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Tesoros perdidos de los nazis



Cuando cayó Alemania, sus líderes fascistas trataron de ocultar 7.5 mil millones de dólares en oro e invaluables obras de arte robadas. Nunca se recuperó la mayor parte del botín, aunque, sorprendentemente, una parte fue hallada en 1990, en un pequeño pueblo de Texas.

Al final de lo guerra, el Reichstag, o parlamento alemán, era una masa en ruinas en medio del Berlín devastado.

Los edificios de gobierno, incluyendo el cuartel general de Hitler, fueron derribados o severamente dañados. 5.000 empleados del principal banco nazi, el monumental Reichsbank, se refugiaban en el sótano. Al terminar el bombardeo, sobrevivieron los empleados del Reichsbank y su mundialmente famoso presidente, el Dr. Walther Funk, pero la devastación del núcleo financiero de la nación guerrera desencadenó una extraña serie de eventos que produciría uno de los más intrigantes misterios históricos sin resolver. Era de suponer que el tesoro alemán sería guardado durante el avance de los Aliados. Pero la realidad es que codiciosos oficiales trataron de tomarlo para ellos, ocultando dinero y lingotes tan minuciosamente, que nunca fue hallado.

El reichsbank







Un escondrijo de millones

Al Dr. Funk le bastó con ver las llamas y escombros. Decidió enviar a sus funcionarios a otros pueblos para administrar desde ahí el Reichsbank y ordenó ocultar oro y reservas monetarias en una mina de potasio 300 km al suroeste de Berlín. El 7 de abril, oficiales de EUA entraron a un elevador, descendieron 700 metros a una cueva excavada en roca salina y encontraron mil millones de marcos en las 550 bolsas restantes . Luego de dinamitar la puerta de acero del cuarto 8, descubrieron unas 7.000 bolsas numeradas en un recinto de 50 metros de largo, 25 de ancho y 4 de alto. El tesoro incluía 8.527 lingotes de oro, monedas de oro francesas, suizas y de EUA, y más billetes. Placas de oro y plata, aplanadas para facilitar su almacenaje, estaban guardadas en cajas y cofres. Había maletas con diamantes, perlas y otras piedras preciosas robadas a las víctimas de los campos de concentración, junto con sacos de coronas dentales de oro. En su conjunto, la reserva secreta era uno de los depósitos más ricos del mundo de ese entonces: representaba un asombroso 93.17% de todas las reservas de Alemania cuando la guerra se acercaba a su fin. Pero eso no era todo. En la madeja de túneles excavados en la roca suave, los investigadores encontraron 400 toneladas de arte, incluyendo pinturas de 15 museos alemanes e importantes libros de la colección Goethe de Weimar. Bajo estricta vigilancia, los tesoros de la mina se guardaron en 11.750 cajas y se cargaron en 32 camiones de 10 toneladas para transportarlos a la sucursal del Reichsbank en Frankfurt, donde se almacenaron en sus bóvedas. A pesar de los rumores de que uno de los camiones desapareció en el trayecto, no se perdió oro ni obras de arte.

imagenes de la mina:





Desaparece un tesoro

Según Joseph Goebbels, jefe de propaganda nazi, el "criminal abandono del deber" de Funk tenía la culpa de poner el tesoro de la nación en manos de los Aliados, pero el führer aprobó un intento de evacuar las reservas restantes. El autor del plan era un coronel de la policía llamado Friedrich Josef Rauch, encargado de la seguridad personal de Hitler. Siguiendo el ejemplo de la Gestapo, que ocultaba sus reservas de oro, joyas, arte y billetes en minas, lagos y otros escondites en las montañas de Baviera y Austria, el coronel Rauch sugirió que el 6.83% de las reservas oficiales de oro que aún estaban en el Reichsbank fueran enviadas a Baviera. Se piensa que este 6.83%, en monedas y lingotes de oro, valdría actualmente unos 150 millones de dólares. En los meses siguientes, el bombardeo aliado paralizó las comunicaciones y las intrigas personales crearon un enredado ambiente que nunca se explicó satisfactoriamente. Durante el transporte, parte del tesoro se fue repartiendo entre los encargados de esconderlo. Por fin, el ejército de EUA recuperó unos 14 millones de dólares en oro y otros 41 millones de otras dependencias del gobierno, pero nunca se halló el tesoro escondido en un chalet alpino, llamado Casa del Bosque. Los investigadores de EUA trataron de resolver el misterio durante cuatro años, para finalmente reportar que unos 3.5 millones de dólares (46.5 millones actuales) en oro y 2 millones (12 millones actuales) en billetes, se habían esfumado.

