Muchas de las creaciones arquitectónicas más importantes del siglo XX se transformaron simplemente en escenarios anónimos de los mas reconocidos directores, Kubrick, Hanson, Niccol, Godard, recurrieron a ellas, pero son pocas las obras que adquirieron por sus características tan singulares, un rol casi tan importante como el de los protagonistas. Este en un ejemplo donde la fuerza del paisaje y la arquitectura, logran opacar la belleza de su protagonista, bueno solo casi.... Todavía hoy con sus líneas sobrias, enclavada en una roca, la casa de frente a los Farallones parece desafiar la belleza selvática del lugar y el pasar del tiempo. Precisamente los Farallones son los verdaderos protagonistas del panorama que se puede admirar desde las ventanas-cuadro del salón sobre el mar dividiendo escenas fijas en la decoración de la casa. La silueta de la villa confirma la marcha del escollo, hasta el punto de ser considerada su prolongación. Siendo una creación arquitectónica y siendo el testimonio de dos personalidades diferentes entre ellas que trabajaron en su creación y realización durante un periodo histórico tan rico de acontecimientos como lo fue la segunda guerra mundial, Casa Malaparte se considera un monumento histórico. La Casa Malaparte es ahora un lugar de estudio para los arquitectos y aficionados del mundo entero. Algunos eventos culturales se celebran habitualmente en ella. El acceso a la casa exige atravesar la isla Los últimos 20 m de marcha discurren por una propiedad privada perteneciente a la Fundación Ronchi. El trayecto representa una hora y media de marcha desde la Piazzetta de Capri, en la cumbre del funicular de Marina Grande. La Casa Malaparte es igualmente accesible desde el mar, únicamente con calma, ya que las rocas afloran y hacen el acceso muy peligroso. Una escalera de 99 peldaños conduce a nivel de la casa. Era tan magistral el Master Plan de la isla, que también lo llamaban Manifiesto de la Belleza de Capri. Con un documento tal, fue necesario juntar dos ingredientes igualmente excepcionales para lograr quebrantar su justeza y legalidad: la personalidad avasallante e influyente políticamente de un hombre (el escritor Curzio Malaparte), y el deseo de éste de apoderarse como fuera del enclave más salvajemente romántico de toda la isla (Cabo Massullo, sobre el cual el Convenio prohibía construir). Malaparte quería ser el autor de algo único en sitio igualmente único, “el más bello paisaje en el mundo”. Como resultado del acto de corrupción de un poeta, nació una singular obra de arquitectura, la cual se adjudicó en la década de los ochenta el título, tras una encuesta nacional, de “la más admirada obra de arquitectura” entre los arquitectos italianos. La villa destaca primero así, entre otras famosas por malcontentas o por rotondas, por “mala parte”, por ser la excepción deshonrosa de una regla brillante, uno de los primeros manifiestos ambientales /estéticos del siglo. Paradójicamente a esta violación del bien común, el mismo proceso de creación de la villa va a reinvindicarla en el campo de la reflexión sobre arquitectura y paisaje. La villa también es legendaria por ocasionar la ruptura entre el escritor y su famoso arquitecto, Adalberto Libera. Sus diferencias intelectuales (Romanticismo-Surrealismo-Clasicismo vs. Racionalismo-Funcionalismo-Abstraccionismo) no pudieron reconciliarse nunca para decidir cómo debería ser la casa a construir sobre el promontorio más hermoso sobre el Mar de Ulises. La arquitectura queda como testimonio de la polémica entre ambos. Haber elegido construir su casa en ese lugar encantado no fue casual, la idea fija de Malaparte era poseer una casa para sí en el golfo de Nápoles, y en particular Capri representaba una síntesis perfecta de los elementos esenciales de su búsqueda, de soledad y de amor; pero también un reto consigo mismo para la realización de una empresa considerada imposible. Malaparte escribió un ensayo explicando sus intenciones para la Casa Malaparte, en el que explicaba que con la casa se construía a sí mismo, que sería su propio retrato en piedra. Malaparte se había caracterizado en su obra literaria por ir siempre hasta el fin de las cosas, apasionado de la idea de que “el mundo que la fantasía evoca es el mismo, alto y puro”. Egocéntrico, obsesivo, romántico, no pudo soportar por mucho tiempo el riguroso racionalismo moderno del arquitecto que había seleccionado para el proyecto de la villa. Ni el de él, ni el del proyecto. Una vez lograda la aprobación por la ciudad de Capri, el escritor se deshizo de Libera y empezó a elaborar sobre sus propias ideas de una villa en el acantilado, cometiendo errores y aciertos, y apropiándosela (“...el día que comencé a construir una casa, no sabía que dibujaría una pintura de mí mismo; la mejor de todas las que he dibujado hasta ahora en literatura”). Ayudado por la mano sabia de un maestro local, Malaparte fue transformando el paralelepípedo original en la estructura híbrida que conocemos, de marcado corte surrealista. Al percibir que sólo una completa indiferencia a las demandas del uso diario permite a la arquitectura tomar el aspecto mítico que él estaba buscando y que el paisaje demandaba, decidió que todo signo de función debía desaparecer. el