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Drácula (descripción del conde) - de Bram Stoker

Arte2/3/2011
Drácula de Bram Stoker Muchas veces hemos pensado en Drácula de acuerdo a la imagen que el cine nos ha transmitido. A pesar de sus muchos intérpretes, el estilo impregnado en el imaginario colectivo es copia fiel del inicialmente marcado por Bela Lugosi (curiosamente nacido en Transilvania, territorio que para siempre ha quedado identificado con su personaje por el que se ha hecho célebre) en aquella clásica película dirigida por Tod Browning en 1931. Piel pálida, con unos ojos brillantes y mirada penetrante. Pelo oscuro, brilloso y peinado hacia atrás. Vestido formalmente como un aristócrata, y modales muy formales. Tan seductor como mortífero (una combinación excelsa ). Sin embargo, estas características obedecen más bien al vampiro del centro de Europa, y son aditamentos dados al vampiro de Europa del Este que es un poco más rústico, propio del ámbito rural de donde ha salido el mito. Razón por la cual, lamentablemente, esa figura que Stoker quiso transmitir en su novela en gran medida se ha tergiversado para dar paso a un vampiro más seductor (e inevitablemente, más comercial). El Drácula de Stoker en su versión más literal fue realizado en 1992, interpretado por Gary Oldman, en la película dirigida por Francis Ford Coppola. Allí vemos inicialmente a un Drácula anciano, aunque nada decrépito, que al alimentarse con su vianda favorita logra rejuvenecerse. Link: http://www.goear.com/listen/cee112a/dracula-de-bram-stoker-theundeath Esta es la descripción de Drácula que Jonathan Harker escibe en su diario: Su cara era fuerte, muy fuerte, aguileña, con un puente muy marcado sobre la fina nariz y las ventanas de ella peculiarmente arqueadas; con una frente alta y despejada, y el pelo gris que le crecía escasamente alrededor de las sienes, pero profusamente en otras partes. Sus cejas eran muy espesas, casi se encontraban en el entrecejo, y con un pelo tan abundante que parecía encresparse por su misma profusión. La boca, por lo que podía ver de ella bajo el tupido bigote, era fina y tenía una apariencia más bien cruel, con unos dientes blancos peculiarmente agudos; éstos sobresalían sobre los labios, cuya notable rudeza mostraba una singular vitalidad en un hombre de su edad. En cuanto a lo demás, sus orejas eran pálidas y extremadamente puntiagudas en la parte superior; el mentón era amplio y fuerte, y las mejillas firmes, aunque delgadas. La tez era de una palidez extraordinaria. Entre tanto, había notado los dorsos de sus manos mientras descansaban sobre sus rodillas a la luz del fuego, y me habían parecido bastante blancas y finas; pero viéndolas más de cerca, no pude evitar notar que eran bastante toscas, anchas y con dedos rechonchos. Cosa rara, tenían pelos en el centro de la palma. Las uñas eran largas y finas, y recortadas en aguda punta. Cuando el conde se inclinó hacia mí y una de sus manos me tocó, no pude reprimir un escalofrío. Pudo haber sido su aliento, que era fétido, pero lo cierto es que una terrible sensación de náusea se apoderó de mí, la cual, a pesar del esfuerzo que hice, no pude reprimir. Evidentemente, el conde, notándola, se retiró, y con una sonrisa un tanto lúgubre, que mostró más que hasta entonces sus protuberantes dientes, se sentó otra vez en su propio lado frente a la chimenea. Los dos permanecimos silenciosos unos instantes, y cuando miró hacia la ventana vi los primeros débiles fulgores de la aurora, que se acercaba. Una extraña quietud parecía envolverlo todo; pero al escuchar más atentamente, pude oír, como si proviniera del valle situado más abajo, el aullido de muchos lobos. Los ojos del conde destellaron, y dijo: —Escúchelos. Los hijos de la noche. ¡Qué música la que entonan! Mi voz no da miedo a nadie y esa no es ni ha sido mi intención, jejejejejjejejeje!!! ... sino la de llegar a recuperar aquella imagen que los avatares del tiempo ha deformado. Nótese que Stoker describe que las manos del conde tienen pelos en las palmas, una característica -muy infundada, claro- del exceso de masturbación fijado en la imaginería del vulgo. La "desaparición" de los pelos en las palmas es un indicio más de la censura que el personaje hubo de sufrir para llegar al teatro, al cine y hacerse masivo. El salvajismo que Stoker quiso darle a su personaje por mucho tiempo estuvo vedado. La seducción -que también es otro elemento esencial- acaparó el centro de la escena. Aún así, Drácula no ha perdido su aura, ese misterio, ese atractivo, ese poder de vampiro... Poder que, como bien lo dice Stoker, reside en que "nadie cree en su existencia". ¡Gracias por pasar un rato en este post! ¡Espero les haya gustado!
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