InicioCiencia EducacionA la memoria de los caidos de La Guerra de Malvinas (3/4)


Parte 3 de 4.


Cronología del conflicto bélico


A continuación se presenta un resumen cronológico de los principales hechos de la Guerra de las Malvinas, basado en lo publicado en la Separata Nº 6 de la revista Desembarco y en otras fuentes complementarias.



Apostillas de la guerra


Durante el desarrollo del conflicto ocurrieron algunos hechos secundarios, que si bien no modificaron el resultado de las acciones ni fueron suficientemente documentados, no por ello se debe obviar su relato para lograr una cabal comprensión de la Guerra de las Malvinas.

Al respecto, cabe señalar que Plutarco afirmaba que no es en los hechos mas ruidosos donde se manifiesta la virtud o el vicio; muchas veces una acción momentánea, un dicho agudo, una niñería sirven más para probar las costumbres que batallas en las que mueren miles de hombres.

A continuación se presenta el comentario de algunos de estos hechos:

El aeropuerto...

El aeródromo de Puerto Argentino se mantuvo operable durante todo el conflicto, pues sólo recibió el impacto de una bomba en una parte lateral de la pista. Sin embargo, los británicos ignoraron este importante hecho durante todo el transcurso de la guerra, creyendo que las informaciones difundidas por los medios argentinos en ese sentido, eran producto de la "propaganda bélica".

Esto se debió a que se había dispersado tierra sobre algunos sectores de la pista, simulando cráteres de bombas. Así en las fotografías aéreas y satelitales parecía que la pista se encontraba mucho mas deteriorada de lo que en realidad estaba. Cabe aclarar que la presencia de estos falsos cráteres no impedía la operación de las aeronaves argentinas.

Algunos sectores de la pista estaban construidos con planchas de aluminio. Luego de la caída de Puerto Argentino, una gran cantidad de estas planchas se desmontaron para fabricar refugios destinados al personal instalado en la zona (cf. secc. Fotos).

Puente aéreo...

Durante el bloqueo aeronaval británico, las islas fueron abastecidas principalmente por la acción de los buques del Apostadero Naval Malvinas, y también por un importante puente aéreo que se desarrollaba fundamentalmente durante la noche.

Como la pista de Puerto Argentino carecía de un sistema de iluminación propio, en el momento del aterrizaje se instalaban algunos reflectores que sólo se encendían cuando el avión se hallaba muy cerca de la cabecera de la pista.

El espectáculo era realmente impresionante, pues en la oscuridad de la noche, repentinamente se veía surgir un pesado avión Hércules volando a pocas decenas de metros sobre los cerros circundantes.

Cuando enfilaba hacia la pista de aterrizaje, encendía un reflector del tipo buscahuellas y lo movía hasta que su haz encontraba la pista.

Simultaneamente un helicóptero sobrevolaba el casco urbano de la capital, con el objeto de producir un nivel de ruido suficiente como para tapar el sonido generado por los aviones, pues se tenía la sospecha de que los malvinenses pasaban información a los británicos empleando sus equipos de radioaficionados.

Una vez que la aeronave aterrizaba, se procedía a su rápida descarga con la participación de varias decenas de hombres para minimizar el tiempo de estadía en la zona de exclusión. Se observaba que los pilotos llevaban puestos trajes de neoprene, para tratar de sobrevivir en el mar en caso de ser derribados.

Estas tareas eran dificultadas por el viento generado por las aeronaves, pues en ningún momento se detenían los motores de los aviones, que una vez descargados decolaban raudamente hacia el continente.

Entre los suministros transportados se encontraban algunas cosas curiosas, como por ejemplo servilletas de papel, milanesas, vinagre, pan aún caliente, ejemplares viejos de la revista El Gráfico, etc.

Correspondencia...

Un verdadero capítulo aparte merecen las denominadas "cartas a un soldado", que se enviaban sin ningún destinatario específico y eran recibidas por cualquier soldado argentino.

Si bien llegaban cartas de todo el país e inclusive del exterior, muchas provenían de la región patagónica. Detrás de ellas se encontraban miles de historias: había dibujos realizados por niños de escuelas, estampitas religiosas, tarjetas postales, fotos, cartas de jóvenes, adultos, ancianos, etc.

Al respecto pueden verse algunas cartas típicas, en los enlaces correspondientes de la sección Documentos de este sitio.

El impacto de estas misivas era impresionante, sobre todo entre los soldados provenientes de regiones aisladas del país, que no recibían correspondencia directa de sus familiares.

Obviamente, las cartas mas requeridas eran las escritas por señoritas adolescentes, preferentemente con domicilio cercano al del soldado. Después de la guerra algunas parejas se conocieron, se casaron y tuvieron hijos...

Aparte de esta correspondencia genérica, también se enviaban y recibían cartas y telegramas con destinatarios definidos. En algunos casos, los sobres fueron abiertos, revisados y vueltos a cerrar; por la "Censura Naval Argentina" (cf. secc. Documentos).

Herramientas...

En varias esquinas de la capital de las islas, los malvinenses habían instalado un juego completo de herramientas para la lucha contra el fuego, dado que la mayoría de las casas estaban construidas con madera.

Lo notable del hecho era que estas valiosas herramientas de bronce y de acero se encontraban accesibles al alcance de la mano, sin candados, y por lo visto no se tenía el menor temor de que fuesen robadas.

Productos...

Una de las cosas que mas llamaba la atención de los soldados argentinos era la gran variedad de productos que había en las islas, ya que se veían golosinas, cigarrillos y cervezas de distintos paises de origen.
Sólo después de varios años pudo verse esa variedad de mercaderías en la parte continental de la República Argentina.

Muchas de esas latas de cerveza se emplearon para construir alarmas y trampas cazabobos en diversas posiciones de combate de las tropas argentinas.

TV - Diarios...

Una de las acciones de difusión que implementó la Gobernación de las islas fue la de instalar una canal de televisión en color, que operó bajo la sigla "LU78 TV - Islas Malvinas".
Las emisiones se realizaban desde las 19:00 hasta las 21:00 horas, incluyendo programación en castellano y en inglés.

Por ejemplo, se transmitian dibujos animados, partidos de fútbol, películas en inglés subtituladas en castellano y viceversa (entre estas últimas "Fortín Quieto", con Claudio Levrino), algunos flashes de noticias presentadas por Nicolás Kasansew; finalizando la transmisión con una invocación religiosa.

También se realizaban transmisiones de radio en AM. La emisora local trasmitía a la mañana en castellano y a la tarde en inglés.

