En Malasia y Brunei, existe una especie amenazada de hormiga (Camponotus saundersi) que literalmente explota para defenderse.
Cuando se ve en peligro contrae con tal violencia sus músculos abdominales que revienta y cubre de ácido y veneno a sus enemigos.
No es un comportamiento ofensivo, sino defensivo en beneficio de la colonia. Un proceso autodestructivo denominado 'autothysis' en el que se destruye un animal a través de una explosión de los órganos internos.
La hormiga de la derecha es una Camponotus saundersí explosionada en un ataque suicida.
Del género Camponotus estas "hormigas madereras" o "carpinteras" también conocidas como hormigas kamikazes, esperan a que el enemigo se acerque lo suficiente, para hacer detonar en una 'explosión' que esparce un veneno viscoso y corrosivo, que quema e inmoviliza al instante a todas las víctimas cercanas.
Los "tres estados de animo" de las hormigas explosivas: feliz , enojada y muy cabreada.
Como si de una bomba adosada al cuerpo se tratara, tienen repartido desde la cabeza al abdomen, sacos de veneno pegajoso y tóxico para tan singular mecanismo defensivo que comparten en exclusiva con unas termitas vietnamitas Globitermes sulphureus.
Otros datos interesantes de las Hormigas:
Hormigas que usan la cabeza como puerta
Esta hormiga de enorme cabeza es conocida como hormiga tortuga (Cephalotes varians). La curiosa forma plana de su cabeza le sirve como puerta.
Una cabezota que utiliza para tapar la entrada al hormiguero, como un portero de discoteca cabezón que mantiene a salvo la colonia de los intrusos.
Son formícidos tropicales que en su mayoría habitan las cavidades pre-existentes en los árboles. Un recurso limitado que estimula una intensa competencia entre los diferentes grupos.
Las obreras Cephalotes varians, se dividen en dos clases: una de menor tamaño y relativamente ágil y las 'cabeza-plato' lentas y robustas defensoras del territorio.
A veces decenas o cientos de estas "puertas vivientes" se unen formando un muro impenetrable para otros individuos.
La picadura más dolorosa del mundo
Justin Schmidt, es un entomólogo que durante sus estudios y trabajo fue picado por infinidad de insectos, motivo suficiente como para llevarlo a crear una escala de dolor, actualmente conocida como el: Justin O. Schmidt Pain Index. Esta escala conforma un índice de picaduras ordenados en una escala de 1 a 4 según la magnitud de dolor que provocan al ser recibidas. Como patrón se utiliza el dolor producido por la avispa común como referencia, otorgándole a su aguijonazo un punto.
En su índice vemos especies tales como Hormiga de fuego (factor de dolor 1.2) o la temible abeja africana (factor de dolor 2). Sin embargo, de todas las picaduras, con un factor de dolor de 4.0+ es la hormiga Paraponera clavata, habitante de las selvas nicaragüenses, la campeona indiscutida con un dolor semejante a: “Puro, intenso, dolor brillante. Similar a caminar sobre brasas ardientes con una aguja de 7 centímetros clavada en tu talón”.
Y se preguntarán ¿qué es la Hormiga Paraponera? bueno, ya su apodo nos deja intranquilos: Hormiga Bala, debido a que su picadura duele como un balazo, y el dolor tarda más de 24 horas en disipar. La causante de este dolor es una neurotoxina, la poneratoxina, el principal compuesto activo en el veneno, descrita a principios de 1990 cuando se investigaban sustancias naturales que pudieran utilizarse en insecticidas. La poneratoxina bloquea los impulsos del sistema nervioso central de los insectos y es un agonista que provoca contracciones de larga duración en los mamíferos.
Por suerte solo administra este veneno cuando se siente molesta o amenazada, siempre tras avisar emitiendo una sustancia de olor almizcleño. Aparte del color, la picadura tiene más consecuencias entre las que destacan una fiebre que puede durar tres días o la necrosis de la zona afectada.
Otros signos y síntomas son: los intensos dolores en la zona afectada, inflamación, temblores, sudoración, nauseas, el aumento de la temperatura y paralisis. Una segunda picadura puede ser capaz de causar un shock anafiláctico mortal, algo que no parece preocuparles a la tribu de Sateré-Mawé.
Los Sateré-Mawé, son una tribu de las selvas de la Amazonia que tiene un peculiar rito de valentía. En el ritual, un joven debe introducir la mano en un guante lleno de paraponeras. Si supera la prueba, el joven se convertirá en un guerrero. El inconveniente es que debe recibir la nada despreciable cantidad de 20 picaduras.
Los indígenas han usado estas hormigas como tratamiento para el reumatismo y afecciones similares durante siglos.
Como curiosidad, las mandíbulas de la hormiga sirven como sutura, cerrando la herida, mientras que la saliva inflama la piel y la sellan herméticamente.
