Guerra y asesinatos en la patria
Vuelven a llegarle a Rosas malas noticias de la patria. Los porteños enemigos de Urquiza han intentado eliminarlo. En febrero de 1860 es elegido presidente de la Confederación el doctor Santiago Derqui, que pronto cae bajo la acción de los porteños, de los antiguos unitarios. Urquiza es elegido poco después gobernador de Entre Ríos, y Bartolomé Mitre, de Buenos Aires. Ahora van a tratarse las reformas a la Constitución, propuestas por Buenos Aires. Todo hubiera ido bien, pero he aquí que en noviembre de ese mismo año es asesinado en San Juan el gobernador José Antonio Virasoro. Uno de los autores morales del crimen es el ministro de gobierno de Buenos Aires, Domingo Faustino Sarmiento, cuyo diario anunció el asesinato seis días antes de ocurrido. El gobierno nacional manda la intervención a San Juan, y uno de los jefes del ejército, por su cuenta y riesgo, fusila al nuevo gobernador, Antonino Aberastain, hechura de Sarmiento. Protesta airada del gobernador Mitre. En el Congreso Nacional se rechaza a los diputados de Buenos Aires porque fueron elegidos, con el objeto de provocar la guerra, según la ley provincial. Buenos Aires y el gobierno nacional se preparan para la lucha, que no tarda en empezar. Urquiza es nombrado jefe de las tropas de la Confederación. Pero convencido de que Derqui lo traiciona, al enfrentarse con el ejército de Mitre, en Pavón, el 17 de septiembre de 1861, se desentiende del combate y abandona el campo, al tranquilo paso de su caballo, con la batalla ganada, pero entregando la victoria.
Ahora es dueño del país Bartolomé Mitre, tal vez el más enconado de los enemigos de Rosas. Asume el poder nacional de hecho. No nace todavía la paz. Mitre envía a las provincias tropas nacionales mandadas por orientales. Prodúcese escenas de barbarie inauditas. Al hacerse la paz con el general Angel Peñaloza, el Chacho, el llamado "bandido" entrega los presos que tenía, y los generales, al ver esto, se miran con espanto: ellos han degollado a los prisioneros que tomaran al Chacho. Ese mismo año 1861, Sarmiento le escribe a Mitre estas palabras feroces: "No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer, útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos". Y le aconseja: "No deje cicatrizar la herida de Pavón. Urquiza debe desaparecer de la escena, cueste lo que cueste. Southampton o la horca". Convertido en 1862 en director de la guerra contra el Chacho, los jefes orientales a sus órdenes derrotan a las huestes del montonero, toman prisioneros y el general vencido informa: "Todos ellos han sido pasados por las armas". Y un año y medio ás tarde, a fines de 1863, el propio Peñaloza caerá en manos de esos forajidos galonados, que lo degollarán y cortarán su cabeza de un palo, en Olta, el pueblo del caudillo, todo con la aprobación impúdica de Sarmiento".
Han trascurrido diez años de la caída de Rosas. No ha habido ni orden ni paz. El resumen es pavoroso: dos guerras civiles, varias revoluciones, atentados contra la vida de Urquiza, dictaduras sangrientas, fusilamientos en masa, invasiones de indios a las provincias de Córdobas y Buenos Aires, inseguridad absoluta en la campaña, asesinatos de dos gobernadores, destierros y prisiones a centenares de personas distinguidas, sometimiento al Brasil, fomento de una revolución en el Uruguay y comienzo de la entrega del país a la voracidad del capitalismo inglés. Estos diez años superan en horrores y barbarie a todo lo sucedido desde 1810.
Manuel Gálvez, Vida de Juan Manuel de Rosas. Ed. Claridad
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Vuelven a llegarle a Rosas malas noticias de la patria. Los porteños enemigos de Urquiza han intentado eliminarlo. En febrero de 1860 es elegido presidente de la Confederación el doctor Santiago Derqui, que pronto cae bajo la acción de los porteños, de los antiguos unitarios. Urquiza es elegido poco después gobernador de Entre Ríos, y Bartolomé Mitre, de Buenos Aires. Ahora van a tratarse las reformas a la Constitución, propuestas por Buenos Aires. Todo hubiera ido bien, pero he aquí que en noviembre de ese mismo año es asesinado en San Juan el gobernador José Antonio Virasoro. Uno de los autores morales del crimen es el ministro de gobierno de Buenos Aires, Domingo Faustino Sarmiento, cuyo diario anunció el asesinato seis días antes de ocurrido. El gobierno nacional manda la intervención a San Juan, y uno de los jefes del ejército, por su cuenta y riesgo, fusila al nuevo gobernador, Antonino Aberastain, hechura de Sarmiento. Protesta airada del gobernador Mitre. En el Congreso Nacional se rechaza a los diputados de Buenos Aires porque fueron elegidos, con el objeto de provocar la guerra, según la ley provincial. Buenos Aires y el gobierno nacional se preparan para la lucha, que no tarda en empezar. Urquiza es nombrado jefe de las tropas de la Confederación. Pero convencido de que Derqui lo traiciona, al enfrentarse con el ejército de Mitre, en Pavón, el 17 de septiembre de 1861, se desentiende del combate y abandona el campo, al tranquilo paso de su caballo, con la batalla ganada, pero entregando la victoria.
Ahora es dueño del país Bartolomé Mitre, tal vez el más enconado de los enemigos de Rosas. Asume el poder nacional de hecho. No nace todavía la paz. Mitre envía a las provincias tropas nacionales mandadas por orientales. Prodúcese escenas de barbarie inauditas. Al hacerse la paz con el general Angel Peñaloza, el Chacho, el llamado "bandido" entrega los presos que tenía, y los generales, al ver esto, se miran con espanto: ellos han degollado a los prisioneros que tomaran al Chacho. Ese mismo año 1861, Sarmiento le escribe a Mitre estas palabras feroces: "No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer, útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos". Y le aconseja: "No deje cicatrizar la herida de Pavón. Urquiza debe desaparecer de la escena, cueste lo que cueste. Southampton o la horca". Convertido en 1862 en director de la guerra contra el Chacho, los jefes orientales a sus órdenes derrotan a las huestes del montonero, toman prisioneros y el general vencido informa: "Todos ellos han sido pasados por las armas". Y un año y medio ás tarde, a fines de 1863, el propio Peñaloza caerá en manos de esos forajidos galonados, que lo degollarán y cortarán su cabeza de un palo, en Olta, el pueblo del caudillo, todo con la aprobación impúdica de Sarmiento".
Han trascurrido diez años de la caída de Rosas. No ha habido ni orden ni paz. El resumen es pavoroso: dos guerras civiles, varias revoluciones, atentados contra la vida de Urquiza, dictaduras sangrientas, fusilamientos en masa, invasiones de indios a las provincias de Córdobas y Buenos Aires, inseguridad absoluta en la campaña, asesinatos de dos gobernadores, destierros y prisiones a centenares de personas distinguidas, sometimiento al Brasil, fomento de una revolución en el Uruguay y comienzo de la entrega del país a la voracidad del capitalismo inglés. Estos diez años superan en horrores y barbarie a todo lo sucedido desde 1810.
Manuel Gálvez, Vida de Juan Manuel de Rosas. Ed. Claridad
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