paisaje demandaba, decidió que todo signo de función debía desaparecer. Ni siquiera dejó las barandas de la terraza sobre el acantilado, porque los finos tubos se hubieran visto demasiado funcionalistas... Lo que fue un eslabón en la saga recitilínea de la arquitectura de Libera, un gesto simplista y si se quiere una solución torpe para un paraje tan especial, fue convirtiéndose en un inquietante museo de imágenes de la poética personal del escritor: las escaleras de la iglesia de la iglesia de la Annunziata en Lipari, donde estuvo exilado; el rojo pompeyano de las tumbas romanas en el mediterráneo; un atrio cubierto; la fenestración de su toscana natal; un mausoleo; un teatro a la montaña; una pista para montar bicicleta o para dar un final salto suicida… De la villa insignificante e insensible con el lugar que había imaginado Libera, Malaparte hizo un monumento a sí mismo, un retrato de piedra, (una “Casa come me”). Puede que no juegue con la naturaleza como un proyecto de Frank Lloyd Wright, pero logra trocar ese pedazo de costa caprense, ese salvaje promontorio entre los farallones que le había robado a la isla, en uno de sus lugares más memorables y visitados. Que es, por lo demás, lo último que hubiéramos esperado que hiciera un amoral con la naturaleza y lo primero que esperamos que haga un arquitecto cuando interviene en el paisaje. Montada en su promontorio rocoso, la villa de Cabo Massullo continúa desafiante y solitaria mostrándonos a los vacacionistas que la evocamos desde el mar, sus dos caras frente al paisaje: a veces mala parte, y a veces, malapartiana. El edificio se articula en 3 niveles, en la cumbre se extiende una amplia terraza al mar al que se llega recorriendo una escalinata con corte trapezoidal que se adapta perfectamente a ese tramo de roca. La Casa Malaparte es un paralelepípedo de albañilería roja entallada por una monumental escalera en pirámide invertida que conduce a una cubierta plana utilizada como solárium. Un muro blanco en curva libre se desarrolla sobre el tejado. En la planta baja, además de un ala de huéspedes, hay una sala de Tirol con una estufa de leña. En la primera planta cuartos y baños de mármol en estilo pompeyano se combinan con un inmenso atrio como sala de recepción, es moderno y arcaico, romántico y a la vez vincula elementos clásicos. También alberga una biblioteca. El gran salón en el centro del edificio oblongo es como el patio de un pequeño castillo. En una de las paredes hay una gran chimenea, y en otro de los muros un gran relieve de Pericle Tazzini, un contemporáneo de Malaparte, entretejido con figuras humanas que recuerdan los relieves eróticos de las fachadas en los antiguos templos de Kajuraho, India. La atención se centra en las vistas desde las ventanas, mostrando fragmentos del paisaje de Punta Massullo, en particular los farallones de rocas cercanos. Curzio Malaparte había persuadido a un amigo pintor para encuadrar la longitud de las ventanas con los mismos marcos de madera utilizados para lienzos, lo cual da a las vistas un carácter pictórico y colorista. Uno de los puntos culminantes es la pared trasera de la chimenea, hecha de vidrio que da la oportunidad de disfrutar de las vistas también a través de las llamas. Este vidrio especial que resiste las altas temperaturas fue encargado a la fábrica Zeiss en Jena. "La arquitectura vive de la naturaleza, poniendo sus leyes prodigiosamente en obra" Francesco Venezia Albañilería típica mediterránea de la época, ladrillos, cemento, piedra. Marcos de madera en puertas y ventanas. Bañera de mármol del dormitorio principal como también en el revestimiento de algunas paredes. El piso, hecho de losas de piedra áspera en el gran salón y con cerámicos decorados en muchas de las otras estancias, como habitaciones, atrio y baños . Vidrio refractario especial en la pared del fondo de la chimenea. Pintura exterior rojo Pompeya, interiores pintura blanca. Si sos arquitecto, lo que más te puede interesar es la secuencia hacia el final de la película. En esta secuencia, Paul llega hasta la cubierta de la Casa Malaparte, pasando por el sendero de acceso y subiendo por la mítica escalera para una vez pasada la vela de hormigón ver no solo la prolongación de la vivienda con el horizonte, sino a Camile (Brigitte Bardot). Lo siguiente es un recorrido de ambos, discutiendo y reconciliándose mientras recorremos el interior de la vivienda. Brigitte Bardot (París; 28 de septiembre de 1934) es una actriz y símbolo sexual francesa de mediados del siglo XX. Junto a Sophia Loren, es una de las pocas supervivientes del cine clásico. SI TE GUSTA LA ARQUITECTURA TE RECOMIENDO VISITAR Una de las obras claves de la arquitectura latinoamericana, de inigualable síntesis y belleza. Su legado integral fue elogiado por personalidades de la arquitectura y del arte del siglo pasado como Frank Lloyd Wright, Mies van der Rohe, Walter Gropius, Eliel Saarinen, Adolf Loos, Alvar Aalto, Marcel Breuer, Richard Neutra, Le Corbusier, Max Bill, André Bloc, Kenneth Frampton, Georges Candilis.
Un film clásico, una casa de ensueño y una mujer hermosa..
Datos archivados del Taringa! original
15puntos
393visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
1visitas
0comentarios
Dar puntos: