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Les comparto una historia de mi autoría, espero sus comentarios.


La residencia de Don Antonio

La residencia de Don Antonio


Revisé cada uno de los dormitorios mientras aún gozaba de la luz del día, me tomó casi dos horas completar la tarea que Don Antonio me había encomendado como condición ineludible para trabajar como celador en su majestuosa mansión de campo a las afueras del pueblo Esmeralda en la frontera norte de Maridueña.

La residencia de Don Antonio, considerada por muchos como una representación obscena de la oligarquía en su máxima expresión, estaba formada por tres dormitorios principales de ciento treinta metros cuadrados cada uno, tres dormitorios simples de ochenta y cinco metros cuadrados cada cual, treinta y tres dormitorios para visitantes y seis dormitorios triples para el personal de servicio. La laguna que rodeaba la residencia era artificial y poseía un sistema de riego importado el cual requería el uso constante de seis generadores capaces de mantener iluminado un pequeño pueblo sin problema. El Helipuerto se asentaba discreto por el ala este entre una herradura perfectamente formada por una habilidosa distribución de Teca que cubría mas de veinte metros de altura. Desde ahí se podía apreciar la pileta ubicada frente a la entrada principal de la mansión. Majestuosa obra de arte representando seis lobos furiosos labrados en mármol, parecía que el artista había capturado el instante exacto en que se abalanzaban a su presa para darle una muerte segura y muy dolorosa.

Mi dormitorio no estaba incluido en el manifiesto digno de esta narración, pues Don Antonio tenía reservado para su humilde servidor una choza tan austera que ya rallaba en la indigencia, aunque constaba de lo necesario era un solo ambiente donde el retrete tenia medio metro de espacio a la cama y el comedor cumplía también la función de mesón de cocina, fue muy incomodo durante la primera semana, pero mi jornada laboral sería de seis meses y la adaptación es fundamental en mi profesión.

Cada quince días llegaba un vehículo grande a la mansión, uno de esos que se usan para turismo de lujo, altos con ventanas grandes y capacidad para quince o veinte pasajeros. Siempre era el mismo vehículo, siempre a tiempo, nunca veía quienes lo ocupaban, los vidrios poseían película oscura y más que todo no era de mi incumbencia, ya Don Antonio me había anticipado de la frecuencia de esas visitas y me había instruido también sobre mis obligaciones durante la llegada, estadía y partida de dichos ocupantes. “Ten todo listo, no salgas de tu cabaña, mantente alejado en todo el momento, no hagas ruido ni prendas luces y al día siguiente lleva al horno del patio trasero todas las fundas de basura cuando desocupen”, al buen entendedor pocas palabras.

Faltaba un día para la llegada de mis inquilinos depravados -como me gustaba llamarlos-, yo creía firmemente que ese micro bus llegaría con las putas más finas para los viejos más horrendos que el dinero más sucio podría comprar, ganas no me faltaban de colocar estratégicamente una cámara de video que capture cada uno de los actos pornográficos que mis queridos depravados puedan compartirme, pero mi condición económica no era mejor que el de la choza que habitaba, razón por la cual accedí a tomar este trabajo de mierda sin mayor reparo.

Revisaba nuevamente cada uno de los dormitorios, verificando la grifería de los baños sin goteos, interruptores de luz funcionando correctamente, cerrando puertas y ventanas. Fue entonces que pude apreciar con gran asombro desde una ventana al mismo vehículo adelantarse un día completo en su llegada, a la misma hora de siempre, pero un día antes, o no? Diablos! Se me paso por alto un día! Había cometido el error más estúpido de toda la jornada, ellos no se adelantaron, nunca lo hacían, yo cometí un error y la desesperación me nublo por un instante.

