesta”.
De memoria, Díaz Verdugo recita esas únicas líneas grabadas en la parte superior del mural que sí se pueden leer en el sentido de las manecillas del reloj: “Y no hay belleza como esta belleza de América extendida en sus infiernos, en sus cerros de piedra y poderío y en sus ríos atávicos y eternos”.
Un verso que resume al mismo tiempo el tema del mural: el desarrollo de la cultura mesoamericana, pasando por la fusión de las dos culturas y la identidad Latinoamericana.
“La obra tiene una singularidad, se lee en sentido inverso, no de izquierda a derecha como siempre es, sino de derecha a izquierda, de manera que el final es el inicio: está el nopal y la flor nacional chilena, el copihue, juntos los dos, hermanados, y esos puñales enterrados en el nopal son las tantas guerras a las cuales se ha visto sometido México y Chile”.
El mural es de tendencia simbolista, donde deidades aztecas representan el devenir de sus pueblos: Tláloc, dios de la lluvia, junto a una mujer de rasgos indígenas con peces de colores azules en sus manos, la riqueza del mar; Quetzalcoatl, la cultura prehispánica, y Zontemoc, el prometeo azteca que cae representando el ocaso de esas culturas antiguas; un conquistador armado y una mujer mesoamericana, símbolos del nuevo mestizaje que crea los nuevos pueblos y naciones de América Latina.
Curiosamente también, don Juan Carlos se ha hermanado ahora más con el país definido por su paisano Neruda como “el México florido y espinudo” al contraer matrimonio con una mexicana y, resultado de esta relación, haber procreado una mexico-chilena.
Foto 1. Vista panorámica del mural "Presencia de América Latina", de Jorge González Camarena, en la Universidad de Concepción, Chile. (Dandole click a cada foto se puede ver más grande)
Foto 2. Las escaleras con el símbolo azteca de la serpiente emplumada dirige al segundo piso de la Casa de Arte.
Foto 3. Un conquistador y una mujer indígena, símbolos del mestizaje, caminan sobre las piedras antiguas, un modo de reconocer que el mestizaje no estuvo exento de choques culturales y miles de caídos.
Foto 4. Rostros de mujeres precolombinas se fundieron en un solo: la mujer americana..
Foto 5. Una mujer desnuda y el mapa de los pueblos de América Latina, desde México hasta la patagonia chilena y argentina.
Foto 6. Parte central del mural, en el hall de entrada a la actual Casa de Arte de la Universidad de Concepción, donde se realizan con frecuencia exposiciones plásticas. El sitio además cuenta con una pinacoteca.
Foto 7. Como la obra se lee de derecha a izquierda, la historia de "Presencia de América Latina" concluye en la unión del nopal y el copihue, símbolos de los dos países. Sus cuchillos clavados simbolizan las luchas insurgentes que dieron nacimiento a México y Chile.
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