Otra actividad de difusión fué la creación del periódico "La Gaceta Argentina" a partir del 8 de mayo de 1982. Este periódico se publicaba en Puerto Argentino y se distribuía entre las tropas argentinas estacionadas en las islas, con el objeto de cubrir una necesidad informativa entre los miembros de las Fuerzas Armadas.

Al respecto pueden verse algunos ejemplares de este periódico malvinense en los enlaces correspondientes de la sección Documentos de este sitio.

Chilenos en guerra...

La descarga de los barcos que amarraban en Puerto Argentino presentó numerosos inconvenientes durante toda la guerra, por la falta de una infraestructura adecuada.
Además se carecía de estibadores capacitados, y muchos trabajos debieron ser realizados por personal militar de todas las jerarquías y especialidades.

A mediados de abril, se enviaron a las islas una decena de estibadores profesionales de origen chileno. Pero con la evolución de los acontecimientos, al ir acercándose la flota británica, la situación de los mismos fué cambiando paulatinamente.

De esta manera, los trabajadores empezaron a usar cascos militares para una mayor seguridad; pero mas tarde, ante la inminencia del ataque británico, esto ya no les daba la tranquilidad suficiente y se veían muy alterados, a pesar de pertenecer a un país no beligerante. Finalmente, luego de varias peripecias, pudieron regresar al continente.

Circulación...

Una de las medidas adoptadas por la Gobernación de las islas fue la de pintar flechas blancas en el piso de las calles, para indicar la circulación de vehículos por el lado derecho, al revés del usado por los malvinenses hasta ese momento.


La costanera de la capital, con el marcado de la circulación vehicular por la derecha (1982) Escuadrón VyCA Malvinas


Después de la rendición pudo observarse como se enfrentaba una columna de vehículos argentinos circulando por su derecha con otra columna británica circulando por su izquierda, prevaleciendo finalmente estos últimos por las circunstancias imperantes en esa ocasión.

Paseo de compras...

Tras la recuperación de la soberanía argentina sobre las Malvinas, se estableció que la equivalencia monetaria entre la libra malvinense (de igual valor que la esterlina) y el peso ley 18.188, sería a una paridad de £ 1 = $ 20.000.

Pero, para evitar posibles roces con la población malvinense, la Gobernación prohibió que los soldados argentinos concurriesen a las tiendas y mercados de la capital de las islas.

Sin embargo, los soldados de todo el mundo siempre encuentran alguna forma de salirse con la suya... Una manera consistió en "disfrazarse" utilizando las ropas "civiles" que les prestataron los estibadores chilenos, para poder ir a comprar diversos productos en los negocios de Puerto Argentino.

Como resultado de estas operaciones comerciales, luego del fín del conflicto, los argentinos se quedaron con libras y los malvinenses con pesos (ignoramos que han hecho con los mismos...).

Conclusiones y enseñanzas de la Guerra de las Malvinas


Para ofrecer un panorama global del Conflicto del Atlántico Sur, y procurando brindar un análisis crítico que sea ecuánime y profesional, a continuación se presenta una transcripción de la conferencia "Malvinas: un caso de estudio" del almirante estadounidense (4 estrellas) Harry Train.

El conferencista ha dictado cursos de postgrado en la Universidad Nacional de Defensa de su país, y fue comandante de la Flota del Atlántico de la US Navy y del componente naval de la NATO durante el año 1982, lo que lo convierte en un observador privilegiado del conflicto y un analista estratégico de sumo valor.

El relato citado ha sido publicado en la edición número 748 del Boletín del Centro Naval; el cual se recomienda consultar, para analizar también las transcripciones de los interesantes debates ulteriores a la conferencia y examinar las notas aclaratorias correspondientes.

Nota: No entra todo el articulo, se presenta el resto en la parte 4.

Malvinas: un caso de estudio


En el Hemisferio Sur, se lo llama "Conflicto de las Malvinas"; en América del Norte y Europa, "Conflicto del Atlántico Sur". Los británicos lo llaman "Guerra del Atlántico Sur".

En la Universidad de Defensa Nacional de los EE.UU. donde dicto el Curso Final para generales y almirantes recientemente promovidos, nosotros enseñamos, entre otros temas, dos casos dignos de especial estudio: uno es el de la crisis de Grenada, la que estudiamos y discutimos porque, aunque los EE.UU. triunfaron y lograron sus objetivos, nuestros militares cometieron muchos errores y la operación pudo haberse realizado en forma más satisfactoria.

Muchos de mis alumnos participaron en los combates en Grenada y por eso ellos tienden a justificarse en base a razonamientos dictados por la emoción y están propensos a interpretar o racionalizar decisiones según criterios que, vistos retrospectivamente, no fueron los mejores.

Por eso enseñamos un segundo caso de estudio, en un evento político-militar en que los EE.UU. fueron sólo observadores y no participantes. Este segundo caso es el Conflicto de las Malvinas. Este conflicto rico en decisiones político-militares y lleno de errores y cálculos equivocados en ambos bandos, provee una excelente oportunidad para que nuestros generales y almirantes examinen una compleja construcción diplomática y comprueben cómo los factores políticos, algunos de los cuales aún pasan desapercibidos, causaron el fracaso del proceso diplomático dando por resultado la guerra. Es también posible examinar un período de desarrollo de un conflicto durante el cual un bando actuaba todavía según las reglas para el manejo de crisis, mientras el otro ya estaba en guerra, fenómeno político-militar éste nunca acaecido antes en la historia militar moderna.

Este segundo caso brinda una oportunidad a los generales y almirantes norteamericanos que justamente examinan las ventajas de las organizaciones conjuntas de defensa, para observar la nueva estructura de comando conjunto argentina, que en la práctica fue conjunta sólo de nombre. En este caso hubo también lecciones para el Congreso de los EE.UU., útiles para la aprobación de la organización de defensa de nuestro país. Y el conflicto también fue una oportunidad para verificar el impacto de la suerte en el resultado de una guerra.

-¿Hubieran sido diferentes los resultados, si la televisión británica no hubiera comunicado erróneamente la zarpada de dos de sus submarinos nucleares desde Gibraltar hacia las cercanías de las Islas Georgias del Sur el 26 de marzo?

-¿Hubieran sido diferentes los resultados, si el viento y el mar no hubieran estado en calma el 1º de mayo?

-¿Hubieran sido diferentes los resultados, si las 14 bombas que penetraron en los cascos de buques de guerra británicos sin explotar, hubieran explotado?

