Sabemos que la conducta humana puede presentársenos en diversos grados como caótica y desorganizada. Tal el caso ostensible del neonato, del demente, del adolescente, pero también el adulto normal tiene momentos donde planifica actividades -por ejemplo para un fin de semana- y luego su plan no se cumple, procediendo de una manera errática y pareciendo estar regido únicamente por el principio del placer. Frente a estos comportamientos desorganizados, la psicología ha intentado minimizar su importancia (para la teoría, no para la clínica) argumentando que detrás de ellos se esconde un orden regido por las leyes de la conducta (como el conductismo) o las leyes del inconciente (como el psicoanálisis). Es frecuente la expresión "parece un caos", con lo cual se asimila o se identifica siempre caos con apariencia. La teoría del caos viene a sugerirnos un punto de vista muy diferente: el comportamiento caótico tiene valor en sí mísmo, tiene la misma entidad, el mismo status ontológico que el orden, y nuestra actitud hacia ese caos ya no consistirá en soslayarlo intentando buscar un orden subyacente (verticalidad), sino en intentar verlo como parte de un proceso que proviene de un orden previo y que desemboca en un nuevo orden (horizontalidad). El orden ya no está debajo sino a los costados, la ?verdadera? realidad ya no es solamente el orden sino la alternancia orden-desorden, teniendo ambos polos la misma entidad. Se trata, entonces, por emplear un término de la filosofía, de hipostasiar el caos, o sea de elevarlo a la categoría de una instancia constitutiva de lo real - no de lo aparente- y por lo tanto ya no habrá de constituír un punto de partida para llegar a lo real subyacente y explicarlo desde allí, sino instituírlo como instancia explicativa (no explicada) del orden subsiguiente (y no subyacente). Este planteo viene a oponerse en cierto sentido a nuestra tradición kantiana, según la cual seguimos considerando que somos nosotros desde nuestras ?formas de la sensibilidad? y desde nuestras ?categorías del entendimiento? quienes organizamos el mundo, cuando en realidad la organización y la desorganización de éste resultan ser independientes de un sujeto cognoscente. Se opone también al clásico principio de la uniformidad de la naturaleza, de tipo laplaceano, según el cual el mundo tiene un orden y, en cualquier caso, el desorden que percibimos no es algo constitutivo de él sino el resultado de un falencia perceptiva. ¡Los sentidos nos engañan! es la exclamación que viene resonando desde aquellos siglos cartesianos. La teoría del caos nos habla de una secuencia orden-desorden-orden en la naturaleza. El lenguaje verbal no es la excepción, toda vez que es el resultado de nuestra actividad mental, producto a su vez del cerebro, y producto a su vez de la naturaleza.
Psicologia y la teoria del caos.
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