
Primero digamos que el título contiene un error. La sociedad no TE somete. El sometimiento es un rol social como todos los que vivimos día a día, una escenificación, y como escenificación requiere del común acuerdo.
No pueden existir los “empleados” si tanto el jefe como el empleado no admiten esta categoría.
No puede existir un partido de fútbol si las personas no se “someten” a las leyes del juego, y no encarnan rol de “jugadores”.
Entonces, se quiera o no. En la teoría, toda relación de sometimiento se apoya desde ambas partes.
Ahora uno pensará, ¿qué puede hacer que una persona “quiera” someterse? Analizando superficialmente no encontrará ningún beneficio que le impulse a ello. Pero de hecho sí existe, sólo que no es observable a simple vista.
Llevémoslo al tema de la sociedad
¿Cuál es el beneficio de someterse a ella?
No hay un solo beneficio, hay múltiples. Pero el más importante de todos y el que determina al resto es este: El beneficio de “librarse momentáneamente” del miedo, de la inseguridad.
¿Qué es este miedo del que nos libramos?
Antes de hablar a qué nos referimos con este “miedo”, habría que explicar por qué comprenderlo es relevante. Bueno, si nos sometemos para acallar nuestro “miedo”, si nos sometemos porque necesitamos librarnos de él. ¿Qué pasaría si lo desmontamos? Nos quedaríamos sin ningún impulso que nos lleve a la necesidad de someternos. Seríamos libres, ya no estaríamos atados afectivamente a las relaciones de explotación.
Miedo:
Al hablar de este nos referimos a la reacción que surge de la inseguridad que nace de las expectativas que nos trasmite nuestro medio, la televisión, los padres, los amigos. Desde que nacemos somos bombardeados con expectativas a cumplir, “Debes ser X, sino perecerás”.
Así como desde antes de nacer nuestros padres ya tienen un nombre para ponernos, la sociedad ya tiene un marco en el que insertarnos. El chico bueno, malo, responsable, trabajador, educado, irresponsable, vago, excéntrico, un montón de “papeles” listos para que el hombre los represente, y nadie se escape del “plan”, nadie haga algo fuera de lo previsto.
Prendemos la televisión y sólo vemos estereotipos de atractivo, propagandas que nos quieren vender el objeto nuevo que nos falta y no tenemos (Si no lo tenemos estamos excluídos), programas que nos tratan como imbéciles hasta que en algún momento nos volvemos imbéciles.
Escuchamos a nuestros padres y de boca de ellos sólo sale lo que “debemos ser” y no somos. La desconfianza en nuestros recursos: Ponete a estudiar algo “serio” sino vas a terminar en la calle. Vaya confianza que trasmiten a sus hijos en sus capacidades: Hacé lo que yo te digo o perecerás de la peor manera posible. (¿Acaso eso no da miedo?)
La sociedad de consumo necesita que la gente no se sienta bien consigo misma, necesita que la gente compre y sea influenciable. Y la gente sólo compra si está insatisfecha con lo que tiene, o siente que eso le falta.
La inseguridad subyacente:
Hay una particularidad de nuestra generación: Antes los jóvenes querían hacer algo y los padres se lo impedían, lo que llevaba a la insatisfacción, pero aun así eso les proveía una razón concreta de por qué no podían hacer las cosas: Culpa de sus padres, y allí se terminaba la discusión.
Hoy el respeto a los padres ha caído, ya que la conexión de los adolescentes con el medio directo antes que con el ambiente familiar ha llevado a demostrar la precariedad, arbitrariedad e ignorancia no aparente de los juicios de los adultos, tan respetados anteriormente.
¿Qué sucede? Los jóvenes ya no encuentran tantas trabas para hacer lo que quieren. Ahora no hay un padre que dice que no podes hacer algo, pero el problema es mayor: Ahora hay que SABER si realmente somos capaces de hacer lo que queremos.
Esta es nuestra debilidad, nuestro problema.
De aquí nace toda la inseguridad que se proyecta de mil modos: Malgastar el tiempo en la inacción, dedicarse a las actividades superfluas “evitando momentáneamente" plantearse ese interrogante crucial. Y la última de las reacciones y la más importante: LA ADAPTACIÓN (Resignación).
Antes de salir al mundo y encontrarnos con que no somos capaces de actuar en él. Antes de mirar dentro de nosotros mismos y ver que no hay nada que sentimos que queremos hacer, que no sabemos bien qué queremos, quiénes somos, qué nos interesa, qué elegir. Antes de enfrentarnos con la trágica idea de que no hay nada dentro nuestro, nada concreto. Que no hay nadie en nuestro interior que nos indique qué hacer y cómo hacerlo. Preferimos evitar semejante incertidumbre, y recurrir a tomar lo de afuera como guía.
No sé qué carrera elegir: Sigo X carrera que es valorada por el mundo (Si es valorada por otros debe ser buena), o me provee más dinero (El dinero es valorado).
¿Qué sucede cuando tomamos esta triste elección?
Nos convertimos en un guardián más de la maquinaria, como nosotros no pudimos encontrar ningún impulso propio dentro nuestro, creeremos que los demás tampoco los tienen. Por lo cual creeremos que no existe, por ejemplo la pasión por la profesión: ahora pensaremos que todo se hace por el dinero.
Entonces trataremos a nuestros hijos como nuestros padres nos trataron: “Estudiá X porque sino te vas a morir de hambre”. El círculo se repite.
¿Alternativas?
La única alternativa es dejar de pensar que nacimos completos, cultivados. La realidad es que HAY QUE APRENDER a conocerse a uno mismo. Desde chicos nacemos y nuestros impulsos se filtran hacia afuera, se actúan sin ninguna interrupción, inhibición, pero luego llega la "educación", las expectativas sociales, y con su ruido comienzan a dificultarnos el acceso a nuestros impulsos. Ya no estamos tan seguros de lo que queremos, de lo que somos, de lo que necesitamos.
Esto es normal, la adolescencia es una etapa de inseguridad, pero lo anormal es que nos resignemos y entreguemos nuestra vida a directrices externas.
Nuestro trabajo es volver a reencontrar nuestro interior. Y es un trabajo arduo, hay que descubrir qué es el ruido y aprender a quitarlo, Hay que aprender a leerse, a hallar los deseos y no las reacciones.
Mi deseo es ser exitoso, deseado, poderoso: Eso no es un deseo, el deseo tiene un objeto y no hay allí objeto. ¿Ser exitoso a ojos de quién? ¿Ser deseado por quién? ¿Ser poderoso?
Esto no es más que reacción. ¿Cómo sabemos que es reacción?
Imaginemos que esos "deseos" (No son deseos sino reacciones, necesidades) se cumplen: Todos llevan al mismo resultado: La objetivización del mundo. Yo soy la única persona del mundo, el único vencedor.
Imaginemos un juego en el que siempre solamente puede existir el mismo vencedor. Una y otra vez. ¿Tiene algún sentido eso?
¿Y no demuestra ello algo?
¿Si queremos ser SIEMPRE vencedores, no querrá decir eso que NECESITAMOS ser "vencedores"?
¿Y si "necesitamos" no estamos hablando de una reacción, de un temor a que suceda lo contrario?
¿Si queremos ser SIEMPRE vencedores, no querrá decir eso que NECESITAMOS ser "vencedores"?
¿Y si "necesitamos" no estamos hablando de una reacción, de un temor a que suceda lo contrario?
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Iré agregando añadidos al post, editando.