-¿Hubiera sido diferente el resultado si los torpedos Telefunken argentinos hubieran funcionado como debían?

-¿Hubieran los mismos ingleses reaccionado usando su fuerza militar si no hubieran habido huelgas en las minas de carbón de Gran Bretaña?

Y finalmente el conflicto provee la oportunidad, con el beneficio de un análisis retrospectivo, para examinar el impacto de algunas decisiones como el fracaso argentino en prolongar la pista de Puerto Argentino para que pudieran operar los A4 y Mirage; el no empleo de buques de carga para transportar artillería pesada y helicópteros a las islas entre el 2 y el 12 de abril; la división de las fuerzas de Ejército Argentino entre las Islas Soledad y Gran Malvina; la decisión argentina de no explotar la crítica vulnerabilidad en Fitzroy y Hoya Chasco (Bluff Cove) y la decisión británica de atacar al Crucero "General Belgrano".

Analizamos el curso que la guerra terrestre pudo haber tenido si las fuerzas de la Isla Gran Malvina hubieran estado en San Carlos, forzando en consecuencia a los británicos a establecer su cabeza de playa en la Isla Gran Malvina en lugar de la Isla Soledad, porque esto es lo que ellos hubieran hecho.

Mi ventajosa ubicación durante el conflicto fue la de Comandante en Jefe de la Flota del Atlántico de los EE.UU. y Comandante Supremo de la NATO en Atlántico. En ese cargo yo no tenía rol que no fuera el de observador de un conflicto que enfrentaba a dos preciados amigos. Como mi amigo Horacio Fisher, en aquel entonces oficial de enlace argentino en mi Estado Mayor nos podrá decir, nosotros no recibíamos mucha información sobre el curso de la guerra en mi Comando de Norforlk. Nuestras apreciaciones allí previeron la victoria argentina hasta las semanas finales de la lucha, puesto que ignorábamos algunas de las decisiones cruciales, cuya adopción hiciera que nuestro pronóstico fuera erróneo.

Lo que voy a compartir con Uds. es mi visión personal del Conflicto de las Malvinas, producto de meses de estudio de informes y registros y de entrevistas con los principales jefes de ambos bandos. Estos estudios resultaron difíciles porque los informes y entrevistas reflejaban conflictivas percepciones sobre lo ocurrido antes y durante algunos eventos políticos y militares críticos. Ello, en sí mismo instructivo, ya que refleja muy correctamente el sentido de la expresión "niebla de guerra". En mis estudios, yo he tenido libre acceso a los líderes argentinos y británicos, a documentos y a análisis realizados luego del conflicto.

Mientras yo relato este doloroso episodio de la historia, ustedes mentalmente podrán ir analizando en qué medida cada contrincante adhirió a los principios militares de objetivo, ofensiva, masa, maniobra, simplicidad, seguridad, sorpresa, economía de la fuerza y unidad de comando.

Mientras el estudio completo comprende la cronología de todos los hechos, de acuerdo con los registros de ambos bandos, las primeras bases para análisis por los alumnos están constituidas por una serie de ensayos que he escrito concretando los diversos aspectos del conflicto, incluyendo: el preludio diplomático; el derrumbe de la disuasión resultante de percepciones de la política de defensa británica posterior a la Segunda Guerra Mundial; el reconocimiento del problema y la planificación inicial de ambos bandos; y el incidente Davidoff.

Entendiendo el problema

Si los sucesivos gobiernos argentinos han podido haber considerado el uso de la fuerza militar como un ingrediente o en sustitución de los medios diplomáticos para recuperar la soberanía sobre las Malvinas, esas acciones fueron desalentadas por la percepción de las capacidades militares británicas y por la decisión británica de usar esas capacidades para defender sus intereses. En ningún momento previo al envío de fuerzas militares argentinas a Puerto Argentino el 2 de abril de 1982, la Junta pensó que los británicos iban a responder con la fuerza militar.

Ni tampoco en ningún momento previo o durante el conflicto de Malvinas, los jefes militares argentinos creyeron que la Argentina podía prevalecer en una confrontación militar con Gran Bretaña. Estas dos creencias dominaron el proceso de toma de decisiones de la conducción política y militar argentina, antes y durante el conflicto.

El conflicto fue el resultado de décadas de persistente determinación de la parte argentina para recuperar la soberanía sobre las Islas Malvinas y de persistente determinación de los sucesivos gobiernos británicos de respaldar la autodeterminación de los habitantes de esas islas.
Esas actitudes se mantuvieron balanceadas durante muchos años, por una confluencia personalidades, y de aptitudes políticas (en ambos bandos); la habilidad de la Falkland Islands Company para influir sobre las decisiones políticas en Londres y una cambiante percepción del poder militar británico y del interés nacional británico, formaron la base de las decisiones en ambos bandos que dieron por resultado el conflicto.

Agreguemos a esto el desgaste del Partido Conservador que estaba en el poder en Gran Bretaña, el creciente descontento laboral en ese país, una sensación de amenaza de muerte en el ánimo de los jefes de la marina británica y el escenario estaba preparado para el intrincado esquema de decisiones que siguió.

Aproximadamente mil vidas se perdieron en el conflicto, casi una por cada dos habitantes de las islas. Treinta buques de combate y apoyo fueron hundidos o averiados y ciento treinta y ocho aviones destruidos o capturados. Los "intereses" de los habitantes de las islas fueron exitosamente defendidos por los británicos y los esfuerzos argentinos para recuperar soberanía sobre las islas fracasaron. La marina británica recuperó su importancia a los ojos de los dirigentes políticos de ese país y los militares argentinos fueron reemplazados por un gobierno civil.

La mayor parte de los textos y tratados relacionados con la soberanía en las Malvinas, dedican cientos de páginas a los ciento cincuenta años de puja diplomática. Los argentinos dan mucha importancia a cada paso de ese proceso y profesan gran fe en la diplomacia, pero advierten un claro encadenamiento entre las capacidades militares y la misma. Están convencidos de que la capacidad militar puede dar un "pequeño empujón con el codo" a la diplomacia dentro de ciertos límites y sin cruzar el umbral de la guerra.

Los británicos son, por otra parte, los maestros mundiales del proceso diplomático y del uso de la fuerza militar en el clásico estilo clausewitziano, como una extensión del proceso político por otros medios, haya sido o no cruzado el umbral de la guerra.

La conducción argentina durante el conflicto , expresó el punto de vista de que la Argentina tiene demasiada historia como para no tomar decisiones. En los EE.UU. y Gran Bretaña decimos que uno comienza su historia con cada guerra. Eso hace las contabilidades y las tomas de decisiones más sencillas.

