Este es un relato propio que he escrito más que nada por probar.
Me he pasado un buen rato escribiéndolo y eso es lo que importa, si está bien o mal es secundario.
Espero que os guste.
La Bilbioteca
Camino por la oscura biblioteca, con su suelo de gruesos tablones de madera en los que queda perfectamente marcado el ritmo de mis pasos, como si de un caballo con sus cascos se tratase, a lo que se suma el chirriar de algunas piezas que forman el suelo, penetrante, desgarrador, profundo... Como luz, un único candelabro que llevo en mi mano para poder iluminar los pasillos de la nueva parte de la biblioteca, mucho más nueva que el principio de esta, pero del mismo aspecto antiguo. Entre las altas estanterías de la biblioteca. Están llenos de libros de todos los tipos: grandes y pequeños, finos y gruesos, con tapas más duras o más blandas, viejos o nuevos y de todos los colores imaginables. Algunas veces encuentro libros idénticos por fuera, pero guardan historias totalmente diferentes en su interior y sólo algunos tienen su final escrito.
Por fin llego a donde quería, una de las pocas mesas que hay en la biblioteca donde poder sentarme a leer tranquilamente unos de los tomos que encuentro. Cuando la miro, observo que el día anterior deje un libro fuera de su sitio, aunque algo me llama en él la atención: el libro que yo cogí era verde hierba con las tapas forradas en cuero. Este sigue siendo verde, pero casi negro. Lo sostengo entre mis manos intentando entender que ha ocurrido, pero lo único que puedo apreciar es que ahora el libro tiene un punto al final de la última hoja. Cerrando la procesión de letras carmesí se encuentra un pequeño punto que ayer no estaba. Aunque esto no es lo más extraño. Lo inquietante es que antes de ese pequeño punto rojo, las palabras que yo leí cambian. Ya no son las mismas sílabas del final de ayer. Estas hablan de la misma joven, pero ya no duerme tranquila en su cama, ahora lo hace en un río… Asesinada…
Suelto el libro y empiezo a caminar rápido, mucho más rápido que antes. Me pierdo por los pasillos de la biblioteca oyendo cómo los libros escriben su propia historia, pensando que si yo leyese la mía no sería más que la monótona historia de alguien que muere en vida.
Me detengo. Llego a una parte que no había visto nunca. Es normal, es de la nueva parte de la biblioteca. Hay una mesa con un candil encima. Alrededor no hay estanterías, sólo la mesa que guarda un libro sobre ella. Un libro pequeño, no muy abultado y con las tapas muy finas. Lo empiezo a leer. Trata sobre mí, sobre mi vida. No tardo mucho en terminar la infancia. Enseguida llego a la parte en la que descubro la biblioteca. Esa parte no son más de diez páginas, y ya por fin llego al último párrafo. Las letras rojas se seguían escribiendo lentamente.
“Tras haber conocido el secreto de la biblioteca, no queda más que conocer el suyo. Descubrir de una vez que su vida no era más que una ilusión, algo efímero. Nunca tuvo amigos. Nunca tuvo familia. Sólo tuvo libros; ajenos; que no le pertenecían y contaban los secretos más íntimos de todos los que estaban a su alrededor. Les conocía a casi todos, pero no en persona. Conocía sus almas sin haber llegado él a tener una. La verdad pesa mucho, como una losa que cae sobre el pecho y poco a poco va apretando tus pulmones, impidiéndote respirar y alejándote poco a poco de los demás. Algunas vidas terminan sin haber empezado.”
El libro calló al suelo, junto al cuerpo de aquel pequeño ser. Pequeño en alma, no en cuerpo. Su vida no había sido más que el escrutinio de la vida de los demás sin conocer su propia vida. Ya era tarde. Su historia había acabado.
Me he pasado un buen rato escribiéndolo y eso es lo que importa, si está bien o mal es secundario.
Espero que os guste.
La Bilbioteca
Camino por la oscura biblioteca, con su suelo de gruesos tablones de madera en los que queda perfectamente marcado el ritmo de mis pasos, como si de un caballo con sus cascos se tratase, a lo que se suma el chirriar de algunas piezas que forman el suelo, penetrante, desgarrador, profundo... Como luz, un único candelabro que llevo en mi mano para poder iluminar los pasillos de la nueva parte de la biblioteca, mucho más nueva que el principio de esta, pero del mismo aspecto antiguo. Entre las altas estanterías de la biblioteca. Están llenos de libros de todos los tipos: grandes y pequeños, finos y gruesos, con tapas más duras o más blandas, viejos o nuevos y de todos los colores imaginables. Algunas veces encuentro libros idénticos por fuera, pero guardan historias totalmente diferentes en su interior y sólo algunos tienen su final escrito.
Por fin llego a donde quería, una de las pocas mesas que hay en la biblioteca donde poder sentarme a leer tranquilamente unos de los tomos que encuentro. Cuando la miro, observo que el día anterior deje un libro fuera de su sitio, aunque algo me llama en él la atención: el libro que yo cogí era verde hierba con las tapas forradas en cuero. Este sigue siendo verde, pero casi negro. Lo sostengo entre mis manos intentando entender que ha ocurrido, pero lo único que puedo apreciar es que ahora el libro tiene un punto al final de la última hoja. Cerrando la procesión de letras carmesí se encuentra un pequeño punto que ayer no estaba. Aunque esto no es lo más extraño. Lo inquietante es que antes de ese pequeño punto rojo, las palabras que yo leí cambian. Ya no son las mismas sílabas del final de ayer. Estas hablan de la misma joven, pero ya no duerme tranquila en su cama, ahora lo hace en un río… Asesinada…
Suelto el libro y empiezo a caminar rápido, mucho más rápido que antes. Me pierdo por los pasillos de la biblioteca oyendo cómo los libros escriben su propia historia, pensando que si yo leyese la mía no sería más que la monótona historia de alguien que muere en vida.
Me detengo. Llego a una parte que no había visto nunca. Es normal, es de la nueva parte de la biblioteca. Hay una mesa con un candil encima. Alrededor no hay estanterías, sólo la mesa que guarda un libro sobre ella. Un libro pequeño, no muy abultado y con las tapas muy finas. Lo empiezo a leer. Trata sobre mí, sobre mi vida. No tardo mucho en terminar la infancia. Enseguida llego a la parte en la que descubro la biblioteca. Esa parte no son más de diez páginas, y ya por fin llego al último párrafo. Las letras rojas se seguían escribiendo lentamente.
“Tras haber conocido el secreto de la biblioteca, no queda más que conocer el suyo. Descubrir de una vez que su vida no era más que una ilusión, algo efímero. Nunca tuvo amigos. Nunca tuvo familia. Sólo tuvo libros; ajenos; que no le pertenecían y contaban los secretos más íntimos de todos los que estaban a su alrededor. Les conocía a casi todos, pero no en persona. Conocía sus almas sin haber llegado él a tener una. La verdad pesa mucho, como una losa que cae sobre el pecho y poco a poco va apretando tus pulmones, impidiéndote respirar y alejándote poco a poco de los demás. Algunas vidas terminan sin haber empezado.”
El libro calló al suelo, junto al cuerpo de aquel pequeño ser. Pequeño en alma, no en cuerpo. Su vida no había sido más que el escrutinio de la vida de los demás sin conocer su propia vida. Ya era tarde. Su historia había acabado.