Gustavo Cabral, alias Ciruelo, es argentino y triunfa en el mundo como ilustrador de Fantasy Art (fantasía épica). Además es creador de un arte único, el de los “petrocriptos”, siluetas que pinta sobre piedras sin modificar su forma. Es un cazador de imágenes oníricas, un compatriota genial.
Nació en el barrio de Mataderos en 1963 como Gustavo Cabral y redefinió su nombre a medida que iba encontrándose con su destino: pintar imágenes de dimensiones atemporales y hacerlo con nombre de árbol. En las obras de Ciruelo conviven las hadas, magos, dragones y ninfas que pueblan la literatura, el cine y los cómics de ciencia ficción. Volvió al país para exponer muchos de sus trabajos y presentar el último y más diferente de sus cinco libros. Se trata del Cuaderno de viajes de Ciruelo, donde se anima tímidamente a la literatura, con dibujos surgidos de horas en salas de espera, preembarques de aeropuertos, convenciones y cuanta oportunidad tuvo, para develar de qué están hechos los sueños.
La muestra se presenta en el Palais de Glace, de la Ciudad de Buenos Aires hasta el 20 de febrero, y Nueva la recorrió en una privilegiada visita guiada por el propio artista. Caminamos entre las primeras tapas de revistas y trabajos en publicidad de los ’80, antes de su salto cuántico hacia la internacionalidad con ilustraciones de textos en inglés, japonés, alemán. De todos tiene alguna anécdota, pero puedo percibir otras que se reserva en complicidad con sus trazos.
“Dibujé desde siempre y elegí un colegio secundario con orientación artística, el Fernando Fader. Apenas egresé, a los 18 años, empecé a trabajar en una agencia de publicidad. A los 24 fui a Barcelona para conocer y me contrató una de las agencias más importantes. Volví a Buenos Aires para casarme con mi novia, Daniela, y nos fuimos a vivir a Sitges, a 30 kilómetros de Barcelona”. Desde esos días siguen embarcados en la aventura a la que se sumaron dos hijos: “Lys de tres años, que es una princesa y Angelo de seis. Me encanta mirarlos, escucharlos y aprender. Son mis dos grandes maestros”. Ciruelo, fiel a sus raíces, conserva modismos porteños y no aparece ni una zeta que delate el tiempo y la distancia. Vive en Barcelona desde 1987 y fue convocado por George Lucas, creador de la saga Star War, revistas del mundo y por músicos como él. Todos quieren un poco de magia de sus trazos.