No tiene importancia sí estos puntos de vista argentinos son históricamente correctos o no. Lo que cuenta es que esos criterios tuvieron un profundo impacto en las decisiones argentinas durante el preludio del conflicto.

De particular interés para los militares profesionales es la brecha entre las premisas en que basaron sus decisiones los gobernantes británicos por un lado y las que usaron para basar las suyas los argentinos por el otro. Entre la ocupación de las islas el 2 de abril y el hundimiento del Belgrano, el 2 de mayo, las autoridades argentinas actuaron en la convicción de que estaban envueltas en el manejo de una crisis diplomática. Los británicos lo hicieron en la convicción de que estaban en guerra.

El objetivo político argentino era "una solución diplomática para recuperar la soberanía sobre las islas". Los objetivos británicos, "defender los intereses de los residentes en las islas y castigar la agresión".

Se puede afirmar que Argentina perdió la guerra entre el 2 y 12 de abril, cuando no aprovechó la oportunidad que tenía para emplear buques de carga en el transporte de artillería pesada y helicópteros para sus fuerzas de ocupación y equipo pesado para el movimiento de tierra que hubiera permitido al personal en la isla prolongar la pista de Puerto Argentino para que pudieran operar sus A4 y Mirage. La indecisión basada en el preconcepto argentino de que era imposible derrotar a los británicos en un conflicto armado, fue el elemento dominante en el resultado final.

El incidente Davidoff

El incidente Davidoff es crucial para el análisis o examen del conflicto de las Malvinas. Él representa el arrancador de guerra, o como dijo el almirante Anaya, el detonador. Es importante porque las percepciones del incidente Davidoff hechas después de la guerra, en Gran Bretaña y la Argentina son completamente diferentes. Esto es lo que yo creo que ocurrió:

En septiembre de 1979, Constantino Sergio Davidoff firmó contrato con una compañía escocesa por el que se le transferían el equipo e instalaciones de cuatro factorías de ballenas en Leith, islas Georgias del Sur. Este contrato le daba derecho para mover el metal de chatarra de la isla hasta marzo de 1983. Las autoridades de las Islas Malvinas fueron informadas de ese contrato en agosto de 1980.

El Convenio sobre Comunicaciones de 1971 permitía los viajes entre las Malvinas y la Argentina usando solamente una tarjeta blanca, pero recordemos que en respuesta a la Resolución 1514 de las Naciones Unidas, los británicos inscribieron a las Georgias del Sur como una colonia separada de las Malvinas y gobernada directamente desde Gran Bretaña, administrada por el gobierno de las Malvinas sólo por razones de conveniencia. Recordemos también que la Argentina rechazó la demanda de status de colonia para las Georgias del Sur sosteniendo que al igual que las Malvinas habían pertenecido siempre a la Argentina por lo que no podían ser colonias de nadie.

El problema surgió cuando Davidoff visitó Leith por primera vez para inspeccionar las instalaciones que había adquirido y debía retirar, dado su valor como chatarra. Los británicos en Puerto Stanley sostuvieron que nadie podía desembarcar en las Georgias del Sur sin antes haber obtenido permiso en la base de British Antartic Survey en Grytviken, también en la costa nordeste de la isla San Pedro, donde los pasaportes serian solicitados para su sellado. Los argentinos sostuvieron que bastaba con la "tarjeta blanca" para entrar y salir cuando quisieran de acuerdo con lo establecido en el Acuerdo de 1971.

Hay muchas preguntas sin contestación referidas al momento, autenticidad y notificación a la Argentina de que Gran Bretaña reclamaba la designación de las Georgias del Sur como una colonia separada, pero alcanza con decir que los dos países vieron la situación según diferente luz. Es también curioso que Gran Bretaña eligiera para dar comienzo a rigurosos procedimientos en relación con las visitas a las Georgias del Sur, justamente el momento en que ella se beneficiaba financieramente de los irrestrictos viajes permitidos por la tarjeta blanca.

El incidente comenzó formalmente cuando Davidoff dejó Buenos Aires en el rompehielos Almirante Irizar que había contratado y arribó a Leith el 20 de diciembre de 1981. Habiendo informado a la embajada británica en Buenos Aires de sus intenciones, viajó directamente a Leith sin detenerse en Grytviken para obtener permiso, probablemente ignorando el requisito de hacerlo y luego regresó a la Argentina.

El Gobernador Hunt de las Islas Malvinas aparentemente se enteró de la visita por informes de que el rompehielos Almirante Irizar se encontraba en la Bahía Stromness y por informes de gente de Grytviken de que alguien había estado en Leith. Parece probable que la embajada británica en Buenos Aires no informara a Hunt.

Hunt presionó solicitando un accionar contra Davidoff por haber éste desconocido las normas, pero recibió directivas de Londres de no empezar con problemas.

El embajador británico protestó al Gobierno argentino por este incidente el 3 de febrero, advirtiendo que esto no debía repetirse. La protesta fue rechazada el 18 de febrero.

Davidoff se disculpó en la embajada británica por las dificultades que había causado y solicitó directivas detalladas sobre la manera adecuada de regresar a las Georgias del Sur a desmantelar las instalaciones. La embajada preguntó al Gobernador Hunt. Este no respondió hasta después de la partida de Davidoff el 11 de marzo, luego de notificar formalmente en la embajada británica que 41 personas estaban embarcadas en el Bahía Buen Suceso, un buque argentino de aprovisionamiento antártico. Todo lo concerniente le debió haber sido informado antes del desembarco en Leith el 19 de marzo, dejando una vez más de lado a Grytviken. Los operarios izaron la bandera argentina.

Los detonadores de la guerra - El punto de vista argentino

Las autoridades argentinas describen a los sucesos del 19 de marzo de 1982 como "el detonador". Aunque esos eventos en las Georgias del Sur estuvieron lejos de forzar el episodio militar clave, a partir del cual no había otra salida sino la guerra, y consecuentemente no se encuentran en la categoría de un arrancador de la guerra, el 19 de marzo fue ciertamente la piedra de toque de una serie de confrontaciones en cascada y de decisiones político-militares que crearon el escenario para que la guerra comenzara.

La reacción británica por el incidente Davidoff motivó una modificación de la planificación argentina. El mensaje del British Antartic Survey en las Georgias del Sur informando que "los argentinos han desembarcado" polarizó la reacción británica en Londres. En Buenos Aires, la Junta comenzó a estudiar la posibilidad de ocupar las Islas Malvinas y las Georgias antes de que los británicos pudieran reforzarlas. El vicealmirante Lombardo recibió órdenes de preparar urgentemente la operación Malvinas. Hubo órdenes y contraórdenes.

El HMS Endurance fue destacado a las Georgias del Sur por el gobierno británico para retirar a los trabajadores argentinos. Los británicos no estaban informados de la cancelación del plan argentino de incluir personal militar en el legítimo proyecto de Davidoff, pero sí fueron informados de la orden del Comandante de Operaciones Navales argentino de que dos fragatas interceptaran el HMS Endurance si éste evacuaba a los civiles argentinos, pero no de la cancelación de esa orden por las autoridades políticas argentinas quienes temían una confrontación militar.

El personal argentino del Grupo Alfa, que había sido originalmente concebido para participar en el plan de explotaciones de Davidoff, fue destacado ahora a las Georgias a medida que los eventos se fueran desarrollando y desembarcaron allí el 24 del ARA Bahía Paraíso. Un pequeño enfriamiento se produjo el 25 de marzo cuando Gran Bretaña tomó conocimiento de la presencia del ARA Bahía Paraíso y autorizó su permanencia hasta el 28 de marzo. Mientras esto ocurría, Davidoff entregaba una explicación de su operación a la embajada británica.

El detonante fue el anuncio del hecho por la TV británica (que luego se probó era erróneo) de que dos submarinos nucleares habían zarpado de Gibraltar para el Atlántico Sur. Las autoridades argentinas tomaron como cierta esa información. No deseando comprometerse en un desembarco frente a una amenaza de submarinos nucleares británicos contra sus fuerzas navales, calcularon la primera fecha de arribo posible de los submarinos. Estaban convencidos de que a partir de ese momento seguirían destacados allí por varios años. Inclusive las autoridades argentinas no deben haber estado informadas ni siquiera sobre el momento en que la zarpada se hubo concretado.

El apoyo de la opinión pública argentina para lo que había sido percibido como una válida operación comercial bajo los términos del Acuerdo de Comunicaciones de 1971 presentó un cuadro de fuerte interés nacional argentino contra un interés británico percibido como en disminución. En un esquema mental de "ahora o nunca" la Junta dispuso la ejecución de la operación Malvinas, estableciendo como día D el 2 de abril de 1982.

Operación Rosario

La ocupación de Puerto Argentino el 2 de abril sin derramamiento de sangre británica fue una operación ejemplar. Bien planeada e impecablemente ejecutada. Los 700 infantes de marina y los 100 integrantes de fuerzas especiales, desembarcaron, lograron sus objetivos y se reembarcaron a medida que fueron reemplazados por fuerzas de ocupación del Ejército. La Fuerza de Tarea Naval, proveyó tanto el transporte anfibio como el apoyo naval.

Yo no trato la Operación Rosario en este estudio, porque ella fue impecable. Los eventos que vienen a continuación y la falta de un planeamiento militar conceptual para el desarrollo posterior son de interés para mis alumnos. Dos viñetas:

1º- En la tarde del 2 de abril, la Fuerza Aérea Argentina en las Malvinas, negó autorización para aterrizar a un F28 conduciendo al Comandante de la Aviación Naval. El avión aterrizó finalmente luego de una espera de 45 minutos.

2º- El 2 de abril, la Fuerza Aérea Argentina solicitó que el Estado Mayor Conjunto inmediatamente hiciera transportar planchas de aluminio por mar hacia las islas, para alargar la pista y ampliar la playa de estacionamiento para aviones en operación.

Actuación de las autoridades argentinas responsables del transporte

Y así comienza la historia de las dificultades argentinas para efectivizar la cooperación entre sus Fuerzas Armadas. El incidente de la autorización para que aterrizara el Comandante de la Aviación Naval en Puerto Argentino, marcó el comienzo de lo que luego se convertiría un serio problema. El transporte marítimo de los elementos para la pista puso en evidencia la incapacidad para establecer prioridades adecuadas para el apoyo logístico de las islas.

La Junta Militar había desarrollado a esa altura de los acontecimientos la preocupación de que el reaprovisionamiento de las Malvinas iba a representar un serio peligro para lo que ellos esperaban iba a ser una solución diplomática del problema, porque desde que los submarinos británicos llegaran a la zona, cualquier buque mercante en ruta hacia las islas podría ser un blanco. Ese blanco podría ser atacado y con el ataque vendría la confrontación armada que querían evitar. Por eso el reaprovisionamiento debía limitarse a lo posible con los pocos buques que la Argentina pudiera cargar y hacer llegar antes de la fecha estimada del arribo de los submarinos.

Era entonces de crucial importancia dar alta prioridad tanto a la provisión de artillería como a la de apoyo de movilidad en las islas, o proveyendo las planchas para construir las pistas y el equipo pesado para movimiento de tierra necesario para su posterior colocación. Las planchas solas eran inútiles.

La incapacidad para dar prioridad adecuada a las cargas y usar al máximo la capacidad disponible de esos pocos buques fue una falla fatal y tuvo profundo impacto tanto en la guerra marítima como en la terrestre. Y Uds. podrán notar que el vuelco a una participación activa de los EE.UU. en el conflicto se produce cuando ya es imposible que se efectúe la prolongación de la pista de Puerto Argentino.

Los detonadores de la guerra - El punto de vista británico

Al ocurrir el incidente de las Islas Georgias del Sur, el Secretario de Estado para la Defensa británico, John Nott, el Jefe del Estado Mayor de Defensa, almirante Sir Terrance Lewin y el Comandante de la Flota, almirante Sir John Fieldhouse estaban en Colorado Springs, participando en la reunión del Grupo de Planeamiento Nuclear de la NATO, de la que yo también participaba.

Al profundizarse la crisis, estos jefes clave se dispersaron: el almirante Lewin se trasladó a Nueva Zelandia, el almirante Fieldhouse al Mediterráneo y John Nott a Europa. Durante los diez días de ausencia de estos jefes, el Reino Unido había aumentado la apuesta argentina.

Habían sucedido demostraciones en las calles argentinas y el hecho de que existía una extendida presencia argentina en Thule (Sandwich del Sur) era de público conocimiento en Londres.

La ocupación argentina se concretó un viernes. El Gabinete de Guerra británico con las ausencias señaladas había fijado como objetivo: "Lograr el retiro de las fuerzas argentinas y restaurar la administración británica en las islas".

Que en Gran Bretaña existían varaduras políticas, económicas y militares, fue reconocido. El lunes el Gabinete de Guerra dispuso la partida de la Fuerza de Tareas británica, así es que zarpó esa flota y se contrataron los buques mercantes, que fueron retirados de su actividad comercial, aunque aún se ignoraba la magnitud del esfuerzo que se iba a necesitar. El gobierno había previamente completado su concepto de la operación: "desalentar y rechazar". Esto constituyó la única base de la respuesta inicial.

La estrategia naval argentina

En Buenos Aires, las autoridades navales establecían su estrategia:

-La interdicción con portaaviones de la zona de las líneas de comunicaciones marítimas, fue considerada y descartada.

- El uso de buques en puerto en las Malvinas como baterías móviles, fue considerado y descartado también.

- En definitiva se resolvió emplear el concepto de "Flota en potencia" y conscientes como estaban de la necesidad de conservar una capacidad naval en reserva, como defensa ante una posible agresión chilena de posguerra, la conducción argentina decidió no comprometer sus fuerzas en batallas navales frontales y llevar una guerra de desgaste lo que a la postre demostró ser la decisión más atinada.

- La mayor esperanza de la Armada Argentina era dañar la Fuerza de Desembarco británica. La idea era atacar durante los desembarcos y aferrar a los británicos mientras su libertad de maniobra estaba limitada por esas operaciones.

- Se agregaba a la preocupación argentina sobre la supervivencia, la generada por la afirmación del almirante Hayward de la Marina de los EE.UU. en el sentido de que los satélites eran aptos para mostrar en todo momento la ubicación de la flota argentina.

La estrategia naval británica

En Londres las autoridades navales planificaron en forma conjunta una estrategia compuesta por cuatro fases, en forma de permitir un adecuado dimensionamiento de sus fuerzas:

- La primera fase comenzó el 12 de abril cuando, los submarinos nucleares de ataque llegaron para efectuar patrullados antisuperficie al oeste de las islas con la misión primaria de hacer cumplir la "zona de exclusión".

- La segunda fase se inició el 22 de abril con el arribo de las unidades de superficie y duró hasta el desembarco en San Carlos el 21 de mayo. La misión era establecer superioridad aérea y en el mar en preparación para el desembarco. Esta fase se podría describir mejor llamándola "guerra en el mar". Durante el período, las Georgias del Sur fueron retomadas y el ARA Belgrano, HMS Sheffield y B/m Isla de los Estados, hundidos.

- La tercera fase comenzó con el desembarco el 21 de mayo y continuó hasta el 30 de ese mes, con el objetivo de establecer una cabeza de playa, apoyar a los tropas en tierra y protegerlas de ataques aéreos. Los HMS Ardent, Antelope, Coventry y el B/m Atlantic Conveyor ingleses y el B/m Río Carcarañá fueron hundidos durante esta fase.

- La fase final comenzó el 30 de mayo y continuó hasta el cese de las hostilidades. La misión para esta fase fue de apoyo a la guerra terrestre y protección de las líneas de comunicaciones marítimas. El buque de desembarco HMS Galahad fue hundido en ese período.

El hundimiento del ARA Belgrano

Al comando de la Flota Argentina el 1º de mayo, el vicealmirante Lombardo tenia pensado una operación que esperaba sirviera para distraer de su misión a la Flota Británica, la que según informes de inteligencia argentina, era el apoyo de un desembarco en las Malvinas ese mismo día.

Su idea era llegar desde el norte con el Grupo de Tareas del ARA 25 de Mayo, hasta el límite de la zona de exclusión y desde el sur con el Grupo de Tareas del ARA Belgrano, también fuera de zona de exclusión, en un movimiento de pinzas que obligaría a la Fuerza de Tarea británica a abandonar el apoyo a la operación de desembarco.

Cuando el ARA 25 de Mayo se preparaba para el ataque contra la Fuerza de Tareas británica, los vientos se convirtieron en calma. Por motivos técnicos, el ARA 25 de Mayo tenía su velocidad reducida a 15 nudos. El pronóstico meteorológico preveía calmas durante las siguientes 24 horas, lo que forzó a descargar tres de las cuatro bombas que llevan los A4, quedando sólo una por avión.

Las dudas sobre los resultados de un ataque con tan escasa carga de bombas y el informe de que los ingleses no habían desembarcado como se esperaba, determinaron la orden de poner ambos Grupos de Tareas rumbo hacia el oeste.

El ARA Belgrano había navegado contorneando la zona de exclusión y hacia el este y luego norte entre las Islas Malvinas y las Georgias del Sur, para distraer la atención de la flota británica del desembarco y el ARA 25 de Mayo.

Mientras tanto, advirtiendo un riesgo muy real para sus fuerzas, el almirante Woodward solicitó y luego recibió autorización de Londres, para atacar el ARA Belgrano fuera de la zona marítima de exclusión para neutralizar este riesgo.

En el momento en que el HMS Conqueror atacó y hundió el ARA Belgrano, el crucero argentino llevaba catorce horas con rumbo al oeste.

Con el hundimiento del ARA Belgrano terminaron todas las esperanzas de una solución diplomática y comenzó la guerra en el mar.

Zonas de exclusión marítima y otras restricciones a la libre navegación

El concepto de "zona de exclusión marítima" como la impuesta por los británicos durante el conflicto no es nuevo ni bien entendido por todos los dirigentes militares y políticos. Los pro y contra del uso de un "cordón sanitario" han sido debatidos en la NATO por años. Esos términos y similares de "zona de defensa marítima" han sido sujetos a exámenes legales y análisis por parte de militares. Y hay significativos desacuerdos entre los abogados sobre si una zona de exclusión marítima es legal, de acuerdo con el derecho internacional así como también hay desacuerdo sobre su valor táctico y estratégico.

- Declaratoria en su naturaleza, como son sus primos lejanos el "bloqueo" y la "cuarentena", la zona debe ser anunciada en términos de límites geográficos, fecha de efectivización y tipo y nacionalidad de los buques y aviones a los que se aplica.

El "bloqueo", un término militar más tradicional y con sólida base en el derecho internacional, se define normalmente como la acción de guerra dispuesta para evitar que buques de todas las naciones entren o dejen áreas específicas bajo control de un enemigo.

Las expresiones "bloqueo pacífico" y "cuarentena" han evolucionado de las leyes de bloqueo. La más clara distinción entre ellas y el bloqueo clásico es que ellas no han sido previstas como acto de guerra y que no se han previsto acciones militares salvo el caso en que el Estado contra el que las acciones fueran impuestas prefiera resistirse.