EI saqueo de los vencedores

No sólo los alemanes aprovecharon las oportunidades brindadas por la dispersión de oro, dinero y arte. El general Patton, que fue muy escrupuloso con el asunto del tesoro nazi, se horrorizó ante la agilidad de manos de muchos soldados estadunidenses.

Whitewright, Texas, fue el sorpresivo depósito de posguerra de los tesoros de una iglesia alemana, incluyendo un invaluable manuscrito ilustrado de los evangelios. Otros relicarios tenían forma de corazón o de plato, pero el más valioso era un frasco de cristal de roca con la forma de la cabeza de un obispo, que se pensaba contenía un rizo de la virgen María. También había crucifijos de oro y plata, un peine del siglo XII de Enrique I y otros objetos de gran significado histórico y religioso.

Estos tesoros fueron tomados originalmente de la iglesia de Quedlinburg y se ocultaron en una mina durante el avance de las fuerzas aliadas, a fines de la Segunda Guerra Mundial. En abril de 1945, según los registros del ejército de EUA, los oficiales que inventariaron el tesoro reportaron: "Todas las piezas intactas y presentes." Pero unos días después se descubrió que varios objetos artísticos habían desaparecido. Mucha de la riqueza nazi se perdió y dispersó alrededor del mundo.

Habitación perdida

Aún se desconoce el destino de la notable "habitación ámbar de los zares", una habitación entera hecha de ámbar labrado. Originalmente propiedad del rey Federico Guillermo I de Prusia, la regaló en 1716 a su aliado ruso, el zar Pedro el Grande. Impresionado con el "inexpresable encanto" de sus lujosos muebles, Pedro instaló este generoso obsequio en un palacio en las afueras de su capital, San Petersburgo, agrandándolo al tamaño de un salón de banquetes y añadiendo 24 espejos y piso de madreperla. Dos siglos después, durante la invasión a Rusia en la Segunda Guerra Mundial, los alemanes reclamaron el regalo y lo llevaron a reconstruir al castillo de Königsberg. Se mostró al público por un tiempo, pero se guardó en el sótano del castillo antes de que el poblado fuera destruido por las bombas inglesas en 1944.
No se encontraron señas del tesoro en el sótano bombardeado. Se rumoró que los nazis lo sacaron en un barco que fue hundido por un submarino soviético. Un testimonio de 1959 parecía indicar que la habitación ámbar estaba oculta en una mina de sal. Cuando los investigadores se acercaron al supuesto escondite, ocurrió una explosión misteriosa, inundando la mina e imposibilitando el rescate.

Imagenes del cuarto de ámbar:

antes de la guerra


reconstrucción








El robo del legado artístico europeo

El asombroso hallazgo en la mina Kaiseroda hizo que la visitara el comandante supremo de las fuerzas aliadas, Dwight Eisenhower, y cuatro de sus generales, incluyendo a George Patton. Cuando este irreprimible oficial recordó la primera vez que vio los invaluables óleos, escribió: "Los que vi, pienso que valen $2.50 y son e la clase de cuadros que normalmente se ven en los bares de Estados Unidos." Hubo otras opiniones, pues la colección incluía obras de Renoir, Tiziano, Rafael, Rembrandt, Durero, Van Dyck y Manet. Pero incluso estas obras maestras fueron superadas por la única obra en posesión de Alemania, el famoso busto de 3.000 años de la hermosa reina egipcia Nefertiti. Muchos tesoros más fueron hallados en otras minas cercanas. Los generales nazis habían acumulado vastas propiedades de arte, tomadas de ciudadanos y museos de los países conquistados. Muchas obras fueron destruidas durante la conflagración, pero muchas otras fueron devueltas a sus legítimos dueños. Sin embargo, aún hay miles de obras que nunca fueron encontradas; una reciente compilación en Munich enlista unas 4000 pinturas europeas consideradas como perdidas.

Según los expertos, quizá algunas obras no se encuentren nunca, pues la documentación de las obras se perdió o fue destruida en los días finales de la guerra.
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