Bajé del tercer piso corriendo hasta el primero, cuando escuche la puerta principal abrirse de par en par y me congele inmediatamente, escuchaba pasos sobre el parquet importado que cubría todo el piso de la planta baja, eran pisadas fuertes, se escuchaba calzado femenino con tacos secos junto con calzadas masculinas intercaladas, no podía descifrar cuantas personas habían ingresado, tenía mucho miedo de asomarme por el balcón de la escalera que daba justamente sobre toda la recepción de la mansión -con mi mala suerte, me asomo y encuentro alguien mirando hacia arriba con cara de pendejo- lo pensé mil veces. No se escuchaban conversaciones, no tenía idea que pasaba ahí abajo, una cosa era segura, salir de la casa ya no era una opción válida, solo me quedaba una alternativa, tenía que pasar oculto hasta que abandonen la casa el día siguiente.

Subí lentamente hasta el segundo piso, cuando empecé a escuchar una música suave repetitiva, era un sonido relajante similar al cantico usado en ciertas iglesias, no se distinguían palabras en la melodía, solo eran voces armónicas junto con algún platillo gong según creo yo, se escuchaba agradable en ese momento, hoy en día esa música me atormenta en las noches como un recuerdo maldito arraigado en mi psiquis.

Pasaron dos horas desde la llegada de los inquilinos, yo conseguí refugio en la habitación más alejada en el ala Este de la mansión, la música aun se podía apreciar desde ahí, me sorprendía lo claro del sonido sin embargo nunca había podido escuchar desde mi puerca choza tal melodía, no tenia explicación para eso, de todas formas eso no era importante por el momento, solo quería que la noche acabe ya.

Como posición de guardia me había acostado tras la puerta cerrada de la habitación, con la cabeza fundida al piso mirando fijamente por la hendija inferior de la puerta, suplicando al todo poderoso que nadie asome por ahí, o peor aún, nadie intente entrar a mi habitación, el temor me desquiciaba, la desesperación por saber que sucedería me tenía con migraña, en mi mente fantaseaba todos los posibles escenarios en que podría involucrarme esa noche, ¿Que tendría que decir para salvar mi empleo? ¿Quién será la persona que me descubra? ¿Será Don Antonio? ¿Qué me va a decir? ¿Cómo se lo explico? Muchas ideas rondaron en mi cabeza, me abrume tanto pensar, la música seguía sonando igual, esta vez mis oídos ya afinados la escuchaban con más claridad, cada golpe del gong me retumbaba en los oídos, me dormía, me rendía, me dormí.

El grito me espanto, abrí los ojos sin moverme tratando de enfocar rápidamente mi visión, tratando de no ahogarme con mi respiración buscando el origen de tan alarmante alarido desde mi posición tan incómoda y corta de vista. Pude apreciar con espanto como una joven gateaba desnuda por el final del pasillo subiendo por la escalera, era una joven muy tierna, casi una niña no me atrevo a calcular cuantos años tenía. Tras ella asomaban unos señores de edad mediana y una señora mucho mayor con un bebe en brazos, todos desnudos cubiertos de pintura roja o al menos pintura parecía, las criaturas eran de tez blanca y resaltaban entre tantos cuerpos enrojecidos. La joven suplicaba,

–Por favor ya no mas, ya ha sido suficiente… QUE MAS QUIEREN DE MI!-

-Ven mi querida niña, regocíjate con nosotros, solo queda uno más y te dejaremos descansar-


-No- gritaba con desesperación –Ya no puedo más, por favor-

Vi como la sometieron entre cuatro depravados para llevarla hasta el piso inferior, a que piso no lo sé, no me atreví a descubrirlo, mi espanto completo mi cuota de cordura, recordé aquel tiempo de infancia cuando me refugiaba en mi cama de los monstruos del armario. Esta vez los había visto, los monstruos existen mis temores eran realidades, yo siendo adulto temí, llore, quería estar en casa, quería estar con mis padres, quería llamar a papá para que me cuide, el siempre me protegía, era ridículo lo sé, pero nunca había sentido ese tipo de horror siendo adulto. Aun ahora lo recuerdo con un nudo en la garganta. Soy patético.

