Abolición de la esclavitud
En marzo ha concluido el mandato de Rosas, pero la Legislatura y un petitorio con más de 17.000 firmas recogidas en la ciudad y la campaña, lo obligan a aceptar nuevamente el poder hasta 1845.
Ya en ejercicio de un nuevo período, don Juan Manuel firma el 16 de mayo, a nombre de la Confederación Argentina por manejo de sus Relaciones Exteriores, un acuerdo con la Corona británica merced al cual se dispone la abolición del tráfico de esclavos.
Una ley votada el 14 de mayo de 1812 dispuso que todo esclavo que pisara territorio de las Provincias Unidas quedaba manumitido. El 2 de febrero del año siguiente, la Asamblea sancionó dicha ley, con el agregado de la libertad de vientres. La disposición no alcanzaba a los esclavos ya existentes, por lo que su comercio y estado continuó. El 21 de enero de 1814, ante presiones brasileñas, la Asamblea modificaba la ley estableciendo que la libertad solo alcanzaba a “aquellos esclavos que fueran introducidos por vía de tráfico”.
El acuerdo de 1840 convirtió a la Argentina en uno de los primeros países del mundo que prohibieran la esclavitud. Los morenos se presentarán en manifestación por la quinta de Rosas en Palermo para agradecerle su flamante medida.
Alianza francesa-unitaria
La actitud francesa en el Plata es reflejo de lo que sucede en París.
El envío de Dupotet obedeció no sólo a la inusitada firmeza con que Rosas defendía el honor nacional, sino también a un cambio en el gabinete de Francia. A mediados de mayo de 1839 asumía como primer ministro el mariscal Soult, hombre decidido a encontrar una salida respetable al conflicto en que se hallaba metido su país, admitiendo francamente: “Nuestra posición respecto de la Argentina se complica por nuestra alianza de hecho con la Banda Oriental, y por el apoyo que damos a los emigrados argentinos, a los enemigos exteriores de Rosas y a sus adversarios interiores”.
Pensando en el desprestigio de Francia, en caso de ser vencida su intervención en el Plata, y en los gastos ocasionados al rey “por las sumas avanzadas a la Comisión Argentina que superan en mucho a lo previsto por el ministerio de Relaciones Exteriores”, aparte del abastecimiento a las fuerzas operantes, planteó en febrero de 1840 a Martigny la necesidad de “no enviar más tropas a Montevideo, pensando únicamente en las vías de negociación” para salir del atranco. No era este el criterio de Martigny, absolutamente enredado con Fructuoso Rivera y los unitarios, deseosos de doblegar al gobierno que los enfrentaba en resguardo de la soberanía argentina. Obstaculizó así las gestiones de Dupotet, y su posición resultó triunfante cuando en marzo Soult fue reemplazado por el mariscal Thiers, partidario de aplastar enérgicamente la resistencia de la Confederación.
Reflejo de ello es el acuerdo firmado el 22 de junio, entre Bouchet de Martigny y los miembros de la Comisión Argentina, Valentín Alsina, Agüero, Florencio Varela, Juan José Cernadas, Ireneo Portela y Gregorio Gómez –previa subvención de 100.000 pesos fuertes- estableciendo “una alianza de hecho entre los jefes de las fuerzas francesas y los agentes de S.M., por una parte, y las provincias y ciudadanos argentinos armados contra el tirano, el actual gobernador de Buenos Aires, por otra”.
Esta felonía que ni el sepulcro puede hacer olvidar, como estigmatizara el general San Martín, fue la concreción de lo sostenido por Thiers en la cámara de Diputados de París, en su discurso del 27 de abril, reconociendo públicamente el maridaje de Francia con las provincias y ciudadanos armados contra el “tirano de Buenos Aires”.
El documento fija que una vez destituido Rosas por la expedición de Lavalle, el nuevo gobierno, “en prueba de amistad y reconocimiento por los eficaces servicios prestados a Francia a la causa argentina”, admitirá “la justicia de sus reclamaciones”, dando a los súbditos de aquella nación el trato de país más favorecido e indemnizándolos por “las inícuas medidas del tirano”.