El término "cuarentena" se hizo conocer en octubre de 1962 cuando el presidente de los EE.UU., proclamó una estricta cuarentena de todo equipo militar ofensivo embarcado con destino a Cuba.

Directivas argentinas para la acción

Las directivas argentinas para la acción derivaban de la errónea esperanza mantenida por la Junta de obtener una solución diplomática.

La directiva para la ocupación de las Malvinas el 2 de abril establecía "no derramar sangre británica ni dañar propiedad británica".

Entre el 2 y 30 de abril, las directivas fueron "hacer fuego sólo si se es atacado". Cuando los comandantes operativos fueron observados por la Junta por haber dado órdenes que violaban esta directiva, esas órdenes fueron anuladas. Un ejemplo fue la revocación por la Junta de la orden del Comandante de Operaciones Navales a los ARA Drummond y ARA Granville de interceptar al Endurance si éste sacaba a los trabajadores de las Georgias del Sur. Otro ejemplo es el retiro de autorización para utilizar sus armas al submarino ARA San Luis cuando se le ordenó ingresar en la zona de exclusión. El ARA San Luis patrulló en la zona de exclusión desde el 20 al 30 de abril sin autorización para usar sus armas.

La autorización para empleo de las armas fue dada a las fuerzas argentinas el 30 de abril. En esa oportunidad se informó a las fuerzas argentinas que cualquier buque en la zona de exclusión debía ser considerado británico. Esta orden no tuvo en cuenta el hecho de que había pesqueros rusos en la zona de exclusión.

La autoridad de decisión sobre directivas para la acción fue tan vigorosamente retenida en los más altos niveles políticos en Argentina como lo fue en el Reino Unido.

Directivas británicas para la acción - La estructura política en Londres

El Gabinete de Guerra creó un Comité de Directivas para la Acción integrado por oficiales que debían efectuar previsiones y dotar a los comandantes con las directivas que necesitaban, en forma que pudieran ser perfectamente entendidas. Este comité se reunía todos los días a 18:00 horas y se planteaba preguntas como las autorizaciones que debían ser concedidas en el momento en que la Fuerza de Tareas cruzara el ecuador; qué aprobación previa debían recibir los aviones de patrullaje marítimo de largo alcance para el caso de encuentro con fuerzas argentinas. Las decisiones de este comité siempre fueron aprobadas porque ellos se adelantaron a los acontecimientos.

La zona de exclusión marítima definió un área en la que los comandantes de buques británicos y los pilotos podían atacar. Era esa un área en que el comando argentino sabía que sus unidades iban a ser atacadas. Esa zona proveyó o por lo menos así pensaron, a los comandantes británicos, de un área de amortiguamiento suficientemente profunda como para evitar sorpresas tácticas a los buques de la Fuerza de Tareas, desprovistos de aviones de reconocimiento táctico basados en buques y de aviones de alta performance.

El paso siguiente en la evolución de las disposiciones para la acción y de la zona de exclusión marítima fue el decreto de una "zona de exclusión total" el 30 de abril.

Una complicación se produjo el 23 de abril cuando la orden de libre uso de las armas fue dada. Esto se aplicaba en todas partes, contra cualquier fuerza que se supusiera significaba un peligro. Una advertencia de que había sido dada la orden de libre uso de las armas fue difundida en ese momento. La zona de exclusión marítima permaneció sin modificaciones.

En la escena del conflicto, las directivas para la acción británica contenían una lista de reglas numeradas que cubrían las situaciones previsibles, descripciones de blancos y zona en la que la regla era aplicable. Las reglas -y había muchas- fueron hechas efectivas en forma selectiva en tiempo y lugar de acuerdo con lo que aconsejaba la situación política y militar.

El propósito fundamental de las directivas para la acción era proveer información política y militar a los comandantes en el teatro de operaciones, con normas establecidas cuando correspondía una política de mantenimiento de statu-quo o una política de escalada o de desescalada. Las directivas numeradas no dejaban de tener ambigüedades y frecuentemente requerían interpretación vía satélite. La definición de "intención hostil" en vista de la existencia de armas que requerían rápida reacción, tales como el Exocet creó problemas que fueron en definitiva resueltos definiendo como "intento hostil" la mera presencia física de una plataforma argentina.

Los británicos también modificaron las disposiciones para la acción autorizando atacar cualquier contacto submarino no previsto como amigo, operando en las proximidades de la fuerza propia.

Crucial para la estructuración y ejecución de las directivas para la acción fueron las 200 millas náuticas de la zona de exclusión que los británicos declararon en torno de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Dentro de las zonas hubo muy pocas restricciones.

La estructuración y cambios en las directivas para la acción fueron hermética y centralizadamente controladas desde White Hall. Los cambios normalmente requirieron coordinación entre las fuerzas de tierra, mar y aire, y aprobación a nivel ministerial. Hubo procedimientos expeditivos para cambios urgentes como el que permitió el ataque al ARA Belgrano fuera de la zona de exclusión.

La guerra en el mar

El Conflicto de las Malvinas incluye la primera confrontación naval verdadera desde la campaña del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. El precio cobrado por la Fuerza Aérea Argentina y la Aviación Naval durante la guerra en el mar, incluye los destructores británicos HMS Sheffield y Coventry; las fragatas HMS Ardent y Antelope; el buque de desembarco HMS Sir Galahad y el buque mercante Atlantic Conveyor. A estos hay que agregar dos destructores británicos, catorce fragatas y dos buques de desembarco dañados durante el conflicto, todos ellos por ataques aéreos argentinos con bombas, misiles cohetes y cañones, excepto el destroyer Glamorgan que fue dañado por un misil Exocet lanzado desde tierra. Treinta y siete aviones británicos fueron perdidos por causas diversas.

Las catorce bombas sin explotar en los cascos de buques británicos pudieron fácilmente hacer que las pérdidas de buques fueran el doble si las espoletas hubieran sido correctamente graduadas.

Los británicos emplearon virtualmente toda arma submarina existente en la Fuerza de Tareas en falsos contactos submarinos.

A la Fuerza de Tareas británica le faltó defensa en profundidad. Ellos no tuvieron la clase de apoyo que puede proveer la cubierta de un portaaviones grande con sus aviones embarcados de reconocimiento táctico y de alerta temprana. Se vieron forzados a confiar por otra parte en buques de combate pequeños y baratos, cuyo armamento inferior los hacía más vulnerables que buques grandes bien acorazados cuya única contra es su precio elevado.