Cuando se ve en peligro contrae con tal violencia sus músculos abdominales que revienta y cubre de ácido y veneno a sus enemigos.
No es un comportamiento ofensivo, sino defensivo en beneficio de la colonia. Un proceso autodestructivo denominado 'autothysis' en el que se destruye un animal a través de una explosión de los órganos internos.
La hormiga de la derecha es una Camponotus saundersí explosionada en un ataque suicida.
Del género Camponotus estas "hormigas madereras" o "carpinteras" también conocidas como hormigas kamikazes, esperan a que el enemigo se acerque lo suficiente, para hacer detonar en una 'explosión' que esparce un veneno viscoso y corrosivo, que quema e inmoviliza al instante a todas las víctimas cercanas.
Los "tres estados de animo" de las hormigas explosivas: feliz , enojada y muy cabreada.
Como si de una bomba adosada al cuerpo se tratara, tienen repartido desde la cabeza al abdomen, sacos de veneno pegajoso y tóxico para tan singular mecanismo defensivo que comparten en exclusiva con unas termitas vietnamitas Globitermes sulphureus.
Otros datos interesantes de las Hormigas:
Hormigas que usan la cabeza como puerta
Esta hormiga de enorme cabeza es conocida como hormiga tortuga (Cephalotes varians). La curiosa forma plana de su cabeza le sirve como puerta.
Una cabezota que utiliza para tapar la entrada al hormiguero, como un portero de discoteca cabezón que mantiene a salvo la colonia de los intrusos.
Son formícidos tropicales que en su mayoría habitan las cavidades pre-existentes en los árboles. Un recurso limitado que estimula una intensa competencia entre los diferentes grupos.
Las obreras Cephalotes varians, se dividen en dos clases: una de menor tamaño y relativamente ágil y las 'cabeza-plato' lentas y robustas defensoras del territorio.
A veces decenas o cientos de estas "puertas vivientes" se unen formando un muro impenetrable para otros individuos.
La picadura más dolorosa del mundo
Justin Schmidt, es un entomólogo que durante sus estudios y trabajo fue picado por infinidad de insectos, motivo suficiente como para llevarlo a crear una escala de dolor, actualmente conocida como el: Justin O. Schmidt Pain Index. Esta escala conforma un índice de picaduras ordenados en una escala de 1 a 4 según la magnitud de dolor que provocan al ser recibidas. Como patrón se utiliza el dolor producido por la avispa común como referencia, otorgándole a su aguijonazo un punto.
En su índice vemos especies tales como Hormiga de fuego (factor de dolor 1.2) o la temible abeja africana (factor de dolor 2). Sin embargo, de todas las picaduras, con un factor de dolor de 4.0+ es la hormiga Paraponera clavata, habitante de las selvas nicaragüenses, la campeona indiscutida con un dolor semejante a: “Puro, intenso, dolor brillante. Similar a caminar sobre brasas ardientes con una aguja de 7 centímetros clavada en tu talón”.
Y se preguntarán ¿qué es la Hormiga Paraponera? bueno, ya su apodo nos deja intranquilos: Hormiga Bala, debido a que su picadura duele como un balazo, y el dolor tarda más de 24 horas en disipar. La causante de este dolor es una neurotoxina, la poneratoxina, el principal compuesto activo en el veneno, descrita a principios de 1990 cuando se investigaban sustancias naturales que pudieran utilizarse en insecticidas. La poneratoxina bloquea los impulsos del sistema nervioso central de los insectos y es un agonista que provoca contracciones de larga duración en los mamíferos.
Por suerte solo administra este veneno cuando se siente molesta o amenazada, siempre tras avisar emitiendo una sustancia de olor almizcleño. Aparte del color, la picadura tiene más consecuencias entre las que destacan una fiebre que puede durar tres días o la necrosis de la zona afectada.
Otros signos y síntomas son: los intensos dolores en la zona afectada, inflamación, temblores, sudoración, nauseas, el aumento de la temperatura y paralisis. Una segunda picadura puede ser capaz de causar un shock anafiláctico mortal, algo que no parece preocuparles a la tribu de Sateré-Mawé.
Los Sateré-Mawé, son una tribu de las selvas de la Amazonia que tiene un peculiar rito de valentía. En el ritual, un joven debe introducir la mano en un guante lleno de paraponeras. Si supera la prueba, el joven se convertirá en un guerrero. El inconveniente es que debe recibir la nada despreciable cantidad de 20 picaduras.
Los indígenas han usado estas hormigas como tratamiento para el reumatismo y afecciones similares durante siglos.
Como curiosidad, las mandíbulas de la hormiga sirven como sutura, cerrando la herida, mientras que la saliva inflama la piel y la sellan herméticamente.