Jorge Perrone, "Historia Argentina", Tomo II, págs 256-258
En marzo ha concluido el mandato de Rosas, pero la Legislatura y un petitorio con más de 17.000 firmas recogidas en la ciudad y la campaña, lo obligan a aceptar nuevamente el poder hasta 1845.
Ya en ejercicio de un nuevo período, don Juan Manuel firma el 16 de mayo, a nombre de la Confederación Argentina por manejo de sus Relaciones Exteriores, un acuerdo con la Corona británica merced al cual se dispone la abolición del tráfico de esclavos.
Una ley votada el 14 de mayo de 1812 dispuso que todo esclavo que pisara territorio de las Provincias Unidas quedaba manumitido. El 2 de febrero del año siguiente, la Asamblea sancionó dicha ley, con el agregado de la libertad de vientres. La disposición no alcanzaba a los esclavos ya existentes, por lo que su comercio y estado continuó. El 21 de enero de 1814, ante presiones brasileñas, la Asamblea modificaba la ley estableciendo que la libertad solo alcanzaba a “aquellos esclavos que fueran introducidos por vía de tráfico”.
El acuerdo de 1840 convirtió a la Argentina en uno de los primeros países del mundo que prohibieran la esclavitud. Los morenos se presentarán en manifestación por la quinta de Rosas en Palermo para agradecerle su flamante medida.
Alianza francesa-unitaria
La actitud francesa en el Plata es reflejo de lo que sucede en París.
El envío de Dupotet obedeció no sólo a la inusitada firmeza con que Rosas defendía el honor nacional, sino también a un cambio en el gabinete de Francia. A mediados de mayo de 1839 asumía como primer ministro el mariscal Soult, hombre decidido a encontrar una salida respetable al conflicto en que se hallaba metido su país, admitiendo francamente: “Nuestra posición respecto de la Argentina se complica por nuestra alianza de hecho con la Banda Oriental, y por el apoyo que damos a los emigrados argentinos, a los enemigos exteriores de Rosas y a sus adversarios interiores”.
Pensando en el desprestigio de Francia, en caso de ser vencida su intervención en el Plata, y en los gastos ocasionados al rey “por las sumas avanzadas a la Comisión Argentina que superan en mucho a lo previsto por el ministerio de Relaciones Exteriores”, aparte del abastecimiento a las fuerzas operantes, planteó en febrero de 1840 a Martigny la necesidad de “no enviar más tropas a Montevideo, pensando únicamente en las vías de negociación” para salir del atranco. No era este el criterio de Martigny, absolutamente enredado con Fructuoso Rivera y los unitarios, deseosos de doblegar al gobierno que los enfrentaba en resguardo de la soberanía argentina. Obstaculizó así las gestiones de Dupotet, y su posición resultó triunfante cuando en marzo Soult fue reemplazado por el mariscal Thiers, partidario de aplastar enérgicamente la resistencia de la Confederación.
Reflejo de ello es el acuerdo firmado el 22 de junio, entre Bouchet de Martigny y los miembros de la Comisión Argentina, Valentín Alsina, Agüero, Florencio Varela, Juan José Cernadas, Ireneo Portela y Gregorio Gómez –previa subvención de 100.000 pesos fuertes- estableciendo “una alianza de hecho entre los jefes de las fuerzas francesas y los agentes de S.M., por una parte, y las provincias y ciudadanos argentinos armados contra el tirano, el actual gobernador de Buenos Aires, por otra”.
Esta felonía que ni el sepulcro puede hacer olvidar, como estigmatizara el general San Martín, fue la concreción de lo sostenido por Thiers en la cámara de Diputados de París, en su discurso del 27 de abril, reconociendo públicamente el maridaje de Francia con las provincias y ciudadanos armados contra el “tirano de Buenos Aires”.
El documento fija que una vez destituido Rosas por la expedición de Lavalle, el nuevo gobierno, “en prueba de amistad y reconocimiento por los eficaces servicios prestados a Francia a la causa argentina”, admitirá “la justicia de sus reclamaciones”, dando a los súbditos de aquella nación el trato de país más favorecido e indemnizándolos por “las inícuas medidas del tirano”.
Jorge Perrone, "Historia Argentina", Tomo II, págs 256-258