Nosotros tendemos a pensar sobre la campaña naval de las Malvinas sólo en términos de pérdidas de unidades y del impacto que esas pérdidas produjeron en el resultado final. Para una nación que observe los hechos atentamente, existe también una discusión adicional. La guerra naval en las Malvinas incluye también:

- El primer empleo de misiles crucero modernos contra buques de una marina de primera categoría.

- La primera oportunidad desde la Segunda Guerra Mundial, en que sostenidos ataques aéreos fueron hechos contra una fuerza naval.

- El primer uso en combate de submarinos de propulsión nuclear.

- El primer uso de que se tenga noticias de aviones de decolaje y aterrizaje vertical/corto en combate.

- Una pequeña fuerza de submarinos de propulsión diesel-eléctrica argentina, produjo una enorme preocupación a las autoridades navales británicas y determinó por lo menos en la misma medida que la amenaza aérea, la conducción de las operaciones navales británicas, causando el gasto de una gran cantidad de armas antisubmarinas.

- Una igualmente pequeña fuerza de submarinos nucleares de ataque británico determinó las decisiones de los jefes navales argentinos y mantuvo a las unidades de superficie argentinas en aguas protegidas contra esta amenaza. Asimismo determinó algunas de las primeras decisiones políticas hechas al comienzo de las hostilidades.

Selección del lugar del desembarco

A partir de la zarpada de la Flota hacia las Malvinas, una de las principales decisiones que enfrentaron los responsables de la planificación fue la determinación del lugar para efectuar el asalto inicial. El pensamiento británico sobre el lugar y oportunidad para efectuar el primer desembarco de la campaña, era guiado por muchas consideraciones. Algunas de las más importantes eran:

- Conveniencia política. La percepción por parte del Gobierno británico de la necesidad de entrar en combate con los argentinos para apaciguar a la opinión pública británica ansiosa de acción.

- La proximidad del invierno en el hemisferio sur, con su cortejo de problemas ambientales.

- El efecto en el adiestramiento moral y estado físico general de la fuerzas terrestres sujetas a prolongadas estadías en tierra, soportando las ya duras condiciones climáticas.

- Los problemas logísticos previsibles para el mantenimiento por un prolongado período a una gran fuerza terrestre en operaciones.

- Los problemas de transporte para desplazar una gran fuerza terrestre y su apoyo a cualquier distancia sobre el áspero terreno en las Malvinas.

- La falta de informes de inteligencia sobre la moral y adiestramiento de los soldados argentinos en las Malvinas.

- Por fin, los estados mayores británicos debieron decidir entre dos conceptos diametralmente opuestos para la conducción del asalto inicial a las Malvinas; llevar a cabo un desembarco en fuerza, mediante un ataque masivo con todos los recursos disponibles efectuando esa audaz operación en el mismo Puerto Argentino, o en sus proximidades, tan cerca como para que el objetivo principal de la campaña pudiera ser atacado en forma inmediata por las fuerzas terrestres o llevar a cabo un desembarco más o menos administrativo en un lugar no defendido, suficientemente alejado de Puerto Argentino como para que los argentinos tuvieran dificultad para utilizar sus propias fuerzas terrestres ubicadas principalmente en Puerto Argentino, para atacar la frágil cabeza de playa.

Los sitios considerados por los británicos como potencialmente aptos para el asalto inicial fueron:

- Bahía Stevely (Puerto Norte)-Isla Gran Malvina: El más alejado del objetivo y el menos sujeto a posibles contraataques argentinos con fuerzas terrestres. En algún momento se analizó la posibilidad de construir allí una pista de aterrizaje para reemplazar a los portaaviones.

- San Carlos-Isla Soledad: Más cercano al objetivo y aún en una ubicación que dificultaba el contraataque argentino.

- Hoya Chasco-Isla Soledad: Todavía más cercano, pero también más al alcance de un contraataque argentino.

- Bahía de la Anunciación-Isla Soledad: Más próximo aún a Puerto Argentino, pero también tan al alcance que un contraataque de fuerzas terrestres argentinas era casi seguro.

- Puerto Argentino-Isla Soledad: Rechazado casi inmediatamente por los riesgos que llevaba implícito.

En principio se convino en efectuar el desembarco en un lugar donde no fuera a encontrarse resistencia inicial. El plan de las Fuerzas bajo el comando del brigadier general Julian Thompson consistiría en la consolidación de la cabeza de playa, a la espera de que sus efectivos de incrementaran con el aporte de unidades en viaje desde Gran Bretaña. A partir de la llegada de esos refuerzos, el comando de toda la operación terrestre sería asumido por el mayor general Jeremy Moore.
Los pro y contras que analizaron los planificadores cuando seleccionaron San Carlos como punto inicial de desembarco fueron:

- La protección que las aguas restringidas del fondeadero ofrecían contra submarinos.

- La protección natural que las tierras altas de los alrededores ofrecían a los buques de desembarco contra ataques aéreos y su excelente capacidad potencial para ubicar baterías antiaéreas de misiles Rapier.

- Los informes. de inteligencia indicaban falta de presencia enemiga en el área a no ser la de poco frecuentes patrullas.

- Los informes de los SBS (Special Boat Squadron - unidades especiales para incursiones en costas enemigas) indicaban la ausencia de minas en las playas y falta de actividad de minado en el mar vecino.

- La demora que podía esperarse en la respuesta por parte de las fuerzas argentinas, dada la distancia, aproximadamente cincuenta millas de terreno abrupto, desde Puerto Argentino.

- La distancia y terreno abrupto entre el lugar de desembarco y el objetivo principal, Puerto Argentino, que tendría que ser atravesado de algún modo por las fuerzas terrestres.

- La proximidad de una fuerte guarnición argentina en Pradera del Ganso (Goose Green) a trece millas del lugar y hacia el sur.

- La falta de playas adecuadas para desembarcar grandes cantidades de hombres y equipos.

- La proximidad de tierras altas en el contorno que podían ser usadas por el enemigo ventajosamente para repeler y desalojar a las fuerzas de desembarco.

- Aunque no había sido verificado por las patrullas SBS, la posibilidad de que los argentinos hubieran o tuvieran la intención de minar los accesos marítimos del lugar, dado su obvia aptitud para el desembarco. (Por lo menos en la mente de los planificadores británicos, esto era obvio. Ahora sabemos que los planificadores argentinos en un estudio previo al conflicto, habían considerado imposible que se usara exitosamente el lugar para efectuar un desembarco anfibio).



Continua en el post N°4.

Parte 1:

Parte 2:

Parte 3:

Parte 4:
Datos archivados del Taringa! original
30puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

G
Guillermo🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts108
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.