El resto de la noche pase despierto tratando de dar sentido a los murmullos que alcanzaba a percibir desde mi remota localización, no pude escuchar mas a la joven ni al bebe, ni a la mujer ni a nadie, solo la música seguía sin variación desde su primera tonada. Me imaginaba sobre el destino que habría sufrido la joven, me maldecía por no haber salido a su ayuda, que hubiera podido hacer yo por ayudarle? Esas personas deben de ser poderosas, pero esta es la casa de Don Antonio!, El debe de saber la verdad sobre todo esto, pero quizás el también es parte de todo, y ahora ¿Qué diablos hago?

Al fin amaneció, y esperé dos horas después de que la música se apagara para abrir la puerta de la habitación y salir a recorrer con extremo sigilo el corredor hasta la escalera, No se escuchaba nada, vi el lugar donde la pobre joven había estado postrado suplicando la noche anterior, aun no podía creerlo, me asome cuidadosamente por la escalera y no vi a nadie en la recepción de la planta baja, seguí hasta el ventanal que da a la pileta y no vi el vehículo tampoco. Me sentí aliviado, aun así me moví con mucha cautela hasta salir de la mansión y llegar a mi cabaña, -que lugar más hermoso- pensé, entonces me deje rendir, me desmayé.

Cuando recupere el conocimiento era poco más de la una de la tarde, pensé en muchas cosas al mismo tiempo mientras me incorporaba del suelo, tenía sed, tenía hambre, prenderé la estufa para hacerme un café. Ese ultimo pensamiento fue colapsado por otra gran revelación ¡El horno!, ¿Qué diablos he estado incinerando todo este tiempo?, ahí estaban las pruebas de su atrocidad, era mi deber descubrir que paso en la mansión el día anterior. Se lo debía a Ella, era lo menos que podía hacer luego de dejarla morir. Yo hubiera podido ayudarla, pero mi cobardía me venció, ahora puedo descubrir lo que paso y denunciarlos.
Llegue hasta el depósito de la basura, era un contenedor grande de un metro y medio de alto por dos metros de ancho y uno de profundidad, todas las fundas eran de color verde, plástico grueso. Sentí nuevamente el terror combinado con asco cuando vi esas fundas, me imaginaba que contenían, cuerpos desmembrados, sangre apestosa por doquier. ¿Cómo podría introducir mi mano en ese baño de sangre para buscar evidencias? ¿Y si ellos trituraron los cuerpos?.

Era demasiada la repulsión que sentía en ese momento como para abrir una de esas fundas, pero era lo justo para Ella, -Te lo debo-

Agarre la primera funda de un jalón, la coloque en el suelo lleno de valor y de un tajo de navaja rompí el nudo superior, esperando encontrarme con un rio de sangre sobre el césped, me desquició ver que el interior de la funda estaba seco, en lugar de sangre había carne, carne humana seca, extraída de sus huesos, solo musculo sin vida y sin sangre. Luego de abrir todas las fundas con mas locura que precisión pude encontrar extremidades completas, la forma íntegra de los dedos de las manos y pies sin hueso alguno, busque por toda la casa y no encontré ningún rastro de sangre ni hueso roto, conté sin embargo los pulgares que encontré en las fundas, y eran dos pulgares medianos (posiblemente de Ella) y.. ¡Oh Dios mío! Seis pulgares de bebes pequeños.

No recuerdo algún otro día en el pasado que yo vomitara tanto estando sobrio, el escenario era espantoso, decadente, desconsolador. Según entendía, en la noche anterior habían masacrado de la manera más macabra posible a tres infantes y una niña, les habían extraído cada uno de los huesos de su cuerpo de manera casi quirúrgica, no habían dejado caer gota de sangre, así que anoche no era pintura lo que cubría sus cuerpos, quizás las otras ocasiones paso lo mismo, más preguntas llegaban a mi cabeza sin poder darle respuesta efectiva, solo tenía tres hechos irrefutables sobre la situación por el momento:

Primero.-Don Antonio era parte de todo esto,

Segundo.- Los malditos regresarán en 14 días,

Tercero.- Voy a matarlos a todos.


Esta vez no prenderé el horno, esta vez cavaré cuatro tumbas...
–Se lo debía a Ella-


cuentos de terror


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